1 jul 2026

1998 EVOLUCIÓN Y ORIGEN DE LA INDUSTRIA DEL CALZADO EN VILLENA

Evolución y origen de la industria del calzado en Villena (I).
De las prácticas manufactureras a las primeras fábricas mecanizadas (1)
Antonio Martínez Puche
Entre finales del siglo XVIII y principios del s. XIX, Villena gozaba de una entidad económica y poblacional propias de un núcleo semiurbano, albergando actividades artesanales, administrativas, comerciales y clericales. Además su población ejercía un aprovechamiento intensivo de los recursos naturales de su entorno como explotación de canteras de yeso y calizas, o recogida y majado del esparto por jornaleros y pequeños agricultores; también se ejercía el transporte de larga distancia protagonizado por arrieros y carreteros. Pero la principal actividad era la agricultura, base de la economía local en la que dominaba una significativa presencia de grandes propietarios, que también incluía a la nobleza absentista. (2)
Durante la segunda mitad del s. XIX la desamortización posibilitó nuevas roturaciones de tierras y una mayor extensión de la superficie cultivada, Se desarrolló una burguesía rural que unido a una importante actividad comercial harán que Villena se constituya en un enclave económico importante, potenciado a finales del s. XIX por su localización geográfica, por la construcción de infraestructuras ferroviarias, y sobre todo por la expansión del cultivo y comercialización del vino.
1. APARICIÓN DE LOS PRIMEROS «TALLERES» DE CALZADO EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XIX
El hombre desde el principio de los tiempos sintió la necesidad de proteger su cuerpo de las inclemencias climatológicas y de la propia naturaleza que le rodeaba. De la misma forma que al principio cubría su cuerpo con pieles, debió proteger sus pies con trozos de piel sin curtir, Además hay que tener en cuenta que el calzado junto con el vestido, ha sido un bien de consumo elaborado por el hombre y que ha ido ganando importancia con el paso de las civilizaciones y que conforme el hombre ha ido evolucionando el calzado junto con el vestir se han convertido en elementos de primera necesidad con un alto grado de impronta cultural.
En el caso particular que nos ocupa las primeras noticias, al menos publicadas, que tenemos en relación a la fabricación de calzado en Villena se remontan a las «Ordenanças de 1525» que hacen referencia a los precios y a los tipos de zapatos que elaboran el gremio de «Çapateros» que fueron recogidas por nuestro celebérrimo historiador y paisano don Jose M' Soler y que a continuación reproducimos:
«Ordenaron y mandaron los dichos sennores de concejo que, por quanto los capateros llevan desordenados prescios por los capatos, que ayan de llevar e lleven por un par de capatos de onbre, llanos, real e medio castellano y de un par de capatos de muger, llanos, treynta maravedis, que sean de cordovan.
Item de un par de capatones de dos suelas, que Ileven dos sueldos, de cordovan.
Item de unos pantuflos de onbre, cerrados, dos reales, de cordovan.
Item de unos borzeguis de badana, tres sueldos.
Item de unos alcorques de muger, tres sueldos, de cordovan.
Item de unos chapines de muger, tres sueldos, de cordovan, e que sea buena obra rescibiera so pena que sea quemada.
Item que sy llevaran los Qapateros mas prescios de los desuso aclarados, que paguen, por cada vez y por cada cosa, veynte maravedis, los diez para las obras públicas e los diez para los executores» (4).
______________________
1 Este artículo forma parte del libro que se ha realizado sobre la historia del calzado en el Alto Vinalopó, por parte de los profesores del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante, D. Antonio Martínez Puche y D. Gabino Ponce Herrero. El contenido abarca desde finales del siglo XVIII hasta principio de los años ochenta de la presente centuria. Además esta investigación se inserta dentro de la conmemoración del XX aniversario de la creación de la Asociación de Fabricantes de Calzado del Alto Vinalopó fue propuesto por su Secretario Ejecutivo D. Joaquín Marco Amorós. Desde estas líneas agradecemos las facilidades que nos han dado tanto la Asociación de Fabricantes como las personas entrevistadas, sin cuya colaboración no hubiera sido posible el finalizar esta investigación que verá la luz en los próximos meses.
2 A. Martínez Puche, Villena: Industrialización y cambio social (1780-1940), Universidad de Alicante, 1998, p. 219.
3 José M.ª Amat Amer, Tecnología del calzado, tomo II, Diputación Provincial de Alicante y Ayuntamiento de Elda, 1988, p. 13.
4 José M.ª Soler, Villena, prehistoria, historia y monumentos, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert. Diputación provincial de Alicante, ¿1976?. p, 90.
______________________
El desarrollo urbano de finales del s. XVIII supone la concentración de actividades artesanales, administrativas, comerciales, clericales y residenciales, que se aglutinaban en ciertas ciudades y que condicionaban el desarrollo de poblaciones circundantes de economía rural como las de la comarca del Alto Vinalopó. En el caso particular de Villena la categoría profesional de «artesanos o menestrales, y según el «Censo de Floridablanca de 1787», representaba un 9 % de la población activa, e incluía herreros, sastres, zapateros, carpinteros, silleros, tejedores, etc. Estas categorías profesionales cubrían las necesidades derivadas de una sociedad, cuyo sustrato económico era la agricultura. Por otra parte y en relación a la actividad zapatera destacaba la existencia de tres fábricas de curtir cueros y una tenería, cuya expansión se veía favorecida por una Real Cédula. al conceder diferentes gracias, franquicias y privilegios. (5)
Fábrica «La Puncha», año 1930. Cuerpo de fábrica. Observamos la existencia del barrón que pasa por la pared que daba a una banda de máquinas. Existían cuatro bandas de máquinas, dos pegadas en la pared, como vemos en la imagen, y otras dos en el centro para aprovechar el espacio. Foto: Pablo Castelo.
Así pues el tejido artesanal villenense, a finales del siglo XVIII y principio del siglo XIX, parece que utilizaba temporalmente a parte de los jornaleros agrícolas, sobre todo por la existencia de «industrias de carácter rural. Los campesinos locales eran utilizados como mano de obra tan sólo en algunas fases del proceso productivo, sobre todo en la fabricación de lienzos caseros, tejidos de lana y alpargatas con los que vestían habitualmente los habitantes de Villena y poblaciones vecinas.
En 1823, y gracias a la relación de los pasaportes expedidos ese año, tenemos constancia de tres zapateros que marcharon a otras tierras a ejercer su profesión. Se trataba de Ramón Laita García que marchó a San Felipe (Xátiva), de Lorenzo Gadea que marchó a Granada por diligencias propias, y de Antonio García que se dirigió a Alpera (Albacete) a vender sus productos (6). Por otra parte en la matrícula industrial de 1836, además de aparecer los zapateros Antonio García Gras y José Alarcón, hay constancia de Francisco Milán, el tío-abuelo de los hermanos Álvaro y Fernando Milán Blanes y hermano de otro zapatero que ya aparece en el padrón de habitantes de 1838 ejerciendo la profesión de zapatero, Juan José Milán. Por otra parte ya en el padrón de 1885 aparece como zapatero de silla Juan José Milán Gil de 54 años de edad, pariente de los Milán, casado con Teresa Sauco Martínez, ambos padres de los hermanos Ángel y Aurelio Milán Sauco, zapateros también los dos, marchando este último a Madrid a finales del s. XIX donde montó un taller de calzado de lujo y fábrica de hormas que abastecía a la casa real (7).
La fabricación de calzado se hacía en pequeños talleres y con trabajadores a domicilio que intentaban superar la estacionalidad de las labores del campo; su significación económica no era muy importante durante la primera mitad del siglo XIX, aunque si es destacable durante las dos últimas décadas de la centuria decimonónica pues en 1892 contribuía con el 9'1 % del total de las actividades reflejadas en la matrícula industrial. El sector estaba formado principalmente por alpargate-ros, que en Villena siempre han sido una minoría, y sobre todo por zapa-teros, que son los que más incrementan su número a finales del siglo XIX y los que aportan al fisco una importante parte de la contribución, lo que se relaciona con la expansión de la actividad comercial y el aumento de la población que se experimenta en el último cuarto de esa centuria.
Siguiendo la fuente fiscal de las Matrículas Industriales observamos cómo el número de artesanos dedicados a la fabricación de calzado, que aparecen con el epígrafe de «zapateros», aumenta desde los seis registrados en 1886 hasta doce en 1889 y 1890. No hay que olvidar que estas personas pagaban por el ejercicio de su actividad y que probablemente tuvieran a su cargo algún empleado o realizaran la producción en régimen de out-putting, en la que el trabajo es repartido por las casas de los obreros temporales, actuando el taller como aprovisionamiento de las materias primas, hecho muy frecuente en zonas de carácter rural como la que nos ocupa (8).
______________________
5 A.M.V. Caja nº 20, legajo 16, año 1802.
6 A.M.V. Legajo 36/24, año 1823.
7 Fábrica que contaba con las máquinas de la casa GILMAN & SOU, establecida en la ciudad de Springüeld, ver el El Demócrata, nº 48, Villena, 12 de julio de 1891
8 J. Gómez Cortés, R. Piqueras García, M. J. Sánchez Uribelarrea, «Orígenes de la industria del calzado en Almansa». El caso de la familia Coloma, tomo IV, Historia Contemporánea, Instituto de Estudios Albacetenses de la Excelentísima Diputación Provincial, 1983, pp. 353-365.
______________________
En 1892 habían registrados cinco «zapateros», aunque en este año aparece por primera vez el epígrafe «Esp' calzado», junto a los nombres de los hermanos Fernando y Alvaro Milán Blanes. Este epígrafe que significa «expedidor de calzado», «exportador de calzado», y tras numerosas cábalas, creemos que venía a identificar no sólo la producción y elaboración de calzado sino también una comercialización importante del mismo ya que aparecen los citados hermanos en la tarifa número sexta, junto a los agentes comerciales de vino, fabricantes y comercializadores de harinas, y pagando una tasa impositiva de 95 pesetas, superior a la que hacen efectiva los cinco artesanos zapateros», que ese año pagan 37 pesetas. También hay que señalar que con el mismo epígrafe de expedidor de calzado aparece este año Juan Crespo Ferrándiz, aunque con una tasa impositiva menor que la de los hermanos Milán Blanes, cifrada en 64 pesetas. Por ello llegamos a identificar que ya durante este año los hermanos Milán Blanes establecen una estructura de trabajo de tipo fabril, gracias a la acumulación de un pequeño capital procedente del ejercicio de la profesión de zapatero que tanto Fernando, desde 1886, y Alvaro, desde 1890, venían ejerciendo según sendas matrículas industriales.
