Cronología histórica de ciento veinticinco años de Moros Nuevos. Por: Antonio Azorín Juan.
Foto retrospectiva de los Moros Nuevos, que da ya la idea de la ampulosidad de esta Comparsa en sus inicios. (Foto Archivo tomada el 8-9-1886). Es difícil y resulta oscuro el fijar con exactitud la fecha de origen de esta comparsa, ya que son mínimos los datos, existentes al efecto, y nos tenemos que guiar por la tradición oral, transmitida de padres a hijos.
No obstante, sí podemos afirmar casi con certeza, que desde el siglo XVII se vinieron celebrando en nuestra ciudad fiestas de soldadesca, en honor de Ntra. Sra. M.ª de Las Virtudes, similares a las de otros lugares, en la que el pueblo acompañaba las romerías de su patrona, vestidos a la antigua española, efectuando salvas y disparos de pólvora, y que posteriormente, ya a principios del XIX, aparecen estos personajes ataviados con sus típicos trajes de labradores.
Es después, concretamente en 1840, cuando aparecen los primeros vestigios de lo que podríamos denominar «soldadesca de moros y cristianos», debido sin duda a la influencia ejercida por nuestra vecindad con Biar, en donde copiamos la forma de sus festejos. A esto coadyuda la controvertida teoría de D. José Zapater, quien señala que ya en 1843 se levantó en la Puerta de Almansa el primer castillo de embajadas, a iniciativa de los villenenses Clemente Sáez y Manuel Fita, donde al parecer se debieron celebrar las primeras escaramuzas, entre los antiguos caballeros villenenses, que se denominarían Cristianos y los componentes de la primera comparsa de Moros, copiada como digo de las fiestas de Biar, y que se debió de llamar Moros Turcos.
Volviendo sobre los Moros Nuevos diremos, siempre guiados por la tradición oral, que esta comparsa apareció en nuestras fiestas, siendo alcalde D. Joaquín Pérez Oliver, en el año de 1854, cuando un grupo de hombres, arrieros en su mayoría, quienes en sus largas andaduras y obligados por su ocupación, viéronse relacionados íntimamente a la ciudad de Alcoy, desde donde transportaban papel y paños a la vasta zona que conforma la Mancha y Extremadura, para regresar con sus jumentos cargados de lana, materia prima tan necesaria para la industria textil, base de la economía de la citada ciudad. Esto dio lugar a una interrelación de gran amistad entre nuestros paisanos y los laneros de Alcoy, quienes todavía hoy en día componen una comparsa, llamada en el dialecto valenciano «filá de la llana», por su relación con la citada materia prima, y por darse el caso de que el traje estaba compuesto en todas sus prendas por tejido de lana. De ahí que se pensase, por parte de nuestros paisanos, en la fundación de una comparsa en nuestra ciudad idéntica a la alcoyana, que se llamó en principio Moros Musulmanes, pero que posteriormente pasó a ser Moros Nuevos, para distinguirla de la de moros ya existente.
De los personajes que gestaron esta comparsa, y teniendo en cuenta de que se trataba de los arrieros del arrabal, no temo equivocarme al afirmar que eran, entre otros, los Hurtados, es decir PEDRO HURTADO MENOR, JUAN, PEDRO y ANTONIO HURTADO FERRIZ, junto con otros, entre los que se pueden citar a PEDRO CALOMARDO GARCIA (Periquín), LUIS GARCIA POVEDA, JUAN MENOR y MENOR (el tío Juan «El Cura»), BARTOLOME HERNANDEZ CATALAN, CRISTOBAL AMOROS y el cuñado de este último ANTONIO CERDAN. Lo que no se sabe ciertamente quién fue el primero que asumió las funciones de presidente.
Disponemos de un dato muy significativo. Es un arcabuz de cañón hexagonal convergente, en el que aparece nielada en plata una inscripción que dice así: «Hecho por Pedro Aranguren» (con un emblema de la real fábrica de armas) (y junto a una imagen de nuestra Patrona se lee) «Ntra. Sra. de La Virtudes venerada en la ciudad de Villena. Éibar año de 1860». Este arcabuz forma parte de un grupo de siete iguales, mandados fabricar por Juan Menor y Menor (el tío Juan «El Cura», con motivo de ser él en dicho año capitán de la comparsa de Moros Nuevos. Es de suponer que una comparsa que lleva ya varios años funcionando, es cuando se decide en hacerse armas, en este caso arcabuces de propiedad, pues se consideran ya consolidados dentro del ámbito festero.
En el primer programa de fiestas que se conoce, editado en 1884, siendo alcalde D. Francisco Sánchez Valdés, año en que se celebró el IV Centenario de la aparición de la Imagen de Ntra. Sra. La Virgen de Las Virtudes, aunque con diez años de retraso por causa de la situación política y sanitaria de la nación, se anuncian festejos del 5 al 10 de septiembre, ambos inclusive, nombrando como participantes de los mismos a los Moros Nuevos, quienes tuvieron ese año como capitán a Pedro Román y como Alférez a Juan García.
