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30 sept 2026

DECRETO 66/2005 DE 1 DE ABRIL, POR EL QUE SE DECLARA BIEN DE INTERÉS CULTURAL LA COLECCIÓN ARQUEOLÓGICA DEL TESORO DE VILLENA

BOE núm. 113. Jueves 12 mayo 2005
COMUNIDAD VALENCIANA - DECRETO 66/2005, de 1 de abril, por el que se declara bien de interés cultural la Colección Arqueológica del Tesoro de Villena.
Mediante Resolución de 7 de enero de 2003, de la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura y Educación, se procedió a la incoación del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural a favor de la Colección Arqueológica del Tesoro de Villena, resolución que se publicó en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana núm.4450, de 28 de febrero de 2003 y en el Boletín Oficial del Estado núm. 49, de 26 de febrero de 2003.
De acuerdo con el procedimiento previsto en el artículo 27 de la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, se solicitaron informes a dos organismos consultivos, informes de los que ha sido emitido expresamente en sentido favorable el de la Universidad de Valencia, que se emitió en fecha 14 de marzo de 2003, y no habiéndose emitido el informe solicitado a la Universidad de Alicante, se debe considerar que éste es favorable al haber transcurrido el plazo previsto para su emisión de conformidad con el precepto citado.
Cumplimentados el resto de trámites exigidos por la Ley en la instrucción del expediente, procede culminar el procedimiento con la declaración de Bien de Interés Cultural, declaración que, de conformidad con lo previsto en el artículo 26.2 de la Ley 4/1998, de 11 de junio, de la Generalitat Valenciana, del Patrimonio Cultural Valenciano, en la redacción dada por la Ley 7/2004, de 19 de octubre, de la Generalitat, se hará mediante Decreto del Consell de la Generalitat, a propuesta del Conseller competente en materia de cultura.
En virtud de lo expuesto, y visto el artículo 31.5 del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana, aprobado por Ley Orgánica 5/1982, de 1 de julio, a propuesta del Conseller de Cultura, Educación y Deporte, previa deliberación del Consell de la Generalitat, en la reunión del día 1 de abril de 2005, decreto:
Artículo 1.
Se declara Bien de Interés Cultural la Colección Arqueológica del «Tesoro de Villena».
Artículo 2.
En el anexo que se adjunta al presente Decreto se describe pormenorizadamente el Tesoro, se determinan los valores que justifican la declaración, y se hace referencia a otros aspectos relacionados con el bien, incluido su régimen de protección.
Disposición adicional.
La presente declaración se inscribirá en la Sección 1.a del Inventario General del Patrimonio Cultural Valenciano.
Disposición final.
El presente Decreto se publicará en el Boletín Oficial del Estado y entrará en vigor el día siguiente de su publicación en el Diario Oficial de la Generalitat Valenciana.
Valencia, a 1 de abril de 2005. -El presidente de la Generalitat Valenciana, Francesc Camps Ortiz. -El Conseller de Cultura, Educación y Deporte, Alejandro Font de Mora Turón.

ANEXO
El Tesoro de Villena
El excepcional conjunto de elementos de orfebrería, conocido como el Tesoro de Villena, fue hallado y rescatado del expolio en 1963, merced a la colaboración de la ciudadanía villenense y a los afanes y la profesionalidad del insigne arqueólogo José María Soler García (1905-1996).
Localización:
En la actualidad el Tesoro de Villena se encuentra depositado en un cofre de seguridad, que a su vez le sirve de expositor, en el Museo Arqueológico «José María Soler», del M. I. Ayuntamiento de Villena (Alicante).
Historia y circunstancias de su hallazgo:
En el transcurso de 1963, la extracción de áridos en la Rambla del Panadero, al pie de la Sierra del Morrón (término de Villena), puso al descubierto varias piezas de oro. El 22 de octubre, la existencia de un fabuloso brazalete áureo fue puesta en conocimiento de José María Soler por el joyero Carlos Miguel Esquembre Alonso. La pieza había circulado de mano en mano entre los trabajadores de la empresa de extracciones en la creencia de que se trataba de un vulgar engranaje de maquinaria de camión, hasta que un tercero se interesó por la misma y la llevó, por mediación de su mujer, al joyero Esquembre, con la finalidad de averiguar su valor. El 25 de noviembre siguiente, el mismo joyero alertó al arqueólogo acerca de la presentación en su establecimiento de una segunda mujer, portadora de un brazalete semejante al anterior. El segundo brazalete, que había sido hallado por uno de los transportistas de gravas, puso a José María Soler en la pista del lugar exacto del hallazgo.
La Dirección General de Bellas Artes autorizó la excavación en la zona de los hallazgos, a la par que se solicitó un informe al entonces Delegado de Zona del Servicio Nacional de Excavaciones, el profesor Miguel Tarradell. El 30 de noviembre de 1963 se llevó a cabo la inspección ocular del área de la Rambla del Panadero. La excavación comenzó a las 10 de la mañana del domingo 1 de diciembre. A las 5 de la tarde del mismo día, un golpe de azada de uno de los colaboradores de José María Soler, Pedro Domenech Albero, puso al descubierto el Tesoro, oculto durante milenios. El equipo decidió permanecer en el lugar, custodiando el formidable hallazgo, hasta que pudiese procederse a su fotografía in situ. Dos horas después, Miguel Flor Amat realizó las únicas fotografías existentes del hallazgo tal y como fue encontrado. Inmediatamente después se procedió a la exhumación de la gran vasija que contenía el Tesoro, y a su traslado a Villena, para su depósito en el domicilio del arqueólogo. La Navidad de 1963 contempló la primera exposición al público del Tesoro, en el Museo Arqueológico Municipal, creado en 1957 con las colecciones reunidas por José María Soler, y que desde 1967 (año de su reconocimiento oficial por el Ministerio de Cultura), lleva nombre del ilustre arqueólogo villenense. Como feliz colofón al extraordinario proceso del hallazgo, el 27 de diciembre de 1963 el ferroviario Pedro Lorente García entregó por propia voluntad a José María Soler un tercer brazalete que había sido identificado por su hija como semejante a los del Tesoro, merced a su contemplación en la exposición al público celebrada pocos días atrás.

Descripción:
El tesoro está integrado por 67 piezas de diferente naturaleza, tecnología y estado de conservación, que fueron depositadas dentro de una vasija cerámica en una oquedad excavada en la Rambla del Panadero, al pie de la Sierra del Morrón. Reúne 53 objetos de oro con un peso total de 9.109,28 gr, 3 frascos de plata (afectados por corrosión) con un peso de 620 gr, un brazalete o anilla de hierro de hierro de 31,86 gr, un botón o revestimiento cónico de hierro con aplique de lámina de oro con un peso de 50,50 gr, y un revestimiento o aplique de lámina de oro relleno de ámbar de 2,85 gr de peso. Los objetos fabricados en oro son 28 brazaletes del tipo de Villena-Estremoz (todos ellos con un corte que los secciona, y muchos con evidentes huellas de desgaste por uso), 11 cuencos, 2 frascos (de idéntico diseño a los de plata) y 13 fragmentos de láminas de revestimiento (probables restos de guarniciones de armas). Predomina la decoración a base de molduras, púas y calados.
Se estima que el peso total de oro que contiene el Tesoro asciende a 9.112 gr, de una calidad de 23,5 quilates. Los análisis efectuados en 1968 por el laboratorio del Winterberg-Landesmuseum de Stuttgart (Alemania) determinaron que las proporciones de plata y cobre halladas en las piezas de oro era de origen natural, propia del oro procedente de arenas fluviales.
La heterogeneidad del contenido del Tesoro, donde aparecen elementos de vajilla, armas y adornos personales, es pareja a la heterogeneidad de las calidades de los ejemplares dentro de cada grupo de objetos, sobre todo por lo que respecta a los brazaletes, entre los que se encuentran piezas de calidad técnica extraordinaria junto a piezas de mediocre fabricación. Lo mismo se puede decir de los restos de guarniciones, siendo los elementos de vajilla los que presentan una mayor coherencia interna. Con todo, cabe apuntar que la complejidad tecnológica de los frascos no es comparable a la de los cuencos, piezas de gran efecto pero de menor dificultad artesanal en cuanto a su elaboración, por cuanto la producción de los frascos requirió el empleo de técnicas de soldadura.
A continuación se inserta una descripción pormenorizada de las piezas, que reproduce parcialmente el inventario efectuado por José María Soler García en 1965.
Pincha en la imagen para ver detalle.

