16 feb 2026

1995 CARNAVALES "MOSQUETERO Y PAYASA"

Salva Hernández y Fina Ferríz disfrutando del desfile de Carnaval.
Foto cedida por... Fina Ferríz.

1965 CASA VALDES - PUBLICIDAD

Extraído de la Revista Villena de 1965

2026 LIBRO LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES DE VILLENA, SU SANTUARIO Y SU CAMARÍN

Será el lunes día 23 de febrero a las 20 h, en la Biblioteca Municipal Miguel Hernández, se llevará a cabo la presentación del libro, La Virgen de las Virtudes de Villena, su Santuario y su Camarín. Un interesante trabajo realizado con todo mimo y cuidado dedicado a los más pequeños de la ciudad. Con unas bonitas recreaciones, se explica el valioso tesoro que poseemos en nuestro Santuario. El contenido surge al llegar al área de comunicación de la Junta de la Virgen un archivo sonoro grabado hace 30 años, por quien fuera entonces párroco del Santuario D. José Abellán. A raíz de ese momento, y con las observaciones de sacerdotes villenenses, conocedores de la historia, nuestro Consiliario D. Reyes Rodríguez y Benjamín Marín, miembro de la Asociación, activó sus conocimientos en recreación para hacer realidad el libro.
Se distribuirán ejemplares a los centros escolares y en las bibliotecas.  Quedan invitados a su presentación.
La edición cuenta con el beneplácito de la Concejalía de Cultura y Biblioteca Pública Municipal.

2026 INTEGRADOS CIERRA UN 2025 MUY POSITIVO

Integrar talento para crear oportunidades: el balance de un año de empleo inclusivo en Villena.
Villena, 16 de febrero de 2026. El Centro Especial de Empleo ‘Integrados’ de Villena, ha cerrado el año 2025 con un balance muy positivo del proyecto “Integrando Talento, Creando Oportunidades”, una iniciativa financiada por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+), a través de CEPES (EFESO), orientada a consolidar el empleo de personas con discapacidad y fortalecer el modelo de empresa social.
Durante este periodo, el proyecto ha permitido desarrollar y acompañar a 44 personas con discapacidad a través de itinerarios personalizados de mantenimiento y búsqueda de empleo, tanto dentro como fuera del Centro Especial de Empleo, combinando orientación individualizada, acompañamiento laboral y apoyo continuado. Estos itinerarios han facilitado la estabilidad laboral, así como transiciones al empleo ordinario, reforzando la empleabilidad de las personas participantes.
Uno de los ejes clave del proyecto en 2025 ha sido la formación y desarrollo de competencias, con el desarrollo de múltiples acciones grupales e individuales dirigidas a personas trabajadoras con discapacidad. Las formaciones han abordado competencias digitales, comunicación, gestión emocional, organización del tiempo, procesos administrativos y capacitación técnica específica, especialmente en el área de madera plástica, una de las líneas estratégicas del centro.
Paralelamente, el proyecto ha impulsado el fortalecimiento interno del Centro Especial de Empleo, mediante acciones formativas dirigidas al equipo técnico y directivo en ámbitos como liderazgo, inteligencia emocional y estrategia comercial y económica. Estas actuaciones han contribuido a mejorar la gestión, la organización y la proyección futura del CEE como empresa de economía social.
“Integrando Talento, Creando Oportunidades” no solo pone el foco en el empleo, sino también en la sostenibilidad y la innovación social, reforzando líneas de actividad que combinan impacto social, medioambiental y económico, y consolidando alianzas con administraciones públicas y entidades del territorio.
Con este balance, el Centro Especial de Empleo Integrados reafirma su compromiso con un modelo de empleo inclusivo, estable y de calidad, demostrando que la economía social es una herramienta real para generar oportunidades y construir un futuro más justo y sostenible. 

