1988 MEDIDAS SANITARIAS EN VILLENA EN EL SIGLO XVII

MEDIDAS SANITARIAS EN VILLENA EN EL SIGLO XVII
ALFREDO ROJAS TOMÁS
Se conoce como antiguo régimen demográfico la situación y evolución de la población anterior al siglo XVIII. Se caracteriza por una natalidad y una mortalidad elevadas que dan como resultado una población que crece a corto plazo y que sufre crisis periódicas. Estas van unidas a fluctuaciones en las cosechas que elevan tanto el precio del grano que lo hacen imposible de adquirir por la mayoría de los consumidores. Comienza el hambre y si la situación se prolonga aparecen rápidamente las epidemias pestíferas que causan una mortalidad extraordinaria, y por tanto, una disminución de la población. La elevada natalidad repone las pérdidas hasta que comienza una nueva crisis.
Pero en este artículo no pretendemos analizar una de éstas ya que es una cuestión larga y compleja que desbordaría, quizás, los límites de la revista. En cambio podemos centrarnos en las medidas que se van a tomar para luchar contra estas calamidades. El marco espacial es, como corresponde en buena lógica, el de la ciudad de Villena, y el temporal vamos a fijarlo en el siglo XVII, uno de los que, en España, presentan esta problemática de manera casi continuada.
Localizada la cuestión, el tiempo y el espacio vamos a profundizar en el contenido del artículo. Las primeras medidas que debemos analizar, y ello se nos ocurre a todos, son las que prescribe la ciencia médica. Pero, ¿cuál era el nivel de ésta en el siglo XVII? La respuesta no ofrece duda: estaba muy lejos de los conocimientos y de las técnicas actuales. ¿Cuál era su papel en caso de epidemia? Para contestar a esta cuestión conviene que analicemos la información que hay sobre las medidas que se tomaban.
En 1676 se recibe un ruego en el Ayuntamiento de Villena. Tres importantes personajes de Murcia, ciudad «enferma de peste» (1), solicitan autorización para venir aquí por la devoción que, dicen tienen a Ntra. Sra. de las Virtudes. Estos señores son D. José de Medicis, Inquisidor, D. Bernardino García, Canónigo de la Catedral de Murcia y D. Salvador de Mergelina, Caballero de dicha ciudad. Los tres manifiestan estar libres del contagio (2). Es necesario resaltar dos elementos, La categoría de los personajes, que hará difícil a la Ciudad responder negativamente, y la petición misma, que no sólo es reflejo del miedo a la enfermedad sino también de las recomendaciones de los médicos. No en vano, treinta años antes, el insigne doctor cordobés D. Alfonso de Burgos concluía al hablar de la peste: «Mi consejo y parecer/ es que el que quiera librarse/ de la peste, salga luego/ vaya lejos, vuelva tarde» (3).
El Ayuntamiento de Villena no decide sobre la petición sino que la pasa a los médicos de la Ciudad para que den su opinión sobre la solicitud. Los argumentos de los doctores nos ayudan a profundizar en los conocimientos médicos de la época.

D. Jerónimo Martínez, el primero, comenta en su respuesta que «nos incumbe el mirar con todo cuidado el no contaminarnos de semejante calamidad... Para evitar este daño y quitar inconvenientes las gentes eligieron las cuarentenas, piedra de toque por si están contaminados poderse guardar de ellos... y así me parece que serán lícitas con las condiciones que se requiere... lo primero elegir el sitio que sea alto, acomodado a la ventilación y no vaporoso. Lo segundo que sean registrados y si traen algunas ropas no se admitan o se quemen, como dice el Levítico. Tercero, que sea en casa pajiza y no en edificio. Cuarto: se pondrán guardas a la vista prohibiendo todo género de comunicación... y sean visitados de médicos y cirujanos a los cuarenta días y si consta de su completa salud se admita dejando género de ropas las cuales habrán de ser quemadas... » (4).
El doctor Miguel Ángel, acepta la cuarentena, sugiere que se realice en la Sierra de Salinas, pero ve un importante inconveniente en ésta, ya que «... puestas allí estas personas, el venir alguna con el contagio, en tal lance, ¿cómo nos hallaríamos? ¿qué nos podía suceder? es muy cierto que nos habían de quitar el comercio y el crédito a esta ciudad... parécenos por esta causa que el dicho Mercurial en su Libro de Peste capítulo XX cuyo título es ¿Qué deben hacer los príncipes y repúblicas para preservarse del contagio?, dijo: que de parte ninguna que estuviera infecta a nadie se le reciba, parecer muy sano... » (5).
