2015 DUELO AL SOL DE ARABIA... LA HISTORIA DE CÓMO SE FORJÓ LA COMPARSA DE BALLESTEROS

DUELO AL SOL DE ARABIA
Andrés Montoya Egido, cronista de la comparsa de Ballesteros. Premio Alfredo Rojas - Historia e Investigación 2015.
LA HISTORIA DE CÓMO SE FORJÓ LA COMPARSA DE BALLESTEROS
2016 será para los Ballesteros el año de su cincuentenario, si bien la historia de esta comparsa se extiende más allá de estos diez lustros que nos disponemos a conmemorar, pues es sucesora y continuadora de los desaparecidos Americanos y Árabes, siendo por tanto la única comparsa de Villena que cuenta en su trayectoria con tres denominaciones. Estas páginas están dedicadas a esas dos comparsas que sentaron la génesis de los actuales Ballesteros y sin las cuales su existencia no habría tenido lugar.
Los forajidos del lejano oeste irrumpen en la Entrega
El primer acto en el que se constata la presencia de los Americanos fue el de “la Entrega” del día nueve de septiembre de 1927, acto equivalente a la actual entrada de nuevos cargos. Así pues, unos arcabuceros ataviados con enormes sombreros y portando una bandera prestada por los Cristianos, llamaron la atención de los espectadores por lo radical de su nueva creación. No obstante, esta irrupción tuvo lugar sin haberse constituido la comparsa, hecho que se consumó tras varias reuniones en la junta llevada a cabo el ocho de noviembre del mismo año. Nacen así, ya de manera oficial, los Americanos, con Miguel Sánchez como presidente y una cuota provisional de una peseta a la semana.
Manuel Pardo Vicente 1927
¿Por qué Americanos?
Siempre que sale a relucir el tema de nuestros antecesores, los comentarios se revisten de un tono irónico, burlesco e incluso sarcástico, siendo la pregunta más frecuente la de <<¿qué pintaban unos americanos en las fiestas?>> Pero el asunto tiene mucha más lógica. Dos son los factores que determinan la primigenia denominación: en primer lugar, el objetivo de crear un impacto y un espectáculo con algo cuya originalidad rompiera radicalmente con el resto de comparsas; en segundo lugar, la influencia del cine, pues en los “felices” años veinte el género de vaqueros hacía que las salas de cine vieran pobladas sus gradas. Sin ir más lejos, en el mismísimo año en que por vez primera desfilan los Americanos, el largometraje Winners of the wildness es nominado a los Oscars . De hecho, la influencia del cine no es única en la comparsa de Americanos. El primer uniforme de los piratas le debió su razón de ser, así como varios diseños y boatos presentados por sus escuadras especiales durante la última década. También en localidades vecinas es un factor decisivo a la hora de fundar comparsas, como sucedió con los Zíngaros de Elda, quienes se inspiran en el cartel de la película Un par de gitanos que había colgado en 1948 en la puerta del teatro Castelar .
1939 Americanos por la Corredera
El día cinco de septiembre de 1928 por fin se echan a la calle los Americanos, con un uniforme que nos describe Alfredo Rojas :
Una camisa a cuadros de colorido libre, con el clásico pañuelo anudado al cuello; ancho sombrero; pantalón de montar enfundado en la polaina, cubiertos ambos con zahones de piel sin curtir. Las botas, unos puños de cuero, el cinto con los inevitables revólveres, y una imitación tallada en madera del rifle común a los hombres del Far-West, completaban los elementos indispensables para aquellos extraños festeros.
Cuadro-homenaje donado por la comparsa de Vaqueros de Elda a los Americanos de Villena en 1947. Conservado en nuestra sede social.
Guerrero indio a caballo coronando la bandera de los Americanos, signo de la presencia de una escuadra especial de la misma índole
Revólver usado por el cabo de los Americanos. 
Conservado en nuestra sede.
Pero el uniforme no era tan homogéneo. De hecho en el acta del uno de agosto de 1954 se aprueba confeccionar un traje al socio-camarero Rafael Marcos Valdés compuesto de camisa verde, faja blanca, pantalón encarnecido, pañuelo y sobrero mejicano. El cabo, evidentemente no empuñaba ni daga ni alfanje, sino un superlativo revólver de antimonio de unos setenta centímetros. 
