1936-1939 ORLAS POR LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL EN LA ZONA REPUBLICANA

ORLAS POR LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL EN LA ZONA REPUBLICANA. Por... José Sánchez Ferrándiz
Tras la Guerra Civil española, las autoridades vencedoras junto a una durísima represión contra aquellos que habían apoyado al gobierno republicano derrotado, se afanaron en erigir monumentos de homenaje para las miles de personas que habían sido víctimas mortales de lo que entre otras acepciones, se denominó barbarie roja. Así, se dispuso que en todas las fachadas de los principales templos religiosos del país se fijase una cruz, junto a la que debía figurar una relación con la identidad de cuantos vecinos de la localidad hubieran sido ejecutados a manos del enemigo, precedidos todos ellos por el nombre del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, quien había sido fusilado en Alicante el 20 de noviembre de 1936. De esta manera se reforzaba el vínculo entre la dictadura franquista y la Iglesia Católica, que en su gran mayoría y sin ambages, había apoyado el golpe militar desencadenante de aquella lucha fratricida a la que desde el bando vencedor se asimiló con una Cruzada. Gracias a la férrea censura del periodo no transcendió entonces que en no todos los lugares se acataría aquella orden gubernamental. En Sevilla por ejemplo, el carismático Cardenal Pedro Segura y Sáenz, máxima autoridad de la Iglesia Católica en España prohibiría la colocación de cruz alguna por los caídos en la catedral hispalense, y amenazó con la aplicación de las máximas penas canónicas a los que contravinieran su mandato. Y no es que el famoso y poco diplomático prelado se caracterizara precisamente por su talante abierto y liberal, o por no haber apoyado el golpe militar. Sus iracundos sermones criticando a la propia jerarquía franquista o la relajación de las buenas costumbres que decía observar en la sociedad de la época que siguió a la Guerra Civil, causó más de un quebradero de cabeza a la Dictadura y le llevaron a arremeter con frecuencia contra prácticas tan peligrosas como el baile, al que consideraba pecaminoso y del que pedía abiertamente su prohibición. Por otra parte un sector (muy minoritario pero significativo) de la Iglesia Católica (especialmente del País Vasco) no se había alineado durante la guerra con los sublevados que querían derrocar al gobierno republicano, en una realidad incómoda para el nuevo Régimen, que se afanó en ocultar la represión sufrida por docenas de sacerdotes que fueron ejecutados o encarcelados, muchas veces con la complicidad de otros clérigos, por haber colaborado o apoyado al gobierno derrocado.
FOTOGRAFÍA DE 1948 DE LA ENTONCES DENOMINADA PLAZA RAFAEL HERRERO, HOY DE LAS MALVAS Y EN LA QUE PUEDE OBSERVARSE UNA CRUZ QUE FUE LEVANTADA EN HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DE LA ZONA REPUBLICANA
PLACAS IDENTIFICATIVAS DE LA ANTIGUA AVENIDA DE JOSÉ ANTONIO (ACTUAL AVENIDA DE LA CONSTITUCIÓN) Y DEL GENERALÍSIMO FRANCO (LO QUE HOY CONOCEMOS COMO CALLE COREREDERA) QUE TRAS LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y HASTA 1978 MANTUVIERON DICHOS NOMBRES.
Junto a las citadas cruces y otros monumentos que proliferaron a lo largo y ancho del país para mayor exaltación de la Dictadura franquista, fue frecuente la rotulación de muchas avenidas, plazas y calles, a las que se borró su antigua denominación y que con la nueva nomenclatura incorporaron el nombre de personalidades relevantes de la causa nacional y de personas que habían sido asesinadas en la zona republicana, o que ilustraban episodios de resistencia como el asedio al Alcázar de Toledo, o recordaban finalmente, terribles matanzas como la ocurrida en Paracuellos del Jarama, donde varios miles de prisioneros habían sido ejecutados a manos de comunistas durante el otoño de 1936.