Interpretaciones
La magnitud del Tesoro de Villena condujo al profesor Miguel Tarradell a pensar que se trataba de un «tesoro real». Por su parte, J. Maluquer de Motes señaló el paralelismo del Tesoro de Villena respecto a otros hallazgos europeos, como el de Messingwerk (Alemania), y planteó la originalidad del foco villenense de orfebrería, que habría irradiado su influencia sobre el resto de la Península Ibérica y el occidente europeo.
Sobre la base de los paralelismos existentes, en cuanto a morfología y naturaleza del oro, entre el Tesoro de Villena y piezas de orfebrería encontradas en Orihuela, Callosa de Segura, Cehegín, Lebrija y Estremoz (Portugal), José María Soler defendió la originalidad del foco villenense, y su influjo sobre la ruta que, cruzando el interior de la Península Ibérica, conduce a la Extremadura portuguesa. El investigador villenense señaló el parentesco existente entre el Tesoro de Villena y el Tesorillo del Cabezo Redondo. Este último había sido encontrado en abril de 1963 en el yacimiento arqueológico villenense que toma el nombre del aludido accidente orográfico: un poblado de altura encuadrado en la facies argárica de la Edad del Bronce en la Península Ibérica.
A la luz de dicha hipótesis, Soler pudo datar el Tesoro de Villena en torno al año 1000 a. C. (fecha que, según el autor, podría remontarse a mediados del segundo milenio a. C.) a partir del análisis de C-14 de dos fragmentos de madera procedentes del Cabezo Redondo practicado en 1966 en laboratorios de Heidelberg (Alemania) y Groningen (Holanda). Según el investigador villenense, el empleo del oro en estado nativo, sin la adición de cobre, vendría a ratificar la adscripción del Tesoro de Villena al Bronce peninsular. En cuanto al origen de la ocultación, Soler apuntó como posibilidades igualmente plausibles que se tratara o bien de material de orfebre, o bien del tesoro de un gran jerarca.
M. Almagro Gorbea atribuyó la singularidad de la orfebrería villenense a la recepción por las culturas locales del Bronce Medio de técnicas traídas por elementos del Bronce Final de origen centroeuropeo, situando su aparición a finales del siglo IX a.C. y su extinción en el VII a.C., y propuso como fecha de la ocultación mediados del siglo VIII a. C. Esta cronología explicaría la existencia de hierro en el conjunto. Sin embargo, el análisis de los cuencos a la luz de referentes centroeuropeos condujo al autor a dividirlos en hasta cinco grupos cuya cronología oscilaría desde el año 1.000 a.C. hasta el siglo VII a.C. Más recientemente, y sobre la base de su vinculación a la introducción del hierro en la Península Ibérica, Almagro ubica el Tesoro de Villena en pleno Bronce Final, con anterioridad al 900 a. C., en una fase en que habrían comenzado a llegar los primeros influjos de las culturas orientales, pero previa a la constitución de los primeros asentamientos coloniales fenicios en el sur de la Península Ibérica.
Las piezas de hierro poseen un gran interés, por tratarse de los objetos más antiguos aparecidos en la Península Ibérica, y por corresponder con un estadio arcaico del uso de dicho metal, en que éste, lejos de ser utilizado en la forja de armas y herramientas, como lo será posteriormente, es considerado como metal noble, atesorable, y, en consecuencia, se emplea en apliques y elementos de orfebrería ornamental, tesis que fue ya apuntada por José María Soler. Considerando, asimismo, la ausencia de influencias fenicias y la aparición de plata, característica de la cultura de El Argar, W. Schüle en 1976 situó la fecha de la ocultación del tesoro de Villena en torno al año 1000 a.C. El investigador alemán también defendió el carácter autóctono del Tesoro, partiendo de los paralelismos existentes entre la decoración de los cuencos y la de la cerámica local, y señaló su inspiración nórdica y no centroeuropea.
María Luisa Ruiz-Gálvez defiende, como Schüle y José María Soler, el origen local del Tesoro de Villena, inspirado en tradiciones del Bronce Medio e inicios del Bronce Final representadas respectivamente por los conjuntos de Cabezo Redondo I y Abía de la Obispalía; pero plantea, como Schüle, referentes nórdicos para los cuencos villenenses, estableciendo su paralelismo con los de Rongéres y Axtroki, y con el casco/ cuenco de Rianjo, piezas anteriores en cronología que prueban una difusión N-S del influjo estilístico nórdico. En cuanto a la cronología de la ocultación del Tesoro de Villena, plantea una fecha en torno a la primera mitad del siglo IX (que, según la investigadora, podría remontarse al año 1000 a.C.), puesto que la presencia de hierro sería indicio de incipientes influjos mediterráneos.
Según Alicia Perea, el Tesoro de Villena, como muestra de la orfebrería del Bronce Final, es el producto de una fase de apogeo de la economía peninsular, coincidente con una máxima intensificación de las relaciones con los mundos atlántico y mediterráneo. La investigadora relaciona el momento de la ocultación del Tesoro de Villena con la del Cabezo Redondo, pero plantea un posible origen atlántico, y no autóctono, de la orfebrería villenense. El análisis de los brazaletes del Tesoro de Villena, facultó en 1994 a Perea y Barbara Regina Armbruster a defender el avanzado grado de desarrollo de la metalurgia del Bronce Atlántico en la Península Ibérica, al constatar la práctica de la fundición a la cera perdida y el uso del torno de eje horizontal. Por otra parte, Perea señala que el hecho de que los objetos de bronce están ausentes de los depósitos de oro, y su frecuente ubicación a poca profundidad, junto a vías de comunicación o encrucijadas de caminos, ha permitido a diversos autores vincular el depósito de los tesoros áureos a ceremoniales de corte político realizados en los territorios fronterizos, al pago de tributos en puestos de paso o a invocaciones a divinidades propiciatorias de travesías seguras: contextos en que podía haber tenido lugar el depósito del Tesoro de Villena.
A partir de los resultados de las últimas campañas de excavación en el Cabezo Redondo, llevadas a cabo desde finales de los años noventa, Mauro S. Hernández ha interpretado recientemente el Tesoro de Villena como prueba de la existencia en la zona de una comunidad socialmente estratificada que controlaba un territorio estratégico, encrucijada de la ruta N-S de al Meseta al Mediterráneo, y W-E, de las tierras altas del Sudeste al interior valenciano y la serranía de Cuenca, y, en consecuencia, contaba con la riqueza y el poder suficiente como para recibir, adquirir y, a la postre, acumular, un tesoro de semejantes dimensiones y valor.