1953 Carroza avión de la comparsa de Americanos
Posguerra: entusiamo y constancia
Tras la contienda civil, en 1939 la comparsa se reorganiza siguiendo Miguel Sánchez en la presidencia e informándose a los socios de que el ayuntamiento había organizado una comisión configurada por todos los presidentes de comparsa, el alcalde de fiestas, un miembro de la junta de la Virgen y el presidente de prensa y propaganda de FET y de las JONS. Tal comisión será, años más tarde, el germen del final de los Americanos. Tras las fiestas de ese año, Miguel Sánchez pasa a desempeñar el cargo de tesorero y le sucede José Mira, quien comandó la comparsa durante un lustro, relevándole Andrés Pardo.
1950 Martin Jordán la Cruz
Las actas de estos años nos reflejan dos hechos: la enorme voluntad por hacer del desfilar americano algo vistoso y del agrado del público y el freno de la precaria situación económica que sobre ello pesaba. Y es que varias de las ideas que se ratifican en junta general no ven la luz en el tiempo que se estimaba, sino que a veces había que esperar algún año. La prueba más significativa es la aprobación en 1946 de una escuadra especial de indios con vistas a 1947; sin embargo, en el propio 1947 se vuelve a aprobar el proyecto (la dificultad por conseguir los trajes había impedido que los indios desfilaran ya ese año), siendo las fiestas de 1948 las que vieron desfilar a la comparsa acompañada de su antítesis. Otra muestra del afán americano por dar vistosidad a la fiesta es la construcción de una carroza en 1939 y 1949 y de un carro “a modo de diligencia” en 1947 para revestir un poquito más la comparsa y dar mejor nota a las fiestas.
Manuel Soriano y Tomás Pérez 1939
Homenaje entre forajidos
Los Americanos fueron una creación original de nuestra localidad, sin embargo, no fueron los únicos, pues Alfredo Rojas nos afirma que en Muro había una comparsa análoga . Pero hay más: hubo otro intento de cruzar el Atlántico y tuvo lugar en Elda. En 1947, apenas tres años después de que tal municipio viviera la segunda refundación de sus festejos de Moros y Cristianos, nuestros Americanos reciben el homenaje de la eldense comparsa de Vaqueros, como queda atestiguado en el cuadro que todavía hoy se conserva en nuestra sede. Sin embargo, de estos susodichos Vaqueros de Elda no ha quedado constancia en ninguna fuente, ni en la Junta Central de tal localidad ni en la obra Las fiestas de Moros y Cristianos en el Vinalopó, coordinada por J.F. Domene, M.A. González y V. Vázquez. ¿Por qué? Los hechos nos llevan a pensar que nunca salió a la calle por la misma razón por la que trece años después los Americanos de Villena tuvieron que reinventarse (si se acepta el eufemismo). Los ya mencionados Zíngaros eldenses tienen una historia paralela salvo en su devenir: surgen como tales dado que los trajes que se mostraban en el cartel de la película Un par de gitanos (protagonizada por El gordo y el flaco) les atrajeron y a su vez sufrieron en su nacimiento la crítica por parte de las autoridades, que en gran medida veía en tal creación un anacronismo. Pero sus miembros persistieron y sobrevivieron (convirtiéndose hoy en día en una de las comparsas más numerosas de Elda), todo lo contrario que esos Vaqueros, que sucumbirían ante los decretos gubernamentales.
José Quiles 1946
El último canto de cisne
Los Americanos lograron sobrevivir hasta junio de 1960, siendo la década de los cincuenta una etapa marcada por la creación de los primeros ateneos más o menos estables. Así, en las actas de 1951 se recoge por primera vez el asunto, estando situado tal ateneo en la calle san Antón, nº 2, domicilio de Ginés Leal, capitán del año anterior y que sería punto de encuentro durante aproximadamente dos años. Pero será en 1956 cuando los Americanos consigan asentarse de una manera más estable, esta vez en el denominado “bar de la comparsa”, sito en la plaza de Pedro Menor nº 10 (actual plaza el Rollo) y que pronto sería rebautizado como “el Hogar del Americano”, título que se mantendría durante el tiempo en que ya como Árabes aún conservaron tal local.
1958 Comparsa de Americanos
Sin embargo, las dificultades de tipo económico siguen estando ahí: hay poca voluntad por desempeñar los cargos festeros a pesar de la subvención que la propia comparsa otorga. Pero es más: se acuerda en varias juntas generales dejar los arcabuces, las bandas y la bandera bien en el domicilio del capitán, bien en el propio local social, en aras de que si llegada la hora de asistir a un acto alguno de los socios concurrentes o con cargo no se presentaba, poderlo suplir de manera rápida. La idea de salir todo el que pueda a caballo durante la Entrada de 1953 se tumba en los albores de las fiestas por los pocos medios e interés depositado. No obstante, se sacaron varios proyectos adelante, como las nuevas bandera y bandas y la renovación de las botas por unas análogas a las que se enfundaron tres socios durante los festejos de 1956. Todo ello se logró gracias en gran medida a la “venta de tómbolas” y rifas que el propio secretario, Antonio Torres Gironés, organizó en aquel entonces.
