CRÓNICA DE LAS FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS DE 1987

CRÓNICA DE LAS FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS DE 1987
En el número 202 del boletín «Día 4 que fuera» correspondiente al mes de octubre de 1987 fue publicada la crónica de las pasadas fiestas. Sin embargo, partiendo de la experiencia de la mayoría de las poblaciones festeras, que carecen de boletín mensual, y publican la crónica en lo que ellos llaman «revista» o «libro» de fiestas, hemos estimado oportuno, ahora que contamos con un número extraordinario en color, volver a ofrecer, resumida, aquella crónica, eludiendo, desde este año, su publicación en el mes de octubre.
LA TELEVISION Y EL BUEN TIEMPO
Si hay algo que resaltar a priori sobre lo acontecido en septiembre de 1987 debemos hablar necesariamente de la experiencia televisiva y de la bonanza climatológica. Las fiestas de moros y cristianos de 1987 pasarán a la historia como las primeras fiestas televisadas, un hecho que caló muy hondo en la población, que vivió de un modo .distinto la semana grande. No hubo lapsus. Por medio de la pequeña pantalla, entre un acto y otro, tanto en el centro como en las zonas más alejadas, la fiesta siguió en directo y en diferido. Tanto al levantarnos de la cama, mientras tomábamos el aperitivo, comíamos o nos cambiábamos de traje, todos fuimos copartícipes de lo que ocurría en la calle.
Junto a esta novedad, hay que recordar el buen tiempo reinante. Tras un verano atípico y un mes de agosto irregular, todos y cada uno de los actos festeros, desde el pasacalles, gozaron de un tiempo insuperable, con unos días de sol luminoso sin llegar a temperaturas tórridas, y unas noches la mar de agradables en las que el relente apenas se dejó sentir a partir de las 5 de la madrugada.
 PREÁMBULOS
Tras un domingo del pasacalles empañados por la repentina muerte del moro nuevo Bernardo Postigo, a los 25 años de edad, los días 1, 2 y 3 de septiembre registraron unas noches repletas de sabor festero.
Por séptimo año consecutivo los cabos se reunían, con José Luis Valero Costa como maestro de ceremonias, en el Pabellón Municipal, a celebrar su noche. La banda Municipal de Villena animó la velada, muy concurrida de público, que se prolongó hasta la una y media de la madrugada.
La noche de los capitanes y alféreces, que con motivo del 50 aniversario del pasodoble «Paquito el chocolatero» se organizó el 2 de septiembre, también en el Pabellón, repleto de público, con concurso de rodadores de bandera incluido.
Tristemente, una intoxicación procedente de una horchata en malas condiciones ingerida esa noche, trajo vómitos y fiebre a partir del día siguiente a más de doscientos villenenses, que requirieron servicio médico. Esto causó el trastorno no sólo de los enfermos, sino de sus familiares, y enturbió en muchos hogares el talante de la semana festera.
DIA 4: EXCESIVA ORFANDAD
«Día 4 que fuera», repetimos todo el año. Sin embargo, es excesiva la orfandad de actos en una jornada que se convirtió en festiva para la mayor parte de la población, y que hasta bien entrada la noche no cuenta con ningún aliciente especial, más que las cenas privadas organizadas por las respectivas comparsas.
No obstante, el mero hecho de ser víspera le dio un carácter festivo innegable, con una animación exclusiva de dicha jornada. Porque en Villena, de paisano, el 4 de septiembre es con mucho el más alegre y vistoso del año.
Los castillos disparados a la 1 de la madrugada desde la futura estación de autobuses, muy acertados y multitudinariamente seguidos, sirvieron de contraseña a las verbenas que se estrenaban en esta edición.
Piratas, Maseros y Cristianos fueron las verbenas populares de comparsa, destacando la novedad del desplazamiento de la orquesta «Túrbula» de la plaza Mayor a «La Cábila» de los Moros Nuevos. Esta, junto a «La Troya» de la comparsa de Estudiantes, y el Pabellón Municipal, completaban la oferta nocturna de la fiesta. Eso sí hasta el amanecer.
DIA 5: LA VIRGEN ENTRA DE INCÓGNITO
En 1987 la Virgen de las Virtudes entró en la iglesia de los Padres Salesianos de incógnito. Mientras llegaban al Portón las carrozas de las regidoras mayor e infantil, sin que mediase tiempo para que los arcabuceros estuviesen situados en sus respectivos lugares ni para que el pueblo en general ocupase posiciones.
Amén de este desafortunado incidente, que a lo largo del año no encontró justificación, el día 5 transcurrió con una brillantez desacostumbrada. Situémonos en la mañana.