Publicidad en Patria Chica del ario 1928. Encontramos ya el nombre de «Chicarro», producción en la que empiezan a especializarse antes de la Guerra Civil zapateros corno Francisco Flor, Antonio Tomás Hernández, Sixto Díaz y Francisco Fernández Barranco, entre otros.
Hay que señalar que los Milán son una verdadera saga de zapateros de estirpe naturales todos de Villena. Su padre José Milán Guillén, casado con Salvadora Blanes Carbonell, aparece con 69 años en el padrón de 1878 ejerciendo la profesión de zapatero, oficio que ya realizaba en el padrón de 1856 con 48 años. Este matrimonio vivía en la calle Palomar y tuvieron hijos llamados José, Fernando, Josefa, Joaquín, M.ª Virtudes, Encarnación y el pequeño Alvaro, que en 1878 contaba con doce años de edad y que será el verdadero continuador de la estirpe zapatera convirtiéndose, junto a su hermano Fernando, en uno de los fabricantes de calzado más importantes de la ciudad a partir de 1892. En 1878, Fernando Milán Blanes con 24 años aparece casado con Manuela Gadea Soriano y ejerciendo su profesión de zapatero. De este matrimonio nacerán cinco hijos (Manuela, Fernando, Tomase Juan y Antonio). El menor de los hermanos aparece en el padrón de 1898, junto a su padre con la categoría de Maestro Zapatero, Pero los orígenes de esta familia ya se remontan al padrón de 1838, donde aparece Juan José Milán con 67 años, casado con Josefa Guillen de 64 años, ejerciendo la profesión de zapatero en un pequeño «tallerico» artesanal, situado en la calle el Reloj n.º 6. En este año junto al abuelo de los hermanos Alvaro y Fernando Milán había doce artesanos más que ejercían la profesión de zapateros, junto a cuatro cortadores y un curtidor, profesión poco extendida a lo largo del siglo XIX, ya que en el año 1885 también un único curtidor porque parece que Villena siempre fue deficitaria en piel, materia prima de la que se tenía que abastecer recurriendo a mercados foráneos (9).
Ante el paulatino incremento de la demanda de calzado en los mercados urbanos el número de talleres de calzado fue aumentando progresivamente en número y en trabajadores. En el padrón de 1885 se contabilizan 62 zapateros, siete cortadores un curtidor y cinco alpargateros; en el padrón de 1898 el número de zapateros llega hasta 83, al que se le suman cinco zapateras, ocho cortadores y doce alpargateros. La mayoría de los trabajadores, procedentes de las familias jornaleras de Villena, comenzaban de niños su trabajo como aprendices (a menudo sin remuneración alguna o muy escasa), que le permitirá años después convertirse en oficiales, e incluso en maestros zapateros. En el padrón de 1898 tenemos registrados a tres oficiales zapateros, una oficiala zapatera, un maestro alpargatero y tres maestros zapateros, siendo estos últimos Francisco Domene Domene de 41 años (casado con Marcelina Milán Díaz), Fernando Milán Blanes y su hijo Antonio Milán Gadea. Aunque el aprendizaje desde temprana edad fue la norma usual de acceder al oficio, es muy posible que también bastantes trabajadores adultos, braceros o jornaleros del campo casi siempre, se fuesen incorporando al empleo industrial, hecho común en otras poblaciones del Vinalopó (10).
La fabricación zapatera villenense fue creciendo dentro de unas estructuras puramente artesanales y por iniciativa autóctona, ya que si bien se produce un aumento del oficio de zapatero durante el último cuarto del siglo XIX, estos en su mayoría son todos naturales de Villena, salvo algunos casos particulares de familias, cuyo titular era zapatero o ejercía otra profesión como la de cortador, que proceden de poblaciones como Valencia, Almansa, Tobarra, Yecla, Alcoy, Elda, Pinoso y Elche. Procedentes de esta última población destaca la familia, Fernández Barranco, cuyo cabeza de familia Pedro Fernández López de 36 años, casado con Juana Barranco Alarcón, ejercía el oficio de zapatero en 1885 en Villena en la calle Corredera n.º 24. De este matrimonio nacerán Miguel, Francisco, Pilar y Juan, siendo los tres varones también zapateros, destacando sobre todo Francisco Fernández Barranco, que en 1898 con 18 años aparece ya ejerciendo la profesión de zapatero, siendo uno de los primeros fabricantes villenenses de «chicarro de lujo» durante el primer cuarto del siglo XX.
______________________
9 En una encuesta industrial conservada en el Archivo Municipal de Villena, cuando hacen mención al abastecimiento de pieles suelas responden del país y extranjero, A.M.V. 1903.
10 J. R. Valero Escandell, A. Navarro Pastor, F. Martínez Navarro, J.M. Amat Amer, Elda, 1832-1980. Industria del calzado y transformación social, Instituto Juan Gil Albert y Ayuntamiento de Elda, Alicante 1992, p. 26.
______________________
Analizando los padrones de 1885 y 1898 ya nos aparecen los nombres de célebres fabricantes que despuntarán en la próxima centuria. Así en 1885 aparece Juan García Perpiñán, zapatero de 29 años casado con Remedios López Satoca de 33 años, que tendrán cinco hijos, Juan, Vicente, Virtudes, Antonio y Francisco, éste último de cinco años conocido posteriormente con el sobrenombre popular de Rompetechos» o Casildo que en 1898, mientras su hermano Juan con 16 años ya ejercía la profesión de zapatero, él con doce iba a la escuela. Durante los años veinte y treinta se convertirá en uno de los fabricantes de calzado de caballero más importantes de la ciudad.
También en el año 1885 aparece como zapatero Florencio Guillén Martínez de 35 años, casado de primeras con Dolores Navarro Soriano, del que nació Florencio Guillén Navarro, que en este año tenía la edad de cinco años. Al parecer Florencio Guillén enviudó y casó de segundas nupcias con Isabel Requena García. Junto con Florencio Guillén, padre e hijo, parece ser que vivía su sobrino José Guillén López, que en 1885 tenía la edad de siete años. Tanto Florencio como José se convertirán en los primeros años del siglo XX en importantes zapateros, y a partir de los años veinte cambiarán la profesión de zapatero por la de almacenistas de curtidos.
Por último y en el mismo año de 1885, aparece registrada la familia Caturla García, con su titular a la cabeza, Trinidad Caturla Álvarez de 25 años, casado con Ángela García Navarro de 22 años de edad. De este matrimonio nacieron cuatro hijos, Manuel, Dolores, Angela y Miguel. El mayor de los hermanos, Manuel Caturla, que en esta fecha tenía dos años, sería uno de los principales fabricantes de calzado y se haría con la gerencia de la fábrica de «Industrias Caturla». Por otra parte las hijas Dolores y Angela, se casaron con dos factores del ferrocarril, que al tiempo participarían también en el negocio familiar del calzado; estos fueron D. Emilio Cuellar, que luego se haría con la gerencia de la fábrica de la «Puncha», y don Ángel Pardo Navarro.
Otro de los oficios artesanales directamente relacionado con el calzado era la fabricación de alpargatas, que en Villena nunca tuvo una dedicación especial. Prueba de ello es que de los cinco alpargateros recogidos por el censo de 1885, sólo uno de ellos es natural de Villena, mientras que dos son de Elche y los otros dos restantes de Biar, hecho que nos indica que el consumo era abastecido por la producción local o por la vecina Biar que sí que contaba con una mayor tradición alpargatera.
La unidad de producción era el artesano zapatero que realizaba todo el trabajo a mano, aunque en el seno de un sistema doméstico» que centralizaba la comercialización en unos pocos talleres, que fueron ampliándose con la reinversión de capital procedente bien del comercio o del propio oficio. En el caso de municipios rurales como el de Villena parece ser que se establece una relación de dependencia entre el artesanado y los jornaleros que realizaban su trabajo en sus casas, en régimen de «out putting», remitiendo la producción para su acabado y comercialización a los talleres (destacando en 1892 el de los hermanos Milán establecidos cada uno por su cuenta (11), hecho similar a lo ocurrido en la vecina población de Almansa con la familia Coloma, aunque en Villena la elaboración de zapatos participará de los condicionantes del resto de poblaciones del Vinalopó y también con una serie de particularidades relacionadas con el contexto socioeconómico local (la existencias de tenerías).
Así Bernabé Maestre, para algunas poblaciones del Vinalopó, llega a la conclusión de que el trabajo del calzado aparece como una posibilidad de supervivencia para el pequeño propietario, en un momento en que la huerta está arruinada y el trabajo del esparto en decadencia Por tanto estos pequeños propietarios aprovechando sus conocimientos sobre el mercado, que muchos de ellos habían adquirido como trajineros, y aplicando el escaso capital que poseían procedente del ejercicio del comercio y la artesanía, emprendieron la fabricación de zapatos (12). Por otra parte Gómez, Piqueras y Sánchez, apuntan para el caso de Almansa que la existencia de pequeños propietarios era muy escasa por la enorme acumulación de propiedades agrarias en muy pocas manos, que carecían de interés por invertir en otras actividades y que a lo sumo actuarían como prestamistas. A ello hay que añadir que había un importante número de jornaleros que trabajaban en el campo a las órdenes de la oligarquía terrateniente, que concentraban los medios de producción. Por otra parte en Almansa no existen a finales del siglo XIX cultivos comerciales como la vid, que tenía un mínimo peso específico, y que pudieran generar «inputs» económicos para luego ser reinvertidos en la industria. Por tanto en el caso de Almansa la existencia de una tradición artesana antigua representada en este caso por un número importante de zapateros, en 1887 este colectivo profesional representaba el 17% de los activos secundarios con 150 activos, y el papel destacado de la arriería en la vida económica y comercial de la ciudad, unido a la iniciativa particular de algunas familias artesanas, como el caso de los Coloma que con el capital generado en las tenerías familiares estimularán la producción de calzado, sentando las bases para el futuro desarrollo fabril de la ciudad (13).