Los valores del Tesoro
De lo anteriormente expuesto, se desprende con claridad el hecho de que el Tesoro de Villena es plenamente acreedor de la calificación de Bien de Interés Cultural, por reunir numerosos y diversos valores.
Desde el punto de vista histórico, artístico y arqueológico, el Tesoro de Villena constituye un «unicum», un depósito no normalizado, por su peso y contenido (A. Perea). De hecho, se trata del segundo tesoro de vajilla áurea más importante de Europa, tras el de las Tumbas Reales de Micenas en Grecia (A. Mederos). Sus peculiaridades estilísticas han dado lugar a la acuñación de una tipología descriptiva: la de la orfebrería de estilo Villena-Estremoz. Y el Tesoro, además, marca el inicio de la introducción del hierro en la Península Ibérica, por la presencia de la evidencia más antigua del uso de hierro como metal noble.

Intervenciones
Si bien las piezas de oro del fabuloso conjunto se encontraron en perfecto estado de conservación, no ocurrió lo mismo con las de plata que se vieron afectadas por la exposición que sufrieron durante unos 3.000 años al suelo alcalino, la presión del terreno etc. Todo ello propició que las piezas sufrieran una corrosión prolongada y tuvieran que recibir una primera intervención a cargo de D. José Serrano, quien reintegró las partes faltantes y reforzó las existentes proporcionando a las piezas una estabilidad suficiente.
Después de 35 años del hallazgo y de aquella primera restauración las piezas habían comenzado a sufrir los efectos del paso del tiempo y algunos fragmentos amenazaban con desprenderse del soporte. El Ayuntamiento de Villena puso en conocimiento de la Conselleria de Cultura la apremiante necesidad de una segunda intervención y la Dirección General de Patrimonio Artístico hizo las gestiones para que se llevara a cabo en el centro de restauración que mayores garantías ofreciera. El elegido fue el Instituto del Patrimonio Histórico Español, dependiente del Ministerio de Cultura.
Las piezas se trasladaron a mediados del mes de abril de 1998 y se recogieron en agosto de ese mismo año.
Según el informe redactado por los restauradores las piezas fueron radiografiadas y analizadas antes de la intervención. La radiografía permite delimitar con mayor precisión las partes originales de las reintegradas en los años 60 y ofrecen una visión más detallada de las fisuras que presentaban las piezas. Por su parte los análisis de las piezas demostraron que están compuestas de una aleación plata-oro-cobre.
El tratamiento que recibieron fue, en primer lugar, la limpieza de las piezas, eliminando el barniz, los restos de cera y la adhesión de fragmentos; después se ha realizado la reintegración volumétrica mediante resina con carga totalmente reversible y, finalmente, se les aplicó una capa de protección específica para plata.
Tras esta intervención las botellas mejoraron considerablemente, tanto su aspecto exterior, como general y se exhiben junto al resto del conjunto en el Museo Arqueológico José María Soler, del Ayuntamiento de Villena.
Normas de protección
El régimen de protección que resulta de aplicación al bien es el derivado de la Sección Tercera, del Capítulo III del Título II de la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano. 

29 jul 2026

1963/64/67 ALGUNAS VISITAS IMPORTANTES PARA VER EL TESORO DE VILLENA

Algunas fotografías de las muchas visitas que hubo en Villena para ver el Tesoro en los primeros años del descubrimiento.
5 de agosto de 1964, acompañado por su esposa Rosa María, permanece unas horas en Villena el famoso cantante español Alfredo Kraus.
 Visita del Arzobispo de Valencia al Colegio Salesiano 1967
Estudiantes llegados de todas partes, en esta ocación desde Alicante. José Mª Soler les explica lo valioso e importante que es el Tesoro de Villena. 1967
Jorge Vigón, Ministro de Obras Públicas, José Mª Soler y Felipe Arche, Gobernador Civil de Alicante, sorprendidos con el importante hallazgo. 1963
Benjamín Palencia, fue un pintor español de los más importantes herederos de la poética del paisaje castellano definida por la generación del 98. Hizo una parada en Villena para contemplar el Tesoro. 1963 en la casa de José María Soler.
Fotos... Miguel Flor y Museo Arqueológico.

28 jul 2026

1964 EL TESORO DE VILLENA Y LOS NIÑOS

La Familia Benjamín Crespo y Charo Cotte con sus hijos María Teresa, Benjamín, Julio, Carlos y José Luis en casa de D. José María Soler.
El Tesoro febrero de 1964
Fotos cedidas por... Benjamín Crespo

