1958 ¡ESOS PAPELES VIEJOS…!

¡Esos papeles viejos…!
Por ENRIQUE FARFAN CAIRE - NOTARIO
HAY un refrán que dice: "pobre porfiado saca mendrugo". Confiado en que resulte verdadero, al menos por esta vez, voy de nuevo a insistir en mi tema ahora en público y aprovechando la generosa hospitalidad que me ofrece, como otros años, esta Revista, ya que tantas veces lo hice en privado y en verdad no con mayor fortuna.
Se trata de conseguir una solución adecuada y digna de esta Ciudad a la instalación del archivo de protocolos. No es baladí ni mucho menos el asunto, aunque no se le haya prestado la debida atención. Precisamente para airearlo y conseguir que, no ya las Autoridades y personas capacitadas y obligadas a ello, sino todos los villenenses en general se interesen en su buen éxito, cumplo gustoso mi deber, escribiendo estas líneas, que sin aspiraciones literarias, se darían por satisfechas con el autor de ellas, si lograran que todos se percatasen de la importancia que encierran.
No es de hoy, ni por desgracia es únicamente en Villena, donde el Archivo Notarial y todos los Archivos se encuentran en situación tan lamentable. De siempre ha tenido mal ambiente y poca o ninguna defensa el protocolo. Los "papeles viejos", como despectivamente se les llama, han sido en España, para concretarnos a nuestra patria, objeto no sólo del desvío y del olvido de todos, sino más aún, del desprecio y de la chacota de los españoles; fruto sin duda de la ignorancia de muchos y de la indolencia de algunos, a partes iguales. ¿Qué tiene de extraño que el resultado lógico de esta conducta y de aquellos prejuicios haya sido el estado actual de los archivos, en locales húmedos, sin luz, sin la ubicación más precisa, en la que yacen los libros amontonados, y tirados al suelo, muchas veces, los más venerables infolios, cubiertos de polvo y pasto de la polilla? Esto, sino han terminado formando empalizada contra la revolución, como en algún caso hemos visto, o desapareciendo en el pillaje y quizá con mejor suerte en el incendio, como hemos conocido todos en nuestra última contienda, o sabemos de guerras anteriores.
A tales extremos conduce el desconocimiento, que se padece, del verdadero valor de esos documentos y del tesoro que para un pueblo y sus vecinos encierran esos archivos. Pocos saben, porque nadie se ha tomado la molestia de decírselo, que en el Archivo Notarial de Villena, concretándonos a nuestro coso, se guarda cuanto, desde hace más de cinco siglos, se ha venido contratando, donando, construyendo, heredando, deslindando, por los vecinos de ella, y por ser cabeza de jurisdicción, por todos los pueblos limítrofes. Esto vale tanto como decir que en esos protocolos está la historia, no de guerras e intrigas, a veces superficial y ficticia, sino la más viva, real y palpitante de esta sociedad y prácticamente de la Ciudad y su Partido; allí estará el nacimiento y desarrollo de sus murallas, de sus edificios y construcciones, de sus iglesias, acaso de sus imágenes más veneradas; la delimitación de sus campos y servidumbres; tal vez el origen de sus al parecer caprichosas denominaciones; la vida entera de sus familiares, y puede atisbarse en sus libros la causa de la ruina de unos y la del esplendor y resurgimiento de otros. Y al mismo tiempo que esta pequeña historia, en cierta medida más cara a nosotros que la grande, por más cercana y tradicional a nuestro linaje, se encuentran en esos viejos papeles, indicios, datos y hasta las más sorprendentes pruebas para otras investigaciones de mayor altura y positivo aliento. No es pues un protocolo el manojo de títulos de propiedad de algunos privilegiados, ni menos aún, la legitimación de rapiñas de otros tiempos, como a veces con mala intención y fines de fácil demagogia se ha querido imbuir a las masas, sino la más acabada historia y el fiel reflejo del progresivo discurrir de la vida de los pueblos.
Que todo lo anterior es así, se hace patente cuando se considera cómo ya por fortuna comienza a sentirse la responsabilidad en las esferas más cultivadas de la sociedad por un mayor cuidado de este material histórico. Digno de mención entre nosotros algún acto público resaltando la necesidad de reforma del archivo municipal y otros deseos que han llegado hasta nosotros, de llevarla a buen fin. No es de nuestro empeño traer aquí la lista de las medidas legislativas y de administración dictadas por el Poder Central para la reorganización y arreglo de los Archivos Notariales, sino únicamente remover la conciencia pública en favor de ellos y sembrar inquietudes en Villena para que se cuide particularmente del suyo.
Y quizá no esté de más advertir del peligro que se cierne desde este ángulo de la reorganización que se intenta, y es la posibilidad de situar estos fondos lejos de los pueblos, en locales centrales o provinciales, dada la apatía y poco aprecio de aquéllos. Esta concentración de protocolos podrá ser defendible, a no dudarlo, con más de un argumento, pero como quiera que ello sea, no es menos exacto que aleja el archivo propio de cada lugar, dificultando, por lo menos a sus vecinos, su acceso y trato, aunque por su incuria se hayan hecho acreedores a aquella medida; y privándoles de un verdadero hontanar del que mana la más pura fuente de su vida espiritual y económica.
Importa pues a todos alojar pronto, bien y con decencia estos papeles, que podemos seguir llamándoles viejos, si se quiere, no con el remoquete del desdén, si o como llamamos viejos a los padres, como un título más para nuestro aprecio y nuestro cariño. Hay que buscarles una instalación digna y adecuada que haga posible la celosa vigilancia y custodia, el fecundo aprovechamiento, que repercutirá en propia dignidad y decoro de la Ciudad.

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