En este contexto la actividad económica de la ciudad de Villena había sido secularmente la agricultura; este término municipal, uno de los más extensos de la provincia de Alicante en 1850, ponía en cultivo una extensión de 13.669 Ha. (14). Pero según nos informa la prensa local, a principio del siglo XIX «concentrada la propiedad en corto número de individuos, la agricultura estaba reducida a las labores puramente precisas. Como las necesidades de aquel tiempo eran pocas, los propietarios se encerraban en un, acaso, inconsciente egoísmo, y bastaba cubrir sus atenciones para creer que todas las tenían cubiertas también. De aquí el que se viesen algunos ricos en haciendas, pero en realidad pobres de dinero, y que yaciesen perdidas y yermas muchas tierras que encerraban un caudal inmenso de riqueza... Por donde quiera se tendía la vista resaltaban las fincas improductibles para los ganados de este o del otro propietario, o porque perteneciendo a éste o al otro mayorazgo... se dejaba al inmediato sucesor el trabajo de hacerla productiva. Así tenemos que los medios de producción estaban concentrados en manos de la oligarquía nobiliaria y terrateniente, que a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se convertirán en productores y comercializadores de vinos, bien por cuenta propia o bien asociándose a productores franceses.
______________________
11 Así según la Matrícula Industrial de 1892, Alvaro Milán Blanes tenía localizado su taller en calle Palomar n.º 1. Ferrando Milán en la calle Trinidad 22.
12 Bernabe Maestre, lndustria i subdesenvolupament al País Valencià Editoral Moli, Palma de Mallorca, 1975, p. 63. 
13 J. Gómez Cortés, R. Piqueras García, M.J. Sánchez Uribelarrea, op. cit., pp. 356-359.
14 Este hecho implicaba un incremento de 2,536 Ha. con respecto al Catastro de Ensenada, lo que suponía un aumento de la superficie cifrado en un 14'79%. Vid, R. Belando Carbonell, Realengo y Señorío en el Ato y Medio Vinalopó. Universidad de Alicante y Caja de Ahorros Provincial de Alicante, 1990 p. 141.
14 Crónica de Villena, 12 de noviembre de 1882, «Villena, Su pasado»
15 En el Censo de Floridablanca de 1787, suponían los jornaleros el 56% de los oficios profesionales con 1.472 activos; en el padrón de habitantes, de 1840 el 59'82% con 1.114 activos; en el padrón de habitantes de 1878 suponían el 71'65%, de la estructura profesional.
______________________
Por otra parte había una ingente cantidad de jornaleros, que trabajaban temporalmente en las faenas del campo durante el siglo XVIII y XIX'', oficio que compaginaban con actividades múltiples que también quedan reseñadas en otras áreas del Vinalopó con agricultura afectada por la aridez, tal como señala Cavanilles para Crevillente, donde en las actividades textiles, realizadas normalmente por mujeres y niñas, también lo eran por los varones que participaban guando el campo no necesita sus brazos (17). Las dificultades económicas, los condicionantes epidemiológicos y los ciclos climáticos adversos, dieron lugar a que «el individuo ejerciera dos o más profesiones u oficios a la vez, hecho que sucedía en numerosas zonas rurales del país, en relación a las potencialidades y prácticas manufactureras que su entorno le permitía para así completar las rentas agrarias (18). En este contexto las poblaciones del Vinalopó aprovecharon la disposición de la orografía del territorio, perpendicular a una de las principales vías de comunicación entre la meseta y el puerto comercial alicantino, que favoreció un fluido tránsito comercial, viéndose beneficiadas poblaciones como Ville-na, Elda, Novelda y Elche (19).
La herencia de un comercio fluido, la existencia de una variada producción agraria basada en cereales, vid, olivo y cultivos de huerta, y la existencia de una red caminera radial con centro en Villena y que comunicaba con poblaciones manchegas, valencianas (Xátiva, Gandía) y murcianas (Jumilla, Yecla), condicionaron que Villena durante el siglo XIX se convirtiera en un centro comercial de cierta relevancia, potenciado a raíz de la implantación del ferrocarril a partir de 1858. Esta actividad sin duda tuvo un papel muy importante en la vida económica de la población, en ocasiones como alternativa al paro estacional y como una posibilidad de comercializar los excedentes agrícolas y artesanos, teniendo esta actividad de arrieros y trajineros, la misma significación para el conocimiento de los mercados que la tuvo en poblaciones como Elda y Almansa, para la posterior comercialización de la producción zapatera.
Pero estos factores estuvieron fuertemente condicionados por el desarrollo y posterior consolidación de la viticultura, que si bien pudo activar la demanda de bienes de consumo como el vestido y el calzado, también supuso un importante obstáculo para el desarrollo de la industria local, al capitalizar los medios de producción, los efectivos humanos y económicos como ocurrió en otros espacios valencianos (20). Por tanto podemos hablar de un verdadero desarrollo de la industria, y en particular de la industria del calzado villenense, a partir de los primeros años del siglo XX, coincidiendo con un declive de la producción y comercialización del vino, que posibilitó la liberación, más que de capital que fue escasa o nula, la liberalización de mano de obra que pudo ir integrándose poco a poco, y de forma estacional, en los talleres de calzado, de muebles y sillas, entre otros. Así durante la primera década del siglo XX en Villena existían florecientes fábricas de electricidad, harinas, gaseosas, calzado de lona, aceite, orujo y cajas de cartón. Por otra parte, el comercio, aunque diezmado, estaba representado por un buen número de comisionistas, negociantes y exportadores de productos agrícolas, entre los que destacaban vinos y ricos productos del país (21).
El declive de la viticultura en la primera década del siglo XX, aunque su gestación comenzó a raíz de la Ley de Alcoholes promulgada por el ministro Puigcorver en 1888, que en la comarca del Alto Vinalopó y en particular en Villena se materializó con el cierre de un número importante de bodegas. El 19 de julio de 1904, se promulgó la conocida Ley Osma, que además de aumentar muy considerablemente la cuantía de los gravámenes, estableció dos cuotas distintas, una de fabricación y otra e consumo, hecho que perjudicó aún más el malogrado sector vitivinícola comarcal (22).
Villena era, pues, a finales del s. XIX y principios del s. XX, una zona de economía fundamentalmente agrícola, con una estructura de la propiedad en la que predominaban los arrendamientos y en la cual las artesanías e industrias estaban directamente relacionadas con la expansión de la vid, que desde 1880 había convertido a Villena en una plaza comercial de primer orden. Pero la expansión de enfermedades en la vid, la recuperación de los viñedos franceses y el favorecimiento de los alcoholes industriales, llevó consigo una paralización de los mercados y un descenso considerable en los precios del vino. En el caso de la comarca además de la filoxera, que ya estaba extendida por las viñas comarcales en 1909, se añadieron otras enfermedades como la provocada por un gusano conocido como la «piral» que obligaron al sulfatado, arranque y quema de cepas y a la esterilización de numerosos aparejos de labranza existentes en el término municipal de Villena (23). 
Ante esta situación no es de extrañar que a principios del presente siglo la elaboración de calzado supusiera un trasvase de mano de obra del campo a la industria, a pesar que algunos bodegueros, pertenecientes a la oligarquía terrateniente de marcado carácter conservador, eran muy remisos a la implantación y evolución de industrias de fuerte impronta artesanal, que como el calzado requerían un número importante de mano de obra. Eso perjudicaba directamente a sus intereses a la hora de disponer de un mayor número de trabajadores, ya que la clase jornalera fue prefiriendo el trabajar en talleres o en casa, por las ventajas que suponía el elaborar productos bajo techo y a cubierto, a salvo de las duras vicisitudes del trabajo en el campo.
Por otra parte a finales del siglo XIX y principio del siglo XX en la vecina población de Sax la vida económica y social estaba condicionada por el cultivo de la vid y la elaboración de vinos, la mayor fuente de ingresos de la época». Durante años la cosecha fue de miles de hectolitros y a un precio de cinco pesetas la arroba (17'75 L.), con estos precios «se podían cavar las cepas con azadas de plata» (24). Pero también en esta población el comienzo de siglo lleva aparejada un aumento de la población en el sector secundario, aunque todavía no puede hablarse de una industria propiamente dicha, ya que los empleos están ligados a economías familiares y con un claro sustrato artesanal muy vinculado al trabajo agrícola. Los principales oficios serán herreros, toneleros, molineros, alfareros, etc.; a la vez empiezan a despuntar algunos oficios más especializados como ebanistas, zapateros, taconeros, hormeros, mecánicos y otros (25).
______________________
17 A. J. Cavanilles, Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura Población y frutos del Reyno de Valencia, Imprenta Real, Madrid, 1797, tormo II, p. 278.
18 Censo de la Población de España, según el recuento verificado en 25 de Noviembre de 1860, por la junta general estadística, Madrid Imprenta Nacional 1863, p. 10. 
19 J.M. Bernabé Maestre, op. cit., p. 42
20 E. Giralt Raventos, «Problemas históricos de la industrialización Valenciana», Estudios Geográficos, n.º XXIX, Madrid. p. 383.
21 J. Figueras Pacheco, «Provincia de Alicante» ap. F. Carreras Candi, Geografía General del Reino de Valencia, vol. V. Barcelona, Alberto Martí, 1913-1925, p,1153.
22 A. Martínez Puche, op. cit., p. 35 
23 Martínez Puche, op. cit., p. 86.
24 A. Herrero Mataix, Mis recuerdos. Sax 1900-1990. Los hechos y las personas, mecanografiado, Biblioteca Púbica Municipal de Sax, p. 2.
25 G. Ponce Herrero, Sax: Población y potencial económico, Universidad de Alicante, 1986, p.155.
______________________
2. EL CONTEXTO SOCIOECONÓMICO EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX
El crecimiento demográfico, herencia de los años de bonanza económica de la vinicultura villenense y comarcal (1882-1892), empieza a superar las posibilidades de los recursos sociodemográficos locales a fines del s. XIX, cuando se produce la crisis de la agricultura comercial del vino. Esta crisis agraria de la última década del s. XIX, motivada por los problemas de la filoxera, la competencia de los alcoholes industriales alemanes y la recuperación de los viñedos franceses, afectó al desarrolló general de la viticultura comarcal, pilar y sustento económico de sus habitantes. A ello se unieron las inundaciones del río-rambla del Vinalopó en enero de 1898 y marzo de 1899, que dejaron toda la huerta de Villena anegada (26), que unido a los temporales de lluvia y nieve caídos sobre el municipio agudizaron la angustiosa situación de la clase jornalera en esta población, que según el padrón de 1903 constituía más del 771-.0 del total de la población que trabajaba.
La crisis de la viticultura comarcal obligó, entre 1901 y 1903, al cierre de un total de quince fábricas de alcohol vínico, lo que originó una paralización importante en los mercados vinateros. Esta crisis negativa continuó durante esta primera década, viéndose obligados a cerrar en 1906 otro número importante de bodegas como las que a continuación señalamos: Federico Bonastre Miralles, Victoriano García Leal, Hijos de Francisco Hernández Hurtado, Viuda de Juan Hernández Gabaldán, Esteban Cerdán y Compañía, Pérez y Bonastre, Esteban Férriz y Compañía, Francisco Hurtado y Crespo, Hijos de Luis García Poveda, Hernández Hermanos, Pérez y Bonastre, José Menor Tomás, Antonio Poveda Rico, Cristóbal Amorós Sarrió (27).