Nuestro primer documento gráfico corresponde a la fotografía que se publica en este artículo, que está tomada precisamente en el año 1886 en la posada de «La Macaria», hoy almacén de abonos de la Avda. de José Antonio, propiedad actual de D. Bartolomé Amorós Belda. Por la misma podrán observar lo nutrida que ya era la comparsa por aquellas fechas, lo que da una idea de la reciedumbre y antigüedad de la misma. Obsérvese que vestían el traje de lana, con pañuelo al cuello, manta al hombro, y como arma el arcabuz.
Por lo visto la característica de esta comparsa, por aquello de haber sido creada en su momento en un arranque de fanfarronería propia de jóvenes acomodados y displicentes, fue siempre la indisciplina, el abandono y la abulia, lo que por lo visto les hacía olvidarse de las fiestas, una vez pasadas las mismas, y lo que da lugar a una gran laguna de datos, que media desde 1886 hasta 1904, años en los que no se debió de dejar de salir, ya que ello hubiese supuesto la pérdida del puesto de orden en los desfiles, y así no ha sido, a pesar de ya existir la comparsa de Rifeños (hoy Marruecos), que es precisamente la que nos precede en dicho orden.
El único dato que tenemos del año 1890 es que en sus fiestas participó el primer cabo de escuadra oficial de la comparsa, y que fue Pepe Valiente.
Precisamente durante esos años aparecen datos de la primera mención que se hace de «La Mahoma» de Biar en nuestros festejos (1901), o de las primeras retretas de bandas de música en conjunto con las comparsas (1902).
Otro acto de los más bellísimos de nuestras fiestas. LA OFRENDA A LA VIRGEN. Creado en 1954 por los Moros Nuevos con motivo de su Centenario. (Foto Archivo) Es a partir de 1904, en el que era alcalde D. Joaquín Herrero Valdés, y en el que se creó el Batallón Infantil, cuando nuestra comparsa presidida por Francisco Esquembre, introduce la primera innovación en las fiestas, que luego sería imitada en años posteriores por las demás comparsas. Se trata de acompañar a La Virgen el día 8 en la procesión, a paso lento, con los arcabuces terciados y sin efectuar disparos como era costumbre hasta entonces. En el programa de ese mismo año se instruye a las comparsas para que al iniciar la marcha en la «losilla», a las 4 de la tarde del día 5, lo hagan sin disparar ningún tiro, lo que da a entender que quizás era anteriormente costumbre hacer la entrada realizando disparos de arcabucería.
Desde 1905 a 1907, preside la comparsa Antonio Valor Ripoll, quien entre otras cosas destacó por sus características e impronta de buen alcoyano. Es precisamente en 1905 cuando se crea la tradicional comida a los ancianos, que fue servida por los mismos moros y sus esposas en las mismas puertas del asilo, y el acto fue amenizado por la banda de música Primitiva de Alcoy, la que desde siempre venía con la comparsa. A lo largo de este escrito se verá cómo esta tradicional comida a los ancianos asilados, nunca dejó de darse, aun en circunstancias de años en que la comparsa no participó directamente en los festejos.
Hay datos que confirman que el Ayuntamiento concede una subvención especial a la comparsa de Moros Nuevos (1906), en atención al esplendor y el buen hacer que vienen desarrollando en las fiestas septembrinas.
Es de destacar que, desde el año 1907 al 1923, según datos de que disponemos, las bandas de música que venían a acompañar a nuestra comparsa año tras año, dieron desinteresadamente los distintos conciertos callejeros y oficiales que normalmente venían programando los Ayuntamientos.
En 1908, siendo alcalde Salvador Amorós, se dio como novedad una sesión de cinematógrafo en la calle de Joaquín M.ª López, que por cierto fue amenizada por la banda de los Moros Nuevos (Nueva Iris de Alcoy). Entonces presidía la comparsa Pedro Galipienzo Navarro (Caratorta), otro de los grandes cabos de escuadra de nuestra comparsa, a quien siempre acompañó la característica del buen humor. No obstante antes que él hubo otro cabo de escuadra, quien sin duda ha sido el mejor de nuestras filas, me refiero a José Martínez Navarro (Clavel), caracterizado por su barba permanente que sufría con paciencia, pues decía que le ayudaba a vestir mejor el traje, y que además fue el primero en sustituir el pantalón de lana por el actual de raso amarillo. Este año, y como cosa consabida no faltó la comida a los ancianos asilados.
