1988 REFLEXIÓN

REFLEXIÓN Por Pedro Torres Calabuig
La vida siempre nos depara sorpresas a la vuelta de la esquina. El desencanto acecha continuamente. Unas veces con más intensidad que otras. Hay un diálogo de subjetividad/objetividad en ello, que no todos sabemos valorar en su justa medida. Y multitud de matices que enriquecen la propia existencia... El espíritu se libera en momentos en que parece que ninguna espada pende, amenazadora, en el horizonte de por encima de nuestras propias cabezas. Pero eso es difícil ahora, aunque siempre lo ha sido y siempre ha de serlo para no dejarse llevar por melodiosos cantos de sirenas. Eso es escepticismo, hiriente duda, pero que ayuda a mantener recta la vida, haciendo frente a todo su desencanto.
Y vivimos tiempos desacompasados, donde ese desencanto prevalece con sus muchas notas discordantes. Notas que son de miedo, porque no puede haber valor sin miedo, verdad sin mentira, blanco sin negro... y en esa larga lista de conceptos que se contraponen y se explican mutuamente, hasta que no se demuestre lo contrario, tampoco puede haber vida sin muerte.

Ahora, casi a punto de doblarse la esquina que nos lleva a las Fiestas de Moros y Cristianos, sin lugar a dudas el evento lúdico más importante de nuestro ser villenero en nuestro localista ciclo anual, parece un buen momento para pararse, quedarse quieto y concedernos un poco de nuestro precioso tiempo, para hacer un balance sereno con nuestra propia conciencia.
Puede que no se me comprenda —la duda llaga muy hondo en mi propia conciencia— y entonces se tachen a estas líneas de pura disgresión metafísico-religiosa, cuando no son nada más y nada menos que eso mismo. Muchos se preguntarán a qué viene este rollo sobre la vida y muerte en la revista de las Fiestas de Villena. Y todos estarán en su perfecto derecho.
Tan solo quiero que se me permita ter-minar esta página con dos ideas hondamente subjetivas, como aquél que sólo conoce el valor del agua cuando llega al desierto. Y esas dos ideas son que yo sólo hago míos lo más esencial que puedo encontrar: honestidad y verdad.
Y ahora puedo sentirme triste porque ha llovido mucho este año y esa lluvia, tan deseada, ha causado muchos destrozos. Pero he de sentirme alegre también por eso mismo: porque ha llovido mucho este año. Y siento que esta metáfora no se entienda como lo que es: una metáfora. Porque no puedo ni quiero hacer una larga lista de llantos ni alegrías, cuando no son éstos mis oficios y sólo la perspectiva de la muerte me puede dar fuerzas para reírme de mí mismo, quizás de todo y de todos; cuando siendo un hipotético festero, hipotéticamente me calce botas de moro o de cristiano.
Miguel Torres Calabuig
Extraído de la Revista Villena de 1988 

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