También seguían las labores de construcción de carrozas, y en este apartado parece que los Americanos ya recibieron un primer toque de atención. Y es que en 1953 se embarcan en la construcción de una carroza con forma de... avión. El desfase histórico se tornaba más agresivo si cabe, pero ello no debe enturbiar las ganas por ofrecer espectáculo y buen hacer en sus actuaciones. La consecuencia fue que al año siguiente la Comisión de Fiestas hizo llegar a todas las comparsas la orden de no hacer carros adornados con mal gusto y sí, si estos merecen la pena por su adornado artístico. Es entonces cuando Esteban Pontes se encarga de elaborar una carroza “de plenas garantías por su significado”. Había llegado el primer aviso.
1958 Carroza comparsa de Americanos
Las Kalendas de junio
Al acabar las fiestas de 1959, los Americanos, que ni se figuraban su desaparición, emprenden una serie de pequeños cambios, siempre en la idea de dar un espectáculo digno del público. De este modo planifican la compra de una nueva pistola para el cabo, la confección de una nueva banda para la madrina y de una bandera más ligera, pues la oficial se hacía muy pesada en según qué actos. Había mucha ilusión y ganas por ir al desfile de Fogueres de Alicante al que todas las comparsas de Villena iban a acudir a finales de junio de 1960. Mas las polainas nunca más resonaron en la fiesta.
La última junta como Americanos que narra Antonio Torres Gironés ya no tuvo lugar en el bar de la comparsa. Si Julio César fue apuñalado en el mismísimo Senado de Roma, el escenario de la muerte de los Americanos no fue otro más que el propio salón de plenos del ayuntamiento de Villena, donde la Comisión de Fiestas, presidida por José García Galbis, anunció la obligatoriedad de “cambiar el uniforme de americano, pues era anacrónico por su significado”. De hecho la Comisión presenta “trajes de cristiano de la época para que todos comprendieran el uniforme”. Las horas pasaban en aquel funesto cónclave sin que la discusión fructificara, hasta que a la una y media de la madrugada llega el alcalde D. Luis García Cervera, con quien se logra el acuerdo: los componentes de la comparsa entrarían en Villena ya no como forajidos del desierto de Arizona, sino como 'Árabes'. Se había cambiado hasta de bando. Los trajes los entregó el propio ayuntamiento, pagándosele 250 pesetas “en concepto de cosiduras”. Andrés Pardo seguiría en la presidencia.
Los Americanos, con tal denominación, habían desaparecido, pero no sólo por anacrónicos como siempre se ha dicho, sino porque a ello se le añadía su carácter anatópico, es decir, que ni siquiera encarnaban ningún capítulo o pueblo de nuestra Península. Y es que si echamos una mirada a nuestras fiestas, pocos son los elementos que cumplen fiel y sincrónicamente con la Reconquista que se conmemora. Pero, ¿acaso no son nuestros festejos una amalgama sincrética de tradiciones?
Amanecer al sol de Arabia
A pesar de la imposición, los primeros meses de vida de los Árabes continuaron la estela entusiasta que como Americanos mostraban. El siete de agosto ya se aprueba la creación de una escuadra especial, la de esclavos, así como la construcción de una nueva carroza. Y más aún: el día quince de agosto tuvo lugar la junta más larga de cuentas se describen en nuestros libros de actas, con una duración de ¡ocho horas!, pues se ensayó el nuevo paso, el moro, hasta las dos de la madrugada. Todo parecía ir bien y concordar con lo que Pedro Hernández Hurtado nos dice a colación del mencionado desfile de Alicante acerca de la afortunada innovación de los Árabes.
Andrés Pardo
Tensiones y desencanto
Mas el idilio árabe pronto mostró grietas de resquebrajamiento, siendo el primer objeto de crítica el traje. Alfredo Rojas nos lo vuelve a describir:
Un gorro blanco, con adornos verdes y rojos; una capa larga, verde, con vueltas igualmente blancas, chaleco azul, camisa blanca, ancha faja encarnada y un pantalón azul sobre zapatilla roja. Como aditamentos, una lanza larga, adornada con un largo mechón de cabello, y una bolsa cruzada en bandolera.
