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5 jul 2026

1613 LA ERMITA DE SANTA BÁRBARA

1613 ERMITA DE SANTA BÁRBARA 
Arquitectura religiosa. Moderna
Antes de 1613  Derruida en 1924
Poco se sabe de este edificio. Aparece nombrado por primera vez en las Actas Municipales en 1613, debido a unas obras que se realizan en ella. Su construc­ción debe ser posterior a la fecha en que se realizó la "Relación" de los pueblos de España de 1575 pedida por Felipe II, porque aquí no se nombra. El 20 de fe­brero del año 1924 se redacta un informe para su derribo, llevándose a efecto éste posteriormente.
La ermita era muy sencilla; por algunas fo­tografías que existen se aprecio una cons­trucción de planta rectangular, de muros de mampostería, contrafuertes en sus mu­ros laterales y tejado a dos aguas, cubierto de tejas de barro cocido. Su testero estaba pegado a una de las murallas del castillo de Villena; sus muros son lisos, sin relieves ni esculturas que la hermoseen.
Tan sólo, en su fachada principal, se levanta una espadaña, lugar donde estaría colocada una pequeña campana. También en su fachada principal se abren dos vanos, uno para la puerta principal, y justo encima de ésta, otro para una ventana; los dos son rectangulares y muy sencillos.
El lavadero, entrada a la plaza, el castillo y la ermita.
1920 Santiago, Santa María y Santa Bárbara.
1900 Principios de siglo, lo que ahora es la plaza del Rollo.
Vista de Villena con la ermita al fondo.
Testimonios fráficos:
Villena 1900 (1977); Ibáñez Martínez (1983) (R.M.ªLL.R)
Bibliofrafía:
Actas Municipales. “Villena 1900” (1997)
Ibáñez Martínez (1983)

1 may 2026

1642-1647 UN VILLENERO OBISPO DE CALAHORRA. JUAN PIÑERO OSORIO

JUAN PIÑERO OSORIO, un villenero Obispo de Calahorra 1642-1647
Juan Piñero Osorio
Obispo electo de Pamplona (1647). Nació en Villena en 1598, se graduó en Teología en Alcalá de Henares, donde enseñó en 1622-1624 como profesor de artes. Maestro canónico de las catedrales de León y Cuenca, consultó al Santo Oficio y predicador de Felipe IV. Nombrado obispo de Calahorra y La Calzada en 1642, cinco años más tarde fue nombrado obispo electo de Pamplona, muriendo, el 24 de diciembre de 1647, sin tomar posesión, el mismo año de su nombramiento, en Calahorra, en cuya catedral fue enterrado.
Recientemente contactamos con el obispado de Calahorra, y de forma muy atenta, me informaron que a los cinco años de su fallecimiento, sus restos, que se encontraban en la capilla de Santa Ana de la catedral de Calahorra, fueron traídos por sus familiares al Monasterio de la Virgen de las Virtudes de Villena, donde reposan en la actualidad, según nos confirma verbalmente el villenense Pascual Ribera Hurtado.
Transcribimos seguidamente un resumen de su biografía, realizado por Mollá y Bonet en 1881.
Villena, 1 de enero de 2019
Joaquín Sánchez Huesca
Notable orador sagrado y obispo de Calahorra fue natural de Villena, donde nació el 15 de agosto de 1598. Se distinguió por ser un virtuoso prelado.
Con vocación al estado eclesiástico, estudió en Villena Humanidades, luego pasó a Valencia y en su universidad estudió los clásicos griegos y latinos, en cuyos idiomas salió muy puesto, y finalmente en Alcalá de Henares completó su educación científica y literaria, cursando artes y la facultad de Teología. Se graduó de doctor de la última facultado en la antigua universidad de Osma.
Piñeiro dio principio a su carrera eclesiástica dedicándose con gran lucimiento al ministerio de la predicación cuando apenas contaba veintidós años de edad. Dio principio a estos ejercicios en la parroquia de San Andrés de la ciudad de Valencia. Extendida su fama de buen predicador, bien pronto encontró poderosos protectores que le concedieron cargos según sus méritos personales, uno de estos fue el prelado de Segovia, que lo nombró cura de la parroquia de San Martín de aquella ciudad y luego visitador del obispado.
Tomó el hábito de colegial en el mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares en el año 1623, en cuyo año desempeñó una cátedra de artes en su universidad y sustituyó varias veces las de Teología. Al siguiente año de 1624 pasó a Valencia y predicó la cuaresma en la parroquia de San Juan del Mercado, que es una de las principales iglesias de aquella populosa ciudad. Diligente y estudioso no se deba punto de reposo en los ejercicios de la inteligencia, siendo dado hasta con entusiasmo al examen de materias graves y de difícil solución, y preparado así convenientemente salió a oposición en septiembre de 1626 y obtuvo la canongía magistral del púlpito de la santa iglesia catedral de León.
En 1628 hizo oposición al canonicato magistral de Cuenca, cuya posesión alcanzó en 6 de abril de dicho año. En 1630 se le nombró calificador del Supremo Consejo de la Inquisición, cargo honorífico y ambicionado, desempeñado regularmente por personas doctas, recomendados por sus largos servicios. El desempeño de este cargo le dio en Madrid prestigio e importancia y le dio ocasión para tratar personalmente a las eminencias científicas y literarias de la corte de Felipe IV, monarca más dado a las artes y letras que a la administración y gobierno de sus extensas provincias, el cual pudo apreciar el mérito y elocuencia de Piñero en los diferentes sermones que predicó en la capilla de palacio.
En 1642, hallándose el mismo rey en Cuenca, con motivo de la desastrosa expedición a Cataluña. Predicó otro sermón a su presencia, que causó en el monarca profundo afecto y teniendo en lo sucesivo presente las máximas de Piñero le fueron útiles en varios difíciles trances. Como prueba de la consideración que le dispensaba, hallándose el rey en Molina de Aragón, le presentó para el obispado de Calahorra en 23 de julio de aquel año, concediéndole el pontífice Urbano VIII su confirmación el día 13 de Julio de 1643. Piñeiro fue consagrado obispo en el Real convento de San Jerónimo de Madrid el 4 de octubre del mismo año por don Pablo Durán, arzobispo de Tarragona, siendo notables las ceremonias por haber asistido como auxiliares a ella los obispos de Ispahán (Persia) y de Siria.
Refieren los escritores contemporáneos que este obispo gobernó su iglesia con la sabiduría y prudencia propias de un virtuoso y docto prelado. Jamás tomaba sus disposiciones sin previo examen y gran mesura y nunca dio ocasión a quejas ni disgustos y colmado de bendiciones por la gratitud de sus diocesanos alcanzó extremada ancianidad, ignorándose con certeza el día de su fallecimiento.
Aunque en su juventud fue dado a las letras, que cultivó con lucimiento, no dio ninguna obra a excepción de sus pastorales y demás documentos episcopales que merecen ser considerados como modelos en su clase.
B. Mollá y Bonet
Escritores y Artistas de la provincia de Alicante, por B. Mollá y Bonet, 1881. Tomo IV, p. 14-16
Cedido por... Joaquín Sánchez Huesca. El Eslabón Villena