9 jul 2026

1963 EL TESORO DE VILLENA - GACETA ILUSTRADA

El más sensacional hallazgo 
arqueológico de la Edad de Bronce de Europa.
EL TESORO DE VILLENA
Esta es la única foto existente del sensacional momento en que fue descubierto el tesoro de Villena. Don Miguel Flor, que aparece detrás del grupo, agachado, fue el autor del documento gráfico, realizado con una cámara de disparo automático colocada sobre un trípode. La brevísima excavación arqueológica había dado el resultado esperado. Quince kilos de oro y plata, cubiertos por la costra de los siglos, estaban allí, ante los ojos incrédulos de los descubridores. De izquierda a derecha, Pedro Domene el primero en localizar el tesoro; los hijos de Enrique Domene, que también participó en el hallazgo, y que en la foto aparece en el extremo de la derecha; de rodillas, el chófer que realizaba el transporte de la grava desde Los Pedrascales; el arqueólogo y comisario de Excavaciones don José María Soler, y el abogado don Alfonso Arenas, colaborador y amigo del señor Soler.
Reportaje fotográfico: Pascual Muñoz
Texto: Juan Maluquer de Motes - Catedrático Director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Barcelona
HACE cerca de tres mil años, en unas "circunstancias de guerras, o de amenazas, o de éxodos que la historia ignora, alguien escondió bajo la tierra una gran vasija de barro repleta de pesados objetos de plata y oro. Fue en el lugar que muchos siglos después seria conocido por Los Pedrascales, en el actual término municipal de Villena (Alicante). Tres mil años ha permanecido sepultado este tesoro casi a flor de tierra, casi al alcance de la mano de cualquiera. Y ha sido la casualidad, la suerte, como sucede siempre, quien ha hecho brillar otra vez al sol el oro y la plata de estas piezas, a quienes los siglos y la arqueología han prestado un nuevo valor, esta vez incalculable. Objetos quizá litúrgicos, de extrañas religiones prehistóricas, vasijas que albergaron vinos purísimos o licores mágicos, brazaletes, braserillos raros "botones" que quizá decoraron atuendos suntuosos de reyes o grandes dignatarios, cuyo nombre ha sido borrado para siempre de la memoria de los tiempos. También cabe suponer que el sensacional hallazgo arqueológico procede de una tumba que fue saqueada, para ser enterrado de nuevo. Hasta el momento no ha sido encontrado un solo resto humano en torno a las joyas. En estas páginas, el tesoro: 15 kilos de oro y plata. La novela de su descubrimiento comenzó en un edificio en construcción de Villena, ciudad que dista sólo seis kilómetros del lugar del hallazgo. El peón Francisco García Arnedo encontró una curiosa argolla entre la grava traída por un camión desde Los Pedrascales. Algo llamó su atención en el objeto cuando decidió entregárselo al maestro de obras, Ángel Tomás Martínez, que sin darle mayor importancia colgó la pieza de un alambre en un rincón de la obra. Otro peón, Francisco Contreras Utrera, pidió la curiosa argolla para dársela a uno de sus hijos. Y se la llevó a casa, donde la argolla estuvo rodando de mano en mano entre los pequeños. El extraño objeto despertó la curiosidad de la madre, Esperanza Fernández, quien, con una simple horquilla del pelo, hurgó en ella hasta conseguir levantar la gruesa costra que ocultaba nada menos que 450 gramos de oro. El extraño y fascinante brillo de la argolla movió a Esperanza Fernández a consultar con un joyero. Aquí comienza la segunda parte de la historia. Los expertos y los técnicos inician unas investigaciones, medio policiacas, medio arqueológicas, que terminarían en el más espectacular de los hallazgos.
No poseemos aún el inventario completo del sensacional lote de vajilla áurea y de joyas hallado recientemente en Villena. Por fortuna, el que se efectuara el hallazgo en una población en la que desde hace muchos años, por iniciativa del señor Soler García, existe una verdadera preocupación por salvaguardar el patrimonio arqueológico, es la mejor garantía de que muy pronto podremos obtener un estudio detallado y completo de este tesoro que considerarnos verdaderamente trascendental para el conocimiento de la España céltica. Sin embargo, a requerimiento de GACETA ILUSTRADA, nos atrevemos a adelantar nuestro juicio, provisional aún, sobre el hallazgo a la vista de la documentación gráfica que poseemos.
El lote parece compuesto por once cuencos hemiesféricos de diversos tamaños labrados con hoja de oro por la técnica del batido sobre molde. En todos ellos encontramos la misma decoración geométrica rectilínea estrellada o con guirnaldas curvilíneas que ocupan toda la superficie externa de la vasija, y que dejan liso únicamente el borde superior; tres jarras globulares de boca estrecha, de un tipo completamente nuevo y desconocido, que muy bien podría calificarse de garrafas; brazaletes, ajorcas o argollas sueltas o enlazadas, lisas o molduradas y otros pequeños objetos indeterminados entre los que suponemos existirán cabezas globulares de grandes y ricon alfileres; en total, unas veinticinco piezas. El conjunto es impresionante por su belleza, su arte, técnica y peso, pero mucho más importante aún por lo que representa dentro del desarrollo de nuestra joyería prehistórica.
Vamos a detallar un poco los tres tipos principales de piezas. Podemos adelantar que, salvo las garrafas, las restantes piezas, aunque algunas muy originales por su decoración, permiten considerar todo el tesoro como un conjunto típico del final de la Edad del Bronce, es decir, característico de las poblaciones perfectamente jerarquizadas de fines del segundo milenio antes de Cristo y de los primeros siglos del primer milenio. Resumiendo: las joyas son características de los siglos IX u VIII antes de J. C.
Piezas de fabricación española: reproducen exactamente la decoración de la cerámica de la misma época.
Los cuencos aparecen repujados por la técnica del batido sobre molde, que logra una decoración de resaltes circulares en relieve en fajas, estrellas o guirnaldas. Esta técnica es muy característica de un área geográfica que corresponde al sur de Alemania y norte de Suiza, donde se conocen hallazgos muy semejantes, aunque siempre en piezas aisladas depositadas en tumbas de príncipes y sólo por excepción en un sepulcro, el de Würtemberg, bien conocido de los prehistoriadores, apareció un cuenco de este tipo de decoración, quizá más pobre, junto a un lote de brazaletes semejantes a los de Villena, aunque en número menor. En España no se conocen piezas análogas, pero hace muchos años se encontró en Caudete un casco de plata decorado por el mismo procedimiento. El casco se encuentra actualmente en el Museo del Instituto de Valencia de Don Juan, de Madrid. Los cuencos de Villena pertenecen sin duda al mismo momento cultural de aquel casco, aunque son posiblemente algo más antiguos.
Bajo estas líneas, el Comisario de Excavaciones don José María Soler - de espaldas -, en el lugar exacto de Los Pedrascales donde fue encontrado el tesoro. Obsérvese a la derecha los cortes practicados en el terrero para extraer la grava.
Cuencos aislados del mismo tipo han sido hallados en diversos lugares del centro de Europa; el más conocido es un cuenco análogo, de Zurich, que pertenece a un momento algo más tardío, pues la decoración muestra claramente la influencia de las culturas de la Edad del Hierro, conocidas con el nombre de culturas hallstátticas.
La decoración de los cuencos de Villena, e incluso la forma de los cuencos, son paralelas a las vasijas de cerámica que se hallan en toda la Meseta española, decoradas con incrustación blanca formando guirnaldas, bandas, zonas o estrellas exactamente iguales. Es decir, que los cuencos de Villena representan un caso de vajilla excepcional, en una cultura característica de final de la Edad del Bronce y comienzos de la del Hierro en el centro de España, cuyo origen, como veremos, hay que buscar en tierras centroeuropeas. Es posible que el mayor barroquismo decorativo de estos cuencos, en relación a los ejemplares del resto de Europa, sea debido a una influencia de las riquísimas decoraciones en la cerámica española de la época del vaso campaniforme, que existía en esos territorios en época inmediatamente anterior, o incluso de las cerámicas con reticulados bruñidos del occidente portugués.
