1961 LA JUNTA DE LA VIRGEN

LA JUNTA DE LA VIRGEN Por Alfonso Arenas García. 
Abogado. Presidente de la Asociación de Nuestra Señora de las Virtudes
Retablo de la Virgen en el Santuario de las Virtudes
De las distintas asociaciones religiosas constituidas en nuestra Ciudad, merece especialmente ser conocida v contar con el interés y adhesión de todos los villenenses la de Nuestra Señora de las Virtudes, comúnmente denominada Junta de la Virgen.
Desde la aparición de nuestra Excelsa Madre, en el año 1474, siempre se reservó la Ciudad el derecho de patronato, defendiéndolo en pleitos diversos, en los que obtuvo sentencias favorables. Y en uso de tal derecho, fue el Ayuntamiento quien autorizó, primero, la ocupación del Convento, en donde Aquélla se venera, a los religiosos de la Orden de San Agustín, de la provincia de Andalucía, hasta el 27 de mayo de 1542, y, desde el 30 de diciembre de 1591, a los mismos religiosos agustinos de la provincia de Aragón ; quien nombraba después a los Capellanes del' Santuario ; y quien disponía también, en todo momento, la traída de la imagen a la población y los cultos y festejos que en su honor habían de celebrarse ; encargando de la administración de sus fondos a dos de sus concejales o regidores, llamados por ello Comisarios de la Virgen.
Desconocemos con exactitud la fecha en que las funciones de tales Comisarios, que en su inicio fueron meramente administrativas, se delegaron en vecinos piadosos de Villena, extraños al Concejo ; pero podemos afirmar que tal delegación —antecedente inmediato de la actual Junta de la Virgen—, debió efectuarse entre los años 1851 al 1858. Los datos que, sobre el origen de esta Junta, poseemos y publicamos a continuación, los debemos en buena parte al trabajo de nuestro querido amigo don Emilio J. Manzaneque Benito, Oficial Mayor del Ayuntamiento y miembro directivo en diversas ocasiones de la Asociación, y son fruto de su laboriosa investigación y búsqueda en los libros de actas del Archivo Municipal. Queremos desde este lugar manifestarle públicamente nuestro sincero agradecimiento.
«...el desastroso estado de los caminos impide más que facilita el acceso a la morada de Nuestra Señora...»
Creemos que en los años 1850 y 1851 no existía aún la Junta de la Virgen, pues en ninguna de las sesiones del Ayuntamiento celebradas durante los mismos en que adoptan acuerdo referentes a nuestra Patrona, se hace mención de aquélla. Así, la de 14 de enero de 1850, por la que la Corporación Municipal acordaba nombrar como Capellán del Santuario al Presbítero don Antonio Solera, en sustitución del reverendo don Miguel Mellinas, primeramente designado, que no logró obtener la aprobación del, señor Obispo de la Diócesis por incompatibilidad con la Capellanía colativa que desempeñaba en Villena y que le obligaba a residir en la población ; la del 17 del mismo mes y año, acordando el Concejo la traída de nuestra Patrona en rogativas, en la tarde del siguiente domingo, «en mérito de la escasez de lluvias que se experimenta, por cuyo motivo están a punto de perderse todas las cosechas», y que «esta determinación se ponga en conocimiento del público por medio de bando, previniendo al vecindario que, durante el novenario de rogativas, se impidiese toda clase de diversiones públicas, y que el domingo, lunes v martes, por« la noche, se pusiesen iluminaciones, bajo la multa de dos ducados ; y que los Comisarios de la Virgen hiciesen el convite a los Cleros v encargaren los tres sermones a los señores Cura de Santiago don Miguel Martínez y a don Antonio Solera, adoptando, además, cuantas disposiciones fueren convenientes de costumbre, cuando se trae la Divina Imagen»; y la del 31 de agosto de 1851, en la que, al manifestarse por el Presidente que «hallándose tan próximas las funciones de la Virgen era necesario que la Corporación adoptase las medidas convenientes para que se celebrasen con el culto v solemnidad de costumbre», se acordó que «los señores Comisarios de la Virgen hicieran el convite de los Cleros y Corporaciones Eclesiásticas, y avisasen igualmente a todas las personas que deben concurrir a dichos actos, pasando el día cinco por la tarde al Santuario de Nuestra Señora, para traerla en Procesión a esta ciudad».
El primer dato auténtico de la existencia de la Junta de la Virgen nos lo da el acta de la sesión municipal del día 31 de julio de 1859. Se consigna en ella que «es leído un oficio del Presidente de la Junta nombrada por el Ayuntamiento para administrar los fondos que se adquieran para el culto de Nuestra Patrona la Virgen de las Virtudes, en el que se manifiesta que, para poder cumplir dicha Corporación con sus deberes, necesita que se le entregue por inventario lo que exista en el día, perteneciente a dicha Imagen». Petición que es acogida, acordándose «formalizar, desde luego, dicho inventario, haciendo entrega de éste y de los efectos que contenga a la referida Junta, advirtiéndole al propio tiempo que, como representante del Ayuntamiento, y en unión con los dos Comisarios del seno de éste, está facultada para administrar y disponer por sí de los fondos que se recauden, empleándolos en el mejor culto a la Virgen, y con las mismas facultades que lo hizo la Junta anterior». Prueba evidente de la preexistencia de otra u otras Comisiones análogas, de las que no tenemos, por ahora, otra noticia.