La guerra de África y el desastre de Anual aconsejan suspender los festejos de 1909, por lo que no se conoce programa de fiestas. No obstante La Virgen fue traída a Villena, por lo visto en decisión de última hora de hacer festejos, pero quiso la fatalidad que al llegar la comitiva a la altura de la casa de Pepeta Amorós, surgiese un desagradable incidente, que obligó a la suspensión de los mismos, los que se celebraron al volver la tranquilidad, es decir, una semana después. Presidía aquel año la comparsa Sebastián Lidó Bravo.
Los años 1910 y 1911, en los que estaba de alcalde D. Luis García Catalán, fueron años muy malos para nuestra comparsa, presidida por Antonio Catalán Ballester, por lo que no participó en los festejos, sin por ello dejar de dar la comida a los ancianos del asilo. No obstante hay noticias de que en el año 1910, a últimas horas del día 4, se decidieron unos cuantos a salir y telegrafiaron a la banda de música, pero lo precipitado de la acción dio como resultado a que ésta llegase tarde y los Moros Nuevos tuvieran que desfilar detrás de los Cristianos.
Ante la necesidad de revitalizar la comparsa, se pensó como presidente en un hombre joven, dinámico y con gran empuje, nombrándose a Regino Arenas Marín (el médico), quien cubrió una etapa en nuestra comparsa de 7 años (1912 a 1918), años éstos no muy halagüeños, debido al período de la guerra europea, que aunque no afectaba directamente a nuestra patria, sí pesaba en el ánimo de todos, sobre todo de forma económica. En estos años se contrataron las bandas de música Primitiva de Alcoy (1912), Bocairente (1913), año éste en que ya aparecen las primeras normas y sanciones, por parte del Ayuntamiento, respecto al comportamiento en los desfiles. Los años restantes de este período amenizó nuestros actos y desfiles la banda de música de Muro.
Por estas fechas aparece como lugar donde se daba la comida a los ancianos, los salones del Artístico, lo que hace suponer que ya se venían dando desde años anteriores en estos mismos salones.
Es de destacar que en el año 1916 fue inaugurada y bendecida una nueva bandera, de la que fueron padrinos D. Alfonso Arenas Marín y la que luego fuese su esposa, Srta. Isabel García Lillo. El secretario de la comparsa era por aquellos entonces Juan Esquembre Hurtado.
Desde 1919 a 1924 hay otro período de 6 años, en los que nuestra comparsa se desenvuelve bajo la presidencia de Luis Coloma Jordán, auxiliado por su gran amigo Antonio Mora Tomás. Durante todos estos años se contrató a la banda de Muro. Igualmente no dejó de darse la comida a los asilados en todo este período, en los salones del Artístico (1919), en el mismo asilo los años (1920 a 1923), y en el Círculo Agrícola Mercantil (1923). Es curioso destacar que el año 1923, año de la coronación, la comida a los ancianos se dio el día 7, en lugar del 6 como es tradicional, ya que por ser dicho año, se había programado para ese día y hora un acto especial, La Procesión de Las Antorchas.
Durante catos años se introdujeron en nuestras fiestas, la fiesta de la Flor (1920), la de La Banderita, con el fin de recaudar fondos para nuestros soldados de África (1921), y la fiesta de La Corona, para recabar fondos para la corona de La Virgen (1922), año éste que por cierto, las fiestas duraron del 5 al 10 inclusive, por coincidir este último en domingo.
Al llegar el año 1925 la comparsa se nutre con un buen número de socios nuevos, la peña «el mosto», quienes se hacen cargo de la misma, primero bajo la presidencia de Antonio Mora Tomás (1925 a 1929), luego con la de Francisco Hurtado (Chaquetica) (1930 a 1933) y nuevamente con Antonio Mora (1934 y 1935).
Es de destacar la organización de esta peña, quienes ubicaron la sede de la comparsa en una de las dependencias del Artístico, donde se dice que incluso cada uno de ellos tenía su percha numerada para colgar sus atributos y pertenencias del traje de moro.
Durante este período de tiempo hubo dos años en los que la comparsa no pudo salir (1929 y 1933), sin que por ello se dejase de dar la tradicional comida a los ancianos del asilo, gracias a la labor de los directivos, que recabaron ayuda económica de todo el que pudo. Es de agradecer la ayuda que voluntariamente se obligó a darnos año tras año la casa Amorós, hasta tanto nos fue necesaria. La música que amenizó dichos años la comida de los asilados, fue la de la comparsa de Moros Viejos, que siempre y ya en todos los años en que se suscitó este mismo problema, estuvo desinteresadamente a nuestro servicio.
En los últimos días de fiestas del año 1929, se pidió permiso a la Comisión de Festejos para que, aun a pesar de no haber salido aquel año, se nos autorizase a desfilar el día 9 en la entrega de Capitanes, lo que se consiguió nuevamente con la ayuda de los Moros Viejos, evitando así perder el puesto de orden que nos correspondía en los desfiles.