Escuadra Especial de esclavos 
Pues bien, en febrero de 1961, ante el desagrado general que se sentía por el turbante, el secretario Antonio Torres diseña uno nuevo en tonos rojos. Además, se concreta el bordado del chaleco, que constará en el centro de la espalda de un escudo consistente en una ventana mora a través de la cual se contempla Villena con el castillo y las torres santa María y Santiago, y una estrella en su parte baja con dos lanzas cruzadas en aspa. En mayo, la decadencia sigue haciendo mella, pues se dice en el acta de la junta del día nueve de tal mes que la asistencia fue floja, cuando la tónica desde 1927 era la de la presencia de la práctica totalidad de los socios.
No obstante, en este año 1961 se busca un nuevo cuartel de fiestas y se crea la escuadra de Negros, de la que será cabo Pedro Compañ, futuro presidente de la comparsa. La vestimenta de tal formación consistirá en turbante y falda hecha de esparto picado y cosida con una franja de tela a listas, camiseta ajustada negra, medias negras, guantes negros, brazaletes amarillos y calzado de piel de conejo; como armas empuñan una porra de rama de árbol y un escudo hecho con juncos trenzados.
Escuadra especial de Negros 
Tras las fiestas, y ante el descontento causado ante la imposibilidad presupuestaria de celebrar la tradicional comida de hermandad, la directiva dimite en bloque, si bien finalmente el secretario (Antonio Torres Gironés), el tesorero (José Mira) y el presidente (Andrés Pardo) permanecen en sus respectivos cargos. En noviembre por fin se pudo celebrar tal comida en el paraje de los Zaricejos, volviendo a respirarse un ambiente festivo, fraterno e incluso demasiado optimista, pues en tal contexto algunos socios barajan el retorno de los Americanos como algo posible..., hasta el punto de que TODA la comparsa de pleno da su conformidad para que Juan Navarro, Antonio Algarra y José Conejero se encargaran de los trámites a seguir para conseguirlo. En definitiva, los Árabes no se sentían felices con la imposición que desde el ayuntamiento se les hizo.
1962 es un año en el que se repiten los hechos del curso anterior, con la salvedad de que la comparsa ahora tiene su sede en la calle General Mola nº 22: al no haber dinero para la tradicional comida de septiembre, la directiva vuelve a dimitir en bloque ante el enfado general. Tras dieciocho años en la presidencia, Andrés Pardo deja el cargo, mas a pesar del ambiente crispado en que lo hace, los socios de la comparsa le reconocen la labor que ha llevado a cabo y le nombran de forma unánime presidente honorario. Años más tarde, en 1979, su trayectoria sería reconocida con el premio el Tito. Le sucede en el cargo Pedro Compañ, pieza clave en la fundación de los actuales Ballesteros, siendo Miguel Sánchez Calabuig el vicepresidente y continuando Antonio Torres Gironés como secretario. Pero es que hasta el cabo Juan Navarro Díaz desiste de su cargo, si bien, se le niega.
Conchi Pérez Forte 
Madrina Árabes 1963
En 1963 el descontento y desagrado hacia el traje sigue latente y se propone hacer una escuadra con un nuevo uniforme para ver si gusta más y dejarlo como oficial. Pero la falta de medios y el cada vez menor número de socios (34) impiden el proyecto. Al año siguiente se repite la historia: consiguen salir sólo 28 socios y gracias al dinero obtenido de las rifas. Las juntas son numerosas y están plagadas de crispación dado el disgusto que los trajes provocan. Y lo peor de todo, la situación no cambia porque no hay apenas medios. 
1964 día 9 quizá la última fotografía de los Árabes
Crónica de una muerte anunciada
El 15 de agosto de 1965, tras muchísimas reuniones e intentos por remontar la caída en picado que el uniforme de árabe había provocado en la comparsa, se decide entre teñir los pantalones de rojo y las fajas de amarillo... o desaparecer. Evidentemente, triunfó la segunda opción: ya está todo arreglado para que desde el mismo día diez de septiembre se dé por terminada la corta y accidentada actuación de los Árabes en las fiestas de Villena. Fueron sus últimas fiestas, y nuevamente salieron gracias a la venta de tómbolas..., eran ya sólo 23. Para el 19 de septiembre, ya tras la última aparición de los Árabes, se acuerda celebrar la típica comida de hermandad en la plaza de toros (lugar muy recurrente para ello por parte de estas dos comparsas) y se acuerda dejar el tema de los trajes nuevos para la próxima junta, para la que se promete presentar un muñeco con el traje nuevo. La directiva seguirá siendo la misma, pues es lo más apropiado para encarrilar el asunto de la nueva uniformidad.
