16 mar 2026

“DISPENSEN, CREÍ QUE ERA ASÍ”: UNA ANÉCDOTA SOBRE RUPERTO CHAPÍ Y “LA BRUJA” (1929)

Muchas han sido las biografías y artículos editados sobre el músico Ruperto Chapí Lorente (Villena 1851-Madrid 1909). Entre todos ellos destaca el completo y riguroso estudio sobre su vida, obra y trascendencia musical recogido a través de varios volúmenes y del que autor el malogrado musicólogo zaragozano Luis Miguel Gracia Iberni y el más reciente de Francisco Manuel López Gómez, que con el título “Las Operas de juventud de Ruperto Chapí”, vio la luz en 2023. Los autores locales también han contribuido a mantener vivo el importante legado de uno de músicos más importantes de su época, con la publicación de distintas biografías a lo largo de tiempo. Así, el magnífico libro “Ruperto Chapí, un hombre excepcional” de Vicente Prats Esquembre, de 1984; el de Joaquín Navarro García, que bajo el título “Ruperto Chapí, curiosidades, anécdotas y otras cosas” se editó en el año 2010 y el más reciente de 2025, “Los Cuartetos de Chapí” de Alba María Ugeda Ribera con el que la misma obtuvo el premio de ensayo e investigación “Faustino Alonso Gotor”. En este último, la autora se adentra en una parte poco conocida de la obra musical del inmortal autor de “Margarita la Tornera”, quien persiguiendo su sueño de convertirse en el gran renovador de la música española de su tiempo se vio empujado a residir lejos de su patria chica, a la que no obstante, nunca olvidó, regresando en diversas ocasiones tras su marcha cuando apenas era un adolescente. Fue precisamente durante uno de aquellos viajes a la ciudad que lo vio nacer, fechado a principios del año 1888, cuando se desarrolla la siguiente anécdota, recogida por el periódico “El Luchador” el 25 de marzo de 1929 (coincidiendo con las celebraciones del veinte aniversario de la muerte del insigne músico) y que sirve para revelar algunos rasgos de su carácter.
… poco más de un mes hacía que se había estrenado “La Bruja”, una de las más célebres zarzuelas de Chapí y que continuaba poniéndose a diario, cuando el maestro quiso pasar unos días de descanso en su tierra natal. Cómodamente instalado en un vagón de primera del Correo Madrid-Alicante, y en compañía de dos viajeros más, que el azar le deparó, arrancó el convoy de la estación de Atocha…
Horas después, quizás para animar la monotonía del viaje, uno de aquellos compañeros se puso a tararear un trozo de la música de moda y el otro viajero, intrigado, preguntó:
-¿Quiere Vd. decirme a qué obra pertenece lo que Vd. canta, caballero?
- Pues esto es de “La Bruja”, aquello que canta la triple y que comienza…
-Está Vd. equivocado, amigo mío –interrumpió-, eso no es así; es de esta manera-  y se puso a cantar con trinos tan diferentes que exasperaron a su interlocutor.
- ¡Me lo dirá Vd. a mí que he asistido al teatro quince noches seguidas!
-Y yo, le digo a Vd. que no he perdido ninguna representación, y que no es así, vaya. Además, soy íntimo de D. Ruperto.
Entonces uno de ellos, dirigiéndose al maestro le preguntó.
-Perdone, señor, ¿conoce Vd. la música de “La Bruja”?
-Ya lo creo, contestó el aludido.
-Pues bien, ¿cómo es la parte objeto de nuestra discusión?
-De este modo, y se puso a cantar, pero de qué manera ¡Santo Cielo! No coincidía con ninguno de los dos viajeros, que indignados, exclamaron a la vez:
- Usted no conoce una papa de música.
- ¡Usted no conoce la obra!
Pero Chapí no les hizo el menor caso y murmurando un “dispensen, creía que era así” se repantigó en el sillón.
Luego, al romper el día, entraba el tren majestuoso en una estación adornada con gallardetes y banderas, abarrotada de público, que con sus autoridades a la cabeza, lanzaba atronadores vivas, a la vez que la música atacaba un alegre pasodoble. Era Villena, que esperaba a su hijo predilecto.
Y cuando los acompañantes del excelente compositor, se preguntaban sorprendidos qué personaje viajaba en el mismo tren, el maestro les tendió la mano, mientras abría la portezuela y decía irónico:
-Ruperto Chapí, Arenal 20. A su disposición.
La multitud delirante, se estrujaba para recibir dignamente al genio, ante la estupefacción de los sempiternos discutidores.    
H.E.      
Elche, Marzo 1929.
Por… José Sánchez Ferrándiz (2026)

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