La coronación de 1948 y la calle Mayor
Joaquín Navarro García
Mirar la calle Mayor
con más flores que un mantón, y
en cambio no le dan premio
aunque han puesto el Orejón. (*)
A mis vecinos de la calle Mayor, que hicisteis posible estos recuerdos.
A principios del año 1974, nuestro vecino Miguel Esquembre nos apuntó la idea de engalanar la calle para las próximas fiestas de Moros y Cristianos, con motivo del V centenario de la aparición de la Virgen de las Virtudes.
Se trataba, de alguna manera, de emular lo realizado en 1948, con motivo de la Coronación, y remontándonos más en el tiempo, en 1923 por el mismo motivo. Después de tibios contactos con casi la totalidad de vecinos, la idea no prosperó.
Habían pasado 26 y 51 años, respectivamente, de ambas efemérides, los tiempos eran otros y faltaban, por otro lado, los motivos que movieron a nuestro pueblo a la realización de tales eventos, con la magnificencia y grandiosidad que resultaron entonces.
Por otro lado, también faltaban esas personas con ideas que contagian entusiasmo por las mismas; o como ahora se dice, que «nos vendieran bien la moto...»
En el tema que nos ocupa, fue, en el año 1948, nuestro vecino el emprendedor y entusiasta Enrique Muñoz el que, al publicar un artículo titulado «Un proyectazo que no debe quedarse en proyecto» en el número 6 del boletín Bodas de Plata, puso en marcha la idea del arreglo de las calles en nuestra ciudad.
El resultado fue: 43 calles, 7 fachadas y balcones engalanados y 6 escaparates, los que se inscribieron en el concurso convocado al efecto.
La calle Teniente Hernández Menor, más conocida como calle Mayor, nuestra calle, fue una de las que se engalanaron.
La Comisión encargada de la dirección y proyecto estaba formada por Enrique Muñoz Martínez (no podía ser de otra manera siendo el padre de la idea), impresor de oficio y uno de los propietarios de la legendaria imprenta Muñoz Antonio Navarro Izquierdo, nuestro padre, ebanista; Francisco Bernal Guillén, carpintero, cuyo taller estaba junto a la Ermita de San Antón; Fernando Martínez Amorós, mecánico, uno de los propietarios de los célebres «Talleres Martínez»; Juan Esquembre Hernández, del comercio de tejidos, y Patricio Prats Nadal, oficinista. Ni que decir tiene que el resto del equipo lo formábamos todos los vecinos y decimos bien, pues hasta los chiquillos tuvimos nuestro papel.
Llegados a este punto se agolpan los recuerdos, pues aunque sólo contábamos poco más de cuatro años, son muchos los que no se han borrado de nuestra memoria y que se irán reflejando a lo largo de estas líneas.
El proyecto tenía, como piezas estrella, un tríptico, practicable, que contaba en su parte central con una imagen de la Morenica y en los laterales sendos ángeles de estilo bizantino, realizado sobre un armazón de madera, con cartulinas recortadas de diversos colores. Los rostros de la Virgen y el Niño eran una reproducción fotográfica coloreada, realizadas por Enrique Muñoz. El rostro de la Virgen es lo único que hemos podido conservar hasta el día de hoy.
El tamaño total, una vez abierto, era de 7,5 metros cuadrados y se colocó en la pared del Ayuntamiento que fueran antiguas cárceles, que años después se demolieron.
La otra fue una hipotética reproducción de la Torre del Orejón» en recuerdo de la que fue demolida en 1888, y que estaba ubicada al final de la calle Mayor. Realizada a modo de arco triunfal tenía una envergadura de 9 metros de ancho por 7,50 de alto. Rematando el arco, se encontraba el campanario, compuesto por un carillón de dos campanas, la esfera del reloj y una ventana practicable que al dar las horas, y por medio de un resorte, se abría y asomaba una enorme cabeza, réplica del en otro tiempo popular Orejón, que saludaba reverentemente a toda la concurrencia que esperaba pacientemente su aparición.
Estaba realizado sobre un armazón de madera con tablero contrachapado y cartón. Las campanas, que se tañían manualmente con una cuerda para dar las horas, y que alguna vez nuestros hermanos nos dejaron accionar, eran de cerámica patinada imitando bronce, se realizaron en una cerámica de la cercana Biar. La cabeza del Orejón era de cartón policromado.
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(*) De la «OFRENDA» que los vecinos del tercer tramo de la calle Cristóbal Amorós dedicaron a la Morenica, que titularon «Coplas Villeneras» y se editó el 19 de septiembre de 1948.
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La colocación fue exactamente donde estuvo la torre original: un extremo formando ángulo con la antigua calle del Reloj, hoy subida a Santa Bárbara, y el otro adosado a la fachada de Casa Valor, comercio de tejidos, hoy solar.
El resto de la decoración estaba formado por un enramado que cubría toda la calle, compuesto de sarmientos forrados con papel de seda en colores donde iban insertadas unas flores del mismo material, y discos de cartulina de colores colgando que daban gran movilidad al conjunto cuando soplaba algo de aire.
