1977 NOTAS SOBRE LA VILLENA MUSULMANA

Notas sobre la Villena Musulmana
Si la Prehistoria y Protohistoria villenenses son ya aceptablemente conocidas, no sucede lo mismo con el período visigótico. del que nada sabemos, ni con la época musulmana, apenas estudiada hasta el presente. Esto es lo que nos movió a realizar excavaciones en el castillo de la Atalaya durante los meses de verano de 1975 y 1976. Los resultados están aún en período de elaboración, pero podemos adelantar que van a ser de extraordinario interés y no sólo para nuestra comarca. Veamos muy someramente el estado de la cuestión.

Vasija pintada en negro y esgrafiada del castillo de la Atalaya.

EL TERRITORIO DE TEODOMIRO
En el año 711 se libró la batalla de Uadi Lakka (Guadalete) que dio el triunfo al emir Tarik sobre don Rodrigo. Poco después, Muza. émulo de Tarik y envidioso de sus triunfos, desembarcó en Algeciras y con gran rapidez avanzó hasta Sevilla y Toledo. Pero las victorias no aplacaron las rencillas, y ambos caudillos fueron llamados a Damasco por el Califa.
Quedó de emir en España un hijo de Muza, llamado Abd-Al-Aziz, quien, en el año 713, venció a las gentes de Orihuela y firmó un generoso pacto con Teodomiro en el que se reconocía al noble godo como jefe de una comunidad dependiente del Califa oriental.
En el original de este famoso tratado se nombran siete ciudades, una de las cuales, escrita B.L.N.T.LA, con la fuga de vocales propia de la escritura islámica, ha sido identificada con Villena por prestigiosos autores, aunque haya algunos otros que discutan esta reducción. El francés Pier Guichard, uno de los más notables arabistas actuales, dice que, estando Valencia semidesierta y su territorio ocupado por bereberes hostiles al emir de Córdoba, los árabes de la «kura de Todmir» tenían en Villena un avanzado puesto de defensa que dominaba el paso por el valle de Montesa, camino de penetración para la llanura valenciana.
Si esto es así, y más razones hay para afirmarlo que para negarlo, los musulmanes estaban ya instalados en Villena a mediados del siglo VIII.
ALFONSO VI Y EL CID CAMPEADOR
Otra fecha segura en la historia musulmana de nuestra ciudad es la del año 1089. Tras la invasión almorávide, ocurrida en 1086, y la derrota de Alfonso VI en Sagrajas, los cristianos continuaron poseyendo, al nordeste de Lorca, la magnífica fortaleza de Aledo, que tenía en permanente alarma a toda aquella comarca. El rey de Sevilla, después de varios intentos para dominarla, hubo de pedir ayuda al emir Yúsuf. jefe de los almorávides, quien desembarcó en Algeciras por el mes de junio de 1089 y. unidas sus tropas a las de los reyezuelos aliados, pusieron sitio a la fortaleza.
El Cid Campeador, que descansaba en Requena tras la sumisión de Valencia, recibió carta del rey Alfonso para que le acompañase a pelear con Yúsuf y a socorrer al castillo de Aledo. Rodrigo levantó el campo y, ya en Játiva, recibió nueva misiva del Rey en la que le ordenaba esperarle en Villena, por donde seguramente pasaría. El Cid prefirió acampar en Onteniente, aunque puso vigías en Villena y Chinchilla para que le avisasen la llegada del Monarca. Pero éste, en lugar de pasar por Villena como había anunciado, bajó por Hellín hacia el valle del Segura. No pudo el Cid alcanzarle ni hallarse presente en la defensa de Aledo, y el Rey tardó mucho en perdonarle lo que los enemigos del gran guerrero le achacaban como traidora defección.
Todo esto se relata en la «Historia Roderici». crónica anónima escrita en latín hacia el año 1140. Lo que no queda clara es la facilidad que tenían los cristianos para corretear impunemente por estos parajes. Puede pensarse en que los musulmanes fueran por entonces amigos o feudatarios del Cid, como los de tantos otros pueblos de la región.
EXPEDICION DE LOS ALMOHADES
El historiador andaluz Ibn Sahid Al-Sala, que escribió la única monografía conocida del imperio almohade, relata en ella día por día la expedición del califa Yúsuf por tierras levantinas, y afirma que. el 10 de agosto de 1172, el Califa entró en Játiva: el domingo, día 12, acampó en el castillo de Villena, y siguiendo por Aspe, Elche y Orihuela, entró en Murcia el jueves, día 17.
Es, pues, seguro que, en agosto de 1172, estaba ya edificada nuestra principal fortaleza, aunque falta por aclarar si cuando los autores mencionan sin más el «castillo de Villena» se refieren al de la Atalaya o al de Salvatierra, que suministra materiales arqueológicos más antiguos que aquél. Hay que pensar, no obstante, que Salvatierra es un castillo roquero, poco apropiado para que acampase un gran ejército como debía de ser el que acompañaba al Califa almohade. Por otra parte, hay en el de la Atalaya detalles constructivos que abogan por una gran antigüedad, como son las bóvedas nervadas de la torre, que forman un polígono estrellado que abarca el espacio total, como en sus viejas congéneres cordobesas, mientras que las de tiempos posteriores, tienden a reducirse y a concentrarse en el casquete superior. El castillo de la Atalaya puede, en consecuencia, hundir sus raíces en el siglo XI.
IBN SAID AL-MAGRIBI PIROPEA A NUESTRA CIUDAD
