1952 PREGÓN DE FIESTAS Y EVOCACIÓN

1952 PREGON DE FIESTAS
Villenenses: Se acerca el día 5. Ello quiere decir que se avecinan las tradicionales Fiestas de Moros y Cristia­nos que desde años remotos se celebran en este Noble pueblo. En el Programa encontraréis fiestas y distraccio­nes para todos los gustos, ya que la Comisión de Festejos ha procurado esmerarse para ver si consigue le otorguéis vuestro aplauso. Estos días son de alegría y espero que así lo interpretaréis vosotros procurando hacer grata la estancia a las personas que nos honren con su visita para que se lleven la buena impresión y el convencimiento de que Villena es un pueblo culto, de profundas raíces ca­tólicas y que tiene a gala figurar a la cabeza de las ciudades amantes del Deporte y de las Bellas Artes.
Pido a la mujer villenense y, sobre todo, a ese jardín de flores que forma toda la juventud de bellísimas mu­chachas que sois el orgullo de nuestro pueblo, que vestidas de las mejores galas os lancéis a la calle para animar con vuestra simpatía todos los actos, ya que tengo la seguri­dad de que con vuestra graciosa y saladísima presencia, proporcionaréis a propios y extraños el mejor recuerdo de estos días.
A pesar de que el programa está lleno de festejos cívi­cos, quiero recordaros que tan solemnes fiestas se celebran en Honor y Gloría de Nuestra Patrona María de las Vir­tudes, y por lo tanto, sin dejar de divertirse (pues para to­do hay tiempo), hacia Ella debéis diri­gir todas vuestras plegarias, y ya que tenemos el honor de tenerla estos días entre nosotros, procurar hacerle bue­nos ratos de compañía para que nos prodigue su Divina sonrisa colmándo­nos de salud y bienestar.
No quiero terminar sin haceros un ruego: ACORDAOS DE LOS PO­BRES y aumentad en estos días la vir­tud, tan arraigada en vuestros corazo­nes, de la CARIDAD, para que tam­bién los necesitados se sientan alegres y contentos de vivir estas fiestas que tan solemnemente conmemoramos. ¡VIVA LA VIRGEN DE LAS VIRTU­DES! ¡VIVA VILLENA!
Vuestro Alcalde
José Rocher Tallada

1952 EVOCACIÓN
Por Ricardo Guillén Yáñez
Presidente de la Comisión de Festividades, Música y Feria del M.I. Ayuntamiento.
CUANDO el verano inicia su retirada, sentimos cerca los mejores días del año. Su influjo nos llega traducido en el natural alborozo de nuestros corazones, inquieto el espí­ritu por su cercana presencia. El fin de jornada, de la jornada de todo un año de queha­cer que nos compensa de la áspera labor. Cómputo local del tiempo. Cinco días esplén­didos y maravillosos, inspirados por la fe religiosa de un pueblo que ama a su Madre, dentro del marco armonioso de luz y color, alegría y belleza, simpatía y gracia, casticis­mo y solera, de unos festejos nacidos de la epopeya, de la leyenda, de los episodios de nuestra historia y que nos ha entregado como preciado tesoro la tradición para ser conso­lidados al ritmo de nuestra época.
¡Mágicos días de nuestras septembrinas fiestas! Ellos obran el prodigio de reavivar nuestra memoria. Con sus efluvios, vuelven a nosotros los días pasados, ya lejanos, de nuestra infancia, de nuestros juveniles años. Bajo su ensueño, nos parece ver desfilar el tiempo en gigantesca pantalla cinematográfica. Vuelven los personajes más típicos a reencarnarse en la fiesta. Los recuerdos se incrustan en la tristeza de la ausencia de nues­tros seres más queridos. De la lejanía nos llega ese misterioso mensaje que lo mismo nos hace esbozar una sonrisa que sentir en el rostro y en los labios el salobre de la lágrima que resbala por nuestra mejilla.
Al correr el tiempo, esos días efímeros y a la vez brillantes, van impregnándonos de un nuevo grato sabor. Vamos como haciendo nuestros pequeños descubrimientos. Son tan diversos y presentan a la vez tan diferentes matices que no es posible en un solo año, apreciar y sentir con la misma intensidad emotiva los distintos actos de nuestras fiestas.
***
Aquella vez ... Caminábamos pausadamente hacia las afueras. Íbamos a recibir a la Virgen, a la Morenita de nuestros amores. Lento el paso, quizá por el cansancio produci­do por el ajetreo de la tarde, cruzábamos entre la estruendosa arcabucería de las com­parsas. Regocijábase nuestro ánimo con la dulce presencia de la Reina del Cielo. Elevába­mos hacia las alturas nuestra mirada, para quedar extasiados: ¡Millares de luces multico­lores ascendían al firmamento en la noche! El estridente silbido de los cohetes, se mezcla­ba con el ensordecedor estrépito de la traca y se unía al incesante sonar de las bandas de música. La alegría y animación subían hasta su punto culminante y nosotros, sencilla­mente maravillados, encontrábamos en el fondo de los propios pensamientos avenirse todo con el sentimiento religioso que llenaba nuestra alma, excitándolo y sublimándolo en vez de debilitarlo.
Ya era delectación el luminoso espectáculo cuando, entre el bullicio, notábamos se excluía nuestra distracción y olvido de lo eterno por lo sensible para quedar aislada, arrolladora, la exaltación espiritual de nuestra devoción mariana.
Revista Villena 1952
Cedida por... Elia Estevan

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