DEL ÚLTIMO HOMENAJE A LA MUERTE DE CHAPÍ 1909 (25 DE MARZO DE 1909)

DEL ÚLTIMO HOMENAJE A LA MUERTE DE CHAPÍ (25 DE MARZO DE 1909). Por... José Sánchez Ferrándiz
El descomunal esfuerzo llevado a cabo por Ruperto Chapí en la que a la postre sería una de sus últimas partituras, Margarita la Tornera, y el gran éxito que acompañó la representación de esta ópera en Madrid, no parecían presagiar entonces el inminente e inesperado final que un mes después, el 25 de marzo de 1909, conduciría a la tumba al gran músico villenense.
Durante el verano de 1905 y recluido en la finca el Garrincho, en Monóvar, Chapí se entregaría en cuerpo y alma a la composición de esta ambiciosa partitura. A partir del verano siguiente, en Fuenterrabía, donde la familia solía pasar sus vacaciones, se sumergería en su instrumentación, tarea que le ocupó a lo largo de tres meses y que daría por concluida el 5 de octubre de 1906. Basada en un libreto de Carlos Fernández Shaw, inspirado en un texto anterior de José Zorrilla, que a su vez tomaba su base de una antigua leyenda medieval, la obra se enfrentaría a diversos obstáculos que hizo que su estreno se tuviera que aplazar en varias ocasiones y que no fuera hasta el 24 de febrero de 1909 cuando finalmente el público madrileño pudo asistir a su representación en el Teatro Real. La mayoría de la prensa  ya anunciaba días antes, con gran dosis de expectación, el inminente acontecimiento que se presagiaba fuera histórico.