Primer traje de los Ballesteros 1967
Pasan los Ballesteros
Tras varias reuniones, el quince de agosto de 1966 se constituye la actual comparsa de Ballesteros en la calle General Mola nº 22, es decir, en el local del que disponían los Árabes para sus quehaceres. Se retorna por tanto al bando cristiano con el asesoramiento del célebre arqueólogo local D. José María Soler, quien propone la denominación de Ballesteros por ser un cuerpo de élite citado en las crónicas medievales. La comparsa por tanto ya no incurría en ningún anacronismo ni anatopismo y además acogía una identidad que agradaba a los socios y de la que se sentían orgullosos y libres de ataduras e imposiciones. La 'crisis arábiga' se había superado, como siempre hizo la comparsa y ha venido haciendo durante estos casi cincuenta años. Y es que de 23 socios que los Árabes sacaron a las calles en su última actuación, los Ballesteros irrumpen con 36, cifra que irá creciendo hasta el punto de convertirse a mediados de los setenta prácticamente en la comparsa más numerosa de Villena. De hecho la junta que se celebra el 16 de diciembre de este primer año de Ballesteros ha de celebrarse en el Bar el Niño (actual avenida de la Constitución en intersección con calle José María Soler), ya que el bar de la comparsa se quedaba pequeño. 
Martín y Juan Rodríguez 1983
El primer traje de Ballestero consistía en una camisa blanca y un chaleco en tonos marrones, pantalón verde, gorro con pluma, botas negras coronadas en blanco, capa (único elemento que apenas sufre cambios durante los diez lustros de vida que tenemos) y por supuesto, ballesta, nuestro arma. Y con este uniforme sobrevino un nuevo problema: los chalecos eran insoportables en las altas temperaturas y con el sudor se desteñían. Otra vez contratiempos con el traje, pero con una diferencia fundamental: los Ballesteros, al igual que los Americanos, sentían en primera persona su propia identidad, cosa que les lleva a luchar por salvar el escollo de una manera más decidida.
Pepe ,Toni y Enrique - Cuando las capas hacían de abrigo. 1974
Tomás Baenas, insigne cronista de la comparsa, diseña entonces una casaca de color amarillo, si bien en la sastrería no se sigue con fidelidad el patrón y se da lugar a unas camisas de manga corta y con flecos puntiagudos... Mas esto es una historia que abordaremos en la próxima edición.
Primer traje de Ballestero
Habían nacido los “piratas amarillos”, esos que despertaron la admiración con su pasar, esos que como guerreros hicieron que sus escuadras encendieran la emoción, pero también esos que todavía hoy alegres llaman la atención por su brillo y que por supuesto siempre pondrán a disposición de Villena entera su corazón.
1972 Roberto Alvarado en la Losilla
Andrés Montoya Egido, cronista de la comparsa de Ballesteros.
Bibliografía
Libros de Actas de las Comparsas de Americanos, Árabes y Ballesteros (1927-1966).
Fondo documental de la Comparsa de Ballesteros.
BAENAS SÁNCHEZ, T. (1997): Uniformidad masculina, Especial Día 4 que fuera
BROTONS A. (2015): 1939: Comparsa de Piratas, un nacimiento de película, Boletín Día 4 nº 17
HERNÁNDEZ HURTADO, P. (1960): El triunfal alarde de Alicante, Revista Villena 1960
MONTOYA EGIDO, P.M. (en prensa): The Far-West travels to Villena
ROJAS, A. (1972): Los Americanos, Revista Villena 1972
VV.AA (2006): Las fiestas de Moros y Cristianos en el Vinalopó, l'Algoleja
http://www.morosycristianoselda.es/
Algunas fotografías son del archivo de Villena Cuéntame enviadas por villeneros que comparten sus fotos y que nos ayudan a completar las historias como por ejemplo ésta que nos cuenta Andrés Montoya, Premio Alfredo Rojas - Historia e Investigación 2015. Gracias Andrés.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Espero que este año que es el 50 aniversario los Ballesteros hagan un guiño y saquen una fila de Americanos y otra de Arabes, sería bastante chulo volver a ver estas 2 comparsas desfilando por villena, aunque es costoso por los trajes.

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