Luce un sol de justicia. Nadie está quieto. Todo es trapicheo continuo. Todavía hay quien da los últimos toques al traje. Las bandas de música van confluyendo a la plaza de Santiago. Este año hay una novedad. Los capitanes y alféreces ya van vestidos con las mejores galas de la comparsa. Las madrinas mayor e infantil también lucen el traje de villenera y participan de un modo oficial en la fiesta del pasodoble.
En su sexto año de mandato, Salvador Mullor lee por primera vez el pregón. Un deseo lejano. Una ilusión cumplida. LLega el momento y la emoción está a flor de piel. Grandes dosis de villenerismo vertidas por alguien que conoce muy bien lo que nuestras fiestas suponen para la población, y mención obligada a la patrona, «religión para unos, mito para otros», y aplausos generalizados cuando se exhorta desde el balcón del ayuntamiento: «Festeros, a las 4 en la Losilla».
Tras el ruedo de banderas, José Plinio Navarro Gil, presidente de la Junta Central, instó a las catorce bandas de música invitadas a que se unieran a la banda municipal para interpretar «Chimo», en homenaje al fallecido maestro Ferrero. Aunque cada una llevó su ritmo, en esas variaciones sobre el mismo tema estribó el auténtico climax de apoteosis que pudimos percibir durante cinco minutos en la plaza de Santiago.
Minutos después, como es preceptivo, las quince bandas recorren las calles habituales, siendo el pasodoble «El capitán» el escogido por la municipal para cubrir el desfile de gala. Día 5 en Villena, casi nada. Son muchas las comidas festeras celebradas, para las cuales los miembros de las comparsas ya acuden a medio vestir con su traje oficial, portando en muchos casos las camisetas con los anagramas respectivos.
LA ENTRADA
Desde poco más de las tres de la tarde, la calle Mayor es una riada humana multicolor. Los trajes impecables, brillantes, planchados y bien planchados, se dirigen hacia la Losilla. Saludos, sonrisas, abrazos, paradas en una y otra casa a lo largo del camino. A medida que transcurren los minutos, los grupos se hacen más numerosos, las peñas se completan, las escuadras reúnen a la totalidad de sus miembros.
No hay ninguna señal ni nubarrón. Vamos a sudar. Todo son corros, comentarios, fluir de festeros en todas direcciones, fiesta. La entrada de 1987 discurrió, sobre todo, con mucha fluidez. Los cortes fueron mínimos, y en cuanto al comportamiento, tan criticado por ciertos sectores de la población, mejoró ostensiblemente con respecto al del año anterior, en términos generales. Esto no quiere decir que el desfile fuese militar. Las fiestas de Villena tienen su idiosincrasia, y dentro de ellas, cada comparsa también cuenta con la suya propia, que exterioriza en la tarde del día 5, tarde del festero por antonomasia. División de opiniones, pues, entre la petición de respeto al público y la reivindicación de que el festero paga la fiesta y tiene todo el derecho a divertirse.
Mención aparte merecen las escuadras especiales. Gracias a ellas, el listón del buen hacer se pone cada año más alto y sitúa a nuestras fiestas, en lo que a estreno de trajes se refiere, a una altura sin parangón. Enhorabuena a todas y cada una de ellas por su esfuerzo y constante superación.
Como hemos comentado anteriormente, tras la repentina entrada de la Patrona en la iglesia de los Salesianos y la procesión de recibimiento, rozando las doce y media, la Morenica entraba en el templo de Santiago, siendo instalada en su trono definitivamente a las 12.40 de la noche.
DIA 6: MODELICA CABALGATA
Comenzaron los actos del día 6 con tina nutrida diana, desfile que se ha consolidado como, amén del más popular, uno de los más queridos por todos los festeros y no festeros.
La Misa Mayor infantil tiene lugar a las 11 oficia D. Mariano Martínez, actúa el orfeón «Salinas de Torre-vieja», y en el momento del ofertorio, la regidora infantil, Elena Sánchez, sube hasta las andas de la Virgen de las Virtudes a depositar un ramo de flores. Dos escuadras de niños desfilan a los sones de «La Morenica», interpretada al órgano por Pascual Ribera.
El Desfile de la Esperanza, a las 12, y la Embajada, a las 6, son los actos secundarios de la jornada, que congregan a muchos espectadores.
Aunque, sin duda, es la Cabalgata el momento cumbre, no sólo del día, sino en lo que a desfiles se refiere, de la semana.
Insuperable esta edición, que se abrió puntualmente a las diez de la noche, y que se cerró a las tres y media de la madrugada. Importante participación de grupos alegóricos, y flamante estreno de la escuadra femenina de la comparsa de Moros Nazaríes. Las coreografías del «Canto a Murcia» de los Segadores y el pasodoble cordobés de la comparsa de Andaluces electrizan a los espectadores. Las escuadras especiales brillan con luz propia, y todos los festeros dan lo mejor de sí en esta noche grande.