Francisco García Arnedo y Francisco Contreras Utrera, los albañiles que aparecen ante su obra en la segunda foto de la película de la izquierda, habían sido los primeros en interesarse por aquella curiosa argolla traída con la grava de Los Pedrascales.
Las tres vasijas en forma de garrafa constituyen una total novedad en cuanto a su forma y llaman la atención, precisamente por la perfección de los perfiles y la sobriedad de su decoración, si se compara con el barroquismo de los cuencos. Su forma aparece también en jarras de cerámica en diversos yacimientos de la Meseta española e incluso se hallan paralelos entre algunas cerámicas de la llamada cultura centroeuropea de los campos de Urnas.
El lote de los brazaletes y argollas es menos raro. Existen multitud de piezas semejantes que se caracterizan por su factura moldurada en todo el occidente de Europa. Algunos de los brazaletes ofrecen una escocia decorada con los mismos bullones hemiesféricos de los cuencos; mientras otros presentan una serie de picos salientes, que posiblemente pertenezcan a la misma técnica del brazalete que se halla en el Museo Arqueológico Nacional procedente de Estremoz (Alemtejo portugués).
Otras piezas más pequeñas son difíciles de clasificar, pero indican una gran riqueza de oro y plata entre la población que, a fines del segundo milenio, ocupaba las serranías del borde oriental de la Meseta española.
Esperanza Fernández recurrió al joyero don Miguel Esquembre —foto siguiente—, que identificó al momento la calidad del metal y puso el hallazgo en conocimiento del comisario de Excavaciones. Su rasgo de honradez está siendo muy comentado en Villena. El Ministerio de Educación Nacional le ha escrito, agradeciéndole su gestión y alabando «la cívica conducta observada por V. S., que ha evitado, con su proceder, que se perdiera una pieza tan importante en el orden arqueológico».
La vajilla y las joyas aparecieron en el interior de una vasija cuyo estudio, a su vez, dará nueva luz sobre la filiación concreta de las piezas. Se trata, por consiguiente, de piezas escondidas voluntariamente, con finalidad que por el momento nos escapa. Estas joyas suelen aparecer siempre como ajuares depositados en tumbas de régulos y de príncipes, como ofrenda votiva en santuarios o como simples escondrijos, realizados en tiempo de guerras, invasiones y peligros durante los cuales se pretende esconder a la rapacidad del adversario un posible y codiciado botín. El tesoro de Villena parece pertenecer a este último tipo de escondites, aunque sin un detenido estudio de los alrededores de la zona del hallazgo, efectuado de una manera sistemática, no es posible asegurarlo. En este sentido recuerda el famoso lote de joyas hallado hace cinco años en el Carambolo de Sevilla, que tiene un carácter totalmente distinto. En aquel caso se trataba de joyas tartésicas, es decir, joyas que, acusan claramente una influencia técnica de la joyería del Mediterráneo oriental. Estas joyas de Villena, sin duda más antiguas que aquéllas, son características de la técnica céltica centroeuropea, aun¬que sus decoraciones nos parecen demostrar que no se trata de piezas importandas, sino de fabricación española, puesto que reproducen exactamente la decoración de la cerámica de la misma época.
El arqueólogo don José María Soler —foto junto a estas líneas— contempla el tesoro sobre su mesa de trabajo. Don José María Soler comenzó al instante las investigaciones: se puso al habla con los albañiles de la obra y con el chófer que realizaba los transportes de grava desde Los Pedrascales. El resto fue relativamente fácil. Localizado el lugar exacto donde se había extraído la grava, los improvisados colaboradores del señor Soler encontraron sin tardanza el tesoro.
Hacia finales del segundo milenio antes de Cristo, se producen en la Europa oriental grandes movimientos de pueblos hacia Occidente y en las zonas del Alto Danubio y del Alto Rin entran en contacto dos sociedades completamente distintas. Por un lado, los pueblos ganaderos y guerreros que los arqueólogos llaman de la «cultura de los túmulos» porque el ritual funerario característico es la construcción de un montículo artificial sobre la tumba de los muertos. Por otro, el pueblo de los «campos de urnas»: éstos, por el contrario, incineran los cadáveres y guardan sus cenizas en el interior de urnas de barro, acompañadas de un rico ajuar funerario en el que figuran también vasijas de bronce y, excepcionalmente, de oro y plata. La causa de esta dislocación de pueblos hay que buscarla en la aparición de la metalurgia del hierro en el sudeste de Europa, que quiebra toda la estructura social y económica de las poblaciones de la Edad del Bronce.
El contacto entre la población de los túmulos y la de las urnas cristaliza en la aparición de las poblaciones célticas, que en su expansión, poco antes del año 1000 antes de J. C., llegan al Pirineo e invaden la península. Por el Pirineo oriental, por el camino del Segre y por Roncesvalles, en sucesivas oleadas, penetran en el valle del Ebro y conquistan la meseta central, donde desarrollarán una riquísima economía ganadera que les permite mantener una avanzada cultura de la Edad del Bronce en una época en que los pueblos de otras regiones europeas alcanzan apenas la Edad del Hierro. Estos pueblos celtas de la Meseta poseen una estructura social y patriarcal muy jerarquizada, seminómadas en un principio y centrados luego en grandes castros amurallados, pero que mantuvieron siempre un espíritu inquieto de migración de carácter atávico, reliquia de sus tiempos de nomadeo primitivo, que les llevaron, en último término, a la conquista de las tierras bajas y fértiles de Andalucía y de Levante. En Andalucía constituyeron un elemento nada despreciable en la formación del pueblo tartesio y, en Levante y Sudeste, contribuyeron sin duda a la del pueblo ibérico.
Esperanza Fernández, la mujer que sospechó que el extraño objeto traído desde Los Pedrascales a la obra donde trabajaba su marido podía tratarse de una joya, está aquí con sus hijos. Durante todo un día el pequeño Francisco, que aparece en la foto, tuvo una fortuna en sus manos y jugó con ella en la calle con sus amiguitos. 
Entre estos pueblos no existe una estructura política superior. Su cultura material y posiblemente su lengua es la misma, pero cada grupo, al mando de jefes poderosos, impone su ley en determinados territorios. La lucha entre los diversos grupos, las razzias de ganado y el mutuo saqueo constituían los grandes alicientes de la vida de estas poblaciones, semibárbaras, pero suficientemente refinadas para utilizar una vajilla de oro como la que nos ofrece el tesoro de Villena. En la alterna fortuna de estas luchas ocasiones habría en que un combatiente derrotado no pudiera recobrar los tesoros que por precaución escondió. De este modo, en caso de que se demostrara que se trata de hallazgos como el de Villena, no es de extrañar un simple escondrijo. El país era suficientemente rico en oro, antes de la sistemática expoliación de cartagineses y romanos, y era fácil hallar el metal necesario para reponer esas riquezas.
La presencia de pueblos celtas en esos territorios no es una simple deducción de los arqueólogos. Sabemos por los primeros viajeros griegos que en el siglo VI antes de J. C. vivían en el borde oriental de la Meseta unos pueblos conocidos con el nombre de Berybraces, grandes ganaderos, cuyo carácter céltico queda harto comprobado por su mismo nombre, y cuya procedencia —el norte del Pirineo— es fácilmente demostrable por haber quedado una parte de la tribu en el sur de Francia. Otros grupos de pueblos, como los propios Olcades, pudieron tener un carácter semejante.
En último término, el magnífico tesoro de Villena constituye el hallazgo de joyería céltica más importante por su calidad, belleza y elegancia, a la par que nos muestra el nivel técnico alcanzado por las poblaciones españolas de hace tres mil años y su refinamiento, que hace injusto el calificativo de gente agreste y feroz con que los motejaron los primeros griegos.
J. M.
Gaceta Ilustrada
Cedido por... Pablo Domene