Debieron ser componentes de esta Junta, según el acta de la sesión del Ayuntamiento del 4 de agosto del mismo año 1859, los siguientes señores : Don José Ramón Amorós, don Pedro Eugenio López Chapí, don Antonio Fernández Palencia, don Rafael Selva, don Antonio Hernández y clon Cristóbal Mergelina, quienes, de los fondos que administraban, habían invertido, en la compra de un vestido para Nuestra Señora, la suma de cinco mil seiscientos ochenta y ocho reales y once maravedís, quedándoles todavía un sobrante de cinco mil ochenta y ocho reales y quince maravedís, que retenían en su poder, con la aprobación municipal.
Explanada de acceso al histórico 
Monasterio de Nuestra Señora de las Virtudes
Durante los primeros años de existencia de esta Asociación, que en sesión municipal del 28 de agosto de 1861 se denomina ((Comisión que entiende en la administración y fomento del culto de Nuestra Patrona la Virgen de las Virtudes», era el Ayuntamiento quien nombraba los miembros de aquélla, como, en la sesión de referencia, se hizo en favor de don Miguel Pérez, don Andrés Hurtado, don José Hernández Osa, don Antonio Hernández García, don Agustín Lobregad, don José Menor Hernández, don Francisco Gómez de Morales, don José Yáñez Prats, don Pedro Martínez Sánchez, don Pascasio López López, don Ramón Rodríguez Mérida y don Juan Tomás Pardo ; determinaba sus atribuciones, según acuerdo adoptado en sesión de 21 de julio de 1863, en el que se manifiesta que «continuando en la costumbre que se observa desde el origen de la referida Junta, el Ayuntamiento dispone siempre de la traída y llevada de la Santa Imagen, las funciones que han de hacerse y los días en que han de celebrarse ; pero que la práctica de las gestiones que han de efectuarse para celebrar todo aquello, corresponde a la Junta, en unión con los Comisarios de la Municipalidad, que son individuos natos de aquélla, entre cuyas atribuciones está la adquisición y manejo de los fondos pertenecientes a la dicha Imagen; y seguía designando al Capellán del Santuario, aunque recabando ya el previo informe de la Junta de la Virgen, conforme resulta del acta de la sesión del 31 de enero de 1867, primera en que vemos dar a tal Junta la actual denominación.
Hoy, la Asociación continúa siendo delegada del Ayuntamiento en las funciones administrativas del Patronato, que la Corporación acordó conservar en sesión del 5 de diciembre de 1945, pero goza de una mayor autonomía, al no existir concejales que desempeñen las funciones de los antiguos Comisarios de la Virgen ; se rige por un Reglamento, aprobado en 22 de julio de 1946, y confirmado por el Excmo. señor don Miguel de los Santos, Obispo de Cartagena entonces; y tiene como principales fines los de atender el culto de nuestra Celestial Patrona, tanto en el Santuario como n las fiestas religiosas tradicionales que anualmente se celebran, cuidar de la conservación v ornato de la iglesia del Santuario y pagar una «honesta dotación» a su Capellán.
Para el cumplimiento de tales fines, carente el Santuario de bienes propios, de los que fue privado por las leyes desamortiza-doras del pasado siglo, la Asociación sólo cuenta, como ingreso ordinario, con las cuotas de sus asociados —que pueden serlo todas las personas católicas de ambos sexos y mayores de edad que lo soliciten—y además, con las colectas en la Parroquia de Santiago, durante los días 5 al 9 de septiembre de cada año, subvenciones del Ayuntamiento y donativos de personas piadosas. Ingresos que cada vez resultan más insuficientes, a pesar de la buena acogida que nuestras peticiones merecen al Ayuntamiento y de su afán por ayudarnos, ante el cúmulo de atenciones extraordinarias a las que deseamos hacer frente, de entre las cuales destacamos como primordiales : el adecentamiento, arreglo y restauración del Santuario, francamente deteriorado si no ruinoso, en una buena parte ; la transformación de las antiguas celdas del Convento, en decorosos departamentos, capaces de ser ocupados por familias de la población en la temporada veraniega ; y, como empresa que nuestra ciudad debe hacer suya y el Ayuntamiento resolver, la pavimentación con riego asfáltico del «camino de los Alamicos», que, debido a su desastroso estado, se encuentra intransitable e impide más que facilita el acceso a la morada de nuestra Patrona. Creemos que dicho camino, en su estado actual, es una vergüenza para Villena.
Quisiéramos que nuestras palabras hallaran eco en quienes pueden y deben atenderlas, pero también que los villenenses, hombres y mujeres nacidos en Villena y aquéllos que en nuestro pueblo residen, comprendieran su obligación de afiliarse a la Asociación. Sin la ayuda de todos, nuestros esfuerzos y buena voluntad están condenados al fracaso. Es necesario que el: número de asociados, que hoy asciende a unos setecientos cincuenta, con un ingreso anual inferior a veinticuatro mil pesetas —y ello gracias al ingreso colectivo en la Asociación de las comparsas de Moros y Cristianos, dos de cuyos representantes forman también parte de la Junta—, se incremente extraordinariamente, en consonancia con el número de habitantes de la población, y que las cuotas voluntarias con que contribuyen se eleven en la cuantía que cada uno puede satisfacer. Es preciso que comprendamos que no basta con querer a nuestra Virgen, con aclamarla v honrarla durante su estancia en Villena, y hasta con ofrendarle nuestras limosnas y donativos, de manera aislada y particular, sino que debemos ofrecerle el sacrificio de nuestra aportación económica, fija y constante, ingresando en la Asociación, como miembros efectivos de la misma, y participando regularmente en sus cargas y obligaciones.
Este es el ferviente ruego que, por amor a la Morenica, a todos sus hijos hago, desde este honroso cargo que inmerecidamente ostento, con la esperanza y deseo de ser por todos escuchado.
Extraído de la Revista Villena de 1961
Cedida por… Avelina y Natalia García

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