A grandes rasgos el argumento cuya acción se desarrolla en el siglo XVII entre Madrid y Palencia, nos muestra a Margarita, joven y bondadosa monja que reside en un convento en el que existe una estatua de la Virgen María, a la cual aquella tiene gran veneración y frente a la que reza con frecuencia. Un día conocerá a un atractivo y taimado joven, de nombre don Juan de Alarcón, que con argucias, el futuro de una vida mejor y jurándole amor eterno, la convence para que se una a él. Finalmente la resistencia de la joven es vencida y ella acompaña a su pretendiente, fugándose de la abadía, no sin antes depositar las llaves del inmueble que hasta entonces custodiaba en su calidad de tornera, a los pies de la Virgen a cuya imagen pide amparo y protección. Pasado un tiempo y cansado de Margarita, su amante, llamado a nuevas conquistas dado su irrefrenable carácter mujeriego, la abandona a su suerte. Desolada y sin rumbo conocido, ella regresará finalmente al convento para comprobar que la Virgen María ha obrado el milagro de reencarnarse en ella misma, suplantándola sin que nadie hubiera notado su ausencia. Más tarde un arrepentido don Juan, informado de su paradero, volverá para tratar de convencerla de que regrese con él, aunque en este caso no conseguirá su objetivo.           
El Eslabón de Villena.
Siguiendo a Vicente Prats Esquembre en su libro sobre el músico villenense de 1984, los primeros síntomas de la enfermedad que asaltó a Chapí y que desembocarían en la pulmonía que le costó la vida, se pudieron manifestar, bien durante los ensayos previos al estreno de la ópera o durante la misma noche de su representación:
“…la noche del estreno, ante el clamoroso éxito que obtiene la obra, la infanta Isabel, requiere al autor para felicitarle por su triunfo. Chapí, que ha dirigido la orquesta, acude sofocado, empapado de sudor, al palco de la Infanta, con el fin de cumplimentarla y recibir sus plácemes. Para ello ha de salir a los pasillos de los palcos, y alguien, previsor, coloca un abrigo sobre sus hombros. Pero Chapí se despoja de él antes de llegar al palco; y poco después de su vuelta, ya nota los primeros síntomas del mal.
Lo cierto es que el enfriamiento o catarro gripal del principio se convirtió en pulmonía, y que el espíritu inquieto del compositor, al experimentar una ligera mejoría, le hizo abandonar el lecho el viernes día 19, festividad de San José, sin estar totalmente restablecido. Parece ser que dio una vuelta por el Retiro, y que, al encontrase fatigado, volvió pronto a casa…”
(PÁGINA 117 DEL LIBRO RUPERTO CHAPÍ UN HOMBRE EXCEPCIONAL. EDITADO POR APADIS).
No obstante los 29 días que median entre la noche del estreno de Margarita la Tornera y la muerte del músico, el 25 de marzo, y antes del agravamiento de la enfermedad que lo postraría finalmente en el lecho hasta el fatal desenlace, Chapí acudiría al homenaje organizado por el Círculo de Bellas Artes a los autores de la obra, evento que tuvo una amplia repercusión en los principales periódicos y semanarios de la época, con la inclusión de extensos artículos y fotografías, que vieron la luz durante los días y semanas siguientes:
Señalado con el número 1 aparece el autor del libreto de Margarita la Tornera,  Carlos Fernández Shaw y con el número 3 el pintor y responsable de su escenografía, Amalio Fernández. En medio de ambos y con el número 2 vemos al autor de la música, Ruperto Chapí Lorente. Rodeando a todos ellos, directores de orquesta y actores de distintos teatros madrileños. La fotografía se incluyó en periódico ABC en su edición de 2 de marzo de 1909 y corresponde al exterior del Restaurante la Huerta donde se había celebrado días antes un almuerzo homenaje al que concurrieron cerca de 400 comensales.
Brindis durante la comida homenaje a los autores de Margarita la Tornera celebrado en el Restaurante la Huerta. De izquierda a derecha aparecen Carlos Fernández Shaw, Ruperto Chapí y Amalio Fernández. Esta fotografía fue portada del diario ABC, en su edición de 2 de marzo de 1909.
Caricatura del Heraldo de Madrid, publicada varios días después del estreno de Margarita la Tornera.
Ruperto Chapí con Carlos Fernández Shaw durante el homenaje en el Restaurante La Huerta. Fotografía publicada en el Semanario Nuevo Mundo en marzo de 1909.
Otra fotografía del homenaje dispensado en el Restaurante La Huerta, en la que sus tres principales protagonistas posan sentados junto al grupo de acompañantes. Esta imagen fue publicada en la Revista Blanco y Negro el día 6 de marzo de 1909.
Chapí, persona tan humilde como acostumbrada a este tipo de agasajos, acudió al homenaje para agradecer el cariño y reconocimiento del que era objeto tras su apabullante éxito y pese a que ya comenzaba a notar entonces los primeros síntomas de su enfermedad, a cuyo curso,  desde luego no debió beneficiar ni la temperatura de aquel día de invierno ni el lugar elegido para la celebración del evento, que transcurrió en su mayor parte al aire libre.
El almuerzo dado en la Huerta el lunes en honor a los autores de Margarita la Tornera y del pintor de su decorado, fue una fiesta simpática. Alguien echó de menos la concesión en el acto de una cruz a los ilustres agasajados. Es verdad: por lo menos la laureada de San Fernando, porque ir en ese tiempo y con estas temperaturas a pasar un rato a orillas del Manzanares, es acreditar valor heroico. Solo el nombre de Huerta produce escalofríos. Algunos comensales estaban en carácter: sentíanse tan frescos como unas lechugas. Gracias a que el buen humor es una prenda de abrigo muy española. Con ella nos arropamos ese día, y merced a ellas nos decidimos a sembrar en la Huerta ópera española como quien siembra rábanos.
(Ángel María Castell. Revista Blanco y Negro: 6 de marzo de 1909).
Durante el transcurso del almuerzo tomaron la palabra distintos asistentes, entre ellos el propio autor del libreto, Carlos Fernández Shaw, que entre otras cosas dijo:
… Reúno las fuerzas de que dispongo al concierto de alabanzas tributadas por España entera al insigne maestro que es hoy una de sus más puras, de sus más indiscutibles glorias. Si el arte es una de las manifestaciones más altas de la vida intelectual de un país; si el triunfo de la ópera española constituye hoy la más viva aspiración de cuantos se interesan por el porvenir del arte nacional, y, finalmente, en ese gran empeño, que tiene tanto de artístico como de patriótico, la figura de Chapí se nos impone a todos con las excelsitudes del genio, permítanme que acabe resumiendo el común sentir con tres vivas que están seguramente en los labios de todos y que sumen a los míos desde lo más profundo del alma: ¡Viva Chapí! ¡Viva la ópera española! ¡Viva España!
Como se ha apuntado antes, no era aquella la primera vez que Ruperto Chapí era objeto de un homenaje por parte de sus admiradores y compañeros de profesión, dado el éxito que acompañaría, casi sin excepción, a las partituras que iba componiendo y a medida que estas eran  estrenadas,  lo que le llevó a ser considerado durante varias décadas como el músico español de referencia y preferido para la gran mayoría de crítica y público.