Para la realización de todos estos elementos se utilizaban dos recintos emblemáticos de nuestra ciudad. Uno era la Ermita de San Antón y el otro la Escuela Superior, más conocida por «Escuela del Botijo», nombre que toma de un bazar que había enfrente de la misma y en la que estudió, entre otros, nuestro inmortal Ruperto Chapí.
De San Antón recordamos, sobre todo, el temor que nos imponía el sitio y la oscuridad, y cómo día a día, tendida sobre el suelo, iba tomando forma la torre. Y a nuestro padre moldeando, primero en barro y luego con papel y engrudo la cabeza del Orejón, con sus enormes orejas y una gran verruga en la cara. Esta cabeza fue protagonista de nuestros juegos infantiles durante muchos años, pues estuvo en las cambras de nuestra casa hasta principios de los años sesenta en que fue vendida a un trapero. También sirvió de reclamo publicitario para una marca de sucedáneo de café que se llamó «Cafesín», y que fue muy popular en la época.
De la Escuela del Botijo recordamos la estrecha y empinada escalera hasta llegar a la gran aula, convertida en taller, donde nuestras madres realizaban las flores y forraban los sarmientos, mientras los chiquillos recortábamos círculos de cartulina, o dábamos quehacer subiendo y bajando las escaleras como locos (más de uno nos «espellejamos» las rodillas rodando escaleras abajo).
El proyecto de engalanamiento costó algo más de 7.500 ptas. de la época —uno de los más elevados, solamente igualado por la calle José Antonio (Ancha) y superado por la de General Mola (Casitas de Hellín)— sin contar las aportaciones particulares en materiales de algunos vecinos. Esta cantidad se pagó a partes iguales por todos los vecinos.
Para allegar fondos también se celebraron algunos sábados verbenas, en las que se realizaba el «baile de la puja».
La llamada al trabajo se hacía mediante unos toques de corneta, instrumento de nuestros juegos desgraciadamente también hoy perdida.
Nuestra calle obtuvo un 2 accésit de premio.
Los vecinos, además de la parte proporcional del engalanamiento, colaboraron con sus donativos a la realización de la corona de la Virgen. La comisión encargada de la recogida en nuestro barrio estaba presidida por Dña. Dolores Caturla, ayudada por Dña. Florentina García Cervera de Selva, Dña. Rosa García de Esquembre y la Srta. Virtudes Montilla. A continuación damos la relación de nombres y cantidades que nuestros vecinos aportaron a tal fin, en el mismo orden que figuran en la documentación que manejamos:
Olvido Tomás, 10 ptas.; María Agulló, 5; Antonia Hernández, 10; Isabel García, 5, Salvador Puche, 10; un matrimonio devoto, 20; Vicenta Estevan, 125; Gloria López, 5; Ángeles Hernández, 50; Enrique Cañardo, 10; Mercedes Martínez, 10; Manuel Maestre, 5; Juan Hernández, 20; Víctor Roig, 5; Vda. de Mario Cescón, 5; Vda. de Muñoz e hijos, 125; Alfonso Ferrando, 15; Misericordia García, 25; Elia Cerdán, 10 y Miguel Cerdá, 10.
No queremos terminar este paseo por el recuerdo de la Coronación de 1948 en nuestra calle Mayor, sin dedicar el más emocionado a los que ya tiempo nos dejaron y que fueron los verdaderos artífices del evento: a Juana, Enrique y Virtudes, la entrañable Udes»; Miguel, joyero y además músico; Eladio y Luz, que no quiso cobrar sus honorarios del parto de nuestro nacimiento; tío Jaime, ¡ah qué buenos chambis! y María Gracia; José, que cortaba y tomaba el pelo; Jaime, querido amigo; Regino, festero hasta los tuétanos, que en los años de emigración en Argentina, los días 5 de septiembre, vestido con su traje de Moro Nuevo hacía la Entrada por el pasillo de su casa, y Ángeles, la bondad en persona; María Adela, qué pronto te nos fuiste; Miguel, tan educado; Paco Valor, otro gran moro con mucha gracia y Antonia, excelente pianista; Patricio y su perro «Pope» y Remedios, ¡maravillas con los bolillos!; Patricio hijo, nuestro padrino; Vicente y Otilia, y sus inacabables sacos de «cacaus»; Paco y Elia; Gloria y Salvador, ¡qué infantas y milhojas!; Ramón, enjuto, siempre fácil a la broma; Manolo y Pura, los alpargates de nuestras pascuas; Víctor, Sole y Luis; y nuestros padres Antonio e Isabel, siempre dispuestos a solucionar cualquier problema.
A todos vosotros y a los que felizmente todavía estáis entre nosotros, nuestra gratitud por conseguir hacer que después de 50 años, todavía recordemos con emoción aquella coronación del 48.
FOTOS: Originales de José Rodes Martí.
Extraído de la Revista Villena de 1998



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