1987 DE ARQUEOLOGÍA URBANA EL HALLAZGO NUMISMÁTICO DE SANTA MARÍA

DE ARQUEOLOGÍA URBANA EL HALLAZGO NUMISMÁTICO DE SANTA MARÍA. POR JOSÉ M. SOLER GARCÍA
No es la primera vez que un grupo de niños nos da noticia de un yacimiento arqueológico que los mayores han tratado de silenciar o de ocultar. Se trata en este caso de los que actuaban de monaguillos en Santa María, que el 11 de marzo de 1984, se presentaron en nuestro domicilio con un conjunto de huesos humanos. Era de noche, y después de agradecerles su loable gesto, les aconsejé que los dejasen en el mismo lugar en que habían aparecido para examinarlos al día siguiente con más cuidado.
Se trataba de una estancia situada a espaldas de la sacristía del templo, que se abría a un patio y se comunicaba con una escalera que conducía al piso superior. La sala había sido utilizada tiempo atrás como taller de aparadoras para el calzado. El suelo se había hundido y estaba siendo reparado por los albañiles.
El entonces párroco de la iglesia, don José Galiana, nos dio toda clase de facilidades para examinar aquel recinto, e incluso permitió a los albañiles que nos ayudaran en la prospección.

CROQUIS DEL RECINTO.

Se observaba en el piso un muro de piedra y cal en dirección norte-sur, de 2'20 metros de longitud y 40 centímetros de espesor, que separaba dos espacios rectangulares de 2'20 x 1'50 mtrs. El de la derecha se hallaba colmado por los restos del piso hundido, pero se pudo observar en él una capa superficial de cemento, de 10 centímetros de espesor, sobrepuesta a un relleno de tierras que estaba enlucido en los sesenta centímetros superiores. Es todo lo que pudimos ver en aquel recinto.
Asa gris pintada de blanco.
El espacio de la izquierda, ya en el fondo de la habitación, estaba libre de escombros y relleno de tierras pardas a las que se superponía otra capa de tierras grises de 35 centímetros de espesor. A un lado y otro de aquel espacio -el centro había sido vaciado en parte- había huesos humanos removidos, entre los que se encontraban los que los muchachos nos presentaron.
Borde ocre pintado a la almagra.
El cribado de aquellas tierras nos proporcionó algunos tiestos con vidriado blanco o verdoso; un fragmento del borde abultado de una vasija ordinaria y gruesa; unos trozos de vajilla de cocina, negra por fuera y con vidrío melado por dentro; fragmentos del cuello de un cántaro con asa y adorno de finas incisiones; trozo de un cuello con cordón en relieve paralelo al borde y franja pintada de color rojizo; otro borde de cuello de pasta gris, de ancha asa decorada con rayas de pintura blanca, y el pequeño fragmento de una complicada asa de pasta rojiza y vidriado verdoso. Tiestos todos ellos de cronología imprecisa y especies de larga perduración. El pintado a la almagra, y sobre todo el que va ornado con trazos blancos, recuerdan las técnicas empleadas por los antiguos alfareros musulmanes del Castillo de Salvatierra.
Fragmento con decoración incisa.
Pronto empezaron también a aparecer en la capa de tierras grises, a unos 30 centímetros bajo el piso, monedas de cobre muy mal conservadas y difíciles de identificar. Se localizaron especialmente en el rincón superior derecho, junto al muro transversal. Al final de la jornada, habíamos recogido 119 ejemplares de distintos tamaños.
Y ahí hubo de quedar nuestra investigación, porque el cura párroco varió de criterio y nos impidió la continuación de nuestros trabajos. No sabemos, por tanto, cuántos eran y cómo estaban colocados los esqueletos; y nos hemos quedado también sin saber qué es lo que había bajo los escombros del recinto a la derecha. Y era interesante la cuestión porque, no lejos de allí, al derribar la casa que ocupaba la esquina de la calle, frente por frente a la fachada del templo, pudimos examinar hace ya tiempo un trozo de la antigua muralla de la ciudad, a la que se adosaba una impresionante sucesión de estratos arqueológicos que abarcaban desde la cultura ibérica del siglo IV antes de Cristo hasta tiempos recientes, pasando por los romanos, los musulmanes y toda la sucesión de épocas cristianas.
La limpieza de las monedas nos permitió comprobar su exclusiva pertenecía al reinado de Felipe III, que duró desde 1596 hasta 1621. Sólo en una de ellas se pudo observar la fecha de 1606.
El grupo se compone de las siguientes piezas:
De un maravedí: 75 ejemplares
16 con el monograma real en el anverso y castillo en el reverso.
13 con busto a la izquierda y cruz flordelisada en el reverso.
2 con busto a la izquierda y cruz equilátera en el reverso.
1 con busto a la izquierda y cruz equilátera en el reverso acantonada de tres puntos y un círculo.
1 con monograma real sobre la fecha de 1606 y, en el reverso, castillo con acueducto a la izquierda y 1 a la derecha.
8 muy dudosas. 34 ilegibles.
De 2 maravedíes: 6 ejemplares.
2 con castillo, letra C a la izquierda y X superpuesta de un círculo a la derecha. León en el reverso.
4 iguales a las anteriores, pero sin la X. De 4 maravedíes: 33 ejemplares.
13 con castillo en el anverso y león en el reverso.
9 dudosas.
16 ilegibles.
En resumen:
80 de un maravedí
6 de 2 maravedíes.
13 de cuatro maravedíes.
119 en total
Fragmento de asa con vidriado verde.
Hemos de recordar aquí que fue el 13 de septiembre de 1340, bajo el pontificado de Clemente VI, cuando los villenenses que habían acudido al Jubileo fundaron la "Cofradía de la Asunción de Nuestra Señora" en el templo de su nombre, que en documentos antiguos se denomina "Santa María del Rabal".
Aquel primitivo templo fue ampliado a mediados del siglo XVI, ya que los villenenses que respondieron a la encuesta de Felipe II en 1575, dicen que esa iglesia "se va obrando y edificando", y en una columna de la torre apareció la fecha de 1590. Las obras continuaron durante todo el reinado de Felipe III, porque en una carta del Consejo de Biar al de Villena, fechada el 28 de octubre de 1630, cuando ya reinaba en España Felipe IV, accede a facilitar piedra "para obra tan santa y buena como el obrar la iglesia de Santa María de esa ciudad".
Conjunto de las monedas.
Los trabajos se terminaron muy tardíamente, pues el chapitel de la torre se colocó en 1717, y la reja del altar mayor, desaparecida en 1936, se colocó en 1740, ya en el reinado de Felipe V.
En cuanto a las monedas, se trata, a nuestro parecer, más que de una ofrenda funeraria, de una ocultación bajo una losa del piso, realizada en una fecha que no puede ser anterior al año de 1606, según atestigua el único ejemplar fechado de que disponemos.
Confiemos en que los chiquillos persistan en su entusiasmo arqueológico y nos sigan suministrando datos de este tipo para ejemplo de los mayores.
Monedas de cobre de Felipe III. valores, tipos y fechas diversos.
Extraído de la Revista Villena de 1987

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