1917-1967 PREGÓN BODAS DE ORO SALESIANOS

PREGÓN BODAS DE ORO
EXTRACTO
Nos hemos reunido en este grandioso salón cuyas bóvedas guardan el recuerdo de las más grandes fechas de la vida villenense y nacional, para celebrar el cincuentenario de la llegada de los salesianos a esta ciudad de Villena MUY NOBLE, MUY FIEL y MUY LEAL, aquellos que vinieron a plantar en esta Ciudad los cimientos de la obra educativa y social de San Juan Bosco. La exquisita sensibilidad villenense no podía dejar pasar desapercibida esta fecha. Por eso hoy la pregonamos a los cuatro vientos e intentamos valorizarla públicamente.
Muchos recordarán la figura y los nombres de los primeros salesianos que pasaron la puerta de Almansa. Aquel primer Director, joven, dinámico, sabio, prudente, D. Eduardo Gutiérrez, nuevo Abraham de barba venerable que aconseja y enseña todavía en las misiones de Assam en la India; D. Ramón Cambó, el Apóstol incansable de la palabra en la santa montaña del Tibidabo de Barcelona y D. Luis Cutillas, que hoy pasea una elegante cojera por toda Cataluña, con el mismo garbo que otrora diera pasacalles por esta Ciudad de los Pachecos, y de los Infantes de Castilla, al frente de la banda infantil: la de Esquembre y Oliva, los Guillén y los Domene, Bravo, Michavila, Grau, Evaristo, Guzmán y tantos otros...
Villena, sabedora de que el futuro de un pueblo depende de la voluntad y formación de sus ciudadanos, llegó siempre a tiempo para plantear y resolver eficazmente este problema.
Siempre veréis a Villena, a la Villena histórica que oteaba el horizonte para salir al encuentro de agresores guerreros. La del ojo avizor contra toda suerte de enemigos, la que dejaba caer la tajante espada entre miles de traidores conversos al toque de su campana mayor. La que fundó hospitales y ermitas... la que abre colegios de Carmelitas y Paulas, invernaderos de sus flores más tiernas y hermosas, y escuelas y academias de comercio, de dibujo, de idiomas de música; la que funda sociedades culturales, federaciones sociales y centros de esparcimiento...
Villena la que finalmente crea una industria. Al llegar éste momento, ante esta nueva corrien-te, también supo Villena llegar al cauce más a propósito. Su párroco D. Manuel Nadal, conoce-dor del ambiente y de las necesidades de la ciudad, hizo venir a los hijos de San Juan Bosco, a los Salesianos que enseñaban a las clases obreras con un estilo nuevo y se adaptaban al ritmo del momento.
Cuando Villena los tuvo consigo los aupó, los sostuvo, los ayudó; y les sostiene, y les aúpa; y les ayuda y les agranda más y más hasta alzar esos nuevos pabellones y crear aulas y laboratorios modernos...
La juventud de este siglo encontró en la escuela de Don Bosco el sistema. el estilo y el método auténticos de su tiempo. Un sistema cuya raíz hay que buscarla en su ya famoso sueño de los nueve años en que la señora le dicta el slogan que el repetirá a lo largo de su brillante carrera pedagógica: «No con golpes sino con dulzura y caridad te los harás amigos».
Todo un sistema de amor.
Don Bosco fue el hombre, escribe el Arzobispo de Valencia Monseñor Olaechea, que supo amar a todos y se hizo amar de todos.
Más de doscientos veinte centros (ciento cuarenta de salesianos y ochenta de Hijas de María Auxiliadora), repite ahora día a día la gesta extraordinaria educacional de los pioneros de D. Bosco, en nuestra Patria. Y aún no les basta: Que envían parte de su gente como Misioneros, más allá de los océanos. Y así va a las tierras nuevas del Sur argentino el por mil títulos famoso en Villena, D. José Luis Méndez, y así llega a los gíbaros del Ecuador aquél otro querido Director D. Luis Giménez. Como anteriormente marcharon D. Rafael Mercader al Caribe y don Eduardo Gutiérrez a la India.
Y Villena es además tierra fértil de productos múltiples. Por eso diríamos que Villena era también un campo maravilloso en donde el Salesiano tenía que producir óptimos y abundantes frutos. Así, desde el principio, como en los primeros tiempos de la obra de D. Bosco en Turín, surgió aquí una legión de cooperadores, gloria de las señoras de Villena, que con noble afán tejió una bandera de heroicidades para que los Salesianos comieran y vistieran y los niños de su pueblo se movieran en ambientes limpios, siempre remozados y de fiesta continua. Imposible dar nombres incurriría en imperdonables omisiones por no conocer los nombres de todos y de todas, y porque la modestia de muchas — violetas de esta tierra— perfumó el jardín sin dejarse ver. La Virgen Santísima bendijo su labor; y sus esfuerzos apostólicos ataron tan fuertemente a los salesianos en Villena que ni la furia del Vendaval impetuoso pudo arrancarlos de aquí, entre sus devastadores remolinos.