1950 PEDRO SANJUÁN MAÑEZ EN CARNAVAL

Pedro Sanjuán Mañez

2016 CASTILLO DE LA ATALAYA VILLENA

Fotografía 25 de diciembre de 2016
Sin lugar a dudas, Villena se identifica claramente con su Castillo de la Atalaya, cuyo erguido perfil recortado en el horizonte recuerda el mestizaje cultural musulmán y cristiano. Es sin duda el monumento más significativo de Villena y su elemento identificativo junto al Tesoro. Su gran singularidad y valor histórico lo llevaron a ser declarado "Monumento Histórico Artístico" en 1931 y, actualmente, goza de mayor protección al estar declarado Bien de Interés Cultural.

2026 CELA, SOLER Y ROJAS CON BAROJA AL FONDO NUEVO LIBRO DE GASTÓN SEGURA

Presentación del libro Cela, Soler y Rojas con Baroja al fondo.
Autor: Gastón Segura
Jueves 19 de febrero de 2026 a las 20 horas.
Salón de Actos de la Casa de Cultura
Intervienen: Maricruz Rojas, Dolores Fenor, Julio Guillén y autor. 

2026 AVIANA EN EL MONTCABRER

Con una temperatura de apenas 4 grados, a las 7 de la mañana del domingo 15 de febrero, un grupo de 45 socios y socias de AVIANA nos reunimos en nuestro punto de encuentro habitual, frente al colegio de los Salesianos, para emprender la ascensión a una de las montañas más emblemáticas de Alicante: el Montcabrer, una cumbre de 1.389 metros de altitud situada en el término municipal de Cocentaina. 
Dejamos los coches en el área recreativa de la fuente del Mas dels Arbres, en pleno Parque Natural de la Sierra de Mariola, e iniciamos la marcha por una pista rodeada de pinos. Pasamos junto al Mas del Corb y continuamos hasta el Mas de la Foia Ampla. Tras pasar la casa, tomamos una senda bien marcada y con notable pendiente que nos condujo hasta la cima del Montcabrer, considerada como la tercera cima más alta de la provincia de Alicante, solo superada por la Sierra de Aitana (1557 m.) y el Puig Campana (1408 m.).
Desde lo alto, las vistas de montañas y valles resultan espléndidas: la sierra de Benicadell, el embalse de Beniarrés, Muro de Alcoy… un paisaje que recompensa con creces el esfuerzo de la subida. Siempre nos sorprende el despliegue paisajístico que ofrecen estas comarcas tan agrestes del norte Alicante.
Al llegar a la cumbre el viento era tan fuerte que no nos detuvimos para hacer una foto de grupo que capturara ese momento. Preferimos bajar rápidamente y, ya resguardados del viento, almorzar y recuperar fuerzas. Después emprendimos el descenso, pasando por la fuente del Pouet y continuando por el Barranc del Carrascalet, una bajada pronunciada que puso a prueba nuestras piernas hasta el final de esta ruta circular de 11 kilómetros, de dificultad moderada y 499 metros de desnivel. 
Durante el descenso disfrutamos del majestuoso vuelo de un grupo de buitres y,  poco después, vimos un rebaño de cabras montesas que nos recordó que esta montaña debe su nombre a la tradición histórica ganadera. Significa “monte de cabras”, ya que antiguamente los pastores llevaban a pastar a sus cabras a esta zona. 
Días como este, disfrutando de la naturaleza y de la compañía de los integrantes de AVIANA son un privilegio. 
15 de febrero de 2026

15 feb 2026

1959 DOMINGO DE RAMOS POR LA CORREDERA

Domingo de Ramos de estreno por la Corredera, Rafael Hernández Hernández, Pepita Reig Muñoz y Pepe y Patro Hernández Reig con las palmas y bien abrigados para ser el 22 de marzo de 1959.
Foto: Archivo Villena Cuéntame

