1978 IMAGEN DE LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES = CONVENTO - SANTUARIO Y FAMILIA LEAL LAZARO - PEREZ PASCUAL

IMAGEN DE LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES = CONVENTO - SANTUARIO Y FAMILIA LEAL LAZARO - PEREZ PASCUAL
El matrimonio compuesto por Ginés Leal Hernández y Rita Lázaro García, entre otros tuvieron por descendencia a Dolores y José.
José Leal Lázaro, profesó de Sacerdote, y tras haber sido destinado a varias poblaciones, ya a finales de la década de los años 30, fue nombrado Cura del Santuario de La Virgen de las Virtudes.
Dolores Leal Lázaro, casó con Eugenio Pérez Pascual, natural de Villena, y los cuales se trasladaron a Valencia donde Eugenio poseía un establecimiento del ramo de Hostelería. Del Matrimonio nacieron 4 hijos, Francisco (Sacerdote Salesiano), Ginés (Funcionario), Eugenio (Perito Judicial) y José (Sacerdote).
Volvamos con Ginés y Rita; los cuales los últimos días de su vida vivieron con su hijo José en el Santuario en las celdas del mismo. Rita todos los años al preparar la imagen en el Santuario para el paseo a Villena al llegar las Fiestas, y a fin de que por efecto del aire y las inclemencias del tiempo no deteriorasen el Manto ni la Sagrada Imagen, le quitaba «La Barica» que hace las funciones de mantener hueco el Manto, y le imponía una cinta ceñida, la cual al llegar a la Población la retiraba y las Damas Camareras de la Virgen colocaban «La Barica» así mismo el día 9 se realizaba la misma operación a la inversa.
Un día pensó Rita que se podía confeccionar algo más digno con que ataviar la Venerada Imagen, por lo que se le ocurrió crear un Cinturón, y cuya tarea puso en práctica, al enterarse de lo que estaba haciendo Rita, una prima suya llamada Virtudes, virtuosa bordadora de fama en Villena, solicitó ayudar y ambas fueron confeccionando el Cinturón el cual llevó varias transformaciones hasta quedar terminado cual está hoy, bordado en Oro sobre Terciopelo.
Al morir Rita, su hija Dolores (Doloricas) fue quien heredó la tradición desplazándose todos los años desde Valencia con su esposo e hijos a Villena, donde siempre fueron magníficamente acogidos por toda la familia e incluso el Pueblo, y todos, todos siempre querían ver y besar el Cinturón de la Virgen un año más.
Son muchas las personas que a lo largo de estos años han acudido a Valencia a casa de Doloricas, solamente para ver y besar El Cinturón de la Virgen con toda su fe y por distintos motivos, y así mismo varias han sido las veces que Doloricas ha sido llamada desde Villena para que acudiese con el Cinturón, pues con motivo de realizarse unas rogativas, se tenía que trasladar la Imagen a la Población y querían llevarse en su paseo El Cinturón, tal y como se realizaba en las fiestas.
Por el año 1934, el padre de Dolores, ya muy anciano y que había quedado viviendo con su hijo José el Sacerdote en el Santuario, enfermó gravemente, por lo que fue llamada Dolores residente en Valencia para que asistiese a su padre y así mismo a su hermano el Sacerdote el cual había tenido una pequeña embolia cerebral. Al agravarse ambos enfermos y ser ella sola incapaz de poder atenderlos, Dolores llamó a su esposo quien se trasladó así mismo desde Valencia, y al ver este la situación en que ambos se encontraban, decidió liquidar los asuntos de Valencia trasladándose con sus hijos al Santuario donde además de atender a su familia, hacía de Sacristán, vestía y conducía a su cuñado, le ayudaba a poder oficiar la Santa Misa, ordenaba la Iglesia, formó coros y cuadros artísticos en el Santuario con los habitantes del mismo, hacía de maestro en muchas ocasiones (y todo ello sin percibir ni un céntimo) y teniendo que pasar toda la familia con la paga del cuñado Sacerdote, y de ayudas en especies que piadosas Almas residentes en La Virgen les aportaban. Por entonces salió a concurso la vacante de cartero rural Interino de Las Virtudes, la cual tras su oposición obtuvo y así de esta manera pudo atender mejor a los suyos.
Ginés Leal murió, y el hijo, o sea José el Sacerdote no mejoraba, llegando en estas condiciones a las postrimerías del año 1935, cuando en la vecina población de Yecla se estaban quemando Iglesias, realizando detenciones y persecuciones, etc. etc. Enterado de esto Eugenio y temiendo que los sucesos se extendiesen, pensó y realizó el retirar y esconder las mejores alhajas de la Virgen, y al mismo tiempo desatornilló la Imagen de su peana dejándola suelta, por si procedía en un momento dado a retirarla para esconderla, (¿fue iluminación lo de éste hombre...?).