Publicidad de la «Revista Villana». Año 1930. Observamos la fábrica de calzado mecánico propiedad del «Rompetechos» y otra de calzado manual propiedad del hermano de Francisco Fernández Barranco.
La difícil coyuntura de la primera década del siglo XX, se tradujo en una importante crisis obrera, de la que se hicieron eco los periódicos locales de la época: «El lunes último se puso de relieve la crisis obrera por la que atravesamos. Unos cuatrocientos obreros se dirigieron en manifestación pacífica, al domicilio del Sr. Alcalde, solicitando de éste que les proporcionara trabajo; petición que como era de esperar, fue atendida por nuestra primera autoridad convocando a una reunión en las Casas Consistoriales a los mayores contribuyentes, con el fin de ver la manera más acertada de resolver el conflicto, acordándose en ella la repartición de los braceros sin trabajo entre dichos mayores contribuyentes... (28). Por todo ello y según se desprende de un cuestionario municipal de 1906 que nos informa sobre la situación de la clase obrera villenense, lo normal era que tanto los trabajos agrícolas como los industriales fueran estacionales, dependiendo de la existencia de trabajo y situación coyuntural de los sectores productivos en cada momento (29). Así en el sector agrícola y forestal trabajaban unos 2.000 obreros, de los que 800 se dedicaban a la siega durante veinte días y 1.200 a la vendimia, durante un mes; ganaban 2,40 pesetas los hombres y una peseta las mujeres y niños, siendo sus jornadas de trabajo de doce horas. 
En el sector secundario trabajaban unas 500 personas, siendo su dedicación temporal y no diaria, (trabajo a destajo) pues dependían de las necesidades de las fábricas; trabajaban entre diez y doce horas y ganaban salarios que oscilaban entre las 2,50 pesetas los hombres y 60 céntimos las mujeres.
Pero las tensiones sociales provocadas por la falta de trabajo no sólo afectaron al sector agrícola, sino también al sector industrial y en particular al subsector zapatero, rama en expansión gracias a las redes comerciales establecidas por los mercados nacionales, por la herencia de los antiguos arrieros y trajineros villenenses, y por la evolución sufrida por el calzado de cuero que experimentó un sustancial crecimiento desde la segunda mitad del siglo XIX por el auge de la burguesía y el crecimiento urbano. Este hecho impulsó el desarrollo de una estructura fabril y una proliferación de las empresas de calzado, no sólo en Villena sino también en otras poblaciones del Vinalopó. Pero en poblaciones como Villena, donde la industria tenía un carácter secundario por el inminente carácter rural de su población, y donde la precariedad técnica de medios y materias primas era palpable, se producían tensas situaciones entre los patronos y obreros zapateros. Así en el verano de 1909 se produjo una de estas situaciones motivada por la ilegalidad que suponía que los obreros zapateros compraran el clavazón y otros materiales necesarios para la elaboración del calzado (30).
______________________
26 M. Marco Amorós, «Actuación normativa contra las avenidas del río Vinalopó en Villena», en Avenidas fluviales e inundaciones en la cuenca del Mediterráneo, Instituto Universitario de Geografía y Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1989, pp. 575-581. 
27 A.M.V. «Bajas Matriculas Industriales 1901-1906». caja nº 387, año 1907. 
28 El Bordoño, nº 50, Villena, 26 de mayo de 1907.
29 A.M.V. «Cuestionario de Trabajo», Ministerio de Agricultura, Industria. Comercio y Obras Públicas, de fecha de 15 de junio de 1906.
30 El clavazón consistía en lo que popularmente se conocía en Villena como las «punchas», que no eran más que los chinches o «puntas de parís», que unían la suela al resto del zapato. «Sesión Junta Local de Reformas Sociales», Actas del cabildo municipal, 30 de junio y 12 de julio de 1909.
______________________
Otro hecho destacable dentro del contexto socioeconómico señalado en los primeros años del siglo XX es la aparición del movimiento obrero y societario compuesto por obreros agrícolas e industriales que en Villena en 1904 ya contaba con un número importante de afiliados, destacando la sociedad de obreros agrícolas «La Constancia», que contaban con 1.110 socios. Entre las sociedades de obreros industriales destacaban «El Progreso» (constituido por zapateros y que albergaba en su seno a 104 asociados), «La Fraternidad». (constituida por ebanistas, contando con 56 miembros), y la «Sociedad de Obreros albañiles» (con un total de 150 socios). Por último destacar la sociedad obrera femenina de «Encordadoras», creada el 17 de enero de 1904, para mejorar el trabajo, y que contaba con 93 afiliadas. Esta presencia de la mujer en las asociaciones del trabajo industrial irá aumentando, y así en 1921 nos encontramos con seis sociedades obreras más, a parte de las «Encordadoras», como son las de «Cadeneras», «Sastresas», «Zapateras». «Modistas», «Criadas de servicio» y «Alpargateras». (31)
Esta crisis económica derivada durante los últimos años del siglo XIX y primera década del siglo XX, ligada a las coyunturas agrícolas presididas por la existencia de crisis de trabajo, epidemias y por fenómenos meteorológicos adversos (heladas, granizo, inundaciones (32) que agudizaron las hambrunas y crisis de subsistencia llevó consigo conflictividades sociales, que encontraron una válvula de escape en los procesos migratorios ocurridos en poblaciones comarcales. En Villena la primera década del siglo XX comienza con una década de saldo migratorio equilibrado, aunque el paro agrícola y la indigencia de la clase jornalera se agudizó por la sequía y el desarrollo de la filoxera, que endurecieron sus condiciones de vida. Así, para los que no emigraban, y durante los inviernos más duros, se solía establecer una cocina económica, cuyas raciones de arroz con habichuelas se expenden a cinco céntimos (33), y se establecían trabajos en obras públicas (34). En estas fechas la emigración a Argelia desde la comarca del Alto Vinalopó no era cuantiosa, debido a la cercanía de otros puntos de emigración temporal alternativos, y también por su relativa lejanía respecto a los puertos de embarque (35). No obstante, destacan los diez jornaleros emigrados en octubre de 1905 embarcados en el puerto de Alicante y con destino a Orán. Esta emigración temporal coincidía con el calendario de las labores agrícolas, es decir, salían una vez terminada la siega local, para trabajar en el viñedo argelino que estaba en plena expansión; los emigrantes en su mayoría eran varones sin su familia (36).
La sequía por un lado y la explotación de pozos artesianos por parte de la «compañía de los Belgas» en los términos municipales de Sax y Villena, cuya agua la vendían a la ciudad de Alicante, unido a otras dificultades agrícolas, obligaron a la emigración hacia otras provincias y al extranjero. Así en febrero de 1910, el Centro de Sociedades Obreras envió un escrito al Ayuntamiento en el que ponía de relieve la crisis de trabajo existente. La corporación tomó las medidas usuales en estos casos como abrir la cocina económica y pagar el viaje por mar hasta Barcelona a los obreros que se mostrasen dispuestos a ir a trabajar en las obras del Ferrocarril de Canfranc (37), Por otra parte, la emigración con destino al mediodía francés o al norte de África, que fue cuantiosa en otras comarcas alicantinas de la Marina o el Bajo Segura, no fue tan espectacular en Villena, aunque tenemos referencias de algunos emigrantes villenenses que eligieron los destinos de Argentina y Brasil (38). En 1911, según D. José Herrero Mataix, se embarcaron 111 sajeños en un tren de madrugada hacia el puerto de Alicante para embarcar con destino a Argentina (39).
El fenómeno migratorio de los primeros años del s, XX también afectó a trabajadores de la rama del calzado que conozcamos, en particular a dos zapateros villenenses, que marcharon a Argentina para mejorar sus condiciones de vida. Uno de ellos fue el abuelo de Vicente Valiente, que siendo fabricante de zapatos de silla marchó a la ciudad de Rosario (Argentina) con toda su familia a trabajar en las grandes plantaciones de café. Después del primer año de estancia en Rosario y una vez adaptados a la vida de en su nuevo destino, comenzó a desempeñar el antiguo oficio de zapatero, que ya ejercía en España, para regresar con su familia a Villena en 1910, donde moriría ocho años más tarde a la edad de 53 años.
Otro caso particular es el de Sixto Díaz, padre de Miguel Díaz y abuelo de Sixto Díaz Navarro, que en 1912 marchó a Buenos Aires, con la intención de buscarse un porvenir para su familia y él, ante la precariedad de trabajo en Villena. Una vez en la capital argentina, y tras unos meses de penurias, consiguió asociarse con un fabricante de zapatos italiano. La negativa de su mujer a marchar a Argentina, que había quedado en Villena al cuidado de su hijo Miguel de dos años de edad, y la acumulación de un modesto capital, motivó el regreso de Sixto Díaz a Villena en 1914, con la fortuna de coger el último barco que partió del puerto bonaerense, ya que pocos meses más tarde las comunicaciones marítimas quedarían interrumpidas durante varios años por el estallido de la Primera Guerra Mundial (40).
Por tanto ante la coyuntura negativa podemos intuir que desde finales del siglo XIX y durante los primeros años del siglo XX el excedente de población activa, que trabajaba de modo temporal, comienza a canalizarse, aunque de forma progresiva y temporal, hacia los sectores manufactureros e industriales nacientes como el calzado y el mueble, lo que facilitó el desarrollo de otras actividades artesanales e industriales, según se desprende del análisis de los padrones de 1878 y 1903.
______________________
31 La Corona. Villena 1 de octubre 1921.
32 Vicente Ramos, Crónica de la Provincia de Alicante, Tomo I, Diputación provincial de Alicante, 1979, p.193.
33 R. Altamira y Crevea, Derecho consuetudinario y economía popular en la provincia de Alicante, Imprenta del Asilo de Huérfanos, Madrid, 1905, p. 67.
34 El Comité de la Federación de Sociedades Obreras de Villena acordó «…establecimiento de una tahona reguladora, apertura de la cocina económica municipal en igual condiciones y forma que en años anteriores convocándose a los mayores contribuyentes para adoptar los medios de salvar la crisis angustiosa por la que atraviesan los obreros agrícolas; y que se comunicase al Sr. Gobernador Civil esta situación para interesar de Obras púbicas la construcción de los caminos vecinales, a ser posible, las obras de desviación del río Vinalopó» ver en A.M.V. Actas del Cabildo Municipal, del 5 de mayo de 1905.
