1989 COMO NIEBLA HERIDA POR EL SOL

COMO NIEBLA HERIDA POR EL SOL
Tras de tu muerte pienso en ti, amigo poeta.
Aquellos versos tuyos, bien los recuerdo...
porque contagiaron a mi alma, harto inquieto;
y con anchos desvelos, que ahora comprendo,
me decido a escribir tu historia cierta:
Fue tu corazón joven de sangre ardiente,
la que embarcó el destino, entre soledades,
por borrascoso mar de amor incipiente.
Náufrago fuiste tú de infidelidades...
al no encontrar el fanal por ti muy ansiado
escondido en balumbas de falsedades;
borrando el horizonte tan suspirado...
aquel que te hizo ser peregrino errante
y en la cuneta, ¡sí!, quedar postergado.
Con pecho abierto, como buen caminante,
te curtiste a cuatro vientos... y, cansado,
quisiste morir en el pensil distante
de tu enamoramiento, con que iniciado
fuiste en el parnaso que con afán creaste.
No sirvió de alivio a tu amor fracasado.
¡Sí, amigo poeta!, tu juventud fue herida
como el sol hiere a la niebla; y tu costado
sintió mil escalofríos al filo de una huida...
dando paso al cruel tormento de los celos...
inmerso en fría estolidez incomprendida...
pues tu sensibilidad no tenía velos 
cuando destapabas tu alma limpia y pura
a aquella ninfa mimada por Cupido,
que remontó por lo ignoto tu locura
junto al cerúleo sueño a ti prometido.
Silente acogiste aquilones norteños...
tu corazón dañando hasta lo infinito.
Todas las nostalgias de días halagüeños
junto a sus caricias... fueron finiquito
de idilio verde con nardos perfumado
que bien quedó en lontananza y en penumbra
pero que jamás fue por ti ya olvidado
porque siempre en amores la esperanza alumbra,
el amante eternamente enamorado.
Tiempo ha, escuchaste el rumor de caracolas
en tu orilla... alimentado de ilusiones,
y vaciaste tus suspiros en las olas
porque Ondina uniera a tiernos corazones
¡Qué vana fue tu quimera! aunque con versos
le cantabas odas a la mujer querida
no vinieron a ti ramilletes de besos...
aquellos que perdiste con su partida.
Seguiste añorando dulces embelesos
arropando ¡inocente! a tu corazón,
que vegetó lacerado por la vida...
al borde del suicidio y huida la razón.
Francisco Azorín Valdés
Extraído de la Revista Villena de 1989

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