31 may 2026

1971 PRIMERA PELÍCULA DE FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS DE VILLENA - COMPLETA

Primera película de fiestas de Moros y Cristianos de Villena realizada integramente en Villena por la Junta Central de Fiestas, los autores de este histórico video... Paco Domene, Miguel Flor, Isidro Gosalbez, Luis Murillo y Alfredo Rojas en los comentarios. Video completo 1 hora 54 minutos. Villena Cuéntame quiere que este video sea un homenaje a estas personas que con su laborioso y artesanal trabajo crearon este video para disfrute de todos nosostros. Gracias.

1958 CARROZA COMPARSA REALISTAS

Entrada de Moros y Cristianos, en la carroza de la comparsa de Moros Realista podemos ver a Juan José Santa Yago "Perete" bebiendo y  Ana María Domene Martínez, bajo con los brazos cruzados, con el tiempo se casaron, en la foto no se conocian.
Foto cedida por... Rosanta Santa Domene

1890 ESTACIÓN COLONIA SANTA EULALIA

La estación de la Colonia Santa Eulalia a finales del siglo XIX.

1975 EL CHINO TORERO - PLAZA DE TOROS

EL CHINO TORERO Y LOS ENANITOS REJONEADORES
Domingo 4 mayo 1975
PRIMERA PARTE 
Gran popurrí, Los Payasos Musicales
Al frente, la escultural directora
SEGUNDA PARTE
Por primera vez en los ruedos españoles lidiarán un becerro
FERNANDO COBOS PAQUITO
Enanito Rejoneador - Rejoneador Sobresaliente
LOS ENANITOS REJONEADORES
GUILLERMO YULIO. Suplente rejoneador y pie a tierra único.
Extraordinarios caballistas a la alta escuela española y portuguesa, con su cuadra de caballos enanos, el delirio de pequeños y mayores.
TERCERA PARTE
Lidia y muerte de un becerro por el novillero
El Turronero (de Jijona)
con su correspondiente cuadrilla de banderilleros y sobresaliente
CUARTA PARTE
Turuti y Zanahorio
en dame la manita Pepe Luis
QUINTA PARTE
Risa... Novedad - Atracción inédita
VICENTE y sus enanitos escoceses
SEXTA PARTE
PIPPI CALZASLARGAS
con su caballo PEQUEÑO TIO y su mono SR. NILSSON
SEPTIMA PARTE
La Boda de Dña. Cotufa
con D. Floripondio, invitados y fotógrafo
OCTAVA PARTE
Lidia y muerte de una brava RES por la mejor cuadrilla torero-bufa de ESPAÑA.
Pepelillo y el Clown
Capitaneados por el torero cómico mejor del mundo
El Chino Torero
que harán las delicias de los pequeños
y mayores con sus parodias incomparables
NOVENA PARTE
Apoteosis final por toda la Compañia
Se lidiarán 3 bravos becerros
PRECIOS POPULARES EN TAQUILLA
NOTA.- Se tendrán vigentes todas las disposiciones dictadas por la autoridad para esta clase de espectáculos.
Contratación: M. Pérez Luque
Embajadores, 35 - Tel. 46861 01 - MADRID
Exclusiva: Víctor Aguirre
Teléfs. 403 46 33 - 403 59 10 - MADRID
Cedido por... José Cabanes

