1960 RECUERDOS CHAPINIANOS

RECUERDOS CHAPINIANOS - PLUMA AL VIENTO
POR JOSE ALFONSO
EL Director de "'Valeria" —mi querido amigo don José García Galbis — me honra otra vez este año pidiéndome un trabajo para la Revista de Fiestas. Le complazco muy gustosamente. Pero ¿de qué va a hablar uno? ¿De Chapí? ¿De Villena? Ya me volqué en años anteriores, desde estas mismas páginas, sobre tales motivos literarios. Claro que siempre queda alguna rebañadura. Por ejemplo. Cuando a principios del siglo actual subió Chapí en una galera, en la estación de Monóvar, rumbo a los campos de Garrincho, se detuvo en la casa de la tiple doña Dolores Cortés que vivía retirada de la escena en la patria chica de Azorín. La Cortés fue gloriosa intérprete de la no menos gloriosa música de don Ruperto, este no olvidaba a la cantante genial. Tras los abrazos emocionantes,
-¡Ruperto!
-¡Dolores!
esos abrazos que ellos tantas veces habrían interpretado o musicado, se procedió a la degustación de un chocolate, con pastas finas de la tierra, magdalenas, suspiros, sequillos, perusas...
...A este chocolate íntimo asistieron Chapí, la Cortés el gran amigo del compositor, don José García Soler, Decano a la sazón del Colegio de Abogados de Alicante, don Amador Hurtado, propietario de Garrincho, y mi padre, médico de la tiple. Bombines, rígidos cuellos de pajarita y bigotes y barbas profusas en ellos. Doña Dolores, con historiado corpiño y falda de campana, casi un miriñaque, La doméstica que sirvió el socomusco, impecable en su atavío. Delantal y cofia blancos, manguitos de "cabo de gastadores" en desfile de gala, ¡atraía estos empaques la época!
Finado el chocolate, don Ruperto regaló a la Cortés un canario de oro ¡Un buen obsequio simbólico a la cantante egregia! Doña Dolores, en su retiro de Monóvar, solía acudir a las reuniones de postín, en las casas ricas, donde se tocaba el piano, se cantaba, y en las que todavía se bailada el rigodón. La propia Cortés recordaba en estos saraos sus tiempos escénicos y cantaba, acompañada al piano, alguna romanza de ópera. Doña Dolores era ya una dama bajita y regordeta, con el pelo blanco. Tenía cierto parejo físico con la Infanta Isabel. Así la recuerdo yo, que era entonces un niño,
Siguió Chapí viaje a Garrincho, la pintoresca finca del campo de Monóvar, toda belleza, soledad y silencio, donde compuso "Margarita la Tornera". De la estancia de Chapí en Garrincho, he publicado yo trabajos en "Mundo Gráfico" de Madrid, "La Semana gráfica", de Valencia, así como en estas mismas páginas. También allá por el año 1941 publiqué en "Informaciones" y en "El Español" algún artículo referente a Chapí, pero circunscrito a su pueblo nativo a la casa donde vio la primera luz. Los familiares que vivían en ella me informaron de muchas cosas, me mostraron interesantes papeles y un busto en escayola que hizo a don Ruperto el escultor Bañuls. El detalle de los lentes estaba maravillosamente logrado con un alambre. Anduve yo unos días por la hermosa y acogedora Villena tornando apuntes literarios. Y de pasada, comiendo, bebiendo y fumando como un Faruk. Sobre aquellos escritos —y los anteriores— no quiero repetirme. Busco hoy solamente decir algo nuevo sobre Chapí, como lo del chocolate en casa de la Cortés y el consejo que le dio al "tenor cañón", con el que terminaré este artículo.
El "tenor cañón" fue un bracero del campo de Monóvar, dotado de una voz portentosa. Cantó "Marina" en una compañía de aficionados del pueblo y causó asombro. Un grupo de señores de la localidad le costeó estudios en Valencia. El profesor Sola, al oírlo, quedó estupefacto.
—No necesito más que tres años para hacer de este hombre el primer tenor del mundo— exclamó.
Pero el "tenor cañón- era un hombre casado, con hijos.
Déjate a Valencia y vente a Madrid Tú necesitas ganar enseguida dinero —le dijo un amigo suyo llamado Mallebrera, pintor copista del Museo del Prado.
Fue un acontecimiento en Madrid el debut del tenor monovero en "Price" "El tenor cañón" le llamó la prensa, publicando todos los periódicos y revistas su retrato. Cantó veinte noches "Marina" con unos llenos abarrotantes. Consecuencia de aquella proeza sin estar preparado, fue que perdió la voz. Y anduvo luego cantando por las iglesias y de partiquino del Real el que pudo ser el mejor tenor de su época.
—La culpa —me dijo muchos años después el pintor Mallebrera— la tuvo él, por no seguir el consejo de Chapí.
¿Qué consejo?— le pregunté.
—Cuando llegó a Madrid Cerdá (que así se apellidaba el "tenor cañón") se lo presenté a Chapí y Arniches. Don Ruperto, antes de su debut, le probó la voz al piano en el Teatro Apolo. Y quedó entusiasmado, como todos los que le oían. Pero le dio un consejo, "Resérvese y no se entregue todo desde los primeros momentos. Hay que estudiar mucho aún y queda mucha labor por delante".
—¿Y qué pasó?
Que no hizo caso de Chapí. Se entregó al público desde la primera noche y repitió nada menos que diez veces la "salida" de "Marina". Las ovaciones eran atronadoras. Pero vino pronto la catástrofe, se quedó sin voz, por no seguir el consejo de don Ruperto.
— ¡Una verdadera lástima!
Extraído de la Revista Villena de 1960

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