Y el tercer médico, D. Pedro Martínez, parece de acuerdo con lo que estiman sus colegas pero está especialmente preocupado por las ropas, a las que responsabiliza del contagio ya que «... los impedimentos que todos los autores tratan son de lo poroso de las ropas... por poderse conservar en dichos poros a no haber agente que expela la dicha putrefacción y esto no milita en el cuerpo humano que aunque es verdad que tiene porosidad y poros tiene un agente que procura la expulsión de lo malo y la detención de lo bueno y siendo éste un mal que con tanta propiedad se le opone... parece no ser fácil tenerle oculto dentro del cuerpo no por los cuarenta sino por siete días ... » (6).
Después de estos informes de los doctores la Ciudad «...pareciéndole que era de mucho rigor el no usar de alguna misericordia con personas de tantas obligaciones para consuelo suyo y deseando el acierto y para que esta ciudad no falte a lo que sea de justicia y político , ... acordó se les diera por puesto para la cuarentena que habrían de hacer la Sierra de Salinas que está distante de esta ciudad de Villena dos leguas y media, adonde habrá de estar, y pasados los cuarenta días les habrán de visitar los médicos y ver el estado que tienen de salud y si declararon bajo de juramento que pueden entrar en esta ciudad se les dará licencia para ello quemando la ropa...» (7).
Una vez resuelta la cuestión de la admisión de los autores de la solicitud analicemos las opiniones de los doctores. No parece exagerado decir que la medicina es impotente ante la enfermedad, incluso la opinión sobre su transmisión nos resulta extravagante. Las medidas que aportan son preventivas: alejarse, establecer cuarentenas, aislar los lugares enfermos. Esta parece la más habitual ya que hemos visto que al doctor Miguel Ángel, incluso tratándose de personas importantes y de la Sierra de Salinas, que está lo suficientemente lejos, no deja de preocuparle que alguien pudiera venir enfermo y prefiere no tomar contacto con ellos. ¿Cómo podría establecerse el aislamiento?
Las primeras normas para efectuarlo se conservan desde 1581. En casi todas las ocasiones las medidas son muy parecidas y responden a acuerdos del Ayuntamiento de la Ciudad, o a órdenes del Gobernador del Marquesado e incluso del Rey. Su objetivo es siempre el mismo: impedir la entrada en la Ciudad de personas y mercancías, cuando el mal está cerca, o de mercaderías solamente si está lejos. Para ello se acuerda generalmente, «... se ponga una guardia en San Sebastián o fuera de la ciudad y casas, otra en la Puente de Madrid, otra en la Puerta de la Plaza, otra en la Puente del Hilo, otra en la Losilla y que cuando vinieran algunas personas que no trajeren testimonio bastante, no le dejen entrar...» (8) ... y que ningún vecino sea osado de comunicarse con ellos, ni tratarlos, ni admitirlos en sus casas, así en esta ciudad como en los heredamientos de su término...» (9). Y para que nadie se salte estas guardias se establecen penas para quien las violente: 10.000 maravedíes y la ropa y la mercancía quemada, en 1582, o 200 azotes y la amenaza de proceder contra él en 1637.
Las guardias las realizan los regidores del Ayuntamiento, de dos en dos, cada semana, y suelen situarse, menos en la ocasión que hemos visto antes, en la Puerta de Almansa, uno, y en la Puerta de la Plaza, el otro. También se sortean vecinos para guardar portillos, esquinas y enviar a las puertas donde están los regidores a los forasteros para que expliquen de dónde vienen. Suelen dejarse abiertas la Puente del Hilo y la Puente de Madrid para el servicio de la huerta, para que por ellas entren y salgan los agricultores.
Pero no quedan aquí las precauciones ya que en los momentos de mayor peligro se acuerda o recibe la orden de cerrar la ciudad y de cercar los arrabales. Ello nos proporciona además información sobre la ciudad en sí. «...se dispuso cerrar la ciudad de la siguiente forma:
Desde la Puerta de Almansa, Castillo y Santa Bárbara, corre por cuenta de los señores Teniente de Alférez Mayor y D. Matías Miño y han de repartir el costo por las calles Mayor y las del Castillo.