17 abr 2025

1675 EL ERMITAÑO DEL SANTO SEPULCRO DE LA CIUDAD DE VILLENA

Soi Del Hermano Balthassar Rodrigo, Hermitaño, hermitaño Del Santo Sepulcro, de la Ciudad de Villena.
El libro perteneció a un ermitaño que vivía en la sierra de la Villa (puede que fuera en la ermita de las cruces o cerca). En la página de la portada se lee que pertenece a un tal Balthasar, ermitaño del Santo Sepulcro de la ciudad de Villena.
Si puedes contarnos algo sobre este ermitaño del Santo Sepulcro... Cuéntame
Cedido por... Enrique Oliver
Comentario de Pascual Ribera Hurtado:
El ermitaño de las cruces que aparece es Baltasar Rodrigo, este fue el cuidador de la ermita del santo sepulcro de la ciudad de Villena. Este documento que aparece en un libro de ejercicios de S. Ignacio de Loyola, es extraordinario para remontarnos a la presencia de un ermitaño en la ermita de las cruces llamada en el año 1670 SANTO SEPULCRO. Desde últimos del siglo XIX, las cruces además de guardar las imágenes de semana santa de Villena en las que se cree que habían algunas imágenes muy buenas por pertenecer a la diócesis de Murcia hasta los años 50 del siglo XX, se cree que eran algunas de SALCILLO. A finales del siglo XIX y principios del XX, estan unas monjas que se llaman del calvario y pertenecen a la rama de la congragación claretiana, en estos años toma los hábitos de monja la HERMANA ESPERANZA , que en la guerra civil se quema el convento y desaparecen estas monjas dedicadas a la educación de niñas.Esta monja se va a Roma y funda la congragación del amor misericordioso. En los años 1990-91 se quiso restaurar las ruinas del convento por esta orden, pero por motivos desconocidos el Ayuntamiento terminó por tirar todas las ruinas, dejando la explanada en la que se podría construir alguna vez una ermita dedicada a San Crispín y en la que se guardarán todos los datos de fotos, documentos antiguos sobre este sitio. Esto sería muy grande para la historia de la ciudad de Villena y para recuperar la riqueza histórica del paraje de las cruces, también se podría recuperar histoira del sector del calzado, pues allí estuvo la imagen de SAN CRISPIN. Muchas gracias, conozco personalmente al duño del documento antiguo del ermitaño de las cruces, un saludo. Entique Oliver, el cual me dió una fotocopia de este libro hace bastantes años. Gracias Enrique y gracias por haberme escuchado todos.
Comentario de Miguel Muñoz...
En la primera foto al final dice: en tregué (entregué) un Real de a quatro al Hno. Balthasar por este libro = Zanón. y más abajo: Sor Maria Magdalena de la ..... y en la última página después de la cruz: Desor (de sor) Maria Magdalena delaconcepción (de la Concepción). Como vereis posteriormente tuvo otros doss propietarios más. Saludos Miguel Muñoz Morovell