35 J. F. Bonmatí Antón, La emigración alicantina a Argelia, Universidad de Alicante, 1988, p. 163.
36 J. F. Bonmatí Antón, op. cit., p.171.
37 A.M.V. Actas del cabildo, 18 de febrero de 1910.
38 Carta de D. Blas Díaz al alcalde de Villena, en A.M.B. Documentación correspondencia 15 de julio de 1916.
39 J, Herrero Mataix Mis recuerdos, Sax 1900-1990. Los hechos y las personas, biblioteca municipal de Sax, mecanografiado, p. 4.
40 Testimonio oral aportado por Sixto Díaz Navarro y su padre Miguel Navarro y por Vicente Valiente
______________________
De esta forma a partir de 1903 el sector agroindustrial villenense, capitaneado hasta la fecha por la fabricación vitivinícola y de aceite de orujo, se fue diversificando y enriqueciendo, contabilizándose este año sólo seis fábricas de alcohol Mico, Entre las empresas en expansión destaca la industria eléctrica, que dos años más tarde pasaría a la sociedad francesa «Andrieux Ratié y Cía», y que supondrá un hito importante en el proceso de modernización económica villenense. Otra de las empresas destacadas fue la fábrica dedicada a la extracción de aceites de orujo de oliva, creada por capital extranjero en 1898 y propiedad del francés Gustavo Jouvé, que posteriormente pasaría a la sociedad mercantil «Aceitera de Levante, S.A.» (41). Por otra parte, el tradicional aprovechamiento industrial del suelo villenense por su riqueza en áridos, calizas, sal y sobre todo yesos, se tradujo en dos importantes fábricas de losetas hidráulicas y piedra natural, una de ellas propiedad de Don Francisco Amorós Ferrándiz y la otra propiedad de José Sánchez López. La primera se llamó «Amorós Davó y Compañía» y ofrecía una mayor especialización en pavimentos, siendo una de las primeras fábricas de la provincia que rivalizaba con la producción barcelonesa. Además, esta fábrica ofrecía toda clase de sillares para obras, en particular para jambas y dinteles de los huecos de puertas y ventanas, brocales de pozos y repisas a medida y con imitación al mármol (42). La segunda fábrica propiedad de Sánchez López contaba con grandes almacenes que ocupaban una superficie de 1.150 metros cuadros y gozaba de prestigio nacional e internacional por la finura de sus trabajos basada en balaustradas, chimeneas, pilastras, zócalos, etc. En 1899 trabajaban en esta empresa doce operarios, plantilla que se ampliaba cuando la demanda se incrementaba, y la maquinaria empleada en el proceso productivo gozaba de una fuerza de cuarenta caballos, con una producción media de 50 a 60m (43) por día En una estadística industrial del 31 de agosto de 1904 se relacionan una serie de industrias y actividades manufactureras ejercitadas en la población de Villena como eran: dos fábricas de abonos químicos, seis molinos aceiteros, un aperador, ocho fábricas de calzado, nueve carpinterías, siete constructores de carros, cinco herrerías... » (44).
La fabricación de muebles y sillas fue otra de las ramas productivas que a principios de siglo gozaba de entidad, y que respondía a los epígrafes de ebanistas, carpinterías y fábricas de sillas. Se censaban cuatro fábricas de sillas y muebles, entre las que las que destacaba la de Antonio Valiente Ruescas, que en 1892 se publicitaba como taller de ebanistería, heredando el oficio de su padre Antonio Valiente Cerdán, y que en 1899 se transformó en fábrica de muebles de pino de diseño y lujo, fabricando también sillas. Con un elevado número de operarios, su producción estaba destinada al consumo local, pero sobre todo al abastecimiento de los mercados nacionales (45). Otro de los establecimientos destacados en 1903 era la fábrica de Donat Hermanos que fabricaba sillas y muebles de nogal, ofertando también variados surtidos en camas torneadas de hierro, haya y nogal (46).
Esta expansión de nuevas industrias continuó durante los últimos años de esta primera década y así entre 1908 y 1910 se implantan en la ciudad nuevas fábricas que se unen a las ya consolidadas de alcoholes vínicos y zapatos. De esta forma se realiza la instalación de una fábrica de harinas propiedad de P. Andrieux y Ratie; una fábrica de cal de don José Díaz Ortos; una fábrica de clavazón propiedad de Elimino Rodríguez Navarro y José Yáñez Tortosa (en la que instalaron un motor a gas pobre y algunas máquinas necesarias para la fabricación de punchas, para la fabricación de calzado); una fábrica de guano y abonos químicos en la partida del Rubial; una fábrica de hielo (47).
Así, según Figueras Pacheco, en 1910 el tejido económico del partido Judicial de Villena, (que constaba de seis ayuntamientos: Villena, Benejama, Biar, Campo de Mirra, Cañada y Sax), tenía industrias importantes como las representadas por la extracción de aceite y los establecimientos de crianza y exportación de vinos. Hay fábricas de harinas, calzado de lona, jabón, tejas y ladrillos, gaseosas y loza fina» (48).
3. APARICIÓN DE LOS PRIMEROS ZAPATEROS Y LA CONSOLIDACIÓN DE LOS TALLERES ARTESANOS EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX
Los progresos en el comercio internacional de cueros y pieles y en la industria del curtido contribuyeron a rebajar los costes de producción y cuando, a partir del siglo XX, se difundió la producción mecanizada, el zapato comenzó a contar con un mercado importante en la Península, aunque siempre condicionado al lento crecimiento de la renta de la población (49). Pero en España, el zapato de cuero fue un producto absolutamente minoritario hasta la llegada del siglo XX, siendo una alternativa a este tipo de zapato la alpargata, un calzado muy simple en un principio cuya suela se realizaba con trenza de cáñamo tejido. Más tarde se le incorporó un empeine de lona de algodón o de lino, posteriormente también de paño, se utilizó la trenza de yute para las suelas, se adornó con bordados, ojetes, elásticos, hebillas, cintas de colores de distintos tejidos e incluso se utilizaron hormas de madera, plantillas, piezas de piel y técnicas de cosido que daban a la alpargata un aspecto más semejante al del zapato (50). Este tipo de zapato de lona, también se fabricó en un primer momento en la ciudad de Villena, tal como señala Figueras Pacheco (51), aunque la producción importante comenzó a ser la del calzado de cuero.
En las primeras décadas del siglo XX los zapatos consumidos eran la mayoría claveteados (es decir el empeine iba unido a la suela mediante clavos metálicos, lo que se conoce popularmente como chinche o «semence». Ello posibilitó que en Villena se planteara en 1907 la construcción de una fábrica de «puntas de París» o chinche, que en 1917 tendrá su continuidad en la fábrica de la «Puncha» propiedad de D. Trinidad Caturla, generada por el consumo de este material con motivo de la exportación de calzado hacia el mercado europeo.
______________________
41 F. Navarro Poveda, «Las chimeneas industriales de Villena», revista Villena, 1989, pp.12-13.
42 El Independiente, n.º 2. Villena 13 de marzo, 1892.
43 Activo, nº 2, de 4 de junio de 1899.
44 A.M.V. «Cuestionario para la información de la Estadística Industrial», 31 de agosto de 1904.
45 Activo, nº 4, 18 de junio de 1899.
46 Fiestas en Villena, número extraordinario, Villena 5 septiembre de 1903.
47 A.M.B. «Comisión de obras y ornatos e informes de la policía urbana de Villena». años 1908 y 1909.
48 F. Figueras Pacheco, op. cit., p. 1.144.
49 J.A. Miranda Encarnación, La industria del calzado en España (1860-1959),  Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Diputación Provincial de Alicante, 1998, p.35
50 J.A. Miranda Encarnación, op. cit. p.34,
51 F. Figueras Pacheco. op. cit. p. 1,153.
______________________
Por otra parte la coyuntura socioeconómica negativa de principios de siglo, constituirá a las ramas del calzado y piel en una de las pocas alternativas para superar la tradicional crisis de trabajo de los jornaleros agrícolas, o al menos eso se desprende de la comparación del padrón de 1878 y del padrón de 1903. Así los activos ocupados en la rama del calzado pasan de 25 trabajadores, en 1878, a 205 en 1903, hecho que suponía el 42'7'.,) del total de operarios en el sector secundario. A pesar de ello la economía villenense seguirá condicionada por el sector primario, en el que se ocupaba en 1903 a más de un 77% del total de los obreros villenenses, aunque la realización de calzado pasará de un 073% en 1878 a un 4'5% en 1903 del total de la población activa (52).
En este panorama general el subsector manufacturero del calzado dependía enteramente de las necesidades de las fábricas o talleres establecidos, para con sus mercados potenciales y el desarrollo del trabajo estaba marcado por la producción discontinua, que se acentuaba durante los cambios estacionales y en la debilidad económica de los patronos. Pero a pesar del incipiente despegue de la industria zapatera local durante estos años, también padecieron, aunque no de forma tan dramática como los braceros del campo, la crisis de trabajo que afectó a su subsistencia como consecuencia de los bajísimos salarios percibidos por su trabajo diario, plagado de inseguridades (53). Así las primeras empresas villenenses de calzado estaban caracterizadas por establecimientos medianos y pequeños localizados en los mismos domicilios de los titulares, como se puede comprobar en las matrículas industriales, y que en 1903 ocupaban al 54'9% si de los activos masculinos industriales y al 58'9% de los femeninos. Ese mismo año destacan once talleres de calzado que producen un total de 242.400 pares anuales. Las fábricas de calzado que más producción tenían y más obreros empleaban eran las de Morant, Guillén, Bañón, Fernando Milán, Álvaro Milán y Francisco Domene (cuadro 1) (54).
En relación a la producción alpargatera cabe señalar que Villena tenía dos talleres para consumo local propiedad de José Cerdán Hernández y Ramón Palomares Guillén según el «Padrón de los individuos sujetos al impuesto de cédulas personales» de 1903, no teniendo esta industria un peso importante en la economía villenense a principios de siglo (55).
Por otra parte en 1903 tenemos registrados a 122 activos que ejercían la profesión de zapateros y contribuían físicamente, siendo todos naturales de Villena a excepción de siete que proceden de diferentes poblaciones (cuadro 2), Ello unido a los 250 zapateros registrados en la matrícula industrial del mismo año, nos lleva a la conclusión que la mayoría de los zapateros residentes en Villena son naturales de la ciudad y que el 50% ejercen la profesión de forma temporal, no contribuyendo fiscalmente por su trabajo, pudiendo proceder de otros sectores como el agrícola. En realidad, el número de talleres y de trabajadores del calzado debía de ser mayor de lo que reflejan los recuentos oficiales, debido a la ocultación fiscal y a que los censos de población y las fuentes contributivas no registraban la mano de obra masculina temporal, femenina e infantil.