1995 JOSÉ MARÍA SOLER CUMPLE 90 AÑOS

90 aniversario de D. José María Soler García, cuando se cumplen años, es motivo siempre de regocijo y alegría y para ello con mayor o menor ostentación nuestros familiares y amigos allegados nos ofrecen banquetes para demostrarnos su contento y a la par darnos muestra de su afecto o admiración.
Nace el 30 de septiembre de 1905
Foto cedida por... Pedro Marco Hernández

1912 JUAN LÓPEZ PÉREZ "CARNAVAL CARNAVAL"

Dos fotografías del niño Juan López Pérez 
en los Carnavales de Villena
Chulapo
 Juan López Pérez
Campesino
Fotos cedidas por... José Luis López Bañón

1956/57 EL ALMACÉN DE "GALVÁN O JUANACO"

VILLENA “EL PUEBLO LOS AJOS”
Los sobrenombres, apodos o motes, como así los gentilicios, son un modo de distinguir a familias con apellidos comunes, dada la igualdad que se produce en determinadas zonas.
Sentadas 1º fila … Narcisa, Isidra, Esperanza, Gloria, Bárbara, X, Pascual Mullor.
Sentadas 2ª fila… X, Virtudes, "Chocolatera", Ramona, X.
Sentadas 3ª fila… Rafaela Ferrándiz, Isabel, Juana
De pie… María Fernández, María Amorós, Sarrió, Amparo, Agueda.
Villena no podía ser una excepción en esta similitud de identidades y ello ha dado lugar a la proliferación de los apodos o motes. Es de resaltar que antes de existir las filiaciones oficiales a las personas se las conocía por los apodos.
María Amorós y Ramona Martínez "manocana"
En nuestro pueblo el apellido Hernández es tan común que hasta no hace mucho tiempo, incluso los recibos de impuestos como contribución, venían algunos con sobrenombre para su perfecta identificación. Ejemplo se expendían recibos a nombre de Juan Hernández “Chinata” o Juan Hernández “Galván” o Juan Hernández “El Ruso”.
Ramona, Emilia, X, Pascuala, Bárbara, X
Hoy precisamente nos ocuparemos de Juan Hernández “Galván” también conocido como “Juanaco”. Fue un agricultor con gran visión que dedicó la mayor parte de su vida a la producción y exportación de ajos, alcanzando gran prestigio en este sector.
Llegada la época contrataba cuadrillas, especialmente mujeres, para realizar la labor de preparación del producto, bien fuera en el corte de cabezas o la producción de orcos de ajos.
Además de su atención al mercado nacional se exportaba a América del Sur y Central, como a Cuba en cantidades de gran importancia.
Amparo, Agueda, Virtudes, Bárbara, Sarrió y "Chocolatera"
María Amorós, Isidra, Gloria, Isabel y Ramona.
Este tipo de trabajo como hemos dicho lo realizaban mujeres. Las fotografías corresponden a la cuadrilla de mujeres que trabajaban para Juan Hernández “Galván o Juanaco” que vivía en la Calle Cervantes esquina a calle Zarralamala, padre de familia numerosa, agricultor de descendencia y hombre de gran estima en la sociedad villenense.
Fotos... Ramona Martínez "Manocana" Texto... Ernesto Pardo Pastor