1980 BREVE BOSQUEJO HISTÓRICO DEL SEÑORÍO DE VILLENA Y SUS INTITUCIONES

EN 1980 SE CUMPLE EL QUINTO CENTENARIO DEL FIN DE LA GUERRA DEL MARQUESADO Y DE LA INCORPORACIÓN DEFINITIVA DEL SEÑORIO DE VILLENA A LA CORONA DE CASTILLA.
CON ESTE MOTIVO, EL INSTITUTO DE ESTUDIOS ALBACETENSES Y LA EXCMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL HAN PROGRAMADO DIVERSOS ACTOS CONMEMORATIVOS, QUE TENDRÁN LUGAR EN CORRAL RUBIO, ANTIGUA SEDE DE LAS JUNTAS DEL MARQUESADO DE VILLENA, EL DOMINGO 21 DE SEPTIEMBRE DE 1980, A PARTIR DE LAS 11 DE LA MAÑANA.
LAS ACTIVIDADES CULTURALES, EL RECITAL FOLCLORICO Y LA COMIDA POPULAR AL AIRE LIBRE SERÁN PÚBLICAS Y GRATUITAS. QUEDAN INVITADAS CUANTAS PERSONAS QUIERAN SUMARSE A LA CONMEMORACIÓN.
BREVE BOSQUEJO HISTORICO DEL SEÑORIO DE VILLENA Y SUS INSTITUCIONES.
AURELIO PRETEL MARIN
Durante largos siglos, antes de que se constituyera el Estado español, un pedazo de La Mancha, la llamada Mancha de Montearagón, territorio de límites geográficos mal definidos, a caballo entre los reinos de Toledo y Murcia, en el que se encuadra la mayor parte de la actual provincia de Albacete, vio nacer y desarrollarse en su suelo uno de dos señoríos más ricos y ambicionados de la Castilla medieval: el estado de Villena, que a lo largo de la Baja Edad Media vivió una existencia prácticamente independiente. Su situación en un magnífico cruce natural de caminos comerciales entre Castilla la Nueva y Murcia, Levante y Andalucía, la riqueza de sus pastos y la multitud de privilegios, como el de no pagar aduana, que los reyes habían acumulado sobre los pobladores de esta comarca fronteriza del reino aragonés de Valencia y expuesta a todos los peligros, repercutieron en un estimable desarrollo de la economía de sus pueblos y en una paulatina mejora del poblamiento, bastante escaso en un principio y muy diferenciado por su origen casi exclusivamente castellano del que se daba en el cercano adelantamiento de Murcia y en otras áreas circundantes, donde los mudéjares habían permanecido en mayor cantidad, o habían venido tras la conquista mayores efectivos humanos de la corona de Aragón.
Con excepción de los Manuel, creadores del estado y verdaderos artífices de su poblamiento y unificación progresiva, que fueron obedecidos con gusto por sus vasallos, los demás señores de estas tierras, desde don Alfonso de Aragón a Diego López Pacheco, tuvieron entre aquellos escasas simpatías. Los pesados impuestos y los conflictos en que sus ambiciones nobiliarias hacían entrar a los pueblos provocaran en ellos un fuerte sentimiento antiseñorial, visible en numerosos actos de rebeldía. Sin embargo, la presencia de los sucesivos duques y marqueses de Villena tuvo también otros efectos, derivados en parte del tremendo poder, orgullo y ansia de independencia de estos caballeros, tan poderosos como los reyes, entre cuyos parientes se contaron casi siempre.
Las villas del señorío, alejadas del resto de Castilla, con cuyos reyes llegaron a mantener crueles guerras, separadas de Valencia por una frontera política que sólo en algunos periodos se mantuvo en paz, y aisladas de la otra Mancha, la de las órdenes militares, y del adelantamiento de Murcia, por ser estas comarcas dependientes de otras jurisdicciones, hubieran de unirse entre ellas para su propia defensa, y acostumbrarse a vivir solas, sin apenas relaciones con las comarcas circundantes, extrañas cuando no hostiles. Entre los finales del siglo XIII y los mediados del XIV, bajo el dominio del belicoso don Juan Manuel (1284-1348), tan independiente que llegó a pretender el derecho de acunar moneda en sus posesiones, las antiguas tierras de su padre, don Manuel, se habían convertido ya en un verdadero «estado tapón», como lo han llamado los historiadores, situado entre Castilla y Aragón y vasallo en teoría de los dos monarcas, pero absolutamente libre en la práctica.
Pariente cercano de los monarcas castellanos y aragoneses, don Juan Manuel, que en ocasiones mantuvo guerras contra uno u otro de ellos, pero fue especial enemigo de Alfonso XI de Castilla, tenía flemas situadas en ambas jurisdicciones. Practicaba una política de turbia neutralidad, rota en muchas ocasiones, y trataba de igual a igual con los dos grandes estados peninsulares, lo que le valió amplias mercedes y títulos en Aragón y la categoría de primer caballero de Castilla. Nieto, primo, tío, yerno y padre de reyes de los principales reinos, sólo le faltó coronarse a sí mismo. No le hacía falta: fue regente, adelantado, príncipe, duque, y su poder sólo fue igualado por su ambición. En Castilla, su nombre infundía terror, pues además de por su afición a las letras, era conocido por sus violencias y salvajes venganzas. Sin embargo, con sus vasallos fue siempre muy distinto. Paternalista y considerado, aunque no débil, se ocupó de terminar la repoblación de sus dominios, emprendida por su padre, trajo colonos, dio grandes facilidades para el asentamiento, y llegó a distribuir sus propias tierras entre los vecinos de algunos pueblos. A él y a su fiel vasallo Sancho Ximénez de Laudares, deben su existencia y reconstrucción muchas localidades como La Roda, a la que dio término, o Tobarra, que había sido incendiada por los moros.
Bajo don Juan pudo la tierra de Montearagón desarrollar las naturales tendencias asociativas de sus pueblos. En pocos años, una tupida red de acuerdos intermunicipales, de Chinchilla con Tobarra, de Almansa con Montealegre, de Almansa con Chinchilla, etc., vino a estrechar los lazos entre ellos y hacer que se olvidaran antiguas rencillas. Los ganados empezaron a poder traspasar los términos de los distintos concejos del señorío, y los mercaderes circularon por los caminos. Las costumbres y hasta las propias fórmulas de gobierno municipal fueron unificándose bajo el impulso del señor, y llegaron a darse ordenanzas parciales que tenían vigor en todo el estado. Para robustecer aún más esta unidad y hacer que los pueblos se implicasen en sus acciones, don Juan procuró que en todos sus actos trascendentales (capitulaciones matrimoniales, testamentos y transmisiones de derechos sucesorios, acuerdos políticos, etc.), estuvieran presentes los procuradores de sus villas, que se reunían al ser convocados por él en unas «juntas» de carácter casi exclusivamente consultivo, y avalaban con su firma las decisiones, llevándole al propio tiempo noticia de las inquietudes y problemas de sus convecinos.
Aunque don Juan Manuel tuvo amplias atribuciones de gobierno sobre comarcas ajenas a su señorío, como Murcia, de la que fue adelantado, o como la ciudad de Cuenca, cuya guarda le estuvo confiada, estas zonas no formaron parte del estado de Villena, y siempre se contestó fuertemente en ellas la autoridad del noble. El territorio de don Juan, que había ido adquiriendo cada vez un carácter más manchego, al perder Castilla las tierras que en la actual provincia de Alicante pertenecieron a los Manuel (Elche, Monóvar, Santa Pola, etc.), se fue extendiendo hacia el interior, por tierras de Cuenca especialmente, gracias a las presiones que, sin grandes escrúpulos, ejerció el señor sobre la regente María de Molina. Una parte del extenso término de Alcaraz pasó a ser administrada también por él, y hasta la misma ciudad cayó bajo su autoridad de capitán, pasando, en algunas ocasiones, a ser un anexo del señorío, a pesar de la resistencia que siempre opuso a ello. Los dominios de don Juan Manuel y de la casa de Villena se extendían, pues, por la zona sur de la actual provincia de Cuenca, la más llana y mayor de la de Albacete, y una pequeña parte de las de Alicante y Murcia, sin perjuicio de tener otras posesiones mucho más lejanas, como Peñafiel o Escalona, escasamente relacionadas con el solar del señorío propiamente dicho.
Las luchas mantenidas por los vasallos de los Manuel con los pueblos del adelantamiento murciano y con los de la Mancha de las órdenes militares asentadas en tierras de Toledo, Cuenca y Ciudad Real, la independencia política de los señores de Villena, la labor de éstos impulsando los acuerdos de cooperación entre sus villas, y la costumbre de afanarse en común por el mantenimiento de sus derechos, privilegios y libertades, fueron los principales factores que influyeron en la creación de una conciencia regional que pronto unió a los concejos de «la tierra», como se conocía comúnmente al conjunto territorial que acabó por cristalizar bajo la autoridad del noble caballero y literato autor del libro de El Conde Lucanor. Sólo el señorío de Vizcaya, por citar el que tal vez pasa por ser el más compacto y celoso de sus privilegios, y algún otro gran conjunto jurisdiccional de la Castilla medieval, pudieron compararse por su amplitud, riqueza, sentido de comunidad y amor a los fueros y las tradiciones heredadas, con el de Villena, ya bien consolidado cuando mediaba el siglo XIV.
Aunque la guerra civil entre Pedro el Cruel y Enrique el de las Mercedes, complicada en estas tierras con el problema sucesorio habido entre los últimos herederos de don Juan Manuel, dislocó un tanto las relaciones entre los pueblos del señorío y llegó a separar de él algunos, no se perdió ya la idea de que todos ellos formaban parte de una comunidad histórica, y pronto vino a reconstruirse la unidad de «la tierra», que entre tanto había negociado las condiciones de su sumisión a la nueva dinastía vencedora en la contienda, exigiendo el máximo respeto a sus costumbres y la promesa de que ningún señor ajeno a la casa de los Manuel vendría a dominar sus antiguos estados. Enrique II, sin embargo, faltó a su palabra, y entregó el territorio, con nombre de Marquesado de Villena, a don Alfonso de Aragón, aliado suyo durante la guerra, noble extranjero y de poca confianza, pero que había contribuido a darle la victoria.