Pero es fuerza que nombre alguno al menos. A uno: Cooperador Salesiano de pies a cabeza. Poema de bondad y de amor. «Viyenero» de cuerpo entero, totalmente ligado a los Salesianos de los veinticinco primeros años de Villena: ¡Don José Ramiro! Don José Ramiro era un Santo, ¡¡San José Ramiro el «sobaico»!! Al nombrarle a él quiero recordar a todos los hombres y mujeres de Villena, que desde la administración ciudadana o en el apostolado eclesiástico, en los campos de la ciencia, de la banda y del arte; desde la industria y desde el campo; hombres del alto señorío y del pueblo sencillo que en tantas ocasiones autorizaron, concedieron, permitieron, aconsejaron, ayudaron, contribuyeron, perdonaron facturas, llevaron piedras, melones, cebollas y... sonrisas.
Esos hombres, esas mujeres, esos Cooperadores han sido y son las aguas abundosas de Villena que fecundan los campos salesianos de esta ciudad.
Campos salesianos ubérrimos, llenos de flores, de esperanzas y cubiertos de frutos en sazón.
Campos Salesianos que un día cuidaron jardineros primorosos que ya fueron a otra vida, con brazadas de flores en las manos (D. José Castell D. Jesús Almazán y D. José María González). Jardineros de alma grande que entraron triunfadores por las anchas puertas de la Gloria, abrazados a la cruz del martirio, como don Recaredo de los Ríos, seguidos de aquella flor ensangrentada, prematuramente arrancada del rosal bosquiano de Villena, el cleriguito Felipe Hernández.
¡Cuántos jardineros más vienen a mi mente! Más de cien Salesianos cuidaron esta huerta y subieron a las almenas del castillo y contemplaron las agujas de Santiago y Santa María y se quedaron otro día, boquiabiertos frente a una fantasmagoría de sedas y colores que se movía al compás de encendidos pasodobles y entre nubes de pólvora de incontables arcabuces...
Todos fueron «hombres de abnegación y humildad... —como los describe el Cardenal Spinola Arzobispo de Sevilla— ...con la energía y la firmeza del jesuita; la popularidad del capuchino; el trabajo del monje; con algo en fin de todos los institutos religiosos conocidos, pero siendo un tipo nuevo: el Salesiano. «La Obra de D. Bosco no morirá: vivirá siglos y siglos porque ha nacido de Dios; porque ha venido a satisfacer una apremiante necesidad del mundo y porque se funda y descansa en la caridad que es inmortal como el principio de donde emana»
Villena, la de Joaquín M.ª López y Chapí, sigue viendo salir de sus lares, jóvenes que pasaron a la historia por su elocuencia y por su arte por su saber y su virtud, por su heroísmo y amor a la Patria Chica; frutos maduros de la tierra.
Y eso porque Villena tiene un Colegio Salesiano de María Auxiliadora; de María Auxiliadora a quien todo se le debe.
De intento he dejado el recuerdo de la Madre para el fin. De esa Madre común, esa Virgen Morenica, Reina de las Virtudes y Auxilio de los Cristianos.
Todo un rosal de flores salesianas mi Villena; ¡un rosal! cubierto de capullos villenenses que cuidaron las hábiles manos de Poncianos y de Boiras; Mariano Beltrán y Guillermo Pérez, con Julián Rodríguez, Pujolar, Lisardo, y Juan Corbellá, Domingo Gasulla, Manuel Imbert, Francisco Aparicio, Esteban Fonfría... y cien más.
Hasta llegar, por fin, los José Sánchez, Manuel Díaz, Ángel del Barrio que, con un manojo de valerosos salesianos y escogidos profesores, más abundoso que aquel primer trío que cruzara la Puerta de Almansa, hace cincuenta años, esparcen su perfume por doquier, entre himnos de triunfo y de amor, que no apagan las salvas del mortero, a la Madre y Reina de esta tierra, Señora de las Virtudes y de gracias y Auxilio de los Cristianos.
¡VIVA VILLENAI
BASILIO BUSTILLO
Extraído de la Revista 1917-1967 Cincuentenario Salesianos en Villena

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