Entre los zapateros que realizaban contribución fiscal (cuadro 2) aparecen Trinidad Caturla Álvarez que trabajó como empleado en la fábrica de calzado de Álvaro Milán hasta 1904, que con los ahorros obtenidos, montaría su propio taller años más tarde apareciendo ya como fabricante en 1907. Otro nombre es el de Antonio Tomás Hernández, que trabajó como encargado en la fábrica de José Guillén López, fábrica en la que entraron a trabajar como aprendices Francisco Fernández Barranco y Pedro Mejías, hermano de uno de los fabricantes de muebles más importantes de la provincia de Alicante, Rafael Mejías.
Por tanto la importancia del calzado en nuestra población a principios del siglo XX queda de manifiesto por el aumento de operarios que se produce en esta rama industrial de Piel y Calzado entre los padrones de 1878 y 1903, que pasa de 25 obreros censados a 205 respectivamente y por el aumento tanto cualitativo como cuantitativo de zapateros que reflejan otras fuentes documentales como el Padrón de los individuos sujetos al impuesto de cédulas personales del año 1903 con 122 zapateros y la Matrícula Industrial del mismo año con 250 trabajadores en el sector del calzado. En relación a este año de 1903 y en una «estadística industrial» cabe significar que es la primera vez donde aparece de forma literal el epígrafe de Fábrica de calzado para señalar dos establecimientos industriales, cuyos titulares eran Álvaro Milán Bienes y Sáez Hermanos (56).
Además, la significación de la fabricación de calzado en Villana queda corroborado por las referencias que hace el periódico provincial La Revista, que en su número 249, del 15 de septiembre de 1907, afirma que en Villena entre sus industrias la más importante es la fabricación de calzado y a ella se dedican don Trinidad Caturla, señores Sáez y Navarro, don Francisco Grau, don José Bañón, don Sebastián Martínez, don José García, don Álvaro Milán, don Fernado Milán, don José Bonavia don Salvador López y muchos más (57).
______________________
52 Martínez Puche, Villena: Industrialización y cambio social (1780-1940) Universidad de Alicante p. 56. 1998.
53 C. López Hurtado. «Los Albores del movimiento obrero en Villena». Revista Villena, diciembre 1997, p. 44.
54 A.M.V. Información para la Estadística Industrial, 1903.
55 R. Altamira. Crevea, cp cit., p. 49,
56 A.M.V. «Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, información para la estadística industrial, Ayuntamiento de Villena».  8 de diciembre de 1903.
57 La Revista, n.º 249, Alicante, 15 de septiembre de 1907.
______________________
El carácter fiscal de las «Matrículas Industriales» unido a la estacionalidad de la que participaban los obreros de esta rama industrial en función de la disponibilidad del trabajo, puede incidir en el hecho de que las fuentes consultadas y referidas con anterioridad alumbren datos dispares sobre la ocupación en esta rama industrial. Por otra parte también hemos podido comprobar que algunos industriales causan baja o cambian de epígrafe para pagar menos en las matrículas industriales de la primera década del siglo XX, bien porque no pudiesen hacer frente a los cargos impositivos o bien porque le subcontrataban su trabajo a otros fabricantes.
Fuente: A.M.V. Padrón de los individuos sujetos al impuesto de cédulas personales en Villena. Elaboración propia. Procedencia: (1) Rodales-Valladolid, (2) Madrid, (3) Valencia, (4) Caudete/-Albacete, (5) Montealegre-Albacete. (6) Tobarra-Albacete, (7) Benejama-Alicante.
En este punto cabe recordar que para el estudio de la evolución económica villenense y en particular para la industria del calzado hemos utilizado, entre otras fuentes, la «Contribución Industrial y de Comercio, nacida de la modernización del sistema impositivo de 1845 establecida por Alejandro Mon (58) en España, que en esencia consistía en un tributo fijo y otro proporcional destinados a atender gastos generales, provinciales, o locales de interés común y que los ayuntamientos se encargaban de recaudar (59), La Contribución se componía de diferentes tarifas para cubrir las diversas actividades de la industria, el comercio y el ejercicio profesional. Así por ejemplo en la matricula industrial del año 1911, en Villena se contabilizan cinco tarifas que en su totalidad recaudaron para ese año un total de 45.656 ptas. La tarifa primera se aplicaba a la mayor parte de los establecimientos comerciales y estaba dividida en varias cuotas según la población del municipio. La tarifa segunda afectaba a los negocios especulativos (contratistas, tratantes, comisionistas) y también basaba sus cuotas en la población. La tarifa tercera gravaba la industria fabril y manufacturera con el detalle de los medios productivos en actividad y fuerza que les da impulso, por la que se podía seguir la evolución técnica experimentada (60); así esta tarifa comprendía las fábricas de alcoholes vínicos, fábricas de harinas, fábricas de electricidad etc. La tarifa cuarta era la dedicada artesanos y actividades profesionales, comprendiendo las artes y los oficios (61).
Ello lo remarcamos porque consideramos de interés que quizás el marcado carácter fiscal de esta fuente motivara que algunos fabricantes de calzado, aparecieran con diferentes epígrafes y otros no aparecieran, debido a la difícil coyuntura socioeconómica de la primera década del siglo XX, provocando fluctuaciones en relación a la aparición de titulares de fábricas de calzado entre el periodo que va de 1903 a 1911. Así en el caso concreto de la Contribución Industrial» del año 1911, nos aparecen en la tarifa 1ª, seis «vendedores de calzado, entendiendo como vendedores, a los fabricantes de calzado que además comercializaban su producción hacia los mercados nacionales. Con este epígrafe nos aparecen los nombres de José Bañón López, Alvaro Milán Blanes, Trinidad Caturla Álvarez, la Sociedad «Soriano y Mellas», Ramón Sáez Perpiñán y Francisco Grau, que contribuían fiscalmente con la cantidad de 129 pesetas al año cada uno. Por otra parte destacan ocho nombres que responden al epígrafe de zapatero dentro de la tarifa 4', entendiendo por este término a zapateros de silla, que tenían a su cargo pequeños talleres familiares instalados en los bajos de su casa, al igual que los vendedores de calzado», y que apenas contaban con alguna persona a su cargo. Entre estos talleres contamos con los nombres de Fernando Milán Blanes, José Guillén López, Miguel Fernández Barranco, Juan García Perpiñán, José Fernández Barranco, Aurelio Milán Sauco, Francisco Colomardo Pérez y Juan García López, que pagaban una anualidad al fisco de 51 pesetas cada uno (62) (cuadro 4)
Pero el ciclo de rápido crecimiento de la industria del calzado en Villena comenzará a gestarse a partir de la Primera Guerra Mundial, una vez que las empresas zapateras de Elda se estabilizan y comienzan a introducir mejoras en su producción a raíz de la mecanización de la fase productiva. Ello posibilitó que mientras en Elda aumentaban la industria auxiliar con la instalación de fábricas de curtidos, en otras localidades vecinas del Valle del Vinalopó, corno Villena, Petrel y Monóvar, con mano de obra disponible y a menor precio, comenzaran a aparecer talleres de calzado y alguna fábrica (63).
4. EL CONFLICTO BÉLICO MUNDIAL Y SUS REPERCUSIONES EN LA INDUSTRIA DEL CALZADO VILLENENSE (1914-1920)
Durante la Primera Guerra Europea se aumentaron las exportaciones españolas de calzado hacia las naciones beligerantes sobrepasando en ocasiones la capacidad de producción de sus industrias, y por otra parte los mercados neutrales dejaron de estar abastecidos por las naciones en litigio. El destino más importante para las exportaciones españolas de calzado de cuero fueron los países beligerantes, más concretamente Francia. Este país que sólo había recibido 35.000 pares procedentes de España, en 1915 importó más de 1,4 millones y entre 1914 y 1919 acaparó el 62% de las ventas españolas de calzado exterior (64).
Aunque la Primera Guerra Mundial no parece haber tenido en Villena los funestos efectos que en otras localidades alicantinas, se produjeron también algunos momentos de crisis que obstaculizaron el mayor desarrollo y pujanza de la industria villenense, que se consolidará a finales de la década de los veinte (65). En 1915 las principales actividades económicas eran la agricultura y un rico comercio al que se unen «las producciones de pueblos vecinos cuyas mercancías afluyen por múltiples carreteras y el ferrocarril de V.A.Y. a la estación de M.Z.A., cuyo tráfico es enorme (66).
En estos años también se pone de manifiesto la importancia de las industrias vinícolas y del calzado, como las dos actividades económicas principales de la ciudad (67).
La ampliación de la demanda proporcionada por el conflicto bélico fomentó el desarrollo de los tradicionales centros zapateros pero también auspició la aparición de otros nuevos. Junto a Barcelona y las Islas Baleares, la provincia de Alicante se confirmó como el tercer gran centro zapatero del país, Así, en 1915, además del calzado producido en esta provincia que salió del país por otras aduanas, el 20% de las exportaciones españolas de calzado de cuero se remitieron desde el puerto de Alicante, Ello posibilitó que la industria del municipio de Elda experimentase un crecimiento extraordinario, mejorase su equipo productivo y se extendiese por el resto de las poblaciones del Valle del Vinalopó (68). Por otra parte, en Villena y Sax, tenemos constancia que la Primera Guerra Mundial incentivo el desarrollo de esta industria, transformándose bodegas abandonadas, recuerdo del esplendoroso pasado vinícola, en fábricas de calzado siendo el caso de algunas bodegas situadas en la denominada calle «el Carril», en frente de la vía del ferrocarril, como fue el caso de la fábrica de Fco. García López. Pero uno de los ejemplos más palpables lo tenernos en la creación de una fábrica de semence para el calzado, conocida popularmente corno la «fábrica de la puncha» que se instaló en la antigua bodega de José Bonastre, sita en la confluencia de las calles Sancho Medina y Gil Osario. Está fábrica se construyó por iniciativa de D. Trinidad Caturla en el año 1917, para la fabricación de clavazón ante la escasez de esta materia prima y el aumento de las exportaciones de calzado. En la nave central del edificio se localizaba la antigua destilería, construcción más alargada y alta, cuya techumbre tenía una estructura rústica de madera con una capa de cañizo y teja por encima, que hacía nulo el aislamiento térmico. Por ello en este lugar se instaló un artilugio para producir calefacción a base de quemar serrín, que procedía de la propia fábrica, ya que éste era utilizado para que le fuera absorbido el aceite del clavo una vez fabricado y pulido y que producía un elevado grado de calor.