Aunque los pueblos del Marquesado se resistieron, al fin hubieron de aceptar por señor a don Alfonso (1372-1395), no sin antes hacerse confirmar por él todos los privilegios y costumbres de época de los Manuel. A pesar de su autoritario carácter, que no, tardaría en ponerse de manifiesto, don Alfonso supo comenzar su mandato recogiendo la obra de don Juan Manuel y sirviéndose de ella para aumentar su propio poder, la integración de sus estados y la independencia respecto a la Corona. Con él, estas tierras de La Mancha de Montearagón llegaron al culmen de su autonomía respecto al rey de Castilla, cuyas órdenes eran sistemáticamente desoídas, y cuyos súbditos de los reinos de Murcia o de Toledo recibían aquí el mismo trato de extraños que los aragoneses del reino de Valencia en las aduanas de Almansa y Yecla.
Las Juntas de procuradores del Marquesado continuaron asesorando al señor, y llegaron a absorber determinadas facultades legislativas sobre administración, defensa y seguridad de la tierra, con lo que se asimilaban en cierto modo a un pequeño parlamento donde los pueblos planteaban sus querellas e Inquietudes. Don Alfonso de Aragón era duro y autoritario, pero contó con sus concejos a la hora de promulgar ordenanzas que regulaban con carácter general, y particularizando en algunos casos, la vida económica del Marquesado, la celebración de ferias, el comercio, las tarifas aduaneras, el tráfico pecuario, etc.
Es preciso decir que por estas fechas el Marquesado, gracias a la inicia viva de sus pueblos y al apoyo prestado por los señores, se había consolidado ya y presentaba en lo económico, lo territorial y lo político, las mismas características que, con escasas variaciones, mantendría aún durante un siglo. Lo componían un vasto conjunto de tierras y poblaciones divididas en dos partidos o provincias por el límite religioso de los obispados de Cuenca y Cartagena. En cada uno de ellos, los concejos habían cedido en sus derechos en beneficio de la comunidad y se habían suprimido las barreras que antiguamente impedían el paso de ganados y mercancías y el aprovechamiento de los recursos naturales, sin perjuicio de que cada municipio conservase sus facultades jurisdiccionales y económicas sobre su término y mantuviera determinadas excepciones a la norma general. Entre ambos partidos se aplicaban tarifas especiales, muy favorables respecto a las que regían en las aduanas del Marquesado para los aragoneses de Valencia y para los castellanos de «la tierra del Rey», considerados igualmente extraños a estos efectos.
El Marquesado estaba defendido por buenas fortalezas, como las de Garci Muñoz, Belmonte y Alarcón, en el obispado de Cuenca, o Chinchilla, Villena, Jorquera, Hellín y Yecla, en el de Cartagena, y por un buen número de castillos y villas amuralladas o fortificadas, que en caso de guerra se prestaban auxilio mutuamente. Sin embargo, la amenaza siempre existente de una invasión, y de bandolerismo, que estragaba la comarca, aconsejaban dotar a la comunidad de una fuerza propia que colaborara con las mesnadas del Marqués y, llegado el caso, pudiera incluso sustituirlas. A este fin, en una junta celebrada en Villena bajo la presidencia del señor, se creó la Hermandad del Marquesado en 1386. Las condiciones de mutua ayuda, y protección entre los pueblos del territorio quedó reglamentada, y se creó un cuerpo de carácter militar y policíaco, sostenido por los concejos y gobernado por cuatro alcaldes, vecinos de Garci Muñoz y Belmonte, por el obispado de Cuenca, y de Villena y Chinchilla, por el de Cartagena. Así nacía otra de las instituciones que más contribuyeron a la creación de una conciencia de unidad regional en la Mancha de Montearagón.
Contra lo que pudiera pensarse, el mantenimiento de aduanas, la desobediencia casi sistemática al Rey de Castilla y el tradicional aislamiento del Marquesado no significaron, en modo alguno, que este territorio viviera de espaldas a sus vecinos, ni que su economía fuera autárquica. Desde el estricto respeto a sus normas legales propias, y desde la valoración de su personalidad, el señorío estableció acuerdos económicos preferenciales, sobre bases de igualdad, con regiones o municipios de los alrededores, como Murcia y su tierra, o como Alcaraz. Cuando los procuradores crearon la Hermandad, cada pueblo quedó en libertad de establecer sus propios conciertos, que podrían hacerse extensivos a toda la comunidad, con quien lo estimara conveniente. La propia Murcia, y posiblemente también Alcaraz, se adhirió luego como un miembro más a este pacto para la defensa y la represión del bandolerismo.
Por diversas causas, pero sobre todo por el autoritarismo de don Alfonso, que se había convertido en un casi monarca absoluto de su señorío y estaba a punto de enfrentar a sus pueblos contra el gran poderío de Castilla, los concejos del Marquesado enviaron secretamente a pedir a Enrique III que tuviese bien acogerlos en los dominios de la Corona, manteniendo sus libertades y su unidad. Una sublevación con ayuda de las tropas reales expulsó en 1395 a don Alfonso, y el Marquesado pasó a depender directamente de la Corona, pero no perdió por ello su conciencia regional. La Hermandad siguió funcionando durante toda la vida del Monarca, y las Juntas continuaron celebrándose. Acudían, a ellas los procuradores con sus credenciales y con instrucciones concretas, dadas casi siempre en la asamblea de vecinos o concejo abierto de cada localidad, para discutir los problemas surgidos en la tierra y defenderse conjuntamente de los abusos de poder que cometían los servidores de la justicia real, la pretensión de la Monarquía de imponer la presencia de corregidores, merinos o adelantados, o las arbitrariedades de los recaudadores de impuestos y aduanas. Cuando, a la muerte de Enrique III, la Hermandad se disolvió por no haber sido confirmada, los pueblos del partido del obispado de Cartagena se reunieron para pedir a su viuda, Catalina de Láncaster, que volviera a ser restablecida con arreglo a la vieja costumbre, a lo que ésta hubo de acceder.
Durante el siglo XV, las juntas siguieron celebrándose, cada vez con mayor regularidad, dos o tres veces al año. Fue competencia suya la revisión y ampliación de acuerdos, el ejercicio del derecho de petición, y la prestación del juramento de fidelidad y homenaje a los sucesivos señores que, muy a pesar suyo, hubo de soportar el Marquesado todavía. En 1409, los procuradores de las villas fueron juntos a Valladolid, a recibir como duquesa de Villena a la infanta doña María, hermana de Juan II, y a su madre, doña Catalina de Láncaster, reina regente, de la que exigieron un juramento de respeto a las costumbres y privilegios que desde tiempos de los Manuel gozaba el señorío.
Tanto doña María como sus cuñados, el infante don Enrique de Aragón y el rey don Juan de Navarra, que sucesivamente, y con algunos intervalos de tiempo, le sucedieron en el señorío, o como los Pacheco, que fueron los últimos marqueses de la Edad Media, encontraron en las juntas la respuesta firme de sus vasallos frente a sus pretensiones y exigencias de tributos y hombres de armas. Los procuradores solían reunirse en Corral Rubio, aldea entonces de Chinchilla, lugar escogido tanto en función de su situación central en el partido del obispado de Cartagena, que facilitaba el desplazamiento desde todos los puntos del Marquesado, como para evitar los roces que, por cuestiones de etiqueta o prioridad en el asiento o en el uso de la palabra, solían producirse entre los procuradores de las villas más importantes. No obstante, algunas veces se realizaban las juntas en Almansa, Albacete, u otras localidades, prolongándose a menudo las sesiones por dos o tres días.
Aunque las ambiciones nobiliarias fragmentaron a veces el Marquesado a lo largo del siglo XV, apartando de él algunas localidades e incluyendo otras que antes no le pertenecían, o enfrentando a los pueblos en violentísimas luchas, que dejaron entre ellos secuelas de odio, los que todavía permanecían unidos en cada momento no olvidaron sus tradicionales juntas, y éstas se convirtieron frecuentemente en instrumentos de resistencia antiseñorial, donde los procuradores discutían con los gobernadores del Marquesado sobre la mejor forma de defender la tierra contra los moros y contra otros peligros, la recaudación de tributos, y demás asuntos de interés común. Cuando se trataba de alguna empresa reconocida por todos como útil, cada pueblo pagaba su parte sin protestar, como ocurría con la edificación de fortificaciones en Jorquera, que corrió a cargo de los municipios hermanados, pero en cuestiones de servicios, pedidos e impuestos, o de levas de hombres de armas, que el señor quería utilizar según su conveniencia, solía escucharse la voz de los representantes de las villas protestando y regateando al máximo en beneficio de sus convecinos.
La resistencia municipal frente al autoritarismo señorial, ya muy fuerte en tiempos de Juan de Navarra, se hizo especialmente notable en los de Juan Pacheco y su hijo, Diego López Pacheco, que dominaban la voluntad del débil Enrique IV de Castilla y utilizaron su poder para convertirse en los más grandes caballeros del Reino. Tras anexionar ilegalmente al Marquesado la ciudad de Alcaraz con su enorme territorio, y prolongarlo por tierras de Cuenca y Guadalajara y con la posesión del Infantado, que pasó a su control por matrimonio, se encontraron dueños de toda La Mancha, pues su hermano y tío, Pedro Girón, era maestre de Calatrava, y Juan Pacheco lo fue de Santiago. Su fuerza fue tan grande que Diego López no dudó en desafiar a los propios Reyes Católicos, recién accedidos al trono, y alzar las banderas de La Beltraneja, dando comienzo a una guerra civil, que precisamente iba a empezar en estas tierras.
Con el alzamiento de Alcaraz contra Diego López Pacheco, primer episodio de la guerra del Marquesado, que vino a incidir sobre un estado de profunda inquietud y descontento ya patente desde hacía años en la comarca, los pueblos del señorío se animaron a sacudir el yugo que los mantenía sujetos a la voluntad de los turbulentos magnates. A lo largo del año siguiente, 1476, Villena, Almansa, Chinchilla, Albacete, y otros muchos, se sumaron a la rebelión y proclamaron su apoyo a los Reyes Católicos, tras haber obtenido secretamente su promesa de respeto a las libertades y tradiciones de la tierra y la garantía de que jamás otro señor volvería a tener autoridad sobre ellos.