2013 UN INMENSO CAMPO DE JUEGOS

UN INMENSO CAMPO DE JUEGOS Por Carlos Zapater
Publicado en la Revista Villena 2014
Estoy mirando unas viejas fotos en blanco y negro, por supuesto, me las ha pasado un amigo de la infancia: Arturo “el coleto” para más señas y son del día de nuestra primera comunión, lo que quiere decir que están tomadas exactamente en el mes de mayo de 1964.
Yo no aparezco en ninguna, pero curiosamente, en dos de ellas sí aparece mi abuela María, en ambas mirando hacia un punto en donde supongo estaría yo, oculto entre el resto de marineritos de blanco formados en doble fila, algunos de ellos mirando al objetivo de la cámara, gracias a lo cual aun puedo reconocer a varios de mis antiguos compañeros de fatigas infantiles:
Prudencio “el chinín”, el susodicho Arturo “el coleto”, Miguel “figuerola” que en paz descanse… y también a algunos de los mayores que acompañan a sus retoños, vigilantes ellos y, al mismo tiempo, despreocupados. No olvidemos que por encima del acto religioso hay un día de fiesta, una jornada para olvidar las penurias y sinsabores de la vida cotidiana.
Estamos (están) al pie de la escalera de ladrillo que sube a la replaceta del mercado de abastos, agrupados entre ésta y el “piojo” aparcado ahí mismo con las puertas abiertas, dando así la impresión de que acabamos de descender de él de vuelta de alguna excursión. Aunque yo sé que no, porque ese día, como la inmensa mayoría del resto de los días de nuestra infancia, no salimos del barrio.
Ese día, en el preciso instante en que la imagen de esta foto fue captada manteniéndola así intacta para el recuerdo, volvíamos de la iglesia después de cumplir con el “sagrado rito de la primera comunión”, como puede deducirse viendo la larga fila de personas endomingadas que viene detrás de nosotros a lo largo de toda la calle principal, desde la misma plaza de la iglesia, allá, en los confines de nuestro barrio/universo, en donde nuestro pequeño mundo acaba, en los límites del “poblao”.
En ese acotado pequeño mundo llamado Poblado de Absorción, Barrio de San Francisco… en “el poblao” pasó una buena parte de mi historia vital –la infancia y la adolescencia- que, salvando los matices propios de las experiencias y circunstancias personales, imagino no distará demasiado de la de la mayoría de los infantes y adolescentes que como yo fuimos a engrosar el censo del barrio desde sus orígenes.
Mi familia, como casi todas las que en un principio habitaron “el poblao”, venía de vivir en las cuevas cercanas al castillo y Las Cruces, familias castigadas por la falta de recursos propia de los años de posguerra, familias trabajadoras pero sin trabajo o trabajando de sol a sol por un jornal de miseria, como era el caso de muchas de ellas, incluida la mía. Pero, por fortuna, hasta ahí no llegan mis recuerdos, los que tengo son adquiridos, historias que me contaron mis padres y mis abuelos, anécdotas felices la mayoría, casi leyendas a estas alturas.
Y además esa es otra historia...
Yo fui un niño feliz, cómo no iba a serlo viviendo en un inmenso campo de juegos. Las angustias que acuciaban a los mayores no me concernían, ni a mí ni a mis congéneres, ¿cómo iban a hacerlo?, a nosotros no nos faltaba la comida, no pasábamos frío y siempre íbamos guapos y repeinados al colegio, en donde, además, nos daban una dosis extra de leche en polvo; no en vano fuimos beneficiarios del bendito Plan Marshall…
No tengo una gran memoria, como, me temo, podrá apreciarse a lo largo de estos folios, pero recuerdo como si fuera ayer mismo el día en que cogido de la mano de mi queridísima madre, no repeinado como he dicho más arriba, no: con el flequillo esculpido y el “colegial” recién planchado y abotonado hasta la nuez recorrimos el escaso centenar de metros que separan la que fue mi casa de la puerta del colegio.
El colegio…
Dicen que la personalidad de la futura persona se forja en sus primeros años de vida, años en los que tantas horas pasamos en el colegio. De qué forma no influirá entonces en nuestro desarrollo como tales todo ese tiempo vivido en sus aulas, en los patios, y la relación con nuestros maestros y con nuestros compañeros…