______________________
58 F. Estape, La reforma tributaria de 1845, Madrid, 1973, p.144.
59 «Real Instrucción» de 5 de octubre de 1834, articulo n.º 16.
60 J. Nadal Oller, «La industria fabril española en 1900. Una aproximación» en La Economía española en el s. X.X. Una perspectiva histórica. Edit. Ariel, Barcelona, 1987, p. 25,
61 J. A. Miranda Encarnación, Hacia un modelo industrial. Elche, 1850-1930, Instituto de cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1991, p.11.
62 A.M.V «Matrícula Industrial» del año 1911.
63 J. A. Miranda Encarnación, La Industria del calzado en España (1860-1959). Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Conselleria de Cultura, Educacó i Ciencia, Alicante 1998, p 119.
64 J. A. Encarnación Miranda, op. cit, p. 73.
65 Patria Chica, Especial Fiestas, ¿Cuáles son las aspiraciones de los villenenses?. Villena, 5 de septiembre de 1928.
66 Semanario Villena Joven, nº extraordinario de fiestas, 5 de septiembre de 1915.
67 ¿Si descontamos las industrias vinícolas y de calzado, que queda en nuestra población?. De la Villena Industrial. Villena Joven, nº 25. 5 de septiembre de 1915.
68 J.A. Miranda Encarnación, op. cit, p,70.
______________________
A pesar de ello en general los talleres de zapatos tenían unas dimensiones reducidas, con una media de cuatro operarios declarados, y su equipamiento técnico dejaba que desear, ya que cuando en las cercanas poblaciones de Almansa y Elda se estaban introduciendo las máquinas de centrar y montar, que permitían una mayor productividad, en Villena no iba más allá del corte de la suela y el cosido, prevaleciendo el trabajo manual en numerosos talleres familiares (69). La inversión en capital fijo que necesitaban las empresas de fabricación manual era mínima: podían funcionar simplemente con algunas herramientas (distintos tipos de martillos, tenazas, cuchillas, punzones, etc.), hormas, un par de mesas para corte de pieles, una mesa de trabajo por cada oficial y varias máquinas de coser cortes, y esto último si no se optaba por repartir el trabajo de aparado a domicilio, lo que era muy frecuente. Aun así la Guerra Mundial incentivo la productividad, por el aumento de la demanda, por el aumento de talleres zapateros y sobre todo por la incorporación de máquinas en el proceso de producción. Esto se manifiesta en el número de pares exportados, ya que en 1913 la exportación de calzado en Villena no llegaba a los 3.000 pares anuales, mientras que en el periodo que va del año 1916 a 1919, se exportaron más de 650.000 pares de zapatos, que supusieron un valor medio de ingresos de 10 millones de pesetas (70). Estas cifras se relacionan con las establecidas en otras poblaciones del Vinalopó durante la década de los años veinte. Así en Elda el valor de la producción durante estos años fue de 40 millones de pesetas; las industrias de calzado de Elche, sin incluir la alpargatería, producían en los mismos años un valor de 10 millones de pesetas; y en Petrel, Cocentaina y Monóvar se alcanzaba conjuntamente, los 10 millones de pesetas (71).
Por otra parte la población de Elda fue aumentando su mecanización, gracias al alquiler de maquinaria norteamericana de la USMC (United Shoes Machinery Company), situándose entre 1913 y 1916 en el segundo municipio de España en la incorporación de nueva maquinaria para la fabricación de calzado, después de Barcelona, multiplicando por cinco el nivel de mecanización alcanzado en Cocentaina y en Valencia. En esos años previos a la Primera Guerra Mundial y en los primeros años del conflicto comenzaron a llegar también las primeras máquinas modernas a las fábricas de calzado de Monóvar y Villena (72), aunque la mayor parte de esta maquinaria de la USMC que llegaba a España, procedía de Francia (en algunos casos de segunda mano) y su reciclaje se efectuaba en los talleres que la compañía tenía en Barcelona.
Pero con la llegada de la Primera Guerra Mundial se producen cambios importantes en el mercado internacional, que afectarán de forma positiva a la producción de calzado al aumentar las exportaciones, pero generando una carencia de materias primas. Así el aumento de pedidos por parte de los países beligerantes y el crecimiento de tensiones entre patronos y obreros industriales, fueron tónica general vigente desde 1915 hasta 1919. Este último año será de especial conflictividad social en toda España y en particular en la provincia de Alicante, al producirse por un lado una enorme eclosión de las luchas sociales —consecuencia inmediata de la crisis de trabajo que se perfilaba con la llegada de la paz europea— y por otro un desarrollo extraordinario de los sindicatos obreros animados por los efectos de la Revolución en Rusia.
La alpargatería también experimentó mejoras en su producción realizándose alpargatas abotinadas de cáñamo, de abrigo, muy fuertes, que gozaban de gran aceptación en los mercados nacionales y que se vendían a cuatro pesetas (73). El espíritu societario obrero también se manifestó en el trabajo femenino, constituyendo las mujeres en 1921 siete sociedades obreras (74).
También se organizaron los fabricantes de calzado dando lugar a la Asociación de Fabricantes de Calzado o patronos presidida por D. Manuel Caturla García, a semejanza con la que se había constituido en Elda dos años antes (75). Estaba compuesta entre otros, por Florencio Guillén, Antonio Soriano, Pedro Orgilés, Aurelio Milán, Juan Tomás Milán, Ramón Sáez, José Martí y Trinidad Caturla (76). La tensión laboral se manifestará con mayor virulencia entre los obreros y los patronos zapateros, ya que se trataba de una industria en expansión, al socaire de la demanda de los ejércitos beligerantes en la contienda europea, y de forma semejante a lo que ocurría en Elda y Elche (77). En 1916 la Sociedad Obrera de zapateros «El Progreso», en una asamblea celebrada el 24 de marzo, acordó cesar voluntariamente en todos sus trabajos debido a los bajos precios pagados en los talleres de los patronos. La huelga comenzó en abril, debido a la negativa patronal a aceptar la petición de un aumento salarial que oscilaba entre el 10 y el 15% sobre los precios anteriores, y se resolvió tras la intervención del Gobernador Civil, como mediador, el 13 de abril, consiguiendo los obreros el citado aumento. En diciembre del mismo año los obreros se declararon en huelga, pidiendo aumento de jornal y protestando de que los patronos hubiesen aumentado el precio de la clavazón. Las continuas huelgas y conflictos producidos durante 1917 motivados por el encarecimiento de las materias primas (piel, clavazón, etc.), que los patronos descontaban de los salarios de sus empleados, obligó a los patronos a facilitar y entregar el clavazón a precios estipulados por convenio (78). De esta forma se establecieron los precios que a continuación se señalan: torno o clavo dorado a 6 pesetas kilo, el chinche a 5 pesetas/kilo, el clavillo y estaquilla a 148 pesetas/kilo, alfiler a 128 pesetas/kilo, una cera a 0'10 pesetas, un cartón 0'10 pesetas, y una hilaza de cuatro unidades a 0'35 pías. Tanto los obreros como los patronos se comprometieron a aceptar estos precios, aun cuando los precios del clavazón sufrieran fluctuaciones en su coste. Por otra parte, los patronos se comprometieron a aumentar en cinco céntimos la mano de obra por par, excepto en el par de botas de media suela marcada, en la que el aumento será de diez céntimos por par sobre el precio establecido (79).
______________________
69 J. R. Valero Escandell, et alii, op. cit. p.79.
70 F. J. Tarruella Rico, Topografía médica de Villena, premio Dr. García Röel, Villena, 1935, inédito, p.12.
71 J. R. Valero Escandell, et alii, op. cit., p. 67.
72 J. A. Miranda Encarnación, op. cit, p. 121,
73 Ecos del Sindicato, nº. 13, Villena, 15 de diciembre de 1921.
74 Las sociedades. sus respectivas representantes, son las que siguen: Zapateras: Virtudes Conejero, Manuela Sánchez, Agustina Brotons, M.ª Luisa Frutos Cerdán, Catalina Martínez, Edelvira Albero, Dolores Espinosa y Josefa Espinosa; Cadeneras: Ángeles García, Belén Domenech, Margarita Tortosa, Virtudes Navarro, Isabel Hernández y Antonia Martínez; Modistas: Concepción Laosa, Concepción Gil; Sastresas: Francisca Molina, María García y Teresa Valdés.; Encordadoras: Virtudes Valdés, María García y Teresa Valdés; Criadas de servicio: Nieves Martínez,  Salvadora González, Encarnación Hernández, Trinidad Hernández, Josefa Alpañes e Isabel García, Josefa Coloma y Adelina Muñoz; Alpargateras: Josefa Burruezo, Jesusa Gómez, Rita Muñoz; La Corona, Villena 1 de octubre de 1921.
75 J. R Valero Escandell, et alii, op. cit., p.56.
76 A.M.V. «Correspondencia» año 1916; A.M.V. «Movimiento Obrero en Villena 1900-1924», p. 58.
77 J. A. Miranda Encarnación, Hacia un modelo industrial, 1850-1930, Instituto Juan Gil Albert, Alicante, 1991, p. 68.
78 A. M.V. «Reformas Sociales», 1917, caja n.º 472.
______________________
En el mes de enero de 1918, los obreros zapateros, ante el vencimiento del plazo estipulado en el convenio adoptado el año anterior y con motivo de la carestía de la vida, solicitan que el clavazón, el cartón y el hilo se les entregase al precio que tenía antes de la guerra mundial (80).
En septiembre de 1919 los zapateros, cortadores y guarnecedores, organizados en la Asociación de Obreros de la Piel , se declararon en huelga para pedir la misma retribución que sus compañeros de Elda, que se encontraban también en paro: hay una clara relación entre ambos conflictos, de forma que los obreros defendían el derecho a sacar trabajo para sus compañeros en huelga de otras localidades para repartirlo de forma solidaria, cosa que no pudieron evitar los patronos, que también trataron de actuar con acuerdos consensuados entre ellos. La huelga de Villena duró once días y terminó con el triunfo obrero, al lograr diversos aumentos y la misma tarifa de precios de la mano de obra que en Elda (81).