Mientras mantenían aún en la comarca una lucha atroz contra los partidarios de Diego López Pacheco, las poblaciones que habían conseguido liberarse enviaron de nuevo sus procuradores a Corral Rubio. Las juntas allí constituidas en diciembre de 1476 asumieron entonces todos los poderes del territorio, dictaron ordenanzas de carácter económico y militar, recabaron para sus municipios la responsabilidad de las operaciones y acordaron pedir a los Monarcas que retirasen sus tropas, que ayudaban poco en la guerra y constituían en cambio una amenaza para las libertades populares, y que no enviasen a los pueblos del Marquesado, que acababan de conquistar su independencia, corregidores o gobernadores que pudieran comprometerla. Está claro que, a pesar de haberlos reconocido por soberanos, los procuradores tenían ya el presentimiento de que los Católicos no venían a defender desde el trono, como habían prometido, las libertades ciudadanas, y se aprestaban a preparar un dique contra su autoritarismo.
La actitud verdaderamente revolucionaria de las juntas de Corral Rubio de 1476, tenía ya precedentes, pero nunca como en este momento se expresa tan claramente la voluntad de autogobierno de los pueblos, su aversión hacia el sistema señorial y su modelo frente a la idea centralizadora y autoritaria de la Corona. Jamás estuvo el Marquesado tan cerca de lograr su sueño secular: el gobierno de sus villas y ciudades por sus propios representantes, libres de la autoridad de los señores y de las interferencias de los reyes, solidarios entre sí y reunidos en la propia tierra, al menos dos veces al año, «para entender en las cosas conplideras… al servicio de los reyes … e al pro e bien común e los dichos pueblos»
El establecimiento de un estricto control sobre la riqueza del territorio, prohibiendo terminantemente la exportación de trigo; la defensa de los antiguos privilegios que eximían a los naturales de pagar derechos de aduana en tráfico, con Aragón; la voluntad, resuelta de oponerse por todos los medios a la venida de corregidores y gobernadores, que pudieran poner en peligro, sus libertades históricas, son otros tantos acuerdos de las juntas de Corral Rubio de 1476, que durante algún tiempo vieron cumplidas en parte sus aspiraciones. Sin embargo, este tipo de juntas no tenían cabida en la idea de monarquía autoritaria que pretendían implantar los Reyes Católicos. Tras un breve período de condescendencia, forzada en parte por su propia inestabilidad en el trono, los Monarcas emprendieron la tarea, de recortar la autonomía, de que los municipios habían gozado, haciendo tabla rasa de sus derechos florales. Los primeros corregidores fueron rechazados, pero pronto vinieron otros para quedarse en el Marquesado, que pasó a depender de gobernadores y pesquisidores, a menudo expertos en la represión. En este empeño contaban con el respaldo de las fuerzas Valencianas del conde de Cocentaina y Gaspar Fabra, o las del capitán Andrés Mateo de Guardiola, acantonadas en la tierra durante la guerra civil y mantenidas después con el objeto primordial de apoyar con su poder disuasorio las reformas centralizadoras introducidas por los delegados de la autoridad real.
En 1480, con la firma de la paz definitiva entre los Reyes y el Marqués Diego López Pacheco, el antiguo estado de Villena se disgregó, pasando a integrarse en los dominios de la Corona la mayor parte de sus pueblos. El vencido conservó solo algunos importantes en el obispado de Cuenca, la villa de Jumilla, y algunas otras, como Alcalá. Pero incluso para las liberadas, estas fechas significaron el principio del fin de sus libertades y los comienzos de su decadencia política. Aunque continuaron unidas y lucharon con valor por el mantenimiento de sus derechos históricos, su sorda resistencia, expresada en las juntas y en los innumerables pleitos emprendidos en la Audiencia y la Chancillería, fue debilitándose progresivamente ante el poder creciente del Estado moderno que empezaba, a construirse.
Todavía a fines del siglo XV conservaban las juntas una vitalidad que las hacia peligrosas para los intereses de la Monarquía, y algunos gobernadores intentaron sin éxito suprimirlas. Sin embargo, pronto iban a dejar de ser una amenaza para convertirse sólo en una incómoda pervivencia de un pasado de libertades que cada vez se veían más recortadas. Bajo Carlos I las actas de las celebradas en Corral Rubio, Albacete, Yecla, La Roda, y otras localidades, nos transmiten las protestas de los procuradores contra los desafueros cometidos por las autoridades reales y el malestar por la pérdida progresiva de los privilegios económicos y aduaneros, que arrastraba a las gentes a la ruina. También, se oyen duras críticas contra la ciudad. de Murcia, que por tener voto en Cortes, representaba en ellas a toda esta región, pero servía sólo sus propios intereses y desconocía, en cambio, las aspiraciones de poblaciones como Chinchilla, Yecla, Villena, Almansa, Hellín o Albacete, orgullosas de su historia y de su todavía importante población, pero frustradas al no ser escuchadas en sus legítimas reivindicaciones.
En la asegunda mitad del siglo XVI, aún se escuchaba la ya débil, pero todavía orgullosa voz de Chinchilla negándose a ser considerada murciana, y protestando, desde el derecho que le confería su historia, contra injusta situación que permitía a esta ciudad, ajena, cuando no contraria, a sus intereses, hablar en las Cortes por esta comarca manchega Chinchilla, perdiendo
población, decae irremediablemente. Villena se mantiene con graves dificultades. Albacete menos noble y antigua, va sustituyendo lentamente a estas poblaciones a la cabeza del viejo señorío de Villena, convertido ya en una simple gobernación, pero tampoco escapa a la crisis general. Los pueblos del Marquesado, que habían adelantado en casi medio siglo los propósitos que guiaron más tarde a los comuneros de Castilla, y habían tenido el vigor suficiente para luchar por ellos en una larga guerra, estaban ahora empobrecidos, agotados y roídos por los impuestos y las levas que exigían los Habsburgo para sus empresas imperiales, y por los derechos de aduana arbitrariamente cobrados.
Bajá Felipe II, ahogadas ya casi por completo las libertades del Marquesado por el poder del aparato estatal, las protestas son aún más escasas y moderadas y las presiones sobre los procuradores mucho mayores. Las juntas no eran ya sombra de lo que fueron. Se limitaban a regatear a la Corona soldados y subsidios, cuando no a decidir sumisamente qué cantidad correspondía pagar a cada pueblo para completar las cifras exigidas desde Madrid. Ya no se oían siquiera las voces que en el primer tercio del siglo XVI reclamaban insistentemente qué, pues los nuevos tiempos obligaban a renunciar a los privilegios del pasado, se llevase a cabo la verdadera unificación efectiva de Castilla y Aragón y se acabase con la vergüenza de los reinos privilegiados que veían impasibles la pérdida de Castilla y sus regiones, comprometidas en solitario en las absurdas empresas, imperiales de la Monarquía.
Los actos de resistencia son ya escasos y desesperados, pero demuestran que aún no había muerto por completo la solidaridad regional y el orgullo ciudadano. En 1569, en una junta celebrada precisamente en Albacete, los procuradores se negaron a proporcionar al ejército que Felipe II, enviaba contra los Moriscos de las Alpujarras los 10.000 hombres y 16.000 ducados que exigía el licenciado Molina, máxima autoridad en lo tocante a esta guerra. Todos ellos fueron presos en la misma sala de sesiones, pero ni aun así consintieron el pagó de sumas tan exorbitantes. Al fin, negociando, se llegó aún acuerdo de dar solamente 3.000 hombres y 8.000 ducados. La cantidad es sensiblemente menor, pero el hecho mismo de que un representante de la Corona se atreviera a prender a la junta en pleno, nos habla de la profunda decadencia de unos pueblos que en otra época se hubieran visto conmovidos sin duda por graves disturbios con este motivo. 
Comenzaba en la tierra de Montearagón, convertida ya en una pieza más de la maquinaria del Estado, privada de su propia capacidad de autogobierno y de cualquier voluntad propia que no fuera agradar a la Corona, un proceso, luego mucho más acentuado, de pérdida de una identidad forjada a lo largo de siglos de desertización, y empobrecimiento de abulia y pesimismo, de triste conformismo, y sacrificios sin cuento al servicio de Intereses extraños. El Marquesado empezaba a parecerse a lo que es hoy, un territorio vacío, de riquezas mal aprovechadas, olvidado y postergado, servidor de todos y atendido de nadie. 
Poco sabemos además del fin de las juntas del Marquesado. Este pequeño parlamento que llegó a gobernar la tierra en los momentos más brillantes de su historia, que fue símbolo de la unión y del orgullo regional, debió languidecer paulatinamente hasta extinguirse por completo. En 1640, ante el naufragio de la monarquía española y de sacrificios que la política del Conde Duque planteaba, un movimiento separatista recorrió la Península. Portugueses, catalanes, andaluces, aragoneses, pretendieron, por distintos motivos y desde perspectivas muy diversas abandonar la nave que se hundía. Unos lo consiguieron, otros lograron solamente mantener sus privilegios, y otros tuvieron que capitular. Por entonces la Mancha de Montearagón no tenía ya siquiera las fuerzas suficientes para intentar la aventura. Es muy posible que las juntas del Marquesado fueran ya sólo un recuerdo en la conciencia colectiva de sus pueblos. El viejo estado de Villena estaba pagando el precio de haber luchado por sus libertades con demasiada anticipación.
Aurelio Pretel 