Muchos de los maestros que tuvimos en esos años y digo “maestros” porque las maestras estaban destinadas solamente a las niñas -la separación de sexos era la norma en aquellos tiempos- muchos de ellos, como iba diciendo, todavía venían al colegio ataviados con el uniforme de la falange: la camisa azul con el yugo y las flechas bordados en el pecho, la boina bien plegada recogida en una de sus hombreras y el cinturón con la hebilla del cisne blanco flanqueando el tablero de escaques; lo que, por otro lado, no hacía más que engrandecerlos a nuestros inocentes ojos. Nosotros aun no sabíamos nada de la historia reciente de España y lo que aprendimos en los siguientes años nos fue administrado después de pasar por el filtro de la política imperante, por supuesto.
De todas formas, mirando hacia atrás con los ojos de la experiencia que te dan los años, no veo en aquellos maestros sino a un puñado de chavales recién salidos de la escuela de magisterio con muchas ganas de trabajar y que, en conciencia, poco o nada tenían que ver con “el régimen”, supongo que vestían el uniforme falangista porque no tendrían más remedio que acatar ciertas normas –al menos algunos de ellos- y su relación con nosotros era atenta y cordial en la mayoría de los casos, obviando los capones, reglazos, etc. que entonces estaban a la orden del día.
De hecho, aun guardo con agrado en mi memoria el recuerdo de algunos de ellos, eso sí, todos con el “don” delante: Don Ricardo, un excelente pintor que nos llevaba a ejercitar nuestras dotes artísticas por los terrenos repletos de almendros y viñas que había por los alrededores. Don Javier Morales, del cual aun conservo dos libritos que me regaló al final de algún curso, dedicados y autografiados por él mismo, gracias a lo cual soy capaz de recordar su apellido.
Don Enrique, que me invitó a pasar las navidades de uno de aquellos primeros años en casa de su madre en el centro de Alicante, imagino que, al menos en parte, imbuido por ese espíritu caritativo que se supone debíamos despertar en las buenas almas los “niños pobres del poblao”. Aunque, para ser sinceros, yo era lo que se dice un niño bueno y, creo, bastante querido por los maestros, por algunos de ellos.
También guardo en la memoria a otros maestros no tan benevolentes, que son precisamente los que gustaban de utilizar con alegría “las herramientas propias de su oficio” para encauzarnos por la senda de la rectitud y de la obediencia. Verdad sea dicha, no sé si con mucho éxito. Sinceramente, creo que consiguieron más los anteriores.
En fin… Un recuerdo para todos ellos.
Pero la vida de verdad, la auténtica, estaba en la calle y transcurría desde el momento en que salíamos del “cole” hasta que oíamos nuestros nombres amplificados por las poderosas laringes de nuestras respectivas madres, conminándonos a regresar a nuestros hogares ya a la hora de la cena y el sueño reparador. 
Y en tiempo de vacaciones para que contar…
Los a un tiempo interminables y fugaces días del tiempo vacacional comenzaban después del desayuno y transcurrían enteramente en la calle, solo interrumpidos por los obligados momentos de las distintas comidas. Y la calle en “el poblao” era cualquier territorio que abarcara tu intrepidez, tu osadía, a uno y otro lado de las fronteras delimitadas por la carretera de Biar y la vía del chicharra al sur del barrio y la Sierra de la Villa al norte.
Y ambas fronteras, por supuesto, eran continuamente violadas.
Las calles y el “patio” del colegio eran un todo, puesto que entonces no había valla que los separara, y eran terreno propicio para, digamos, los juegos convencionales: el futbol, el pañuelo, el tejo, las bolas, los cartones, las chapas, la trompa, el burro, la estornija…
Juegos con los que podías pasar el día entero sin acordarte ni de las sagradas comidas, a no ser, como ya he dicho más arriba, por el abnegado interés de nuestras nunca bien amadas madres.