Entre las industrias que durante estos años de conflicto bélico europeo multiplicaron sus ingresos al introducir maquinaria alquilada a la USMC (United Shoe Machinery Company) y mejorar los procesos productivos, destacan las de Joaquín Galipienzo Navarro, Salvador López, Fco. García López, José Guillén López, Florencio Guillén y sobre todo Industrias Caturla», siendo esta última una de las siete empresas más mecanizadas de la provincia de Alicante (82). Está claro que en España la fabricación de calzado mecanizado pasa por la instalación en nuestro país de la compañía norteamericana de la United Shoe Machinery Company creada en febrero de 1899, fruto de la fusión de las cinco principales compañías de maquinaria para el calzado norteamericanas ( The McKay Shoe Machinery Co.. , The Consolidated and Mackay Lasting Machine Co. ., The Good-year Sewing Machine Co. Eppler Welt Machine Co.  Davey Pegging Machine Co.). La fusión significaba la eliminación de las dobles o triples delegaciones existentes, en favor de una estructura de mercado casi monopolista, reduciendo costes y mejorando la comercialización y servicio técnico (83). En nuestro país las primeras máquinas de calzado aparecen en Barcelona hacia 1899-1901, con noticias sobre una primera máquina de coser eGoodyear, y de cuatro o cinco máquinas de montar, apareciendo en la prensa barcelonesa anuncios de agentes comerciales de maquinaria para el calzado, representantes de la firma norteamericana (84). Esta compañía, cuya primera sede central en España se localizó en Barcelona, estableció el alquiler de las máquinas y no su venta, con el fin de colocarlas más fácilmente. El arrendatario pagaba una suma para cubrir los gastos de instalación y posteriormente pagaba los derechos de producción, en base al número de pares que se hubiesen fabricado por la máquina, para lo cual, las máquinas disponían de contadores, El sistema de arrendamiento tenía la ventaja de facilitar la adquisición de la maquinaria desde el punto de vista de su financiación, incluyendo el servicio y las piezas de repuesto, además de que los fabricantes contaban con la posibilidad de montar toda la cadena de máquinas de producción o sólo parte de ellas (85).
Para las fábricas de calzado, el sistema de arrendamiento en lugar de compra salvaba la necesidad de tener que realizar una fuerte inversión, que muchas de ellas no estaban en condiciones de hacer por su estructura empresarial pequeña y por la gran diversificación de su producto final. A pesar de ello, en un primer momento, la mecanización del sistema productivo de las fábricas de calzado fue lento en algunas poblaciones como Villena, aunque se contaban ya con máquinas de aparar y cortar suela. Esta mecanización se vio atrasada, entre otras razones, por los costes relativos de los factores de producción, ya que el bajo precio de la mano de obra no invitaba a realizar fuertes inversiones en tecnología. Por otra parte la mayor parte de los trabajadores de la fabricación manual eran retribuidos a destajo, según la producción. De esta forma en Villena, durante los años del conflicto bélico, se improvisaron «obreros industriales» y así zapateros que no habían hecho más que elaborar a mano zapatos para cubrir la demanda local, se convirtieron de la «noche a la mañana en importantes fabricantes», llegando a ocupar el sector del calzado a unos 1.600 obreros, sin aumentar sensiblemente el censo de población, al restar brazos a la agricultura» (86). Por tanto el trasvase de población de la agricultura a la industria unido a un crecimiento más moderado de la industria del calzado con respecto a otras poblaciones del corredor del Vinalopó, dio lugar a una inmigración muy liviana. Pues aunque el saldo migratorio fue positivo, la inmigración suma cifras insignificantes para el intercensal (1910-1920), con un crecimiento anual de un 0'53c. (87).
______________________
79 En el punto n.º 4 del convenio firmado, los patronos se obligan a facilitar a los obreros la tinta a los precios más económicos, y en su punto n.º 5 los pares de tintas de entresuela punteada de las tallas 21 al 33, que no estén incluidos en la tarifa, se pagarán a 15 céntimos de aumento por par y de las tallas del 34 al 38 de la misma clase, que tampoco se hallan incluido, se pagarán con veinte céntimos de aumento. A.M.V. «Reformas Sociales» caja n.º 472, año 1917.
80 Trono dorado de todos los números a 3,20 ptas./kilo: semence o chinches de todos los números 2,50 pts/kilo; alfileres a 1 pta/kilo; hilaza y cáñamo a 0,20 ptas./kilo; una hoja de lija a 0,05 ptas; un cartón 0,10 ptas, barras de cera 0,10 ptas. A.M.V. «Reformas Sociales», n° de caja 472, año 1918.
81 Las aparadoras obtuvieron un aumento del 50%, los cortadores del 15% y los zapateros aumentos de 15, 25 y 30 céntimos, según El Socialista, 22 de octubre de 1919.
82 J.A. Miranda Encarnación, op. cit., p. 123.
83 J.A. Miranda Encarnación, op. cit., p. 68.
84 J. Nada y Oller, «La transición del zapato manual al zapato mecánico en Escaña», en La cara oculta de la industrialización española, Alianza editorial, Barcelona, 1995?, pp.321-339.
85 J. Gómez Cortes, R. Piqueras García, M. J. Sánchez Urribelarrea, Orígenes del calzado en Almansa. El caso de la familia Coloma, pp. 358-359.
86 Tarruella Rico, op. cit., pp. 169-172.
87 A. Martínez Puche, op. cit., p. 212.
88 G. Ponce Herrero, Sax: población y potencial económico, Universidad de Alicante, 1985, pp. 88-89.
______________________
También el proceso de industrialización de Sax habrá que ponerlo en relación con el seguido por el resto del Vinalopó fundamentado en el desarrollo de la industria zapatera. Aunque el origen de esta industria hay que buscarla en la artesanía decimonónica del cáñamo y el esparto, su consolidación llegará cuando los talleres artesanales de las primeras décadas del siglo XX, pasen del abastecimiento local, a abastecer a un mercado europeo, hecho motivado por el conflicto internacional. Así en un primer momento las malas cosechas y las lluvias torrenciales que arrasaron los campos durante los años veinte, influyó en que la clase jornalera se sintiese atraída por el creciente desarrollo que experimentó la industria del calzado en Elda, al ofrecer salarios más elevados que los agrarios y mejores condiciones laborales (88). Esta inmigración de obreros industriales a Elda para trabajar en el calzado, no sólo fue protagonizada por operarios sajeños, sino también por otros procedentes de poblaciones vecinas como Pinoso, Monóvar y Villena (89). Estos inmigrantes laborales iban a Elda de forma desordenada y con la necesidad económica del trabajo. Eran muchos los que recorrían el camino de su pueblo a Elda por la mañana en bicicleta y lo desandaban después de la jornada laboral para regresar con los suyos, siendo el caso de muchos sajeños que cruzaban así el monte que divide a Sax de Elda, conocido con el nombre de “La Torreta Sin embargo gracias a la prosperidad que generaba la fabricación de calzado, ésta desbordará los límites de Elda y se establecerá en las localidades vecinas. Es así como en 1923 aparecen dados de alta los primeros talleres de calzado en Sax: siete para la fabricación de zapatos y una de hormas (90).
La coyuntura propiciada por el conflicto bélico internacional supuso un nuevo y definitivo impulso para la industria del calzado alicantina y en general para la del resto del país. La producción pasó de 8 millones de pares en vísperas de la primera guerra mundial a más de 20 millones en los años treinta. El capital acumulado en los primeros años de la Gran Guerra y el ensanchamiento de la demanda interior de calzado durante los años veinte permitieron que en esta década la industria alicantina viviese su mayor período de crecimiento y renovación que no se limitó a Elda, sino que tuvo una fuerte repercusión en las nuevas localidades zapateras, de Elche, Petrel y sobre todo en Villena, donde la aplicación de la electricidad a usos industriales y la consolidación de fábricas de zapatos de caballero y series, consolidarán la industria en esta población (91). Entre los factores que contribuyeron a ello cabe señalar un aumento del consumo de calzado de cuero debido al aumento de la renta en el país; una creciente mecanización del sector productivo que en las poblaciones del Vinalopó se vio favorecida por la localización de sucursales de la USMC, en Elda y Elche, población esta última en la que se encontraba un depósito de maquinaria (92); y un aumento de la demanda interior del país y del ejército español, que vino a suplir la pérdida de las exportaciones a los países beligerantes durante la Primera Guerra Mundial.
Así durante la década de los años veinte la producción de algunas de las industrias principales de la localidad, quedaron vinculadas al abastecimiento del ejército español y al abastecimiento de los mercados interiores del país, como ocurrió con otras empresas del Vinalopó. Estas se caracterizaban por ser pequeñas y medianas empresas, de carácter familiar muchas de ellas, en las que el empresario hacía las veces de técnico, de oficinista, de viajante e incluso de obrero. Así, en 1921 una «Estadística Industrial para utilidad del ejército» (cuadro 5), contabiliza en Villena tres fábricas de calzado y siete talleres de calzado, que daban empleo a 236 operarios, con una producción de 20,760 pares anuales, a los que se le unían cuatro alpargaterías con una producción de 2.600 pares anuales y un total de 18 operarios.
Sin lugar a dudas los pequeños talleres reflejan extraordinariamente el ritmo de aparición de nuevas empresas, surgidas lógicamente de manera muy modesta en la mayoría de ocasiones, con escasos obreros y menos capital. Por ello podemos comprobar cómo estas pequeñas fábricas o talleres proliferaron extraordinariamente hasta mediados de la década de los años veinte (cuadro 6), que consiguieron crecer y consolidarse hasta la década siguiente a pesar de la grave crisis de los años treinta.
______________________
89 J. R. Valero Escandell, op. cit, p. 39. 
90 Ibídem,
91 A. Martínez Puche, «La electrificación y sus repercusiones en la modernización socioeconómica de Villena (Alicante), 1892-1936», en Actes de les IV trobades d'história de la ciencia i de la técnica. Alcoi-Barcelona, 1997, pp. 389.396,
92 Así en 1935, junto a la sede central ubicada en Barcelona, en la calle Fortuny, 5, encontramos cuatro sucursales localizadas en Palma de Mallorca, Mahón, Elda y Elche, ver en Valero Escandel et alli., op. cit., p. 67. J. A. Miranda Encarnación, op, cit, p. 63.
______________________
Extraído de la Revista Villena de 1998 

No hay comentarios:

..... CONTINUAR... PASAR PÁGINA Pinchar en... (entradas antiguas)
Esta Web no se hace responsable de las opiniones de sus lectores. Todo el contenido es público. Usted puede copiar y distribuir o comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se indique la procedencia del contenido. No puede utilizar esta obra para fines comerciales o generar una nueva a partir de esta..
Web: www.villenacuentame.com
E-Mail:
villenacuentame@gmail.com