Otra de las efemérides históricas de nuestra comparsa fue la del año 1928, en la que eran capitán Mateo Hurtado (Rendija) y alférez Jerónimo Hernández, y se instituyó la tradicional misa en el cementerio en recuerdo de nuestros difuntos, acto éste que sigue celebrándose año tras año.
Escuadra de "Chilabas o Rayaos actualmente "Escorpiones". Pioneros de este tipo do escuadras especiales en nuestras fiestas. (Foto Archivo. año 1.559) Por estas fechas aparece como cabo de escuadra Francisco Blasco García (Paco «el planchao»), serio y agradable a la vez, puntual cumplidor y entusiasta, en grado superlativo, en pro de la comparsa.
También en el año 1929 sale la primera escuadra de negros de la comparsa, que la formaron en su mayoría miembros de la peña «el mosto» y de la que fue cabo Gonzalo Palací.
Es curioso señalar que por los años éstos, se venía pagando de cuota anual la cantidad de 25 pesetas, es decir, igual a la que nos reflejan los datos de principio de siglo.
Acabada la guerra civil, concretamente en el mes de Abril de 1939, se reúne Regino Coloma Sebastián con Pedro Belando y juntos con el padre de Regino, inician una labor de casa en casa para reorganizar la comparsa, recabando ayuda de toda clase y sin faltarles la de los incondicionales que ya en otro punto se mencionan. Al fin consiguen poner nuevamente la comparsa en marcha, formando una directiva que es presidida por Luis Coloma Jordán. Es de destacar la labor realizada por estas fechas y en años posteriores por moros como Paco Clavel, Cirilo Azorín, Alfonso Esquembre, Francisco Velasco, etc., que juntos a los iniciadores de esta nueva etapa, antes mencionados, consiguieron reorganizar la comparsa.
Ya en el año de 1940 se hace cargo de la comparsa el inolvidable Regino Coloma Sebastián, quien la presidiría durante 14 años, es decir, hasta el año 1953. Hombre nacido entre sones de fiesta, pues nació el 7 de septiembre de 1902, y se dice que sus pañales ya fueron el traje de Moro Nuevo. que no ha dejado hasta que se marchó de entre nosotros. Sólo un año no se vistió en fiestas, por encontrarse en Buenos Aires, pero no por eso dejó de celebrarlo a su manera, poniéndose el traje allí mismo y dando lugar a un espectáculo insólito entre sus convecinos argentinos. Este presidente, que por sus virtudes festeras y humanas se hizo acreedor del máximo galardón instituido para testeros ejemplares, de los que hasta ahora sólo se han concedido OCHO, luchó denodadamente por la comparsa, tanto en labores de captación de socios, como en mecánicas o manuales, por muy desagradables que resultasen. Fue además de Presidente y directivo, capitán en 23 ocasiones y alférez en 24.
Una de sus primeras etapas como presidente fue la consecución de nuevos socios, labor que no fue infructuosa del todo. Es de destacar el fichaje en los primeros momentos del que siempre fue embajador de los cristianos, Antonio Tomás Conca (Candileja), al que luego años más tarde se le daría el nombramiento de Presidente de Honor de la comparsa. También durante la mitad de los años 40 se hizo una nueva captación de socios, pues la comparsa se debilitaba nuevamente, y entre la juventud del momento se consiguieron muchos afiliados, de entre los que se encuentra nuestro actual cabo oficial Pedro Peleo Llebrés.
De algunos años anteriores a esta época, también hubieron cabos de escuadra de excepción, pero casi todos ellos de pocos años de duración en el cargo o en nuestra comparsa. Entre ellos citaremos a Camilo Valor, Cristóbal Amorós, Luis Ruiz, Chimo Pérez, etc.
No obstante y coincidiendo con los años de la postguerra civil, tuvimos dos cabos de los que será difícil olvidarse, uno de ellos Paco Valor, quien con su altanera arrogancia e insolencia hacía vibrar la fibra más íntima de cualquier espectador. Él nos dejó para siempre, y desde ese más allá insondable nos alienta con su gran humor y espíritu festero. El otro es Paco Seguí, digo es porque sigue siendo un gran cabo, que la comparsa no debió nunca perder, primero por sus cualidades y segundo por ser descendiente de otro gran moro nuevo, su padre Enrique Seguí. Motivos que no vienen al caso dieron como resultado la separación.
Contraste generacional de Moros Nuevos, con el sempiterno antonomásticamente 'Sultán' Cirilo, acompañado en este caso por el gran Regino Coloma y una nutrida representación de nuestros continuadores. (Foto Archivo. año 1.966) De su período podemos destacar la creación de la primera escuadra especial, no de negros, que salía en Villena, que son los actuales «Escorpiones» (1959), aunque en principio se les llamase «Chitabas» o «Rayaos», que fue de un éxito indescriptible y obtuvo el primer premio. Esta escuadra siguió saliendo hasta 1963, y el cabo que la mandó fue Pedro Palao.