En este contexto y para muchas poblaciones se elaboraron orlas, en las que figuraban los nombres y fotografías de las personas asesinadas, lo que nos da una idea de la ferocidad y brutalidad que inevitablemente toda guerra arrastra, y más si tenemos en cuenta que en ellas solo tenían cabida las víctimas de una de las Españas en conflicto, ya que la parte ganadora de aquella guerra y mientras hacía exhibición de sus caídos, ocultaba sus propios crímenes y atrocidades.

Para nuestra ciudad se elaboró también una de aquellas orlas (1), donde se recogía la relación pormenorizada de los caídos por Dios y por España. En ella aparecen los nombres de un grupo de personas, naturales o vecinas de Villena, que fueron ejecutadas por sus ideas o por apoyar el levantamiento militar que inició la Guerra Civil española. Una sucinta biografía de todos ellos apareció hace unos años dentro del imprescindible, monumental y descarnado libro,  de lectura obligada, Villena Roja, de 2010, que sobre esta materia se publicó entonces y del que es autor el infatigable y sabio historiador villenense César López Hurtado. Con todo, en la orla no aparecen incluidas las decenas de otras víctimas que fueron abatidas por grupos izquierdistas en nuestro término municipal, principalmente durante los primeros meses del conflicto, y que en este caso no eran naturales ni vecinos habituales de la localidad.    
                  
De Villena Roja (páginas 181 y siguientes) tomamos prestados los siguientes apuntes biográficos sobre las víctimas incluidas en esta orla y que no precisan ulteriores comentarios.
1.- Ricardo Aranzabe Navarro, hijo de un oficial de la Guardia Civil. Era estudiante y tenía veinte años cuando fue asesinado, el 25 de agosto de 1936, en el cruce de la carretera de Madrid con la de Caudete, dentro del término municipal de esta última población.
2.- Segundo Aranzabe Navarro. Hermano del anterior. Ejecutado en la playa del Saler, en Valencia, el 13 de noviembre de 1936.
3.- José Ayelo Guardiola de 37 años. Comerciante y comisionista de vinos y aceites. Fue asesinado el 7 de diciembre de 1936. Su cadáver nunca fue encontrado.
4.- José María Baño del Cerro de 29 años. Hijo de un factor de ferrocarril y empleado en la fábrica de muebles de José Valiente. Fue corresponsal en Villena de los diarios Dra y Más. Ejecutado durante los primeros meses de la Guerra.
5.- Idelfonso Cádiz Fernández, sacerdote. Murió abatido por disparos de milicianos en la localidad de Chinchilla, el 13 de agosto de 1936. Tenía 50 años.
6.- José Carrera Amorós. Administrativo y redactor jefe del periódico local El Olivo. Asesinado por milicianos de Villena a las afueras de Alicante, tras una saca, el 17 de octubre de 1936.
7.- Juan Carrera López, administrativo de 28 años. Asesinado en Caudete el 4 de enero de 1937.
8.- Juan Fernández de Palencia. Propietario y padre de ocho hijos, tenía 33 años cuando fue ejecutado en Alicante, entre el 27 al 28 de diciembre de 1936.
9.- Reyes García Abellán. Brigada de la Guardia Civil. De 46 años. Asesinado en la antigua carretera nacional de Madrid a Ocaña, en el término de Villena, la noche del 24 al 25 de noviembre de 1936.
10.- Alfonso Giménez Fernández. Natural de Villena y abogado de profesión. Estuvo muy vinculado con la obra salesiana en Villena. Sería asesinado por milicianos en la ciudad de Madrid donde residía, el 23 de octubre de 1936.
11.- Bautista Gosálvez Clemente. Mecánico y copropietario de “Talleres Gosálvez” Asesinado en la carretera de Alicante a Elche el 26 de agosto de 1936 a la edad de 41 años.
12.- Águeda Hernández Amorós. Monja Carmelita que fue ejecutada por milicianos en la playa del Saler en Valencia, el 13 de agosto de 1936. Contaba con 42 años.
