1951 LAS HUELLAS DEL MAESTRO CHAPÍ EN LA CAPITAL DE ESPAÑA - HORIZONTES

LAS HUELLAS DEL MAESTRO CHAPÍ EN LA CAPITAL DE ESPAÑA
Por José Rico de Estasen
Madrid, ciudad entrañable, propicia a las más hondas manifestaciones del espíritu, suele deparar a los hombres de buena voluntad que arriban a sus lares los elementos necesarios para que encuentren el calor del hogar que acaban de perder al tomar el tren en sus ciudades de origen.
Nadie se sintió, jamás, extraño en el amplio recinto de la capital de España, antaño achulapada, provinciana y alegre, hoy cosmopolita, moderna y monumental. Después de una lucha ardiente y porfiada, infinidad de literatos y artistas escalaron desde Madrid las cumbres de la fama. Muchos perecieron en la demanda; otros, sobrevivieron al difícil empeño transformados en auténticas glorias nacionales. Así es el caso del insigne compositor don Ruperto Chapí.
La Capital fué custodio digno de la gloria enhiesta del insigne compositor alicantino, de cuyo nacimiento se cumplió el día 27 de Marzo el primer Centenario. Tipos y costumbres, historia y ambiente, dejaron al músico villenense francos los caminos de la inspiración. En noches de triunfo, en los, un tiempo, famosos Teatro Real, Eslava, Apolo... el público madrileño prodigó al autor de «La Revoltosa» los más cálidos aplausos, los más clamorosos latidos de su corazón sensible. Y el compositor fué, de allí en adelante, sin olvidar a su tierra nativa, un madrileño más, que al trasponer los linderos de la eternidad el día 25 de Marzo de 1909, dejó en la villa que fué corte perdurables huellas.
Prescindiendo de otros lugares que resultarían innumerables, es, en primer término en el Pasadizo de San Ginés en el Teatro Eslava, donde, en 1896, estrenó su celebrada zarzuela «El Tambor de Granaderos». El Teatro Eslava, cerrado al público desde hace largo tiempo, fué muchos años más tarde escenario de un crimen que conmovió a España toda: la muerte del ilustre literato Luis Antón del Olmet ocasionada por su amigo y colaborador Alfonso Vidal y Planas. El recuerdo de la tragedia pasó; el del estrenó de «El Tambor de Granaderos» perdura. Y es de evocar hoy como una de las glorias innumerables estrechamente vinculadas a la del un tiempo popular coliseo.
Madrid lloró con lágrimas de ternura la desaparición del Teatro Apolo, hace pocos años derribado para emplazar en su lugar... un Banco.
En el Teatro Apolo se estrenó, el 27 de Noviembre de 1897, «La Revoltosa». El popularísimo sainete que señala la cumbre del género chico nacía a la vida del arte cinco meses después del estreno de «Agua, azucarillos y aguardiente», de cuya música era autor el famosísimo maestro Federico Chueca. No obstante la popularidad de tan conocida obra, el estreno de «La Revoltosa» constituyó un triunfo inenarrable cuyos efluvios musicales perduran en el día de hoy con la misma frescura y lozanía con que los escuchó por primera vez el público congregado en el inolvidable coliseo para asistir a la representación de aquella obra que disputa a «La Verbena de la Paloma» la primacía de los siempre aplaudidos sainetes líricos madrileños.
Otro de los monumentos madrileños más estrechamente vinculados a la memoria de Chapí es el Teatro Real.
El 24 de Febrero de 1909 el hijo predilecto de la feliz Villena estrenó en aquel coliseo, que es objeto, desde hace varios quinquenios, de reformas que afectan a toda su estructura interior, su maravillosa ópera «Margarita la Tornera». Aquella obra que fué acogida con estruendosas y conmovedoras ovaciones, convirtiendo a su autor en un gigante que alcanzaba la consagración de su genio y de su fama sobre el escenario del primer coliseo lírico español, fué causa indirecta de la muerte de Chapí, que aquejado de pulmonía, tomó pasaje para la otra vida veintinueve días después de su estreno.
Aconteció el óbito bien cerca del Teatro Real: en la casa de la calle del Arenal señalada con el número 18. En el acto del sepelio, el público que llenaba totalmente la aristocrática rúa, invadió el espacioso recinto del atrio de la iglesia de San Ginés, que está enfrente. La casa mortuoria de Chapí se conserva hoy exactamente igual a como se hallaba el día en que aconteció la triste efemérides. Una lápida conmemorativa indica que don Ruperto Chapí murió en ella el 25 de Marzo de 1909.
Acompañado de un pueblo contrito y conmovido fué llevado a enterrar a la Sacramental de San Justo, olvidado rincón del Madrid romántico donde encontraron descanso los restos gloriosos, inmortales para el recuerdo, de muchos españoles ilustres que pasaron por la vida sirviendo a la cultura, al arte o a la patria.
El desaparecido Teatro Apolo de Madrid donde la noche del 27 de Noviembre de 1897 tuvo lugar el estreno de "La Revoltosa" Foto Rico de ESTASEN
Los nombres evocadores se repiten a cada paso: Bretón de los Herreros, Núñez de Arce, Larra, Espronceda, Eduardo Rosales, Antonio Vico, Rafael Calvo, Joaquín Arjona, Lucrecia Arana, Miguel Moya, Francisco Villaespesa...
Inmediato al lugar donde yacen enterrados don Ramón de Campoamor y el maestro Chueca, recibió sepultura Ruperto Chapí. Un rosal trepador y una cortina de enredaderas cubren la tumba, que preside una cruz, sobre la que destaca el nombre del autor de «La Tempestad» y el de su hija Vicenta.
Pero en la capital de España, el lugar que más vigorosamente mantiene despierta la memoria del insigne compositor alicantino es el parque del Retiro.
En el Retiro de Madrid, en la margen derecha del primer trozo del Paseo de Coches, está el monumento que la Sociedad de Autores levantó en honor del autor de «La Tempestad». El monumento a Chapí es obra del malogrado escultor Julio Antonio y está reputado como uno de los más hermosos de España. Como nota destacada del mismo, está, en primer término, la de la figura del gran músico, reflejada en el semblante aquella seriedad y nobleza suyas, características, reveladoras de un equilibrio mental, de un talento de excepción que contribuyó a enriquecer el arte lírico nacional con los más puros y sazonados frutos.
Extraído de la Revista Villena de 1951
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