Nuestras madrinas durante esos dos años fueron las señoritas Mercedes Crespo Moreno y Soledad Cantos Várez, respectivamente.
Llegado el año 1960, se hace cargo de la comparsa como presidente Pablo Castelo Villaoz, hombre de transición, dadas las circunstancias económicas de la misma, pero siempre en línea de superación en desfiles y servicios. Nos representa como madrina ese año la señorita Fina Cabanes Conejero, quien tuvo la dicha, además, de ser elegida, en sufragio general, como Regidora Mayor de nuestras Fiestas, representándonos dignamente.
Se inicia un nuevo período de cinco años (1961 a 1965), bajo la presidencia de Antonio Tomás Conca, respaldado por una briosa directiva.
Es de destacar de este período el desfile que el 31 de diciembre de 1961, con motivo de la campaña de Navidad y Reyes, hizo nuestra comparsa con fines benéficos, y a resultas de una bien merecida victoria, en noble lid entre las distintas comparsas de nuestra ciudad que optaron a ello.
Durante esta presidencia nos representaron como madrinas las señoritas Emilia Mollá Pérez (1961), Elia-María García García (1962), Juanita Abellán (1963), Mari Flor (1964) y Carmina Cortés Micó (1965).
Es precisamente en 1964 cuando se crea otra nueva escuadra en nuestra comparsa, con boceto igualmente, tal y como siempre, de Vicente Rodes Amorós, «Los Balubas», que simultanearon ese año con los «Escorpiones», que seguían luciendo su primitivo atuendo, pero con una variante en la cabeza. Obtuvieron un rotundo éxito por el atuendo y el acompañamiento de un dromedario cabalgado por Julio Poveda y sus hijas, debidamente ataviadas. Al año siguiente simultanean nuevamente los «Balubas» y «Escorpiones», ambos con atuendos nuevos, consiguiendo el primer premio de este 1965 los «Escorpiones».
Sucede a Antonio Tomás en la presidencia Pedro Palao, que la ostentó desde 1966 a 1968, hombre muy discutido y controvertido, al que se le puede calificar en su cometido de audaz y atrevido. Dio situaciones de gran esplendor a nuestra comparsa.
En estos años fueron nuestras madrinas las señoritas María del Pilar Valero Costa (1966), María-Teresa Martínez (1967) y Virtu Valor García (1968).
Son de destacar en este período la iniciación de nuevo de la Cabila, en 1966 y 1967, en la placeta del cinema, y en 1968 en el solar de Avda. de José Antonio, número 88, donde ya empezaron a consolidarse. Igualmente, el desfile con nuestra comparsa de las Majorettes de Avignon (1968), y el año anterior, es decir, 1967, la banda de la XVI Fuerza Aérea de los EE. UU., venida desde Torrejón de Ardoz, que fue de un impacto impresionante. Las escuadras especiales de estos años fueron «Escorpiones» (1966), gran éxito y primer premio; «Escorpiones» nuevamente (1967), realizada en un tiempo récord de 22 días, con obtención de un nuevo éxito y también el primer premio; «Balubas» (1968), traje de gran vistosidad y colorido.
Comienza con Paco Zapater un nuevo período presidencial de dos años, 1969 y 1970, durante el cual demostró sus cualidades de hombre hábil y emprendedor.
Son destacables de esta época la creación de la Cena Homenaje a la Mujer en 1969, un acto más del que hemos sido pioneros los Moros Nuevos, y que ha servido de ejemplo para otras comparsas, que actualmente inician sus festejos con este acto, que casi se puede calificar ya como acto oficial. En cuanto a desfiles, se esmeró en perfeccionarlos, creando en la noche del día 6 de 1969 un ambiente oriental maravilloso, con la incorporación de un boato ornamental que fue centro de todas las atenciones, al igual que en la cabalgata del año 1970 con las Majorettes de Barcelona, las que no fueron ya de tanto éxito.
Las escuadras especiales de esos años fueron «Escorpiones» (1969), nuevo éxito y nuevo premio, y «Balubas» (1970), que por cierto hicieron parte del recorrido del día 5 sin turbantes, pues no habían sido terminados por la modista, y aun así, cuando llegaron éstos, a la altura de la calle del «hilo», faltaba uno, y hubo quien desfiló sin él, siendo el centro de todas las atenciones y comentarios.
Nos representaron como madrinas en estos dos años las señoritas Isabel-María Arenas (1969) y Mari-Carmen Azorín (1970).
La «Cabila» siguió funcionando en 1969 en el mismo local del año anterior, para pasar al año siguiente (1970) al lugar que actualmente ocupa, es decir, el huerto de Máximo. Los resultados ya empezaron a ser positivos.