Pero para lo que podríamos llamar “aventuras”, el perímetro se ensanchaba, desbordando los rectilíneos límites que eran las bien trazadas calles de nuestro barrio, y entonces era cuando nuestro pequeño mundo se transformaba en un inmenso campo de juegos y nosotros en sus absolutos dueños.
Teníamos, por un lado, la Sierra de la Villa a nuestra entera disposición, desde los arenales de “los guachos” hasta la “minica de los colores”, el campo de futbol –entonces abandonado y semiderruido- y todo el terreno que lo circundaba, comúnmente conocido como “el lejido”, en donde, posteriormente, fueron apiladas las traviesas de la vía del chicharra cuando fue desmantelada, y que nosotros utilizamos hábilmente para construir nuestras trincheras y cuarteles generales.
Y al otro lado de la carretera de Biar… todo lo que abarcaba la vista: El Caracol, el “campico del Magallanes” -donde montábamos memorables partidos de futbol entre pedruscos como melones-, la Casa de la Estrella, la de “la molineta” y todos los campos a sus alrededores, cuyos frutos esquilmábamos alegremente con la diabólica inocencia que te concede la infancia.
El cauce del río, desde la Casa del Alicantino hasta la carretera de Peñarubia, por senderos arenosos flanqueados de cañares y chumberas que nos transportaban a mundos de leyenda, en donde nos aguardaban temibles piratas y sus deslumbrantes tesoros ocultos…
Y toda esa ventura a tiro de piedra del cálido refugio de nuestro barrio, a donde habíamos por fin de regresar.
Quizás nuestra madre nos estuviera esperando más preocupada que enfadada, puede que escondiendo una vieja zapatilla con la que descargar en nuestro trasero sus temores y también su impaciencia, ya que, sumergidos en nuestro fascinante mundo de aventuras sin fin, nos habíamos olvidado que había que hacer los recados: que si a por un litro de vinagre y otro de aceite y un kilo de garbanzos a la tienda de Concha “la cagarrona”; a la de la Armonía a por el pan, los huevos y el companaje. Que si vete al estanco a por un paquete de Bonanza para el papa… y si era domingo, igual hasta había una bandeja de pasteles esperándonos en la confitería de Aguedica.
Ahora que lo pienso, solo para ir al médico o al cine bajábamos “al pueblo”. Hasta “practicante” teníamos al lado de casa -bendito Marañón- con sus hipodérmicas siempre a punto por si se daba alguna emergencia, algo bastante habitual en aquellos tiempos, si mal no recuerdo.
O sea, una ciudad fuera de la ciudad. Un mundo aparte, idílico a los ojos de un inocente niño pobre que, sin embargo, lo tenía todo para ser feliz y realizarse como hombre, como persona. 
50 aniversario
Por eso, un día, siendo ya un chaval –un preadolescente, vamos- y prestando mis servicios como oficinista en una importante empresa de la ciudad –en aquellos años nos incorporábamos muy jóvenes al mercado laboral- no pude dejar de sentirme sorprendido y ofendido a un tiempo, cuando, esperando mi turno en la ventanilla del Banco Hispano Americano para realizar cualquier operación que me hubieran encomendado en la oficina, oía a la señora que iba delante de mí y a la que estaban atendiendo en aquel momento pedir al empleado que ingresara una cierta cantidad de dinero en una cuenta destinada a los niños pobres del barrio de San Francisco.
Como he dicho antes yo era un chaval, perdónenme, pero aquello cayó sobre mí como un jarro de agua fría, hiriendo profundamente mi orgullo, y al mismo tiempo despertó en mí una cierta conciencia de lo que yo era y quizás ya había dejado de ser:
Un feliz y orgulloso niño pobre del POBLAO.

EL VIENTO DA UNA TREGUA AL CARNAVAL 2026

El Carnaval del domingo, el carnaval de los niños y los no tan niños, este desfile es intocable ya que es donde los niños disfrutan a lo grande, también los papas se lo pasan bien, hay que dar las gracias a las Ampas que son las que mantienen esta fiesta de Carnaval en Villena, y también Apadis y, Merce y sus chicas animan este desfile. Recuerda mañana el entierro de la sardina a las 20 horas desde el Paseo Chapí y terminará en la plaza Maestro Moltó.
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