1957 LAS FIESTAS COMO ACONTECIMIENTO FAMILIAR

LAS FIESTAS COMO ACONTECIMIENTO FAMILIAR
Por María del Carmen Reig Gisbert 
Las fiestas son siempre esperadas con ansia e ilusión; y es maravilloso este continuo deseo, año tras año, sin que decaiga en intensidad, sino al contrario, incrementándose en fervor. Pueden compararse las fiestas a los acontecimientos familiares. Un cumpleaños es siempre un cumpleaños; un santo no deja de ser un santo, sin que por muy sabidos, esperados y conmemorados decrezcan, en el ambiente familiar, el interés e ilusión de su llegada. Siempre hay un tinte de poética ternura, siempre un algo que nos impulsa a esperar el día señalado como feliz en el calendario hogareño.
Las fiestas reúnen estos caracteres, siendo los días venturosos de la comunidad local. No en vano del hogar al pueblo, en el orden universal, sólo existe un paso.
En los acontecimientos familiares hay siempre un principio de alegría y un dejo de tristeza; optimismo cuando empieza el día y nostalgia cuando las sombras de la noche se adueñan anunciando el fin, dejándonos una insatisfacción interior, ya que el acontecimiento en sí no es más que una esclusa de comunicación entre la esperanza y el recuerdo; puertecilla de escape en los valores afectivos. Algo así viene a suceder en las fiestas de un pueblo, que son la expansión de los sentimientos religiosos y tradicionales que generan el afecto mutuo.
Esperamos con ansia las fiestas para revivir legendaria tradición, religiosidad, fe. Y así como en el primer momento festero estamos dispuestos a gozar hasta el último instante de su poesía, vemos que se nos escapan los momentos y sentimos el malestar de que se va camino del pasado sin haberlo podido saborear en su totalidad. Quisiéramos detener el tiempo y hacerlo cabalmente nuestro, al menos para que fuese realidad permanente lo que no parece más que pura ilusión, que casi en el momento de empezar a ser, dejó ya de existir.
Las fiestas son la savia que nutre la vida; marco de ilusión y de esperanza; lucecita que siempre en vanguardia nos señala un camino a recorrer; y no un camino cualquiera, sino el mejor: el de la fe, el de la comprensión, el del amor...
Hay una prestancia especial que se respira en las familias que saben reunirse en fecha importante del ario; como hay prestancia especial en los pueblos que tienen fiestas bien definidas, con perfiles acusados; en los pueblos que, como en el nuestro, la fiebre festera, llena de color y de pólvora, arranca del arrobo místico hacia su Patrona la Virgen de las Virtudes.
Villena, que tiene fiestas propias, fiestas bravías, demuestra con ellas señorío de alma.
Extraído de la Revista Villena de 1957

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