13.- Felipe Hernández Martínez de 23 años. Estudiante salesiano de Teología, que fue ejecutado junto a otros religiosos, el 27 de julio en Barcelona.
14.- José Hernández Menor. Fue asesinado el 26 de agosto de 1936 en la carretera de Alicante a Elche. Tenía 27 años.
15.- Rafael Herrero Selva de 32 años. Primer jefe local de la FE y las JONS en Villena. Asesinado el 18 de agosto de 1936, en la antigua carretera Alicante-Ocaña, en el término de Villena.
16.- Pedro Menor García de 47 años, industrial que llegó a ser alcalde de Villena. Fue abatido por disparos de un grupo de milicianos en el término municipal de Aspe, el 28 de septiembre de 1936. Sus ejecutores le cortaron una oreja como prueba de su acción y acto seguido se dirigieron al conocido restaurante “Ivory” de la ciudad de Alicante donde comieron.
17.- José María Menor Menor. Fue concejal de la corporación villenense y Tesorero de la Junta de la Virgen, en 1923, año de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Virtudes. Presidente de la Derecha Regional Valenciana, en Villena. Fue abatido por disparos, en el término de Caudete.
18.- Virtudes Mergelina Cerdán, de 45 años. Asesinada en la Carretera de la Torreta, entre Elda y Sax el 28 de agosto de 1936. El detonante de su asesinato al igual que el de su hermana Concepción, acaecido el mismo día, fue al parecer el hecho de que el padre de ambas, José Mergelina, era el Jefe del Partido Carlista en Monóvar, localidad donde residían todos ellos.
19.- Concepción Mergelina Cerdán de 41 años.
20.- Francisco Pérez Cervera. Concejal del ayuntamiento villenense en distintas épocas, residía en Mogente cuando fue detenido y ejecutado el 8 de noviembre de 1936.
21.- Salvador Pérez Marsá. Propietario, fue diputado provincial. Asesinado en la carretera de Alicante a Elche, el 26 de agosto de 1936. Tenía 56 años.
22.- Juan de Prado Balaguer. Empleado de los ferrocarriles de Villena a Alcoy y Yecla. Ejecutado en los alrededores de Alicante entre el 29 y el 30 de noviembre de 1936, su cuerpo nunca fue encontrado. Tenía 39 años.
23.- Joaquín Sandoval Amorós, de 40 años. Abogado. Ostentó distintos cargos en su ciudad natal, como concejal de la corporación y Secretario de la Junta de la Virgen. Colaboró en publicaciones periódicas como El Defensor de Villena, El Eco del Sindicato, del que fue fundador, o Villena Joven. Militante de Falange Española, el 5 de septiembre de 1936 se le dio el paseo que acabó con su muerte tras disparos de milicianos,  en la carretera entre Altea y Calpe.
24.- José Alenda Alberola. Destinado en el cuartel de la Guardia Civil de Villena. Fue detenido en Almansa a principios de agosto de 1936. Consiguió huir de sus captores cuando iba a ser ejecutado. Días más tarde sería detenido en Madrid donde sería asesinado el 25 de agosto de 1936.
25.- Gaspar López Herrero. Teniente del 5º Regimiento Ligero de Artillería de Valencia. Se suicidó tras no triunfar el golpe militar en la capital valenciana cuando las milicias populares ocupaban su acuartelamiento.
Una frase atribuida al canciller alemán Otto von Bismarck venía a decir que España era la nación más fuerte del mundo ya que los propios españoles y pese a sus denodados intentos, no habían sido capaces de destruir su propio país. Hacía referencia el perspicaz político germano al gran número de guerras, revueltas, levantamientos militares y frecuentes y sangrientos conflictos armados que azotarían nuestro país a lo largo de todo el siglo XIX y cuyo momento álgido se vivió durante el siglo siguiente, con la terrible y cainita Guerra Civil de 1936-1939.
(1) La imagen de esta orla ha sido facilitada por Fernando Hernández Martínez.

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