23 abr 2026

IMPORTANTÍSIMO TESORO DESCUBIERTO EN VILLENA PIEZAS DE ORO DE HACE TRES MIL AÑOS "EL CASO"

IMPORTANTÍSIMO TESORO DESCUBIERTO EN VILLENA
PIEZAS DE ORO DE HACE TRES MIL AÑOS
CONSTITUYE UNA IMPORTANTE ADQUISICIÓN ARQUEOLÓGICA PARA LA CIUDAD
El delegado regional de la Sección Nacional de Excavaciones, señor Tarradell, contemplando con su colega de Villena, señor Soler García, y el abogado don Alfonso Arenas (al extremo derecho de la fotografía) y un amigo de éstos, las joyas descubiertas
Hasta Villena, la ciudad alicantina que, flanqueada por su esbelto castillo, aparece en una altura de la ruta que va desde la «mejor tierra del mundo» a la capital de España, en menos de una semana han llegado mensajes postales y telegráficos de América. Asia, África y Europa, rogando el envío de antecedentes, detalles y noticias del portentoso hallazgo de un tesoro —oro puro labrado con extraordinario arabescos— que puede barrer con su presencia material muchos equívocos, errores y suposiciones que hasta ahora imperaban en el mundo de la Arqueología.
14 diciembre de 1963 EL CASO
Las llamadas telefónicas desde todo nuestro país y de las principales ciudades de Europa, de centros investigadores y de hombres de ciencia dedicados a esta rama se suceden a toda hora, preguntando detalles y anunciando su pronto arribo a Villena para contemplar de cerca y en persona esta asombrosa maravilla, que hará luz en infinitas sombras hasta la fecha imposibles de aclarar. Y no es de extrañar. Este descubrimiento, ocurrido en las tierras hidalgas y hospitalarias de Alicante, no es uno más. Este rebasa toda la fantasía humana. Aquí no se escenifica ese hallazgo de turno, en que salta en una pared, en un muro de casa señorial, en una honda cueva montaraz o en el zafio pavimento de una cocina campesina o amparada en un olivo la clásica olla rebosante de oro amonedado, de joyas que sus dueños ocultaron para evitar los golpes rapiñeros de esas pandillas de facinerosos que caían sobre los pueblos, aldeas, villas y hasta ciudades de España, lo mismo en Andalucía, Extremadura, Galicia, Aragón o Castilla, operaciones punitivas de despojo, donde en la mayoría de los casos los ocultadores, pasados a cuchillo por los salteadores, se llevaban a la sepultura su precioso secreto, para que al cabo de los años o los siglos una simple remoción de tierras, un derrumbe de viejas casonas, o un arreglo urbano labraran la felicidad material de quien diera con la olla, el saco o el paquete ocultos.
Retrocedamos con el pensamiento a los últimos días del pasado mes de noviembre, concretamente al viernes 22, y a las once y pico de su mañana. Por uno de los arrabales de esa cuidada y bella ciudad de Villena —verdadero ejemplo de ordenación urbana; de calles amplias, limpias, de aspecto impecable, logrado por un modelo de alcalde, don Luís Cervera, avalado por un Ayuntamiento honesto y amante de su ciudad— penetra un camión cargado de tierra y piedra recogidas en terrenos comunales, a siete kilómetros de distancia, y que se acarrea casi a diario para diversas obras, cuyos propietarios las solicitan previamente, conduce el vehículo el chófer Juan Calatayud, que llega sin anormalidad alguna hasta la valla de madera que da entrada a una casa en construcción. Como de ordinario, comienza, la faena de descarga. El chófer voltea el resorte trasero y la tierra y la piedra saltan del camión y se amontonan al píe de las graveras, adonde la carga pasará seguidamente para convertirse en mezcla para engrosar la obra. De repente, de entre el aluvión de tierra y piedra surge una extraña pieza, que es recogida del mismo fondo de la gravera por el albañil Francisco García Arnedo, que comenta jocoso con el chófer:
- ¿Qué traes aquí, Juan? Esto ni es piedra ni tierra. Si no me doy cuenta pudiera haber averiado la trituradora.
El chófer salta del camión y examina aquel objeto redondo, de metal, abierto por un lado, de factura recia, con un peso de cerca de medio kilo y cubierto de mugre y tierra pegadiza.
- Claro que no es piedra ni tierra. Seguramente es una rosca, que ha perdido algún camión o que ha sido tirada por inservible. No tiene importancia el hallazgo. Lo dejaremos ahí colgado por si da suerte.
Las autoridades arqueológicas con el alcalde de Villena, don Luis Cervera, recorriendo la rambla Cascante, donde fue hallado el fabuloso tesoro.El delegado regional de la Sección Nacional de Excavaciones, señor Tarradell, contemplando con su colega de Villena, señor Soler García, y el abogado don Alfonso Arenas (al extremo derecho de la fotografía) y un amigo de éstos, las joyas descubiertas.
Y en un clavo de la puerta de la valla, dejan por el momento colgada aquella extraña rueda, rota según su leal entender, que tiene una amplitud de ocho centímetros de circunferencia y una altura de casi la misma medida. Pero esta escena, sin importancia aparente; ya que no descubre nada, era presenciada, entre otras personas que miraban la descarga del camión, por un gitano llamado Francisco Contreras Utrera, hombre de unos treinta y pico de años, que llamó la atención al chófer y al albañil con este ruego: - Si decís que eso nada vale yo os pediría que me lo dieseis. Eso, atado con un cordel, serviría de diversión a mi pequeño, que desgraciadamente no tiene ningún juguete.
El chófer y el albañil se miraron al oír las frases del gitano, se echaron a reír y exclamaron: - Poca diversión le vas a proporcionar a tu hijito, pero llévate esa rueda, que aquí no sirve para nada.
El calé Francisco Contreras Utrera se hizo cargo de aquella rueda, se la echó al bolsillo y después de dar las gracias insistió:
- Claro que no se trata de un muñeco ni otro juguete vistoso, pero para él, que no ha tenido nunca con qué alegrarse, acaso esta rueda le haga ilusión y no dé trabajo a su madre. Y se marchó el gitano tan satisfecho, mientras en la obra se reanudaba la tarea y aquella carga de tierra y piedras caía para ser triturada en la máquina y convertirse en grava, tan precisa para el cimentado y muros del edificio en construcción.
Cuando Contreras Utrera llegó a su casa buscó un cordelillo largo, ató éste a la rueda y se la entregó a su hijo, que alegre y dando gritos se la llevó a la calle como si tirara de un carrito. El gitano comentó lo sucedido con su mujer y exclamó comprensivo:
- Fíjate, mujer, con qué poca cosa se conforma esta criatura.
Y no se habló más. Mientras. el gitanillo recorrió durante todo el día las callejas del barrio, arrastrando aquello que en su infantil ilusión creía un carrillo, y hasta dio cierta envidia a otros arrapiezos de su edad. A la hora de irse a dormir, el chiquillo dejó su «carro» junto a su cama. Lo arropó la madre y al ir a salir de la habitación advirtió la mujer que aquella rueda tenía un aspecto diferente a cuando la trajo su marido. Posiblemente, del arrastre durante tantas horas por el pequeño a través del barrio se le había desprendido la tierra negruzca y parte de la mugre que antes se apelmazaba en el metal, y éste había adquirido un pálido color de rosa. La cogió, intrigada, la llevó donde estaba su marido y le advirtió aquel cambio:
- Mira, Pancho, esto puede ser de cobre, y eso lo compran, y no estamos para desperdiciar ningún dinero por poco que sea. Así es que mañana voy a ir a una joyería, la de don Carlos Miguel, en la calle Mayor, y él me dirá si vale algo.
Francisco Contreras Utrera lanzó una carcajada y exclamó:
- Tu siempre estás viendo fantasmas donde no los hay; pero, en fin, puedes llevarla a donde quieras. Pero verás cómo no, te dan ni una peseta. Y si es así, tráela para que el niño siga jugando con ella.
Estos muchachos son hijos de los hermanos Domenech, e iban con sus padres en el momento del sensacional descubrimiento.
Y la mujer, al día siguiente, corrió a la joyería de don Carlos Miguel Esquembre Alonso establecida en la calle Mayor, y se la enseñó. La tomó en sus manos el comerciante y comenzaron las sorpresas. Aquella rueda pesaba cerca de medio kilo, y tal peso no lo daban, por su tamaño, ni el bronce ni el acero. Vio también, sorprendido, aquella coloración extraña y advirtió, inquieto. que por la parte exterior presentaba un trabajo de orfebrería extraordinario. Ya francamente inquieto tomó los ácidos, raspó sobre la piedra un trozo pequeñísimo de la parte interna y comprobó tajantemente su opinión: aquella pieza era un soberbio brazalete maravillosamente labrado y se trataba de oro puro, de ese oro de 24 quilates que ya no se usa y apenas se conoce. Sin darse por aludido de lo que traía le dijo a la mujer:
- Vete ahora mismo a casa de don José María Soler y que vea esta rueda. El podrá decirte si tiene algún valor y dónde puedes venderla.
Corrió al domicilio del señor Soler García, que ya esperaba impaciente a la gitana, pues antes de que esta llegara ya el joyero le había dicho por teléfono:
- Ahí va la mujer de Contreras Utrera el gitano que lleva algo que te asombrará y cae dentro de tu cargo de delegado local de Excavaciones Arqueológicas. Es algo maravilloso.
Apenas frente a él la gitana tomó en sus manos las «rueda» la sopesó, examinó los cincelados, comprobó extraordinario de su valor arqueológico y advirtió a la visitante, tras conocer la historia del camión de la rueda y de su entrego por el chofer y el albañil para que jugara su hijito:
- Esta maravilla arqueológica no puede salir ya de aquí. Se trata de un verdadero tesoro, es de oro puro y hay que denunciar el encuentro a las autoridades.
A la mujer de Francisco Contreras Utrera, aquello de denunciar lo que ocurría a las autoridades no le hizo ninguna gracia. Se asustó, y aunque, como su marido, son gitanos de conducta, irreprochable, no hizo la menor objeción y se marchó a su casa a contar al gitano lo que pasaba.
El señor Soler García, como funcionario de la Dirección General de Bellas artes, se puso inmediatamente al habla con las autoridades, y éstas, en una rápida investigación, comprobaron la veracidad de le dicho por la gitana y su marido, y por su parte el chófer y el albañil explicaron lo que había ocurrido, dónde se había cargado la tierra y cómo sin pensar de qué se trataba se la habían regalado al gitano.
Ya es hora de que hablemos de la relevante personalidad - se le conoce en todos los centros investigadores y en las instituciones arqueológicas del mundo entero - de don José María Soler García, que, ostenta la categoría de delegado local de Excavaciones Arqueológicas, cargo completamente honorífico, sin remuneración alguna, y que dicho señor atiende con verdadera devoción, por ser un gran fanático en tan delicada materia. Pero dicho señor, que carece de bienes de fortuna, tiene que ganar el pan de cada día trabajando como contable en una factoría de Villena. Y este hombre, benemérito por tantos conceptos., acepta toda suerte de sacrificios económicos, pero en sus ratos disponibles, y hasta restando horas al sueño y a su familia, ha dado frutos a la Arqueología que son la admiración de la Dirección General de Bellas Artes y el orgullo de Villena, donde todo el vecindario le respeta, quiere y le tiene catalogado como un verdadero sabio en esa profesión delicadísima, que nada le produce materialmente y sí muchos trabajos y desvelos:
El señor Soler García, cuya afición desbordada hacia los misterios de la Arqueología data desde hace un cuarto de siglo, ha logrado reunir, en un cuidadoso y pulcro museo, verdaderas maravillas, descubiertas por su constante esfuerzo en los campos, montes y barrancos de las cercanías de Villena, tierra pródiga en hallazgos arqueológicos verdaderamente notables, que se agrupan ordenadamente en unas vitrinas magníficas. Allí se advierte la presencia de más de sesenta mil piezas de pedernal, de maravillosas puntas de flechas silíceas, espadas, una talla en piedra muy semejante a la de la famosa «Dama de Elche». También ha registrado cuevas, que logró descubrir, tales como la «Huesa Tacaña», donde encontró restos materiales de sílex. Otra cueva, conocida por «El Lagrimal», que señala la presencia y auge en estas tierras de los períodos neolítico, paleolítico y la Edad del Bronce, que adquiere en esta zona villenense una importancia enorme para los investigadores arqueológicos. Y todo esto, más el descubrimiento de poblados prehistóricos, donde debieron vivir gentes dedicadas al pastoreo y a la caza de una manera semi-trashumante. Así lo ha demostrado y comprobado este honesto contable en las llanuras abiertas, como la de «La casa de Lara» y en las alturas de «Monte Morrón» y «Cabezo Redondo».
El industrial zapatero de Villena Enrique Domenech Albero, que puso al descubierto el famoso tesoro.
Pero el señor Soler García ha hecho adeptos verdaderamente fanáticos en estos trabajos de investigación. Desde hace más de quince años le acompaña en sus excursiones semanales un modesto industrial zapatero, don Enrique Domenech Albero, que también coopera desinteresadamente, y que vive en la avenida de Alicante, número 8. Posteriormente se unió a estos dos hombres esforzados un hermano del zapatero, llamado Pedro, obrero agrícola domiciliado en la calle de Juan Carrera López, 22, y finalmente los padres ilusionaron a sus pequeños hijos de los mismos nombres -dos muchachillos de doce y catorce años-, que dejando sus juegos infantiles formaban parte de las expediciones integradas por los autores de sus días y por el señor Soler García.
Cuando el reportero se presentó el pasado jueves en Villena, ya las autoridades superiores conocían el lance del brazalete del gitano y otro hallazgo posterior en el mismo lugar donde se cargó el camión tripulado por el chófer Juan Calatayud, que encontró otro brazalete de menos peso y dimensiones, y que se apresuró a entregarlo a las autoridades, comprobándose que era de las mismas características arqueológicas que el primero, y además señaló sobre el terreno, dónde estaban tales maravillas. Cuando nos entrevistamos con el señor Soler García en su domicilio acababa de llegar a Villena y charlar con el benemérito investigador el catedrático de Arqueología de la Universidad de Valencia, don Miguel Tarradell, delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones, que vino de la ciudad del Turia para contemplar el fabuloso tesoro encontrado posteriormente a los brazaletes ya citados.
El señor Soler García, que es un sugestivo y ameno conversador, nos cuenta a los presentes de una manera detallada lo sucedido, que marca una fecha de orgullo y gloria para la arqueología y la comarca de Villena.
Pedro Domenech Albero, que con su hermano Enrique formaba parte de la expedición.
Completamente seguro de que aquellos dos brazaletes eran el prólogo de otros hallazgos de capital importancia para la arqueología hispana, preparó una excursión para el domingo 1 de diciembre a la antiquísima rambla de Cascante, que separa el monte Morrón y la Solana, todos ellos propiedad del Municipio villenense, que distan seis kilómetros y pico de la ciudad. Las grandes inundaciones de pasados tiempos han provocado desplazamientos de tierra, erosiones múltiples en la calzada., hasta convertirla en un auténtico barranco, que a la derecha tiene un socavón general de más de un metro de altura. Haciendo verdaderas proezas, los camiones pasan por tan peligroso lugar, y en sus alrededores cargan las tierras y la piedra que más tarde se transforman en grava para edificaciones.
Para ayudar al señor Soler García en esta nueva investigación integraron la expedición los hermanos Domenech Albero y sus hijos respectivos, Enrique y Pedro. Llevaban comida para no perder tiempo en regresar a la ciudad al mediodía. Emprendieron la marcha al llegar a la famosa rambla de Cascante, los tres hombres iniciaron su exploración, seguidos atentamente por los pequeños. Realizaron lo menos ocho cortes relativamente profundos durante toda la mañana, sin que lograran éxito alguno, por lo que suspendieron los trabajos para comer al aire libre. Cerca de las tres reanudaron su labor, esta vez más intensa que la anterior.
Una hora y diez minutos de esfuerzos inútiles.
Pero súbitamente, el industrial zapatero don Enrique Domenech Albero dio un grito de alegría, que más se parecía a un rugido de triunfo. - Señor Soler, Pedro, aquí ha surgido algo extraordinario y antiquísimo. Se precipitaron hacia aquel sitio los aludidos y comprobaron que Enrique Domenech, al hacer saltar una piedra de regular tamaño había puesto al descubierto, incrustado en el suelo, una especie de cuenco de barro, amplio, renegrido por el tiempo, donde envueltas en tierra, abarrotadas, se entonaba una diversidad de piezas.
- ¡Esto es increíble! Se trata de un tesoro como nunca se vio otro.
El señor Soler García sacó un papel de la cartera y escribió precipitadamente unas líneas y encargo a los muchachos de sus colaboradores en aquella hazaña que pronto seria histórica, que marcharan a Villena y la entregaran al ilustre abogado don Alfonso Arenas, persona muy versada en Arqueología, que se quedó asombrado al leer aquellas líneas que decían; «Alfonso, hemos encontrado un tesoro gigantesco, de calidad y antiquísimo. Ven rápido con un fotógrafo, un «flash» y luces. - Soler.»
El destinatario, visiblemente contagiado por el éxito, que aún no conocía a fondo, no perdió un momento en obedecer al autor del mensaje, y a la media hora, en su propio coche, con el fotógrafo, llegaba a los pedregales de la famosa rambla de Cascante, donde ya su amigo y sus colaboradores, con infinitos cuidados, habían extraído el cuenco de su encierro.
- Esto es fantástico, Alfonso -gritó el señor Soler al abogado-. No creo que jamás, ni en ningún otro sitio, se haya descubierto nada que se asemeje a esta maravilla.
Lo encerrado en el cuenco era nada menos que once especie de soperas o recipientes de excepcional tamaño, labradas exquisitamente con dibujos de gran belleza; había otras dos de más reducido tamaño, pero de igual diseño y dibujo; tres anforillas, dos de oro y una de plata, de regular volumen; veintidós brazaletes o pulseras, dieciocho con arabescos y tallas y cuatro lisas, de una belleza artística sin igual. Había también quince piezas labradas con una maestría singular, un botón, una especie de tapón y varias horquillas.
Apenas terminada esta clasificación portentosa, se procedió a quitarles a tales piezas la capa de tierra y suciedad que tenían, y como por arte de brujería adquirieron en el acto el resplandor restallante característico del oro puro. Todo lo encerrado en el cuenco de barro descubierto en la rambla de Cascante estaba maravillosamente conservado y la filigrana y los dibujos y arabescos eran de una pureza de líneas inigualable. Seguidamente se procedió a pesar todo aquello y arrojó la cifra de quince kilos setecientos noventa gramos de oro, sin contar la anforilla de plata y una especie de tazones de igual materia, pequeños, que la acción de los siglos que llevaban enterrados había casi pulverizado.
Ya clasificadas y pesadas las maravillosas piezas, se dio cuenta del descubrimiento a las autoridades de Villena, Alicante y Madrid.
Hemos hablado con el catedrático de la Universidad de Valencia, que es, como ya decimos en líneas anteriores, delegado de zona del Servicio Nacional de Excavaciones, y con el abnegado arqueólogo señor Soler García, acerca del calibre histórico, arqueológico y artístico del tesoro, y ambos nos dicen:
- Sin reserva alguna, puede decirse que todas estas piezas, del mejor oro conocido, macizas, y que van en peso desde los ochenta gramos hasta los quinientos, tienen un valor intrínseco muy grande, que queda oscurecido ante su valor arqueológico, que es formidable. Todas, absolutamente todas, se remontan a la Edad del Bronce, y tienen una antigüedad de más de mil años antes de Jesucristo, lo que significa más de tres mil hasta nuestros días. Como podrá usted advertir, están conservadas estas joyas maravillosas perfectamente. Su trabajo de orfebrería es fantástico. Resulta asombroso constatar su conservación a través de treinta siglos y pico de hallarse enterradas. Pero lo que aún desconcierta más es que hasta estos momentos, por estas tierras levantinas han sido escasísimos tales descubrimientos a base de oro, ya que sólo se conocían en Andalucía, Galicia y otras regiones de nuestro país. Aquí se han localizado poblados antiquísimos y se han encontrado piezas de hierro y piedras de tan remotísimo tiempo, pero nunca a base de metales preciosos como éste de la rambla de Cascante. Vestigios en piedra de las épocas que van desde el paleolítico y neolítico hasta el romano, pero esto rebasa y desborda todo lo que un amante de la Arqueología pudiera apetecer. Hallazgo de oro tan sólo hubo uno hace unos cinco años, muy cerca de Cabezo Redondo, a dos kilómetros escasos de esta rambla de Cascante, que ha culminado con este hallazgo inusitado de piezas tan prodigiosas.
- ¿Proyectos?
- Pues ahora, a preparar todo lo que se ha encontrado para que puedan venir a contemplarlo los investigadores, amantes y curiosos de la Arqueología. El director general de Bellas Artes, don Gratiniano Nieto Gallo, ha felicitado, entusiasmado, por teléfono a mi admirado amigo, el señor Soler, y le ha anunciado una visita personal para cuando regrese de Londres, donde se encuentra, para calibrar, a la vista, esas piezas, que son el triunfo de un hombre inteligente, perseverante y abnegado.
Ha terminado nuestro entrañable fotógrafo, Ángel García, su labor admirable con la cámara y nos despedimos de estos técnicos en Arqueología, que nos han brindado todo género de facilidades para cumplir nuestra misión profesional.
José QUILEZ VICENTE
(Reportaje gráfico de Hermanos García, de Alicante, exclusivo para EL CASO.)