Lo más destacable de este período fue la creación de un local social, que fue ubicado en el entresuelo del número 90 de la Avda. de José Antonio, gestado por un grupo de hombres que ansiaban para nuestra comparsa lo mejor, y así resultó, pues fue un lugar de esparcimiento y solaz para nuestros socios y amigos, dotado de todas las comodidades, pero que tristemente no perduró, y años después hubo de liquidarse definitivamente. Fue precisamente un mes y cuatro días después de su inauguración, concretamente el 7 de junio de 1970, cuando en dicho local se ofreció un homenaje de gratitud al moro ejemplar Regino Coloma. Posteriormente, el 15 de agosto de este mismo año, se procede a la bendición e inauguración de una nueva bandera, ya que la anterior había desaparecido misteriosamente después de las fiestas de 1969. De esta bendición fueron padrinos el niño Joaquín-Orlando Hernández Cerdán y las niñas Antonia y Basilisa García Pardo, celebrándose un vino de honor en los citados locales. Por último: y en estos mismos locales, la comparsa de Moros Nuevos toma nuevamente la iniciativa en la creación de actos nuevos festeros, convocando en ese mismo mes de mayo el que fue el primer Concurso de Pintura y Dibujo Infantil de temas festeros, que resultó sorpresivo por la afluencia de participantes y la calidad de los trabajos presentados.
Es de resaltar que a finales de 1969, y en un tiempo récord, pues hubo que hacer unos estatutos y reglamentación, se constituyó el organismo festero por excelencia, regido por festeros y que actualmente se llama Junta Central de Fiestas de Moros y Cristianos, del que fue primer presidente electo Alfredo Rojas Navarro, muy vinculado a nuestra comparsa, auxiliado por el entonces presidente de los Moros Nuevos, en su labor de secretario.
Al cesar Paco Zapater como presidente de nuestra comparsa, es elegido José Luis Valero Costa, quien, por causas fortuitas, se ve en la precisión de renunciar, dejando en el cargo a Ramón Martínez Payá, quien lo desempeñó durante 1971, saliendo bastante airosamente del problema.
Tradicional e Ininterrumpido Comida a los ancianos del asilo. Tributo y homenaje. creado por los Moros Nuevos, hacia los que ya hicieron su larga singladura por la vida. (Foto Archivo. Año 1966) Los desfiles fueron ya a tono con lo que viene ocurriendo en estos últimos años. Desfiló con nuevo atuendo la escuadra de «Escorpiones», con un traje maravilloso, pero hubo de repartirse el primer premio «ex aequo» con la escuadra especial de la comparsa de Moros Viejos. La Cabila siguió estando ubicada en el mismo sitio que el año anterior y siguió dando buenos resultados.
Nos representó en este año de 1971 como madrina de la comparsa la señorita María-Virtudes Hernández.
Rafael Ruiz Martínez, hombre conservador por naturaleza, que se propuso sanear económicamente la comparsa, y lo consiguió, fue el que presidió la comparsa durante el año 1972, liquidando lo que quedaba del poco exitoso local social y llegando a dejarla en inmejorables condiciones económicas.
Los desfiles siguieron, triste es decirlo, en la misma tónica en que se habían iniciado años anteriores, debido a la masificación de nuestra comparsa. No obstante, se destacó por su novedad la nueva escuadra especial, fruto también de Vicente Rodes, que se acogió a nuestros festejos con el nombre de «Massays».
Este año nos representó como madrina de la comparsa la señorita Natalia García Guillén, quien desempeñó su cometido a plena satisfacción y dio posteriormente muestras de haber quedado encantadísima.
La «Cabila», en el mismo sitio, con un éxito rotundo, que nos ayudó a conseguir la sanidad económica de que antes hablaba.
El cese voluntario de Rafael Ruiz llevó a una votación para la elección de nuevo presidente, cargo que recayó en Vicente Valero Costa, quien, por imperativos de tipo personal, se vio obligado a presentar la dimisión por escrito. Después de esto, fue elegido presidente Francisco-Alfonso Moya Soler, quien desempeñó el cargo dos años, 1973 y 1974. Fue un hombre trabajador y desinteresado, que trató con gran esfuerzo de llevar a la comparsa al ritmo que merecía, consiguiéndolo en su mayoría. Este moro, de origen alcoyano, con la característica especial de los festeros de su tierra, dirige también nuestras escuadras como cabo de gastador veterano y «sentaet», que dirían en el argot valenciano.
Son de destacar en estos años los desfiles algo más brillantes que en años anteriores. En los de 1973 participó de nuevo la escuadra de «Escorpiones», que, a pesar de llevar un bellísimo traje, no se hizo acreedora de ningún premio. En los de 1974 hubo todavía más formalidad, quizá por aquello de que era el V Centenario de la aparición de la Imagen de nuestra Patrona, desfilando como escuadra especial la de «Massays», quienes lucieron un buen atuendo.
