1979 NUESTRAS FIESTAS

NUESTRAS FIESTAS
Tengo la seguridad de que si realizáramos un análisis de las condiciones festeras de Villena, habríamos de coincidir en que nuestro pueblo reúne los elementos precisos y adecuados para que sus Fiestas de Moros y Cristianos pudieran calificarse como de las mejores. Contamos con inigualable escenario para nuestros más importantes desfiles; cabos con gallardía y marcialidad que dirigen a sus festeros con perfección; diseñadores de trajes para las escuadras especiales que con la admiración de propios y extraños y solera festera que sólo se adquiere con el transcurso del tiempo.
Foto: L. Murillo (A.F.V.)
Pero si desapasionadamente verificamos una valoración comparativa con los demás pueblos hermanos que tienen idénticas tradiciones, hemos de admitir, mal que nos pese, que o no queremos o no sabemos situar a nuestras Fiestas en el lugar que les corresponde.
Es evidente que cada una tiene sus especiales características. Y que encontramos defensores de las más diversas tendencias. Unos abogan porque deben ser casi en exclusiva una manifestación folklórica-religiosa que conserve la pureza e integridad de sus primeros momentos. Otros, que deben considerarse como simple espectáculo y algunos, más de los que desearíamos, que convierten nuestra más importante manifestación ciudadana en algo bochornoso y del peor gusto.
Todos sabemos que las nuestras, las de Villena, están consideradas como alegres y divertidas. Y yo, personalmente, celebro que así sea, porque considero que los días de Fiesta deben romper con la monotonía de todo un año de problemas y sinsabores. Es una ocasión única, que debemos aprovechar, de evadirnos de unas normas rígidas e incómodas que de continuo soportamos. Junto a esos calificativos, actos como la Entrada, Cabalgata, Ofrenda y Desfile de la Esperanza y otros que no por ser menos llamativos dejan de tener su propia personalidad, podrían configurar en su conjunto unas Fiestas de primer orden.
Pero si hacemos un sincero examen de conciencia, habremos de admitir que no son las nuestras las mejores y que todos debemos realizar lo posible para que no vayan languideciendo y se circunscriban solamente al baile y la diversión.
No será difícil trabajar con ilusión por su perfeccionamiento, si tenemos en cuenta que las Fiestas son de toda la comunidad y que nuestros mayores nos las legaron enriquecidas con sus vivencias y sacrificios. Será en todo caso cuestión de buena voluntad; de armonizar tradición y diversión; de colaborar con la Junta Central; de seguir las orientaciones de las Directivas y, en definitiva, de cumplir como buenos festeros. Y si queremos, podemos, porque existen buenos mimbres para hacer un buen cesto.
Desde la responsabilidad que contraje cuando en el Ecuador de 1975 me concedisteis el honroso título de Festero de Honor, yo modestamente os exhorto a realizar tareas transcendentes en favor de nuestras Fiestas: Hacerlas mejores y llevar a buen fin La Casa del Festero son un reto que no debemos eludir.
Vicente Prats Esquembre
Extraído de la Revista Villena de 1979

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