Se trata de un autor del siglo XIII, también andaluz, que escribió una obra geográfica titulada «Al-Mugrib fi huta Al-Magrib», editada en El Cairo por el Dr. Dayf en 1953 y reeditada recientemente, en lo que se refiere a Villena, por Jaime Crespo Giner, en la revista del Instituto de Estudios Alicantinos. Bajo el epígrafe de «El libro de los beneficios acerca de los adornos del reino de Tudmir», hay siete capítulos, el último de los cuales dice lo siguiente, según la versión de Crespo Giner: «El libro de la ductilidad acerca de los adornos de la ciudad de Villena, ciudad bella de aspecto, poseedora de agua y de jardines, en el Norte de Murcia».
Añade luego que de Villena es Abu-l-Hassan ibn Sulayman, escritor que poseía en ella bienes heredados y que llegó a ser emir de Murcia, en donde habitó y aumentó su poder.
Esta cita del autor musulmán es interesante por muchos conceptos. Nos confirma que Villena seguía perteneciendo a la «kura de Tudmir» todavía en el siglo XIII, y nos informa acerca de un ilustre villenense cuya fama había rebasado los límites de su pueblo natal.
No puede causarnos extrañeza que Villena fuera en aquellos tiempos abundante en aguas porque siguió siéndolo hasta principios de nuestro siglo. Recordemos que, en 1369, el marqués don Alfonso ordenó entregar nuestras aguas sobrantes para que las utilizaran los vecinos y moradores del valle de Elda; y que, todavía en 1493, se ofrecieron las de la Fuente del Chopo y las del Carrizo Blanco para que las bebieran los moriscos establecidos en aquel valle. Más sorprendente resulta el comprobar que, poco antes de la Reconquista, fuera Villena una ciudad «bella de aspecto» quizá por los jardines que poseía. En este punto, sí que fueron mejores los tiempos pasados, porque de la abundancia de aguas nos queda todavía el recuerdo, pero de los jardines, ni eso.
LA RECONQUISTA Y LOS MORISCOS
Desde mediados del siglo XIII, las fuentes históricas son ya abundantes y permiten establecer esquemas cronológicos como el siguiente:
1239: Ataque infructuoso a la villa por los aragoneses vasallos de Jaime «el Conquistador». Muere en Sax don Artal de Alagón.
1240: Nuevo ataque frustrado de los aragoneses. Villena se rinde, por fin, al Comendador de Alcañiz, de la Orden de Calatrava.
1244: Reparto de las tierras conquistadas. Tratado de Almizra.
1261: Sublevación general de los moriscos murcianos.
1266: Villena se reintegra al señorío del infante don Manuel.
A partir de este momento. nuestro pueblo entra definitivamente en los dominios de la cristiandad, cuyos dirigentes tuvieron que mantener durante muchos años una política de donaciones y repartimientos para la repoblación de estas tierras, que habían sido fronterizas desde la Prehistoria. La carta-puebla de Villena, en la que figurarían los nombres de sus primeros pobladores cristianos, no se ha conservado, pero del arraigo y perduración de los sarracenos por estos parajes puede dar idea el hecho de que, dos siglos y medio después de la Reconquista, los Reyes Católicos, en sendas disposiciones datadas en Córdoba el 18 de octubre de 1490, toman bajo su amparo y protección a cuantos moros se quieran establecer en Villena con sus familias y bienes. y facultan a la entonces villa para hacer una morería en la que pudieran vivir hasta ciento cincuenta musulmanes.
RESTOS MATERIALES DE LA DOMINACION ISLAMICA
Cuanto llevamos dicho son datos puramente históricos extraídos de fuentes escritas, demasiado escuetas por desgracia. Pero hay otra serie de noticias de la más alta importancia que nos proporciona la ciencia arqueológica.
Nos hemos referido ya a los castillos de Salvatierra y de la Atalaya, a los que habría que añadir el de Bogarra, cercano a Caudete y en otro tiempo villenense, y el del Castellar, al oeste del Zaricejo. Todos ellos son elocuente testimonio de la importancia de la comarca en aquellos siglos y del extraordinario sistema defensivo de los musulmanes. Podrían agregarse los restos de las murallas de la población, cada vez más escasos; un horno para cerámica que se conserva en las faldas de la Peña Rubia y los pasadizos y arcos de ladrillo que aún subsisten en varias casas de los aledaños de Santa María. Si se pudieran excavar los cimientos de esta iglesia, aflorarían sin duda los restos de la antigua mezquita.
Sabemos también que, extramuros de la ciudad. en las inmediaciones de La Losilla y de la Puerta de Almansa, existen dos cementerios musulmanes, con multitud de cadáveres depositados en fosas rectangulares cavadas en la arena y protegidas a veces por cubiertas de tejas. Con sujeción al rito islámico, los cadáveres se enterraban sobre el costado derecho y orientados hacia el Este, en dirección a la Meca.
Como complemento gráfico a estas breves notas, presentamos varios objetos procedentes de estos cementerios y de otros yacimientos de nuestra ciudad, uno de ellos localizado, curiosamente, en el subsuelo del propio Museo Arqueológico. Está en estudio actualmente la transcripción de las inscripciones que adornan muchos de estos objetos, cuya lectura será, a no dudarlo, de subido interés.
Como en el caso del Museo, el subsuelo de nuestros antiguos barrios guarda muchos secretos de aquellos tiempos en que dominaba los espíritus «la Mahoma» de verdad. Sería de desear que no se perdiera ni un solo dato de los que puedan suministrar los derribos y remociones que tanto se prodigan en nuestros días, y hay que apelar para ello a la conciencia de los villenenses amantes, no ya de la historia de su pueblo, sino simplemente de la cultura.
Villena y Junio de 1977.
(Fotos del autor)
JOSE M.ª SOLER GARCIA
Extraído de la Revista Villena de 1977

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