Cabe señalar que en este último año, en el que, por cierto, acababa de celebrarse el 1 Congreso Nacional de Fiestas de Moros y Cristianos, nuestra comparsa, por sus desvelos y sacrificios, junto al buen hacer festero, fue merecedora del primer premio para su banda de música, la de Albalat de la Ribera; primer premio, igualmente, a la mejor ofrenda, consistente en unas bonitas andas para la procesión de romería de la Virgen, obra del gran artista Ernesto Navarro García, pero que tuvimos que compartir con otras dos comparsas que se hicieron igualmente merecedoras de tal galardón, y segundo premio en el desfile de la esperanza, por lo bien que lo hicieron nuestros pequeños, de quienes no nos estaría de más tomar ejemplo en alguna que otra ocasión.
Nos representaron en estos años como madrinas de nuestra comparsa las señoritas Natalia García Guillen (1973), quien gustosamente repetía su madrinazgo por el buen sabor de boca que tenía del año anterior, y Rosi Esquembre Clement (1974), que quedó entusiasmadísima, como todas las que han tenido la dicha de compartir dicho cargo con nuestros moros y con nuestra comparsa.
Las «Cabilas» de estos dos años fueron exitosas en todos los sentidos, aun a pesar del gran sacrificio que suponía y sigue suponiendo sus montajes, y eso que estaban ubicadas en el mismo sitio de los años anteriores.
Al cese como presidente del señor Moya, es elegido para el cargo Antonio Valero Costa, quien cubrió un período de dos años, 1975 y 1976, de los que cabe destacar lo siguiente:
En 1975, y durante la cena del día 4, se homenajeó en especial a la señora de Regino Coloma, quien tantos desvelos tuvo a lo largo de su vida en pro de los Moros Nuevos, e igualmente al eximio Paco Clavel, quienes, llenos de emoción, apenas pudieron articular palabras de agradecimiento. Igualmente se hizo con Cirilo Azorín, quien no pudo estar presente en el acto.
Aunque en esta comparsa ya desde hacía algunos años venían efectuando las labores de cabos de escuadra, sobre todo de las especiales, los moros Antonio Estevan Ruescas (Caracoles) y José Cortés Dolón, este año la comparsa da paso a un nuevo elemento, que nos sorprende con su buen hacer, quizá heredado en su sangre del que fue su abuelo Antonio o su tío Paco. Me refiero a Rafael Valor García, que Dios quiera, y así lo parece, sea lo que fueron ellos, que ya nos dejaron. Este mismo año nos acompañaron al funeral del cementerio, como ya lo hacían de antiguo, los Moros Viejos, con motivo de rendir tributo póstumo al que fue uno de sus mejores componentes, Antonio Navarro Gil («El Tito»).
La escuadra especial que nos acompañó este año 1975 fue la de «Escorpiones», pero con un traje de negro, diseñado por Rodes y modificado en el detalle de la cabeza por Jaime-Carlos Moreno Torres, la que pasó casi inadvertida, pues no hubo mucho acierto en la realización.
La noche del día 4 del año 1976, se rindió un homenaje especial al cabo de escuadra y gran Moro Nuevo Paco «El Planchao», que ya hacía unos años no salía en fiestas, pero que en atención a este detalle decidió salir un año más de cabo, cumpliendo así el 31 aniversario como tal. El día 5 desfiló al frente de una sola escuadra compuesta por los moros más veteranos de la comparsa; lástima que el desfile se desluciera a causa de un violento y sorpresivo chaparrón que nos cogió precisamente en mitad de la corredera. Es de destacar que, en el nombramiento de premios del día 9 de ese mismo año, le fue concedido el primer premio al mejor cabo.
Este año ya no pudo ponerse el traje nuestro entrañable Regino Coloma, que pocas semanas después de fiestas nos dejó para siempre.
Las ofrendas de estos dos años fueron obras maestras del ya mencionado artista y Moro Nuevo Ernesto Navarro.
Nos distinguieron con su madrinazgo en estos años las señoritas Virtu Hernández Alcaraz (1975) y Eloísa Moreno Díaz (1976).
La escuadra especial que formó durante los Festejos del año 1976 fue la de «Massays», con su cabo oficial al frente, José Cortés Dolón, y con un traje que llamó poderosísimamente la atención.
Llegamos a nuestros días, años 1977 y actual 1978, en que rige los destinos de nuestra comparsa José Jiménez Navarro, hombre mesurado y ordenado en su comportamiento, lo que le hace llevar un sistema de trabajo por comisiones bien definidas, pero sin cabos sueltos, tal y como debe ser característico de todo hombre de iniciativas modernas.
Las fiestas de 1977 se iniciaron bajo un prisma de incertidumbre, debido a la situación laboral existente en la industria predominante de nuestra ciudad, que, por cierto, era bastante conflictiva. Gracias a Dios, el asunto se solucionó en sus mismas vísperas, y se realizaron éstas con alguna tibieza y menos jolgorio que las de años precedentes.
