1986 VILLENA EN TEXTOS DE AZORÍN, MIRÓ Y MAX AUB

VILLENA EN TEXTOS DE AZORÍN, MIRÓ Y MAX AUB
El presente artículo no pretende ser un estudio sobre la incidencia que ha tenido Villena en la literatura, ni siquiera en los escritores aludidos; no hay razón especial para ello, al menos conocida por mí, aunque sí que ha existido relación entre nuestro pueblo y algunos autores consagrados, en cuyas obras aparece Villena. Las referencias siguientes son una muestra de ello.
Tampoco es un trabajo de investigación. Se trata solamente de presentar unos textos encontrados casualmente en las páginas de novelistas vinculados a Villena principalmente por razones de proximidad geográfica.

Empiezo por Azorín, como es sabido, natural de Monóvar; estudió Bachillerato en la vecina ciudad de Yecla, conocedor por tanto, del entorno que rodea a Villena.
En su libro «Las confesiones de un pequeño filósofo», y más concretamente en el capítulo titulado: Dónde escribí este libro, dice: «El verdadero Alicante, el castizo, no es el de la parte que linda con Murcia, ni el que está cabe los aledaños de Valencia; es la parte alta, la montañosa, la que abarca los términos y jurisdicciones de Villena, Biar, Monóvar, Pinoso. En uno de estos términos está la casa en que yo escribí este libro». («Las confesiones de un pequeño filósofo», pág. 37. 3.a edición. Selecciones Austral, n.°9. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1981).
Y no es ésta la única vez que Azorín se refiere a Villena en sus obras. En otra de sus novelas, precisamente la que da nombre al pseudónimo más utilizado por José Martínez Ruiz, titulada «Antonio Azorín», se lee: «Sarrió y Azorín han ido a Villena. Esta es una ciudad, vetusta, pero clara, limpia, riente. Tiene callejuelas tortuosas que reptan monte arriba; tiene vías anchas sombreadas por plátanos; tiene viejas casas de piedra con escudos y balcones voladizos; tiene una iglesia con filigranas del Renacimiento, con una soberbia reja dorada, con una torre puntiaguda; tiene una plaza donde hay un hondo estanque de aguas diáfanas que las mujeres bajan por una ancha gradería a coger en sus cántaros; tiene un castillo que aún conserva la torre del homenaje, y en cuyos salones Don Diego Pacheco, gran protector de los moriscos, vería ondular el cuerpo serpentino de las trote-ras». («Antonio Azorín», pág. 126. Col. dirigida por Francisco Rico. Editorial Labor, S.A. Barcelona, 1970).
Sin duda, la imagen de Villena evocada en el bello y sustancioso texto azoriniano difiere en parte de la que hoy conocemos.
El siguiente texto es de Gabriel Miró, alicantino de nacimiento y observador también de los pueblos vecinos. En sus obras, además de referirse a Murcia, Valencia y otros lugares como Santomera, junto al azafrán de Novelda, las magdalenas de Monóvar, almendros de Elche, arrope de Aspe y la música de Caudete, alude a Villena con estas palabras: «Los lunes acudía al mercado del puente de los Azudes, que en averío, frutas y huertanas no lo aventaja ningún lugar de Levante. Parábase en los recovecos de la Solana y los especieros de Villena, junto a los carros de hortalizas y los cuévanos de peces de Santa Pola». («Nuestro padre San Daniel», página 41. 3.ª edición. Alianza Editorial. Madrid, 1981).
El tercero de los novelistas es Max Aub; catalogado en el grupo de los escritores que forman parte de la literatura del exilio. De padre alemán y madre francesa, nació en París en 1902 y residente en Valencia desde los 11 años. Durante la 2. a República viajó a la Unión Soviética; al terminar la Guerra Civil se exilió en Francia, desde donde fue deportado a Argel por los nazis. Murió en México en 1972.
Escribió entre otras novelas «La calle de Valverde» (1961) donde recuerda el Madrid de la preguerra. En esta obra dice, refiriéndose a uno de los personajes: «Agustín Morales era toledano, de familia de humildes dulceros. El negocio no prosperaba porque el mazapán se hacía ya, principalmente, en Jijona y hasta en Logroño... Estudió el bachillerato a trompicones; tras ganar tres flores naturales, en Alcoy, Ubeda y Villena, descubrió el ultraísmo...» («La calle de Valverde», pág. 169. Seix Barral, S.A. Barcelona, 1970).
La relación entre Villena y la literatura no se reduce únicamente a estas cuatro citas. Recuerdo las alusiones de Pío Baroja a la reja (de la iglesia de Santiago) en carta dirigida a Martínez Ruiz (que mencioné en esta misma revista años antes), o la visita de Ramón de Campoamor a Villena, siendo éste gobernador de la provincia de Alicante (recogida en las Actas Municipales del Archivo Histórico Municipal, el 19 de abril de 1850), donde se habla de todos los preparativos, y otras citas posteriores que tratan de la devolución de la visita a Alicante, a cargo de una comisión de la Corporación de Villena. O la referencia de Eugenio Noel a la Sierra Salinas, el Cabezo de la Virtudes, la Sierra Mariola, etc. en el «Diario íntimo» (pág. 310-311. Ed. Tau rus. Madrid 1962).
La lista está abierta y sería bonito e interesante seguir completándola con textos ya escritos o con aquellos que puedan escribirse con el devenir de los años.
JOSÉ PUCHE ACIÉN
Extraído de la Revista Villena de 1986

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