Siguiendo al considerado por muchos el mayor especialista musical de la obra de Ruperto Chapí, el malogrado autor zaragozano Luis Gracia Iberni en su imprescindible libro publicado sobre aquel en 1995, el prestigioso musicólogo relata la enorme repercusión que para la sociedad española supuso su muerte:
“Resulta llamativo que en los aproximadamente treinta años que llevamos investigados sistemáticamente, día por día, ninguna muerte, salvo que tuviera que ver con la Casa Real, causó mayor impacto en los medios de comunicación que la de Chapí. Desde luego, en el ámbito de la música ni Chueca, ni Albéniz, ni Sarasate, ni Fernández Caballero, ni, desde luego, Barbieri o Arrieta, hicieron llenar tantas y tantas páginas en los medios escritos… sin duda fue un acontecimiento de primer orden en la vida social madrileña, en parte por lo inesperado y en parte por el peso que en los últimos años había tenido Chapí en la actividad musical diaria…
(PÁGINA 532 DEL LIBRO RUPERTO CHAPÍ EDITADO POR EL INSTITUTO COMPLUTENSE DE CIENCIAS MUSICALES).
Publicado en la Ilustración Española y Americana el 8 de abril de 1909.

Varios miles de personas asistieron al entierro de Chapí, abarrotando (literalmente) las calles por donde lentamente transcurría su cortejo fúnebre. Las más relevantes personalidades de la literatura, de la música, del teatro y de la política española, como Jacinto Benavente, Vicente Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, Carlos Arniches, José Echegaray, Joaquín Dicenta, los hermanos Álvarez Quintero, Emilio Serrano, Tomás Bretón, el general Primo de Ribera, José Canalejas y Manuel Maura, entre otros muchos, acompañaron a los familiares durante el trayecto que recorrió los principales templos de las artes escénicas madrileñas como el Teatro Real, el Eslava, el Apolo y el teatro la Zarzuela, en todos los cuales la carreta fúnebre fue haciendo parada para que fuesen interpretadas diversas partituras, tanto de otros autores como del propio Chapí.





Ruperto Chapí falleció, según hizo constar el doctor Segarra en el preceptivo parte médico de defunción, a la seis de la mañana del 25 de marzo de 1909, a consecuencia de un colapso cardíaco en el curso de la pulmonía que padecía. El gran músico villenense exhaló su último aliento rodeado de los suyos, en su domicilio de la calle Arenal número 20 de Madrid, muy cerca del Teatro Real donde un mes antes se había asistido a la representación de uno de sus mayores éxitos: Margarita la Tornera, ópera que permaneció durante 90 años en el olvido y que tras un largo silencio fue reestrenada, el 11 de diciembre de 1999, sobre el mismo escenario donde se había presentado al público por primera vez,  en el marco de distintos actos organizados para conmemorar el centenario de la creación de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en cuya gestación había tenido un decisivo protagonismo el propio Ruperto Chapí.
Portada del CD publicado tras el reestreno de esta ópera en 1999.  
Ruperto Chapí dirigiendo la orquesta durante el estreno de Margarita la Tornera, en el Teatro Real de Madrid, el 24 de febrero de 1909.

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