1998 VILLENA EN LAS CRÓNICAS DEL CANCILLER AYALA (SIGLO XIV)

Villena en las crónicas del Canciller Ayala (siglo XIV)
Manuel Simón Martínez
El Canciller Pedro López de Ayala, testigo de excepción por su presencia en la corte y por participar en muchos de los hechos que narra, es uno de los mejores cronistas de la España medieval y debe gran parte de su fama a la redacción de las Crónicas de los reyes de Castilla Pedro I (1350-1369), Enrique II (1369-1379), Juan 1 (1379-1390) y Enrique III (1390-1406).
Don Pedro López de Ayala representado en el retable de Quejana (Álava)
Nació en 1332 en Quejana, lugar del señorío de Ayala, en el noroeste de la provincia de Álava, en una familia cuyos orígenes parecen remontarse a los años finales del siglo XI, aunque sus miembros comienzan a ser conocidos por obra y méritos de Pedro López de Ayala, abuelo del Canciller.
Según el libro Generaciones y Semblanzas de su sobrino Pérez de Guzmán, «...fue de muy dulce condición e de buena conversación e de grant conciencia e que temía mucho a Dios. Amó muchos la ciencia, diose mucho a los libros e estonias, tanto que como quier que el fuese asaz cavallero e de grant discrición con la platica del mundo, pero naturalmente fue muy inclinado a las ciencias, e con esto grant parte del tiempo ocupava en ler e estudiar, non obras de derecho sinon filosofía e estarías».
Abandonado la clerecía entra en 1350 en la corte de Pedro I «El cruel» de Castilla, es nombrado capitán de la Armada y alguacil mayor de Toledo. En 1366 junto a su padre se pasa al servicio del hermanastro del rey Enrique de Trastámara (años atrás ya se habían sublevado contra varias disposiciones del Pedro I), y es nombrado alférez de la Orden de la Banda, interviniendo en la batalla de Nájera, siendo hecho prisionero por los ingleses.
Tras el ascenso de Enrique de Trastámara al trono de Castilla (Enrique II de Castilla) después del asesinato de Pedro I en el castillo de Montiel, es nombrado alcalde mayor de Vitoria y merino de Álava. Fue embajador en la corte aragonesa, ante la corte del rey de Francia, ante el Duque de Lancaster (pretendiente a la corona de Castilla por estar casado con una hija de Pedro I) y ante el Papa de Aviñón, entre 1376 y 1397.
Merino mayor de Guipúzcoa en 1379, es señor de Salvatierra de Álava en 1382, interviniendo en la batalla de Aljubarrote contra los portugeses en 1385 (donde murieron la flor y nata de la nobleza de Castilla y León, entre ellos Pedro de Aragón, marqués de Villena) y siendo hecho prisionero, escribiendo en su cautiverio su obra poética El rimado de Palacio y El libro de la caza de las Aves. (Los portugueses lo tuvieron encerrado en una jaula de hierro.)
Forma parte del Consejo de Regencia del rey Enrique III «El doliente» de Castilla en 1391 y nombrado Canciller mayor de Castilla en 1398, falleciendo en Calahorra (La Rioja) en 1407.
Caballero, poeta, cortesano, diplomático, debe su fama a la redacción de las Crónicas de los reyes de Castilla hasta el año 1396, donde usa y reproduce documentos originales a los que tuvo acceso, y en ellas se refleja el turbulento reinado de Pedro I «El cruel» o «El justiciero», el levantamiento nobiliar de su hermanastro Enrique, conde de Trastámara, su victoria y entrenamiento, el reinado de su hijo Juan I (y de doña Juana Manuel, señora de Villena) y la derrota ante su pretensión al trono de Portugal (batalla de Aljubarrota), los problemas en la regencia de Enrique III (lo que le costó el marquesado de Villena al conde de Denia Alfonso I de Aragón) y el llamado Cisma de Occidente de la iglesia católica.
Obra magna de la historia, se deja ver su preferencia y parcialidad por los Trastámara, así como varios errores en la cronología y de personajes, que, conociendo estos datos correctos, no empequeñece su «hermoso y alto estilo» según Fernán Pérez de Guzmán.
Veamos las referencias a Villena, según el estilo del Canciller, en reinados, años y capítulos.
El príncipe don Pedro (futuro Pedro I de Castilla), charla con sus monteros y ojeadores. Libro de la Montería del rey de Castilla Alfonso XI.
REINADO DE PEDRO
AÑO 1350
Capítulo 1
Estando el rey Alfonso XI sitiando Gibraltar, sus caballeros le pidieron que levantara el asedio por motivo de la peste negra..., «e por don Juan Núñez de Lara, señor de Vizcaya, e don Ferrando, señor de Villena, fijo de don Juan e nieto del infante don Manuel».
Capítulo III
Una vez fallecido el rey por contagio de la peste, D. Fernando Manuel «e otros señores e maestres e ricos ornes, e caballeros que entonces estaban en el real, tomaron el cuerpo del rey, e fueron con él para Sevilla, pasando por Medina Sidonia».
Capítulo V
Los nobles del reino llevaron el cuerpo del rey Alfonso XI a Sevilla, posteriormente pararon en Medina Sidonia, que era una ciudad propiedad de su amante Leonor de Guzmán (madre de Enrique, conde de la Trástamara), entre ellos el señor de Villena, del que dice que... «don Ferrando, señor de Villena, sobrino de Juan Núñez (señor de Vizcaya), fijo de su hermana doña Blanca».
Capítulo VI
El nuevo rey Pedro I da el adelantamiento del reino de Murcia a D. Fernando Manuel, pero falleció a los pocos días:
«finó el dicho don Ferrando» y entregó el rey el Adelantamiento a D. Martín Gil, hijo de Juan Alfonso de Alburquerque, su valido.
Capítulo XI
A pesar de decir que D. Fernando Manuel había fallecido, López de Ayala dice que entre los fronteros (tropas de vanguardia en la frontera) contra los moros granadinos, con los cuales hizo después treguas, estaba en Castro del Río a don Ferrando, señor de Villena con los caballeros de Córdoba
Capítulo XII
El conde Enrique de Trastámara, hermanastro del rey, se casa por consejo de su madre Leonor de Guzmán con doña Juana Manuel, hija de D. Juan Manuel, aunque su hermano Fernando trataba de casarla con el rey D. Pedro o con el infante D. Fernando de Aragón, primo del rey.
Capítulo XIV
Este año murió en su tierra D. Fernando Manuel, dejando una hija que tuvo con su mujer doña Juana, que decían Despina, hija del infante de Aragón D. Ramón Berenguer, de nombre Blanca, la cual fue traída por mandato del rey Pedro I a Sevilla, falleciendo allí, según diremos más adelante, dice el canciller, y que sus tierras pasan al rey D. Pedro ... «e agora se llama el Marquesado, ca non dexara ningún otro heredero la dicha doña Blanca». 
AÑO 1351
Capítulo X
Explica López de Ayala como murió D. Nuño de Lara, señor de Vizcaya y que Doña Blanca, su hermana, se había casado con Don Juan Manuel, hijo del infante D. Manuel, por lo que el señorío de Vizcaya, perteneciente al linaje de los Lara y de La Cerda entroncaba con los Manuel, señores de Villena. (Los señores e incluso los reyes debían jurar los fueros bajo el roble de Guernica, pero los vizcaínos, no los vascos en general, con esto eran fieles al reino de Castilla, haciendo notar que las tierras de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa junto a la Rioja se separaron del reino de Navarra donde pertenecían, para pasar el reino de Castilla en los siglos XII y XIII, aunque los «nacionalistas», vascos se empeñen en engañar, negar y manipular la Historia).
Capítulo XVI
Por disensiones en las Cortes de Castilla, sobre le preeminencia entre las ciudades de Toledo y Burgos, recuerda López de Ayala que D. Juan Manuel en las cortes de Alcalá de Henares defendió a Toledo diciendo que fue y es cabeza de España
AÑO 1355
Capítulo V
Trata del combate de Colmenar de Ávila en el Puerto del Pico y dice que allí murió en el bando del conde Enrique de Trastámara «Fernand Sánchez Manuel, fijo de Sancho Manuel el mozo, que era fijo de D. Juan Manuel»,
AÑO 1356
Capítulo I
La reina María de Portugal, madre del rey Pedro I se refugió en el alcázar del castillo de Toro, en Zamora, «e con ella la condesa doña Juana de Villena, mujer del conde don Enrique».
Capítulo II
El rey Pedro I conquista el alcázar y pone en prisión a doña Juana Manuel, permitiendo a su madre que se exilie en el reino de Portugal.
AÑO 1357
Capítulo VI
El Cardenal Guillen, legado del Papa puso treguas entre los reyes de Castilla y Aragón (la guerra de los «Dos Pedros» entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, que se enmarca en la guerra nobiliar de Castilla y entra en el conflicto europeo de la guerra de los Cien Años y que trajo serias dificultades y ruina para el Reino de Valencia) por un año el día 8 de mayo, dejando el rey Pedro I en Tarazona a Íñigo López de Orozco, Mayordomo mayor de doña Blanca de Villena, entre otros por dicho motivo.
Capítulo. VII
Pedro Carrillo, miembro del bando Trastámara consigue llevar a doña Juana Manuel al reino de Aragón junto a su esposo el conde D. Enrique.
AÑO 1359
Capítulo V
