1991 HISTORIA DE LA ENCINA Y SU ESTACIÓN

Historia de La Encina y su estación.
Francisco Esteve y José Luis Esparcia

AGRADECIMIENTO
El presente trabajo no se hubiera podido realizar sin la valiosa colaboración de las siguientes personas que nos han proporcionado documentación de especial interés: Rafael Cantó Cantó, José Cantos García, Luis Esteban Bolinches, Dionisio Fernández, Marcial García Esteve, losé Gassó Jorques, José Grande Requena, Ana Hernández, José Lorente, Pedro Más Guereca, Juan Molina Morán, Antonio Palau, Francisco Plana Molina, Alfredo Rojas y Pilar Sanchis.
A todos ellos —y a todos los que hayamos podido olvidar— nuestro más sincero agradecimiento.
Historia de La Encina y su estación.
©Francisco Esteve Ramírez, José Luis Esparcia Edita: Mesidor. Ap. 151.001. 28080 MADRID Dibujo Portada: Iglesia Parroquial, por Juan Esparcia. Foto contraportada: Vigila panorámica de La Encina. Depósito Legal: M-23897 ISBN:84-404-9502-1
Madrid, junio 1991.
Edición bajo el patrocinio del M.I. Ayuntamiento de Villena
UNA RETROSPECTIVA DE LA ENCINA
La Encina, barrio de Villena, surge como consecuencia de la paulatina implantación del ferrocarril en nuestro país. Como una vez dijo un viejo ferroviario encinense "El ferrocarril levantó La Encina y el ferrocarril la hundirá." Con la llegada hasta nuestras tierras de este vehículo de transporte, se establece un nudo de comunicaciones en el enclave que posteriormente sería conocido como La Encina. El principal causante de su misma existencia, de su supervivencia, es el tren. Todo lo relacionado con él será el motor que impulse la vida de las personas que allí habitaron, y aún lo hacen, desde que se creó la primera línea que unía Madrid con la costa del Mediterráneo por el sureste.
En el libro que tenemos entre nuestras manos, fruto de un arduo trabajo de investigación, los autores nos proponen una visión retrospectiva del espacio físico y de los habitantes que poblaron lo que vendría a ser un populoso barrio de nuestra ciudad.
En un siglo y en un cambiante medio social, cuando todavía nuestro país se extiende desproporcionadamente en cuanto al número de habitantes a lo largo de nuestra geografía, alrededor de un núcleo con un claro origen social, económico y político en la revolución industrial y dentro de lo que ha sido siempre una zona fronteriza, surge un pueblo en un enclave a La Mancha desde el río Vinalopó y acceso natural que comunica el Mediterráneo con Andalucía y Extremadura.
Todo ello era ya conocido tanto por los romanos como por los árabes, quienes aprovecharon las condiciones naturales del medio para construir las vías que permitirían el acceso a la Meseta. Aparecen así la calzada romana y el camino real. Todo ello se completa modernamente con la aparición de la carretera nacional 330 que enlaza Madrid con Alicante, así como el kilómetro 0 de la línea férrea La Encina-Valencia.
Parece claro que la gran importancia de este enclave radicó en ser un importante nudo para la comunicación entre los pueblos. Tanto La Encina, como el resto de la comarca que la rodea, no es un lugar habitado tardíamente y por razones económicas, sino que tiene una larga historia como hogar, durante milenios, de los pueblos que han morado la Península Ibérica, desde la Prehistoria, pasando por los Íberos, romanos, visigodos, árabes y, por último, los castellanos. Tras las distintas distribuciones administrativas del territorio de España, La Encina se encuentra incluida en la provincia de Alicante, lo que la hace ya, formar parte de la Comunidad Valenciana.
La barriada, propiamente dicha, surge alrededor de lo que fue una venta. La posterior construcción de las instalaciones ferroviarias hace que aumente el número de su población. Poseía la estación de La Encina la placa giratoria de cambios más grande de España en su momento, superadas tan sólo por la de la estación de Teruel. Pero la evolución técnica, mucho más mecanizada, hizo cada vez menos necesaria la mano de obra, causa esta de que la población fuera en descenso paulatinamente.
Se puede apreciar, a partir de los datos que nos proporcionan Francisco Esteve y José Luis Esparcia en su estudio, una clara involución demográfica, proceso lógico del devenir de una comunidad que surge por la necesidad de un determinado progreso económico e industrial. Este primer paso da pie a innovaciones en el proceso de producción y en la maquinaria a emplear, lo que es el punto de partida para que muchos de los trabajadores que se habían ido empleando en el mantenimiento de las líneas del ferrocarril comiencen a ser sustituidos por los ingenios mecánicos, empezando así el retroceso en la población estable de La Encina.
El libro, en definitiva, supone un repaso a la vida cotidiana de los encinenses, ciudadanos de Villena: sus celebraciones festivas, los servicios de que fueron disponiendo (médico, cura, maestro, etc..) y los que aún permanecen... hasta llegar a nuestros días, en la que la relación fundamental se establece con el Ayuntamiento de Villena, una vez que la empresa RENFE ha realizado diversas obras de acondicionamiento en este lugar. El municipio, como ocurre con la zona periférica, dirige sus esfuerzos y sus recursos a ir mejorando las condiciones de vida de este núcleo. Desde el alcantarillado, la canalización del agua potable el alumbrado público, son las obras que se han realizado con la generosidad del resto de los villeneros. Los que pensamos que La Encina forma parte también de nuestra Historia local creemos que debemos persistir en estas mejoras. A ello se puede contribuir con actuaciones colectivas o con aportaciones individuales al conocimiento de las raíces de un pueblo. Una parte de ellas están ahora impresas en este volumen. Con ellas, sin duda, se viene a completar el hueco que había sobre el origen de un barrio de Villena.
Salvador Mullor Menor Alcalde de Villena
"La Historia de La Encina y su Estación" recoge los principales acontecimientos que han configurado la vida de esta pequeña población situada en la puerta de "la Casa de la Primavera" y en uno de los principales cruces ferroviarios de España. La Encina representa un ejemplo típico de aquellas poblaciones que han surgido por exigencia de la revolución industrial —en este caso el ferrocarril— y luego han sucumbido a causa de la renovación tecnológica.
Sin embargo, Francisco Esteve y José Luis Esparcia pretenden, a través de esta obra, rescatar el recuerdo histórico de esta barriada para que su memoria no se esfume como el fugaz humo de sus trenes.
Este libro es un homenaje a todas aquellas personas que vivieron y trabajaron en esta localidad, y aquí tuvieron quizás sus mejores experiencias y recuerdos, entre el rumor incansable de sus trenes y entre el agridulce humo de las últimas máquinas de vapor.
Extraído del libro Historia de la Encina y su estación, de Francisco Esteve y José Luis Esparcia, editado en 1991.

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