D. Alfonso Arenas García. Abogado
Joaquín Navarro García.
El día 16 de julio se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de D. Alfonso Arenas.
Cuando el pasado año tuvimos en las manos esta publicación esperábamos ver algún artículo que glosara la importancia de este, por muchos motivos, relevante villenero; no fue así. Por esto y porque creemos que es de justicia, es por lo que nos atrevemos a esbozar estas pinceladas sobre la vida del señor Arenas, dejando para otros, si se quiere, un trabajo más en profundidad sobre su personalidad.
Alfonso Arenas García nace en Villena el 16 de enero de 1917, víspera de San Antón, cuando sonaba el estruendo de una traca en honor al santo. Hijo de D. Alfonso Arenas Marín, abogado y entonces alcalde de nuestra ciudad y de Dña. Isabel García Lillo.
De su padre hereda el amor a la que será su profesión, la abogacía, y su pasión por las letras, no olvidemos que Arenas Marín fue un excelente y prolífico escritor con trabajos en prosa y verso en diversas publicaciones locales.
Realiza sus estudios primarios interno en los Capuchinos de Totana. A los 13 años muere su padre y tiene que regresar a Villena, en donde termina el bachillerato en la Academia Ntra. Sra. de las Virtudes.
Junto con su madre y su hermano Antonio, se traslada a Valencia donde inicia la carrera de Derecho en la Universidad, que se verá interrumpida poco después por el estallido de la guerra en el año 1936. Durante este periodo consigue alcanzar la zona nacional, donde logra el grado de Alférez Provisional.
Acabada la contienda retorna a Valencia finalizando la carrera brillantemente con Matrícula de Honor —nota, por otro lado, constante a lo largo de la misma—Tiene 23 años.
El meritoriaje lo realiza en un juzgado de la capital del Turia, donde enseguida se pone de manifiesto su talante benévolo y pacificador, en tan difíciles momentos donde las represalias y venganzas están a la orden del día.
En enero de 1942 decide regresar a Villena, abriendo bufete en el mismo despacho que ocupó su padre, en la calle de Joaquín María López, y que no abandonará jamás. Es a partir de aquí cuando Arenas se vincula grandemente a su ciudad. Inmediatamente entra a formar parte del Ayuntamiento como Teniente de Alcalde, cargo que ostentará durante largo tiempo con los alcaldes: Guzmán, Rocher, García Luján, García Cervera, Arenas López, etc. En más de una ocasión se le ofreció presidir la Alcaldía, pero siempre la rehusó.
Aunque fueron varios los departamentos en que trabajó, donde más a gusto se encontraba era en el de Hacienda, siendo de una escrupulosidad extrema y cuidando siempre de no endeudar al Ayuntamiento.
En 1945 contrae matrimonio con Josefa Férriz Hernández del que nacen cinco hijos: Alfonso, Isabel, Francisco, José María y María Ángeles.
Como antes dijimos, desde su llegada a Villena se involucra en la vida ciudadana y sus instituciones. Así forma parte de las Juntas de Reconstrucción de Templos, de Coronación de la Virgen y, más recientemente, de la de Reconstrucción del Santuario, casi siempre como Presidente.
Participó muy activamente en los ciclos de conferencias que en los años cincuenta organizó el M.I. Ayuntamiento, tratando siempre temas villeneros.
Hombre de letras, como ya dijimos, colaboró en el boletín Bodas de Plata y en esta revista Villena, de la que por otra parte fue uno de los principales impulsores en sus comienzos en el año 1951, con artículos sobre nuestra historia local. Tenemos constancia de que son muchos los trabajos del señor Arenas que todavía permanecen inéditos.
A nivel provincial su pertenencia a distintas entidades también es patente. Forma parte como consejero de Constructora del Sureste, Caja de Ahorros del Sureste de España —después C.A.M.— y fue Decano durante varios años del Ilustre Colegio de Abogados de Alicante. Entidades éstas que en su momento rindieron homenaje a su desinteresada labor, como también lo hizo el Colegio de Abogados de Valencia al cumplir sus 50 años en la profesión.
Fue, durante 40 años, Presidente de la Junta Local de la C.A.M., consiguiéndose entonces realidades tan importantes como las Cámaras Frigoríficas, el Aula de Cultura y la magnífica Biblioteca Pública que hasta hace poco tiempo venía funcionando y a la cual él mismo hizo una importante donación de libros que en su día pertenecieron a D. Tomás Giner.
Gran amigo del recordado José María Soler, fue a él a quien primero llamó el día que se descubrió el Tesoro de Villena, con esta escueta nota:
AMIGO ALFONSO: HALLAZGO ASOMBROSO. VENTE CON EL FOTÓGRAFO Y FLASH Y LUCES.
SOLER.
Jugó un importantísimo papel, junto con el entonces juez en nuestra ciudad D. Ramón Escoto Ferrari, como conocedor de los resortes legales para que dicho tesoro no saliera de Villena y hoy se pueda admirar en el museo municipal, en la preciosa arca que fue adquirida también por su iniciativa.
Fue grande la labor que realizó, desde su puesto en el Ayuntamiento, para la creación del citado museo, llegando incluso en algunos momentos a asesorar (como buen aficionado a la arqueología que era, había ayudado a Soler en algunas excavaciones) sobre materiales, distribución de las piezas, etc.
A lo largo de casi 55 años de profesional, son muchas las entidades, tanto civiles como religiosas de nuestra ciudad, que han tenido a D. Alfonso como guía y asesor, siendo las más de las veces su colaboración desinteresada.
Su extraordinario archivo personal y profesional será a no dudar, en un futuro, fuente de consulta obligada cuando los estudiosos escriban sobre algunos temas de nuestra Villena.
Durante bastantes años convivió con una dolencia cardiaca que al final pudo con su gran humanidad, produciéndole la muerte el día 16 de julio de 1997, a las 14 horas. Ocurrió en la Residencia Sanitaria de Elda. Su cuerpo fue incinerado y sus restos descansan en el panteón familiar.
Vaya desde estas páginas a las que tantas veces se asomó, nuestro recuerdo y gratitud a este villenero bueno y que tanto amor y cariño puso en las cosas de su querida Villena, y que a nuestro entender bien merece algún tipo de reconocimiento por parte de la que le vio nacer.
Extraído de la Revista Villena de 1998