Se reproduce en estas páginas el tratado de Torrellas del 8 de agosto de 1304 sobre la partición del reino de Murcia y la incorporación de Villena, Alicante, Elche, Orihuela, etc.: «que Guardamar, e Alicante, e Elche con su puerto de mar, e Elda, e Novelda, e Orihuela con todos sus términos segund que ataja el agua de Segura el regno de Valencia, fasta el mas soberano cabo del término de Villena, fincasen el rey de Aragón, quanto al señorío, pero quanto a la propiedad fincasen de don Juan Manuel . Y más tarde el tratado de Huerta del 26 de febrero de 1305 y que en la ciudad de Elche, representantes de Castilla y Aragón declararon la partición de esta manera: Que del soberano logar del término de Villena do parte termino con Almansa, e del susano lugar del término de Jumilla do parte término con Letur, e con Tovarra, e con Hellín, e con Cieza, que todos estos logares que son dentro en estos términos, fasta la tierra de Aragón, fincasen del dicho rey de Aragón, salvo Yecla, que fuese de don Juan Manuel con juredicción del rey de Castilla»
En la guerra de los Dos Pedros, el rey de Castilla reclamaba a la corona de Aragón las tierras conquistadas y anexionadas por Jaime II al Reino de Valencia en 1296.
AÑO 1360
Capítulo XXIII
Dice el canciller: «e este año morió en Sevilla doña Blanca de Villena, fija de Ferrando señor de Villena e de doña Juana Despina, e fincó toda su tierra en el rey, que decían la tierra de don Juan, e agora es llamada el marquesado».
AÑO 1363
Capítulo V
El rey Pedro IV de Aragón llegó a Valencia el 21 de mayo y estaba como capitán «el conde de Denia que decían don Alfonso, fijo del infante del Pedro, e nieto del rey don Jaymes de Aragón, que fue después marqués de Villena en Castilla 
Capítulo VII
El rey Pedro IV de Aragón manda matar en el Reino de Valencia a su hermanastro el infante D. Fernando, así como a Luis Manuel, hijo de Sancho Manuel y nieto de D. Juan Manuel.
AÑO 1364
Capítulo VII
A finales de año y después que el rey de Aragón se enfrentase a las tropas del rey de Castilla de dos mil jinetes y algunos caballeros en Orihuela, «e ese día puso el rey de Aragón su Real campamento may cerca del pinar de Villena; «e Martín López de Córdoba, e los jinetes llegarían a ellos; pero no los fallaron mal reglados como el primer día, ca los fallaron en mejor ordenanza, e non los pudieron empescer. E dende tornase Martín López para el rey de Castilla, e el rey de Aragón tórnose para Valencia, e dende para el regno de Aragón».
AÑO 1366
Capítulo VII
En la primavera de 1366 el conde Enrique de Trastámara se coronó rey de Castilla en la ciudad de Burgos «e dio a don Alfonso, conde de Denia del regno de Aragón, que venia con el, la tierra que fuera de don Juan, fijo del infante don Manuel, magüer pertenescía a la reyna doña Juana, su mujer del dicho rey don Enrique, que era fija legitima del dicho don Manuel, e mandó que le llamasen marques de Villena».
Capítulo XVIII
Don Alfonso de Aragón, marqués de Villena fue con el conde Enrique de Trastámara autoproclamado rey de Castilla, al cerco que por dos meses tuvieron a D. Fernando de Castro en la ciudad de Lugo, seguidor del rey Pedro I.
AÑO 1367
Capítulo I
A comienzos de año D. Alfonso de Aragón, marqués de Villena, rinde honores y pleitesías en la villa de Santa Cruz de Campezo, en los acuerdos entre el rey Carlos II de Navarra y el conde D. Enrique de Trastámara.
Enrique II de Castilla y su hijo Juan en una tabla atribuida al pintor Serra. El reinado de Enrique II, el primer rey del linaje Trastámara, estuvo jalonado de dificultades y de roces con sus vecinos peninsulares, dificultades que el nuevo monarca supo superar y vencer.
Capítulo III
El marqués de Villena y sus tropas se encuentran en la aldea de Añostro, en el condado de Treviño en tierras de Álava con el conde D. Enrique.
Capítulo VII
El marqués de Villena, junto a otros caballeros entablan una escaramuza contra tropas inglesas y gasconas al servicio del rey Pedro I en la aldea de Ariniz en tierras de Álava.
Capítulo. XII
El marqués de Villena cae prisionero del rey Pedro I, tras perder las tropas de Enrique de Trastámara la batalla de Nájera en tierras de La Rioja.
REINADO DE ENRIQUE II
AÑO 1378
Capítulo I
Tras la paz con Portugal, casó D. Pedro de Aragón, hijo de Alfonso, marqués de Villena, con doña Juana, hija del rey D. Enrique II (desde 1369 tras asesinar en Montiel a su hermanastro Pedro I, con la ayuda del jefe mercenario de las Compañías Blancas europeas Beltrán Du Guesclin, quien dijo aquello de «ni quito, ni pongo rey, pero ayudo a mi señor».
Capítulo V
D. Alfonso de Aragón, marqués de Villena, acompaña a las tropas de Castilla al mando del príncipe Don Juan, que van a enfrentarse este año al rey de Navarra, saqueando y destruyendo la comarca circundante de Pamplona y capturando el mes de noviembre la villa de Viana.
Tipos representativos del siglo XIV: el artesano y la mujer del pueblo, en un artesonado de la colección Myron C. Taylor, de Nueva York.
REINADO DE JUAN I
AÑO 1382
Capítulo 1
A principios de año, estando el rey Juan I de Castilla en el castillo de Zamora, hizo Condestable de Castilla a D. Alfonso, marqués de Villena.
AÑO 1385
Capítulo XV
El día 14 de agosto se produce la derrota de las tropas castellanas de Juan I en la batalla de Aljubarrota, frente a las tropas de Juan I de Portugal y entre los muertos de la nobleza se encontraba «don Pedro, fijo del marqués de Villena, visnieto legitimo del rey don Jaymes de Aragón». D. Pedro era legitimo marqués de Villena por cesión de su padre Alfonso de Aragón y padre, aunque no llegó a conocerlo, de D. Enrique de Villena, gran figura de la literatura castellana y valenciana.
AÑO 1390
Capítulo XII
El rey Juan 1 declara en las Cortes de Guadalajara que todos los pleitos de los señoríos se librasen ante los alcaldes ordinarios de la villa o lugar que era de donadío de señor o caballero, hasta que den sentencia y si la parte se siente agraviada, se apele al señor de tal villa o lugar, y si el señor no hace derecho y le agraviase que entonces pueda apelar al rey. Todo esto se debió a que el marqués de Villena después que el señorío del marquesado ovo el dicho marqués, non consentía que ninguna apelación de su tierra fuese al rey, nin a la su audiencia, nin consentía que carta del rey fuese en su tierra cumplida
Sello de plomo perteneciente al rey Enrique III 
(Archivo Histórico Nacional de Madrid).
REINADO DE ENRIQUE III
AÑO 1390
Capítulo I
Manda el marqués de Villena al consejo de Regencia de Castilla sus mensajeros para que le guarden todos los donadíos e gracias e mercedes y que le confirmen el oficio de Condestable de Castilla y el Consejo lo confirmó, pero el marqués no fue a jurar al rey Enrique III.
AÑO 1391
Capítulo I
El consejo de Regencia aprueba que el marqués de Villena sea consejero pero que no rija salvo estando en el estrado del rey. (Nadie tenía intención de seguir las instrucciones para la regencia del reino dadas en el testamento de Juan I).
Capítulo XXI
El conde D. Pedro demanda el título de Condestable de Castilla, pagado por 60.000 maravedíes, al Consejo de Regencia, siempre que el marqués de Villena, que lo poseía, no retornara a la Corte. Se le mandaron cartas por medio de Alfonso Yáñez Fajardo, Adelantado de Murcia, diciéndole que el rey estaba en Segovia, y sin excusa se presente a rendir pleitesía, negándose pues tenía otros planes para la regencia en convinencia con el arzobispo de Toledo.
Capítulo XXIX
La reina de Navarra, hermana del difunto rey de Castilla Juan I, en las cortes de Burgos pide se cumpla el testamento y que el marqués de Villena y otros cinco nobles actúen como tutor del rey, según se ordena.
AÑO 1394
Capítulo V
El marqués de Villena no firma las treguas con el reino de Portugal porque cuando «fueron tratadas e firmadas non le pusieron a él en el consejo, nin se lo ficieron saber».
Capítulo XV
Estando el rey Enrique III, en el mes de mayo en la población de Illescas, se presentó Alfonso de Aragón, marqués de Villena, con cien lanzas de caballeros e escuderos del regno de Valencia» y el rey le guardaría su honra, y oficio, y le devolvería el título de Condestable de Castilla si le acompañaba a la guerra contra el duque de Benavente, cosa que no hizo el marqués porque dijo que sus tropas sólo eran de acompañamiento y honores y no estaban preparadas ni guarnecidas para combatir, volviendo hacia Valencia.
Capítulo XXII
Más tarde el marqués de Villena dio su poder para jurar las treguas que se habían firmado con Portugal y el rey Enrique III de Castilla envió a un escribano al rey Juan I de Portugal, negándose éste a recibir el juramento por ser el término ya pasado y por tanto las treguas quebrantadas.
La anarquía e intrigas alcanzaron un nivel elevado en Castilla durante la minoría del rey Enrique III, que se solucionaron cuando éste accedió a su gobierno personal en 1394, favoreciendo a la nobleza segundona y debilitando el poder de las cortes, desposeyendo finalmente a Alfonso de Aragón del marquesado de Villena.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
- Pedro López de Ayala, Crónicas. Planeta, S.A. Barcelona, 1991.
- N. Salvado. «Literatura Medieval Castellana», Hª de España. Grupo 16. Vol. 10, Madrid, 1995.
- J.L. Martín, Crónicas del Canciller Ayala. Clásicos Universales Planeta. Barcelona, 1991.
- Historia de España. Salvat Editores, Vol, 7. Barcelona, 1989.
Extraído de la Revista Villena de 1998 

