1980 ESTUDIO ECOLÓGICO DE LA SIERRA DE SALINAS

ESTUDIO ECOLÓGICO de la Sierra de Salinas
por: Antonio MIQUEL VIZCAINO
Debido a la situación geográfica, clima y altitud (vértice geodésico, está emplazado en la denominada Capilla del Fraile con una altura aproximada de 1.237 m. sobre el nivel del mar), la Sierra de Salinas posee una serie de valores ecológicos dignos de un estudio detallado.
Atendiendo a la vegetación potencial (vegetación que existiría sin la intervención humana), la Sierra de Salinas tendría una serie de estados climáticos que variarían con la altitud, exposición, factores edáficos, etc. Estos estados serían los típicos de la vegetación mediterránea con la excepción del Oleo-Ceratonion (maquia o matorral de palmito —Chamaerops humilis— y acebuche —Olea europea var. oleaster—) que no suele alcanzar los 500 metros de altitud; no obstante pueden verse algunos elementos típicos de esta comunidad en las zonas más bajas y soleadas.
Sí que debió de estar bien representado el bosque de Quercion ilicis (encinares térmicos) mezclado con Quercion rotudifoliae (encinares más continentales) ya que su óptimo está en los 1.000 metros de altitud aproximadamente.
El pino carrasco (Pinus halepensis) subiría hasta los 700 metros de altitud; aunque en ciertas condiciones podría subir bastante más. De cualquier forma su presencia sería más discreta y no tan masiva como lo es actualmente.

A partir de los 1.000 metros de altitud aparecerían comunidades de Quercion valentinae con Quercus valentina (roble quejigo), Pistacia terebintus (cornicabra), Smilax aspera (zarzaparrilla), etc. Estas comunidades podrían bajar de altitud en zonas abrigadas (barrancos, umbrías, etc.).
Las zonas de mayor altitud estarían representadas por el orden Erinacetalia, formado por una matorral con formas almohadilladas y espinosas como medio de defensa contra las adversidades climáticas.
Esta flora anteriormente descrita aún existiría si no fuese por una serie de impactos negativos acaecidos sobre la sierra, la mayoría de ellos antropógenos, entre ellos tenemos:
—La tala de encinas, perseguidas desde tiempos ancestrales para la utilización de su madera en carboneras (debido al gran poder calorífico de ésta), lo que ha favorecido a la expansión del pino carrasco; ya que mientras que la encina tiene un crecimiento muy lento, el pino crece muy rápido. Esto lleva consigo una mayor probabilidad de incendios en la sierra (pesadilla actual de todos los montes mediterráneos); ya que la encina mantiene un cierto grado de humedad debajo de ella (aun en la época de sequía, estival) y que por lo tanto es muy resistente al incendio, el pino por lo contrario es una planta muy pirófita (debido a sus resinas y piñas muy combustibles) y por lo tanto favorece al incendio.
—Transformación de zonas forestales en tierras de cultivos.
—Pastoreo abusivo.
—La tala y repoblación tan abusiva a que está siendo objeto el bosque de pino actualmente, con lo cual se produce una erosión en las laderas de gran pendiente y un impacto más grave todavía que es la desaparición de la fauna típica de ese bosque.
—El gran problema actual, que es el de los incendios que arrasan toda la cobertura vegetal, llevando consigo toda una serie de consecuencias no gratas para la sierra.
Debido a toda esta serie de impactos, presenta una serie de zonas que van desde las más degradadas, como son los tomillares, hasta el climax de la vegetación mediterránea (encinares) pasando por los brezales y matorrales, dominados por brugueras (Erica multiflora), romeros (Rosmarinus officinalis), aulagas (Ulex parviflorus), coronillas de rey (Globularia alypum), etc.
Existen además una serie de áreas muy interesantes con una flora de un alto valor naturalístico, debido a su rareza, no sólo en esta sierra, sino en la provincia de Alicante. Entre estas plantas tenemos el roble quejigo (Quercus valentina), el Boj (Buxus sempervirens), el mostajo (Sorbus aria), Cistus lurifolius, Hieracium mariolense, Viola tricolor ssp. arvensis, Halimium atriplicifolium, etc.
Todas estas características nos lleva a pensar en la idea de hacer un Parque Nacional (cosa que tiene en proyecto o en marcha la mayoría de las comarcas del País Valenciano) con una serie de actividades:
—Resguardar las zonas más interesantes desde el punto de vista naturalístico.
—Tomar una serie de medidas orientadas a ayudar la regeneración de las zonas más degradadas, intentando acelerar la progresión hacia estadios más avanzados.
—Hacer una serie de áreas recreativas con infraestructuras (merenderos, campos de deportes, etc.) en las zonas donde este tipo de impactos no sea muy negativo.
—Crear zonas de recreo sin infraestructuras para que los visitantes puedan descansar y disfrutar de la naturaleza.
—Crear una serie de áreas culturales (con sendas, indicaciones, etc.), que sirva de estudio para los colegios, Instituto, etc.
Todo esto nos llevaría a tener en Villena una zona que sirviese para entretener el ocio, estar en contacto con la naturaleza con una serie de medios para estar en buenas condiciones, etc., es decir, que fuese una zona que nos sirviera a todo ciudadano para escapar de la vida urbana y también para tener en el municipio una reserva natural.
De todas formas, cabe decir que, tanto si se hiciera o no un parque natural, deberíamos responsabilizarnos y mimar a esta sierra como si fuera nuestra.
Extraído de la Revista Villena de 1980

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