NOS HAN REGALADO UNA HORA
Tic tac siempre mueve. Tic tac hoy algo pasó.
Esta madrugada, a las tres, volverán a ser las dos. Nos van a regalar una hora. Así, sin envolver, sin manual de instrucciones. Sesenta minutos extra en mitad de un domingo de octubre en Villena.
Y lo primero que pienso es: ¿qué se hace con una hora regalada?
Porque nos han enseñado a ahorrar tiempo, a gestionar el tiempo, a matar el tiempo, pero nadie nos ha enseñado a recibirlo. Es como si te dieran una habitación extra en tu casa y no supieras qué mueble poner.
El cambio de hora es el último ritual colectivo que nos queda. Un pacto absurdo y hermoso. Toda Europa, a la vez, decide mentirse. Atrasamos las manecillas como quien atrasa una cita que no quiere tener. Decimos: invierno, ya puedes entrar, pero entra una hora más tarde.
Dicen que es por el ahorro energético. Yo creo que es por nostalgia. Necesitamos dos veces al año recordar que el tiempo no es nuestro, que nos lo prestan y nos lo quitan cuando quieren.
Horas que se confunden. Manecillas que cambian. Se esfumó la vida, escribía yo ayer. Y es verdad. Se esfuma, pero no porque la hora se vaya, sino porque no nos paramos a mirarla.
Hoy en Villena amanecerá antes. La luz de las ocho parecerá de las nueve. Los bares abrirán con la persiana a medio subir, los runners del paraje saldrán con frontal, y mi horno seguirá marcando las tres cuando todos digan que son las dos. El horno, que es más terco que nosotros, se niega a cambiar.
Y sin embargo, esa hora extra existe. Es real. Puedes usarla para dormir, que es lo que hará el 90% de nosotros. Puedes usarla para quedarte una hora más en la mesa, para leer eso que llevas posponiendo, para llamar a quien hace tiempo que no llamas, o para no hacer absolutamente nada, que es la forma más elegante de gastar el tiempo.
Yo la voy a usar para esto: para escribir que el tiempo no pasa, pasamos nosotros. El tic tac sigue ahí, impasible. Somos nosotros los que nos confundimos, los que nos esfumamos y volvemos.
Esta noche, cuando sean las dos dos veces, no corrijas el reloj enseguida. Quédate un minuto en esa hora duplicada, en esa hora fantasma que no existe en ningún calendario. Es tuya. Te la han regalado.
Haz lo que quieras con ella. Pero haz algo.
Fabiola Martinez Espinosa
Villena 24 de octubre de 2026
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