1968 PORTADA REVISTA VILLENA 1968

Foto... Miguel Flor. El moro es... Salvador Grau
Desde su primer número, las portadas de nuesta revista ha venido reproduciendo pinturas y grabados de diferentes artistas en algún modo ligados a la vida local. El malogrado Cortés, Menor, Rodes, González Santana y García Martínez (Alcover) dejaron en ellas muestras de su mejor arte. La tradición se rompe con la "foto" de Miguel Flor que en este número se reproduce, cuyas magníficas calidades justifican sobradamente la excepción que con ella se hace.

1962 EL AVIÓN DE IBERIA "CHAPÍ"

Iberia tuvo un avión con el nombre de Chapí. Era este Caravelle, que se entregó en febrero de 1962 y que tenía como matrícula EC-ARJ. Aquí lo vemos en 1971 en Manchester.
«En septiembre de 1960 Iberia firmó el contrato para la construcción de cuatro aviones Sud Aviation SE-210 Caravelle VI-R, que fueron entregados entre febrero y abril de 1962, bautizados con nombres de afamados compositores españoles: “Albéniz” (EC-ARI), “Chapí” (EC-ARJ), “Granados” (EC-ARK) y “Manuel de Falla” (EC-ARL), estrenándose en vuelos a las principales ciudades europeas. Los Caravelle fueron unos excelentes embajadores de la cultura española en Europa, pues llevaban rotulados los nombres de afamados compositores españoles.»
Nuestro paisano voló bien alto hasta la década de los 70, cuando los DC-9 y los Boeing 727 les dieron el relevo a los Caravelle.
Información cedida por… Nacho Grosso de Dolarea