Y así fue que un día y ya declarada la Guerra Civil, se presentó en el Santuario una compañía de milicianos (en el momento en que Eugenio y su hijo del mismo nombre, estaban en el apeadero para recoger el correo para su reparto) con orden de pegarle fuego al Santuario, pero Dolores que se encontraba con su enfermo hermano, hijos y demás habitantes del Santuario, se les enfrentó negándose a abandonarlo como así mismo las demás personas quienes valientemente apoyaron en todo momento estando a su lado, diciendo a los milicianos que tendrían que quemarlo con todos ellos dentro, al revelarse esta mujer fueron al que capitaneaba la milicia dándole cuenta de lo que acontecía, y éste, pistola en mano subió al Convento y al enfrentarse a Dolores se le escapó el arma de las manos poniéndose lívido, ya que había reconocido en Dolores a la esposa del jefe con quien trabajó en Valencia, y quien lo había sabido perdonar ya que fue un empleado infiel, al haber sustraído lo que no le pertenecía, y mira por donde el destino (¿lo llamamos así...?) lo llevó a una simple aldea lejos de donde el habitaba y a tropezarse nuevamente con esta familia.
Aprovechando Dolores esta circunstancia, le pidió y consiguió que si tenían preciso que quemar algo, que sacasen los bancos y el material combustible a la explanada frente a la puerta del parador, ya que si quemaban el Santuario ardería el Convento entero por su antigüedad, y allí vivían varias familias que quedarían en la calle. Así se hizo y en seis grandes hogueras fuera en la explanada se quemó todo. Pero antes de eso Dolores pidió al Capitán dejase entrar en la Iglesia al Sacerdote que poco antes habían nombrado para auxiliar al enfermo, a fin de que este consumiese las formas del Sagrario, concedido esto díjole el Capitán a Dolores si quería algo más, a lo que ésta respondió que naturalmente quería la Imagen, lo que tras cansadas discusiones consiguió, y entre las mujeres que habitaban el Convento, Dolores se llevó la Virgen del Camarín fácilmente ya que su esposo la había dejado preparada para ésta posible contingencia, la subieron a la celda nº 5, y precisamente en la cama de su hijo Eugenio (UNIN) la taparon escondiéndola.
Estando ardiendo todo lo extraído de la Iglesia en la explanada, llegaron del apeadero Eugenio padre e hijo con el correo para repartir, los milicianos al verlo pararon el vehículo cogiendo a Eugenio, mandando de un empujón al hijo hacia la casa hoy de Pepe Ribera, escuchándose unas voces que decían refiriéndose al padre «a ese a la hoguera que es medio cura» y así lo hubiesen hecho si no hubiera bajado el Capitán mandado por Dolores, y con la pistola en mano se interpusiera entre ellos diciendo que allí habían ido a quemar Santos y no a gente, con lo cual y sin darse a conocer a Eugenio por razones obvias, mandó a la tropa subir a los camiones y marchar del lugar.
No obstante a los pocos días vinieron otros milicianos y se llevaron preso a Eugenio y otros vecinos, siendo encerrado en el calabozo del Ayuntamiento de Villena junto a otros presos a los que habían que fusilar en unos días, llegado éste y al alba sacaron a los presos y subidos a un camión se los llevaron pese al fuerte aguacero que caía, pero se desarrolló tal tormenta que entre los truenos y aparato eléctrico y que no se veía por la gran cortina de agua, optaron por regresar temiendo por ellos mismos.
Pasaron varios días más antes de que decidieran volver a llevárselos al lugar de fusilamiento, pero al fin otro amanecer los llevaron de nuevo y esta vez ya a su fin. Pero no pudieron ver a uno de ellos que bien por la oscuridad del calabozo, bien porque estaba agazapado tras de un cuadro en un rincón el cual había ido a parar allí no se sabe cómo, y no muy grande ya que medía unos 65 centímetros aproximadamente, y ese agazapado no era otro que Eugenio, y ese cuadro resultó ser una pintura representando a la Virgen Milagrosa (desde ese día siempre guardó Eugenio una gran devoción a la Milagrosa, llevando consigo en la cadena del reloj de bolsillo una medalla con su devoción) los que recuerden a Eugenio, lo recordarán.
Bien por todo lo pasado, bien por la inanición a que estaban sometidos los presos, Eugenio empezó a desvariar y molestar, por lo que optaron por mandarlo al hospital que entonces había en Villena, allí mejoró y fue regresado al calabozo del Ayuntamiento, para entonces la tropa existente había marchado al frente.
Mientras un hermano de Eugenio residente en Valencia (Eduardo) enterado por su cuñada Dolores de todo lo que acontecía a Eugenio, se encontró un día con un comandante, reconociendo a éste en aquel empleado infiel de su hermano (el mismo que protagonizó los acontecimientos de la Virgen) y al contarle las vicisitudes de su hermano optó por trasladarse con unos hombres de su tropa incondicionales suyos a Villena en dos camiones, y ya ante el Ayuntamiento tomando la plaza conminó a que se le entregase al preso, trayéndoselo a Valencia donde fue escondido, no obstante siempre fue buscado y perseguido continuamente.