14 mar 2026

1970 EL TESORO DE VILLENA SE EXHIBE EN LA ESPOSICIÓN UNIVERSAL DE OSAKA (JAPÓN)

Fotografías de la colección personal de Miguel Flor Amat.
Fotografía del primer traslado del Tesoro de Villena a Osaka (Japón) para su exhibición en la exposición universal de 1970. Fue la primera vez que el Tesoro se alejaba de Villena, también se desplazó a Alicante en varias ocasiones una de ellas con motivo de la visita de los Reyes de España.
Después de cuatro meses en la Exposición Universal el Tesoro vuelve a su vitrina en el Museo de Villena. 1971.

12 feb 2026

1963 EL "GUACHO" Y EL TESORO DE VILLENA

José Catalán Ugeda "el Guacho" 1963/64
y el camión que desenterró la primera pieza del Tesoro de Villena,

después apareció el brazalete que transportó Juan Calatayud.
Foto cedida por... Juan Catalán Calatayud

1 dic 2025

NO-DO EL TESORO DE VILLENA 1963

NO-DO Noticiario Español sobre el descubrimiento del Tesoro de Villena el 1 de diciembre de 1963. Un tesoro con más de 3000 años de antiguedad.
Cedido por... JUAN RAMÓN CABRERA

1963 EL TESORO DE VILLENA

Colas para ver el Tesoro de Villena. (Foto Miguel Flor)
Manuel Rueda vendía lotería por la calle.
Depósito del Tesoro de Villena. (Archivo Gráfico Museo)

1965 DÉPOSITO DEL TESORO DE VILLENA EN LA CAJA DE AHORROS DEL SURESTE DE ESPAÑA

Depósito del Tesoro de Villena en la de la Caja de Ahorros del Sureste de España. En la foto José María Soler con el Sr. Francisco Palazón, director de la sucursal villenense y Eduardo López, Tesorero Municipal. 1965
Foto... Miguel Flor Amat "Crónica gráfica de Villena 2012"

1967 EL TESORO DE VILLENA "VITRINA BLINDADA"

Imágenes de 1967... momentos en que se descarga e instala en el Museo la vitirina blindada para guardar el Tesoro de Villena. Fotos de Miguel Flor Amat.
Descarga de la vitrina blindada para el Tesoro en el Museo.
El Palacio Municipal estaba en obras.El camión que transporta la vitrina del Tesoro descargando en el Ayuntamiento.
Se observan rejas en los balcones de la fachada actualmente inexistentes. 1967
La vitrina en el interior del Museo en el proceso de montaje.
Anita Gil y Virtudes Sansano ayudan a José María Soler a colocar el Tesoro en la nueva vitrina, fabricada expresamente para exponer el Tesoro en el Museo Arqueológico de Villena.
José Mª Soler y Miguel Flor Amat junto a la vitrina del Tesoro de Villena.
Fotos... Miguel Flor Amat - Crónica gráfica de Villena
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