Desde la Puerta de Almansa a S. Francisco corre por cuenta de los señores D. Antonio Domene y D. Luis Guerao y repartir el gasto en la calle y Plaza de Santiago, Puerta del Molino, Corredera, Rabal de San Francisco y calle de Dña. Isabel.
Para la Puente de Madrid corre por la cuenta de los señores alcaldes y el alguacil Mayor y repartir el gasto en la calle de la Trinidad.
De la Puente de Madrid a la Puente del Hilo, los señores Diego Gasque y D. Luis García y repartir el gasto en la Plaza de Juan Ros, Plaza del Rollo y calle del Hilo.
Del camino de la Rulda a los corrales del Licenciado Juan García corra por su cuenta de los señores Ginés Bravo y don Antonio López y repartir el gasto en las calles Baja, Nueva y Plaza de Biar.
De los corrales del Licenciado Juan García hasta el Barrio de Onil toca a los señores Pedro de Cervera y Juan Gasque y han de repartir el gasto en la calle Palomar, San Jusepe y Barrio de Onil...» (10).
Convendría ahora preguntarnos por el resultado de todas estas medidas que hemos analizado. A nivel nacional se reconocen tres grandes epidemias: la de 1598-1602, que provocó medio millón de muertos en toda España (hay quien habla del millón de fallecidos pero esta cifra parece exagerada), la de 1647-1652, considerando como «la mayor catástrofe que se abatió sobre España en los tiempos modernos» (11) y la de 1676-1685, que si no fue tan dura como las anteriores fue más prolongada. El reino de Castilla pudo salvarse de padecer las dos últimas gracias a «...el severo cordón sanitario establecido en Sierra Morena...» (12) del que hay muestras en nuestra ciudad: el Consejo de Su Majestad manda que con todo cuidado y suficiencias se pongan guardias de pie y de a caballo para que recorran la sierra y no dejen entrar en Castilla personas, ni vinos, ni mercaderías, ni otras cosas que vinieran de las dichas partes apestadas si no tuviesen testimonios auténticos dé venir de partes sanas... y porque es precisa y necesaria la dicha guardia para recorrer la sierra y raya del dicho reino de Valencia que confina con el término de esta ciudad y ha de haber dos, la una que recorra la sierra desde el mojón de Biar del dicho reino hasta la villa de Sax de este corregimiento, y desde el dicho mojón por la misma raya, la otra hasta llegar al mojón Blanco, término de la villa de Almansa donde confina con la Fuente de la Higuera y Caudete del dicho reino de Valencia y a estas han de asistir precisamente por el tiempo que se les señalare... y así sucesivamente hasta que otra cosa se mande (13).
A nivel local las Actas Capitulares no reflejan que Villena se viera afectada por ninguna de estas epidemias de peste. Tampoco los libros de fallecimientos de la Parroquia de Santa María, los únicos que se conservan porque faltan entre los años 1649 y 1671, registran una elevada mortalidad en los años que hemos citado más arriba. Ello no supone una negativa tajante sino una hipótesis de trabajo que podría, en otro lugar y en otro momento, ser comprobada.
NOTAS
1 Actas Capitulares. Archivo Municipal de Villena (AMV) 4 de Agosto de 1677.
2 Actas Capitulares. AMV. (de agosto de 1677).
3 NADAL, Jordi. «La población española. Siglos XVI a XX» Ed. Ariel. Barcelona, 1976.
4 Actas Capitulares. AMV. 2 de Agosto de 1677.
5 Actas Capitulares. AMV. 2 de Agosto de 1677.
6 Actas Capitulares. AMV. 4 de Agosto de 1677.
7 Actas Capitulares. AMV. 4 de Agosto de 1677.
8 Actas Capitulares. AMV. 26 de Abril de 1581.
9 Actas Capitulares. AMV. 19 de Julio de 1582.
(10) Actas Capitulares. AMV. 16 de Septiembre de 1647.
11 NADAL, Jordi, Op. Cit.
12 NADAL, Jordi, Op. Cit.
13 Actas Capitulares. AMV. 29 de Septiembre de 1652.
Extraído de la Revista Villena de 1988

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