En tanto que Eugenio estaba en el calabozo esperando ser fusilado, se presentaron un día en el Santuario cuatro milicianas, con dos hombres en un coche Ford 12 c.v. propiedad de... y que armadas y bien pertrechadas exigieron de Dolores a quien fueron a buscar, que les entregaran la Virgen, «porque era del Pueblo» y querían «conservarla» en el Pueblo.
Dolores negó tenerla y dijo que había sido ya quemada con todo lo de la Iglesia, le contestaron que sabían la tenía ella y o se las entregaban o le pegaban fuego a todo el Convento, tras muchas amenazas y negaciones, uno de los acompañantes dijo a Dolores que se retirase aparte con él pues tenía que hablarle muy gravemente, la llevó y le dijo «Doloricas (pues se conocían bien) entrégales la Virgen pues saben que la tienes escondida y donde, mira que van dispuestas a todo» diciendo esto, oyó Dolores gritos de las mujeres compañeras del Convento «La Virgen, La Virgen» asomándose a una de las ventanas del claustro vio Dolores que la habían engañado, pues ya llevaban a la Virgen en volandas escaleras abajo, nos asomamos a los balcones centrales que dan a la calle y aun pudimos ver que por las puertas posteriores del coche metían de un golpe a la Sagrada Imagen, arrancando rápidamente camino de Villena, pero a la altura del puente de la acequia del Rey pasaron y al momento vimos salir humo y llamas, por lo que todos llorando pues nos figuramos lo ocurrido nos dirigimos al lugar pero al llegar sólo encontramos pequeños restos y cenizas y unas latas vacías de gasolina.
Al siguiente día de los acontecimientos y no habiendo ya nada que defender, Dolores tomó a su hermano y a los hijos y fue a esconderse con unos familiares, ya que fue advertida de que volverían a por ella para matarla.
Cuando fue el momento propicio viajó a Valencia a reunirse con su esposo, donde estuvieron en contacto con el Ilustre Canónigo de la Catedral de Valencia e hijo de Villena D. Gaspar Archent, a quien manifestaron todo lo ocurrido y le hicieron entrega de las alhajas de la Virgen que habían salvado, para entregarlas al terminar la contienda.
Mediante algunas estampas y una muy grande en color que los esposos conservaban de la Virgen, al finalizar la contienda es que se tomaron datos para la confección de la nueva Imagen, y una vez restaurada la Iglesia de la Virgen y adecentado el Santuario, Eugenio y Dolores donaron para el culto, el cáliz propiedad de su hermano José, así como llevaron de Valencia la primera Ara para el Altar, y también un incensario.
Nuevamente encontramos tras todos los acontecimientos a Doloricas, todos los días 5 de Septiembre desplazándose a Villena y bien en la tartana del Clero y la Virgen a la Tartana de Rosa la Montilla y Juanico Esquembre, marchar con su hijo Eugenio (UNIN) a la Morenica a fin de imponer el Cinturón a la Santísima Virgen de las Virtudes. A la muerte de Doloricas ha seguido la tradición de la abuela Rita la Pastora, su nieto Eugenio, el cual con motivo de los desplazamientos a Villena conoció a la que fue su esposa y madre de sus cuatro hijos (FINITA POVEDA) a la cual un día 8 de Septiembre enterré (1979) pero no obstante al día siguiente día 9 la Morenica siguió siendo servida en esa humilde pero tradicional imposición del Cinturón, pues para ello ya están dos hijos que son Eugenio José y Miguel Ángel, que auxiliados por sus hermanas María Dolores y María José sienten la tradición y están ahí ya para suplir a su padre en el momento de Dios disponga de él. Pero también además están varias ramas de la familia LEAL dispuestas y gustosas si es que hiciese falta.
Finalmente decir que espero que alguna persona del Pueblo recuerde un día 8 de Septiembre de 1967, cuando una comisión de Fallas de Valencia ataviados con sus típicos trajes y portando enormes cestas de flores, más frutos y especies, sus 180 componentes con su presidente y Fallera mayor al frente realizó una ofrenda a Nuestra Señora de Las Virtudes y que saliendo de Los Salesianos llegaron a Santiago poniéndose a sus pies. Pues bien ese presidente no es otro precisamente más que Eugenio, hijo de Doloricas, quien con éste acto realizaba un acto de veneración más ante la amada Imagen tan Venerada por él y toda su familia. Desde entonces creo que ya la Morenica tuvo siempre todos los años su ofrenda.
Nunca he querido mencionar nada de lo que aquí he dicho y rememorado, y sin perder de falsa modestia después de haberlo realizado me asusta pensar el que pudiera ser considerado como acto de soberbia o fastuosidad, ya que estas lacras son fatales compañeras para la vida eterna si es que el Señor me depara la gracia de alcanzarla.
Valencia, septiembre de 1986
Extraído de la Revista Día 4 que fuera de 1987

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