MANUEL MARTÍNEZ MILÁN - "MANOLO EL PINTOR"

Manolo «El Pintor» TIPOS POPULARES
Manolo era popular en nuestra ciu­dad, que también era la suya, durante las primeras décadas del pa­sado siglo. Se llamó Manuel Martínez Milán, y había nacido el 6 de agosto de 1878. Practicaba la pintu­ra en una doble acepción: lo mismo pintaba a brocha una fachada, que practicaba el arte de Apeles, como de él dice Antonio Marín en los ver­sos que vienen a continuación, rea­lizando figuras con las que en más de una ocasión sorprendió a sus pai­sanos, bien con irreverencias o utilizando el pincel para reflejar situaciones comprometedoras para algunos de ellos.
Irregular en su conducta, buen bebedor, socarrón, bromista, no se su­jetó a normas ni a códigos, e hizo siempre lo que le vino en gana, sin me­dir ni preocuparse por las consecuencias. Murió el 12 de febrero de 1949 en su domicilio, Rambla Chonga, 28, y se conserva su figura en una de las mejores obras de otro pintor más joven que él, Ladislao Jareño, que lo re­trató magistralmente.
Óleo de Ladislao Jareño
MANOLO EL PINTOR 
Manolo el pintor no es un genio;
pero no hay quien se atreva a negar
que es hombre de ingenio
y que sabe, a su modo, pintar.
Es pintor de abolengo. Hasta Coque
sabe que en Villena todo descendiente
del pintor San Roque,
ha de ser artista necesariamente.
Maneja la brocha lo mismo
que empuña el pincel.
El realismo, el cubismo y el impresionismo
les son familiares . ¡No tienen secretos para él!...
Antes que abrazara el arte de Apeles,
era encalador;
pero una mañana cogió los pinceles
y como Correggio, quiso ser pintor.
Acaso no eclipsen sus glorias
las de Goya y Velázquez, más digo en conciencia
que en sus cuadros de historia…
y de historias, es una eminencia.
Tal vez en su arte pictórico
olvide Manolo lo más importante, lo más esencial;
pero en lo alegórico,
Manolo, es genial...
Como las pupilas las tiene extraviadas
y él pinta a capricho lo que bien le place;
a veces le salen algo dislocadas l
as cosas que hace;
y en muchas creaciones fantásticas, hijas
de su caprichoso pincel, hay a veces
pasajes quiméricos poblados de peces
y lagos con grillos y con lagartijas.
Sus cuadros a veces son desconcertantes
y el interpretarlos cuesta mil fatigas.
Igual pinta hormigas que son elefantes
como hace elefantes más chicos que hormigas.
Y si hay novelistas que escriben con clave,
Manolo, también
con su pincel endiablado y sarcástico, sabe
pintar cosas que no todos ven.
¡Cómo que hubo veces que al ir a exhibir
lo que osó pintar
lo que a unos les daba ganas de reír
hizo a otros trinar!...
Es hombre mañoso. Si el arte de Apeles
le niega sus dones, se eclipsa el pintor,
deja los pinceles,
y espontáneamente surge el pescador...
Si pican los peces,
suele hacer Manolo muy buenas pesqueras;
pero algunas veces
¡pesca unas jumeras!...
A veces la vida mundana le aburre;
y entonces ocurre
que en ese momento
en que echa de menos la paz del convento;
se refugia en el dulce sosiego
del claustro, le visten un burdo sayal
y queda Manolo transformado en lego.
Con la alforja al hombro va por las labores
demandando de los labradores
viandas, pan y vino; más si en el camino
se encuentra al Pijoto o a Morra;
se comen las viandas, se beben el vino
y manda el sayal a la porra...
Ilustre Manolo; Dios haga que siempre sumisa
la suerte a tus plantas doble su cerviz.
No tendrás camisa; pero si la tienes, di que es tu camisa
la camisa del hombre feliz.
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros. 2002
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

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