2026 EL CASTILLO DE LA ATALAYA EN FLOR

2026 ARDILLA VILLENERA

Ardilla villenera en la pinada de Galbis

ADLYPSE PREMIO INVESTIGACIÓN Y TRANSFERENCIA AL VILLENERO ANTONIO MARTÍNEZ PUCHE 2026

ADLYPSE entrega el Premio a la investigación y transferencia a la sociedad en el marco del Desarrollo Local al villenero D. Antonio Martínez Puche. 
La Asociación de Personal Técnico en Gestión del Desarrollo Local – ADLYPSE ALICANTE en el Acto de clausura del XIX MASTER DE DESARROLLO LOCAL E INNOVACIÓN TERRITORIAL – DELEITE de la Universidad de Alicante, entregó el 26 de mayo de 2026 el Premio a la investigación y transferencia social en el marco del Desarrollo Local al catedrático de geografía humana de la Universidad de Alicante D. Antonio Martínez Puche. Es también codirector del citado Master Oficial.
En el acto se manifestó que gracias al Gabinete de Desarrollo Económico de Villena comenzó su trayectoria en el desarrollo local. 
En la actualidad, D. Antonio Martínez es un referente en investigación y transferencia de conocimientos en el marco del Desarrollo Local. Le avalan las más de 16 Universidades españolas, europeas y americanas en las que ha sido profesor colaborador o visitante. 
Cuenta con un amplio currículum profesional, académico e investigador, con más de 100 publicaciones académicas en revistas, que han versado fundamentalmente sobre desarrollo local. Además de los 4 libros y los 25 capítulos de libros publicados en los últimos 5 años. 
El premio fue entregado por el presidente, secretario y tesorero de ADLYPSE
Además de este premio anual individual, ADLYPSE ALICANTE 2026, también se entregó el premio a la candidatura colectiva – Entidades al MASTER DE DESARROLLO LOCAL E INNOVACIÓN TERRITORIAL – DELEITE que promueve la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, que fue entregado a la Vicedecana de Postgrado y Estudiantes Dña. Julia Sarabia Bautista.
Entrega del Premio al MASTER DELEITE – Universidad Alicante 

2009 ALMUERZO DE VETERANOS "GLEM"

Tradicional almuerzo de los jubilados de Grupo Glem (Riesma-Glem) en la "Garlopa" en la calle Cañada. Todos los años al menos una vez se reunen para almorzar y contar batallitas.De pie: José Mª Tomás, José Mª Hernández, José Gil, José Mª Tomás Micó, Santi Hernández, Antonio Ruescas, Pedro Sanjuán, Paco Tomás. Sentados: Paco Menor, Juan y Ramón Martínez, Pepe Jover, Paco "Caete". 19-12-2009

1942 CARTELERA DE CINE TEATRO CHAPÍ

Cedido por... Ana M.ª Ribera Maciá

CARTEL ROCÍO VILLENA 2026

Cartel Rocío Villena 2026
Obra de José Antonio López López

GRAN ÉXITO DE ROCK ANTÓN VILLENA 2026

Lo que comenzó como una nueva propuesta dentro de la programación del Barrio de San Antón se convirtió en una jornada de convivencia, música y encuentro entre vecinos, amigos y visitantes de todas las edades.
Por la mañana, los más pequeños disfrutaron de Peque Rock Antón, una actividad que nació con la ilusión de crear un espacio para las familias y que llenó la plaza de sonrisas, juegos y música.
Y por la noche llegó Rock Antón, con una respuesta que superó nuestras expectativas. 
La plaza se llenó de público para disfrutar de la actuación de Mimi & Los Trileros, en una velada inolvidable con el castillo de Villena como telón de fondo.
Nada de esto habría sido posible sin la colaboración de tantas personas, entidades y voluntarios que han trabajado para hacerlo realidad. 
Nuestro agradecimiento a todos ellos, especialmente a Crialia, a la Casa de la Cultura de Villena (KAKV), al Ayuntamiento de Villena, Colosseo Bar, y a quienes decidisteis acompañarnos y formar parte de esta segunda edición que esperemos que no sea a última. 
Las imágenes nos dejan una certeza: cuando un barrio se une, suceden cosas bonitas.
Gracias por hacerlo posible.
Nos vemos en el próximo Rock Antón. 

2026 BUTACA PARA LOLA HERRERA UNA GRANDE

Hemos tenido el inmenso privilegio de compartir unos momentos con Lola Herrera, acompañada por Natalia Dicenta y Carlos Olaya, tras la representación de Camino hacia la Meca en el Teatro Chapí.
Como muestra de admiración y agradecimiento a toda una vida dedicada al teatro, el Teatro Chapí ha querido rendir homenaje a Lola Herrera dando su nombre a una de sus butacas. Además, hemos tenido el honor de entregarle un collar con la arracada de Villena y de recoger su firma en el Libro de Honor de la Ciudad.
Gracias, Lola, por tu talento, tu ejemplo y tu cariño.
Información: Fulgencio Cerdán

30 may 2026

2010 LA FAMOSA DIANA DEL DÍA 7... "SANGERBATA"

a este acto le hemos llamado la "SANGERBATA"
FIESTA SI Y FIESTAS TAMBIÉN...

Somos un grupo de amigos músicos, tanto de la banda municipal como de la sociedad musical Ruperto Chapí, desde hace ya algunos años, y lo hacemos desinteresadamente, con el único objetivo de pasarlo bien con nuestros amigos.
VIDEO OFICIAL 1ª PARTE
   
VIDEO OFICIAL 2ª PARTE

2016 PREGÓN FIESTAS... JOSÉ FERNANDO DOMENE

Pregón del día 5 de septiembre que da inicio a las fiestas de Moros y Cristianos de Villena del 2016. Por José Fernando Domene Verdú. Historiador y apasionado conocedor de este tipo de fiestas populares.

1974 PLAZA DE TOROS DE VILLENA "SOLERA"

PLAZA DE TOROS DE VILLENA "SOLERA"
Producciones Artísticas Manuel Cano… presenta el formidable espectáculo SOLERA. ¡¡Galas de cante flamenco!! ¡Único! ¡Sensacional! ¡Diferente! con...
Antonio Molina, Las Paquiras, Antonio El Sevillano, artista invitada La Marelu, Curro de Utrera, Romero, Pastora y Currito, El Fary, colaboración especial de Amina. Guitarras… Lorenzo Aparicio, Antonio de Almeria, Antonio Heredia, Lisardo Montañés. 
Director Artístico y Presentador… Joaquín Romero - Representante en ruta… Antonio Ortega - Regidor… José Martínez - Maquinista... Luisita Capón - Luminotecnia… José Maribela - Amplificación… Marconi-Cañete
Cedido por... Grupo Glem

1962 UN TORO SALTÓ AL CALLEJÓN REPARTIENDO SUSTOS A DIESTRO Y SINIESTRO EN VILLENA

La cosa acaba de ocurrir en la Plaza de toros de Villena.
La cosa acaba de ocurrir en la Plaza de toros de Villena. Un toro —o un novillo, para ser más precisos— saltó al callejón y se dedicó a pasearse, repartiendo sustos a diestro y siniestro.
Y cuando ya parecía que iba a volver al redondel, «como era su obligación», el animal se fue hacia dentro e intentó ganar un corredor a través de una estrecha «gatera».
El cornúpeta quedó apresado, porque si bien pasó la cabeza, no pudo seguir adelante. Se quedó a la mitad del camino, con los ijares apretados, como si fuera en un cepo. Mientras más se debatía por salir, más difícil le resultaba escapar, porque le quedaba atrás la panza... Dio tiempo, naturalmente, a que el personal de servido cerrara las puertas, que hubieran permitido al toro ganar posiblemente la calle.
Intervinieron los toreros Manuel Benítez «el Cordobés» y «El Caracol», y solo después de muchos esfuerzos se consiguió liberar al animal de la «prisión» en que se había metido.
El toro volvió al redondel, y la lidia pudo continuar. Es lógico pensar que la res había sufrido duro quebranto en su forcejeo por escapar. Porque de eso sí que no hay duda: el novillo, de Villagodio —a esa ganadería pertenecía— estaba dispuesto a librarse de la «quema» como fuera.
(Reportaje gráfico J. Cerdá, exclusivo para EL RUEDO.)
Revista "El Ruedo" y cartel cedido por... José Cabanes Soriano
..... CONTINUAR... PASAR PÁGINA Pinchar en... (entradas antiguas)
Esta Web no se hace responsable de las opiniones de sus lectores. Todo el contenido es público. Usted puede copiar y distribuir o comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se indique la procedencia del contenido. No puede utilizar esta obra para fines comerciales o generar una nueva a partir de esta..
Web: www.villenacuentame.com
E-Mail:
villenacuentame@gmail.com