El horario de las verbenas se acorta, abriendo sólo desde cerca de las cuatro hasta antes de las siete.
DIA 7: UNA RETRETA A TENER EN CUENTA
El alba coge desprevenidos a la mayoría. Por eso la diana del día 7 es la más concurrida. De festeros y espontáneos. De dormilones de tribuna y de manteros auténticos.
La ofrenda carece, hasta el bando cristiano, inclusive los Estudiantes, de creaciones artísticas de interés. Marinos Corsarios, Maseros, Ballesteros, Almogávares y Cristianos son los auténticos maestros en estas lides. Los Maseros volverán a ser, en conjunto, los auténticos maestros en ofrendas, por cantidad y por calidad. Los Andaluces volvían a ofrendar material para la asociación de atención al discapacitado.
A pesar de las repeticiones inevitables, en la retreta pudimos ver números de gran interés, y una creciente organización en cuanto a grupos y peñas, que proliferan y se consolidan de forma estimable. Y no tenemos que envidiar nada al mejor desfile de carnaval. En presentación y en participación, requisitos imprescindibles para uno que se precie. La retreta va a más, el público la sigue con mucho interés, invadiendo cada vez menos la calzada, y es un acto a respetar y valorar.
DIA 8: UNA PROCESION DE CAMPANILLAS
Con la misma participación que los días anteriores, la última diana terminó alrededor de las 9.30 a 9.45 de la mañana. La misa mayor por excelencia, concelebrada por doce sacerdotes, se celebró en hora y cuarto, siendo la Coral Polifónica Alcoyana la encargada de poner música, con la segunda pontifical de Lorenzo Perossi, de la que destaca el modélico Kyrie.
En Villena los actos se agolpan en el programa oficial, y mientras tenía lugar la comunión en la misa mayor, las bandas de música afluían a la plaza de Santiago para participar en el siguiente acto: la guerrilla y embajada. Así, los alféreces, al descender del altar mayor pasaron directamente a su lugar correspondiente en cada comparsa, rumbo al Castillo de la Atalaya.
Por la tarde, tras la Conversión del Moro al Cristianismo, llegó la hora de la procesión. Las comparsas se estiran cada vez más, de modo que cuando los Piratas forman en la plaza de Santiago, los Moros Viejos ya han concluido el desfile. Hace sólo diez años todos cabían en el mismo.
A las 9 comenzó la segunda parte procesional, con el estandarte y el alumbrado. El Paseo de la Virgen se prolongó hasta las 11.40, veinte minutos después que el pasado año, hora en que la Morenica hizo acto de presencia en la plaza de Santiago, recibiendo las salvas de todas las comparsas (momento irrepetible de nuestras fiestas)
DIA 9: VILLENA HA GANADO UN GRAN DESFILE
La despedida de la Patrona se alargó en demasía por la tranquilidad de las comparsas de camino al paso a nivel, al tiempo que el incremento de participantes en la despedida, dando lugar a que sean las diez de la mañana cuando a la Morenica le es colocado el cinturón para emprender la romería propiamente dicha. Tal vez comenzando a las 7 en punto de la mañana, hora de las tres dianas, el desfile de arcabucería, se paliaría en unos minutos este desfase.
La Entrada de nuevos capitanes y alféreces, que arrancó puntualmente a las cinco de la tarde, atrajo a numeroso público, que presta mucha atención a este desfile, del que se comenta es el más vistoso a la hora de ver pasar a los festeros, que van mejor que nunca, en fluidez y en cantidad de alcohol ingerida, y es a la vez la última ocasión de ver en escena a las escuadras especiales, salvo en el caso de las de los Moros Nuevos, que se despiden el día 6. En esta edición la escuadra de Tuareg del Bando Marroquí se sumó a esta ausencia.
A las 9 de la noche, con la plaza de Santiago repleta de villenenses, se procedió al intercambio de bandas y a la lectura del acta de premios. El broche a las fiestas de 1987 lo ponía oficialmente el concierto en la plaza de las Malvas, en el que nuestra banda municipal compartía programa con la Unión Musical Contestana. Mientras tanto, un buen número de cenas de peñas y escuadras tenía lugar en muchos rincones. El día 10 es festivo y esta tradición se consolida. Las verbenas populares, eso sí, continuaron hasta altas horas de la madrugada. Como anécdota, citaremos que el «Amparito Roca» de los Serenade se escuchó por última vez a las 5.15 horas del día 10, como queriendo arañar minutos a lo improrrogable.
La rapidez de los servicios de limpieza del ayuntamiento, al igual que tras los desfiles, hizo que a las pocas horas todo estuviera como si no hubiese pasado nada. Sólo las luces, ya apagadas, quedaron bastantes días colgadas como testigos de lo que del 4 al 9 aconteció en Villena.
ANTONIO SEMPERE
Cronista de la J. C. de Fiestas

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