El día 2 de septiembre de ese mismo año se ofreció en nuestra «Cabila», sita en el sitio de costumbre de estos últimos años, un concierto por la banda de Albalat de la Ribera, que vino especialmente para ello, y en cuyo acto se les ofreció un homenaje por parte del Ayuntamiento de nuestra ciudad, de la Junta Central de Fiestas y de nuestra comparsa, con entrega de obsequios, pergaminos y demás. Ya el día anterior se había dado en la misma «Cabila» una sesión de cine por nuestros especialistas en estos asuntos, Pedro Albuixech y José Luis Moltó, con proyección de la película festera de nuestra comparsa del año anterior. Igualmente, el día 3 se ofreció a nuestros socios y amigos una sesión de café teatro, que, por su contenido escénico y argumento, resultó algo polémica.
Sobre el fondo ciudadano de una Villena que se renueva, las escuadras do Moros Nuevos siempre a punto. Al mando del —Planchao— o del desaparecido Paco Valor, como en este caso, o bien do nuestros actuales cabos de escuadra (Foto Menor) Ya en el día 4, se efectuó, como de costumbre, la cena de homenaje a la mujer, representada en este caso, y en nombre de nuestra comparsa, por la señorita Juana Prats García, quien con su belleza y donaire dio una nota de esplendor a la noche.
Los desfiles siguieron la tónica de años anteriores de desconcierto creciente, causa de la masificación de la que ya he hablado anteriormente y de la que tanto se discutió en algunas de las sesiones del Congreso. Todo por falta de un mínimo de disciplina en nuestros moros jóvenes, motivada por un gran relajamiento en el principio de autoridad de esta directiva y las que nos precedieron. Más nos valiese que tomásemos ejemplo vivo de nuestros menores, que, año tras año, se superan en el desfile de la esperanza, lo que les dio opción al segundo premio.
La cena de los ancianos transcurrió, como siempre, llena de notas de humor, pero desfavorecida por la notoria falta de afluencia de moros a la misma, quizá motivada por la coincidencia con la guerrilla y embajada, que este año se prolongó mucho más al celebrarse por vez primera en el castillo de «La Atalaya».
La ofrenda este año se dedicó a objetos prácticos e imperecederos, destinados a distintos centros de beneficencia. Solapada y callada, pero efectiva y generosa.
La escuadra especial que acompañó nuestros desfiles de este 1977 fue la de «Escorpiones», quien nuevamente se hizo acreedora del primer premio.
También le fue concedido el primer premio de cabo de escuadra a Pedro Palao, quien ya lo había recibido en repetidas ocasiones.
La «Cabila», por el sistema empleado durante el verano, que nos la dejó de libre utilización de nuestras fiestas, resultó autofinanciada y rentable a la vez.
Sólo queda desear que estas próximas fiestas, que ya estamos tocando, sean un verdadero éxito, dada la circunstancia de ser el año 125 que nuestra comparsa forma parte de los festejos de nuestra ciudad. Por eso tengo puestas todas las esperanzas en esos jóvenes, alegres y bullangueros, quienes, presos de una euforia desmedida, a veces se tornan díscolos y dan lugar al deslucimiento de nuestros festejos y en particular de nuestra comparsa. En ellos confío. No defraudarnos.
Igualmente deseo un éxito a la escuadra especial que nos ha de representar este año, los «Massays».
Y cómo no, deseárselo también a la lindísima señorita que ha de ostentar nuestro madrinazgo en este año tan señalado, de la que espero un esfuerzo de ilusión y entrega, propios de una descendiente de Moros Nuevos, ya que se trata de Pepita Seguí Navarro, la que estoy seguro no nos defraudará.
Podría haberme hecho muchísimo más extenso en esta cronología, pero hubiese resultado exhaustiva, tanto en su trabajo como en su lectura, aunque se haya generalizado un poco, sin mucho matiz ni detalle, el lector interesado sabrá comprenderlo. De haber querido, se dispone de muchísimos más datos, desde extractos de cuentas antiquísimas hasta listas de miembros de la comparsa de finales de siglo pasado y principios de éste, con el importe de cuota y todo que pagaban.
Sólo me ha guiado el deseo de redactar, dentro de mi parquedad de expresión, un trabajo que en su día me fue encargado, con el que espero haberles complacido, y en el que me he permitido resaltar el orgullo que siento al saberme Moro Nuevo, es decir, miembro de una comparsa, que, como habrán podido comprobar, es y ha sido la pionera en la mayoría de los actos oficiales y otros particulares que se vienen celebrando en nuestros festejos septembrinos. Con ello quiero rendir nuevamente, como ya se hiciera hace 25 años, tributo al pasado, en nombre de los Moros Nuevos del presente.
Extraído de la Revista Villena de 1978
Obra de Pedro Marco Hernández