28 dic 2024

JUAN LÓPEZ PIÑERO OSORIO

Retrato de la escuela sevillana. Óleo sobre lienzo con unas medidas de 89,9 por 62,3 centímetros. Este cuadro se vendió por 2.000 libras (2.316 euros) en una subasta de la Casa Bonhams de Londres. Corresponde a Juan López Piñero Osorio, natural de Villena que fue obispo de Calahora y la Calzada, desde el 13 de julio de 1.643 hasta el 24 de diciembre de 1.647.
Don Juan Piñero y Osorio obispo de Calahorra y electo de Pamplona, cuyo hermano Don Adeodato fue prior del convento de las PP. Agustinos en el santuario de la Virgen. Los dos son nacidos en Villena. Otro hermano de ellos, vivía en Calahorra con el entonces obispo.
Información y documentación... José Sánchez Ferrándiz, César López Hurtado, José Fernándo Domene Verdú y Pascual Ribera Hurtado.

11 jul 2024

2021 MURCIA Y LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES

LA MURCIA QUE NO VEMOS - La Verdad de Murcia.
Antonio Botías. Cronista oficial de Murcia
LA PANDEMIA QUE PROVOCÓ EL MILAGRO DE SAN ANTONIO
Tal día como hoy en 1648 remitió la peste que se cobró veinte mil almas y dio lugar al histórico voto al santo.
Veinte mil murcianos, que pronto se escribe. Ese fue el saldo que arrojó, muerto arriba muerto abajo, la dantesca pandemia de peste que en 1648 azotó Murcia. Ríase usted de la Covid. Y el último de aquellos desgraciados fue un fraile, de nombre Martín Pérez de Armentía, quien profetizó a los parroquianos ya exhaustos: «Rueguen a Dios que yo no muera y acabaré con la peste».
Lo curioso del caso es que el fraile, según los cronistas de la época y un sartal de investigadores más tarde, acertó. Tanto, que incluso el Consistorio instauró un voto perpetuo el día de San Antonio para recordar el milagro. Esta es su increíble historia.
La ciudad vivió su particular Apocalipsis a mediados del siglo XVII. A las riadas de San Calixto (1651) y San Severo (1653) se sumaron los estragos de las temibles partidas de bandidos denominadas 'Bandolinas', que fueron exterminadas gracias a las recompensas que la autoridad ofreció: 100 ducados por cada hombre vivo y 50 por cada muerto. Sin contar el hambre que atenazaba la huerta y, en la primavera de 1648, la llamada 'Peste de Valencia'.
El teólogo fray José Tomás Blanco, en su obra 'Ave del Paraíso' (1739) describió con crudeza los efectos de aquella peste bubónica que se extendió por la fachada mediterránea. Los cadáveres, incluso algunos enfermos aún medio muertos, eran arrojados desde los balcones al paso de los carros que recorrían las calles desiertas, solo quebrado el silencio por los lamentos y el crepitar de las hogueras que se encendieron para purificar el ambiente.
Quienes pudieron, como es natural en estos casos, abandonaron a escape la ciudad, que quedó a cargo del médico Domingo Cárcer Torreblanca, el primer héroe olvidado de esta historia. A él se sumaron otros cinco cirujanos del ejército de Cataluña que el Rey envió a Murcia y hasta el obispo de Terca (Alemania) que llegó con una veintena de religiosos. Entretanto, 18 de los 23 frailes capuchinos que había en Murcia perderían la vida cuidando apestados.
Trigo a cambio del portento
Los parroquianos seguían muriendo, lo que animó al Concejo a organizar rogativas, primero con la histórica imagen del Cristo de la Salud y más tarde con la talla de San Antonio de Padua, el 12 de junio de 1648. Fue entonces cuando se produjo el célebre milagro.
Cierto es que la imagen recorrió los lugares afectados por la peste, como también es verdad que al día siguiente comenzó a remitir la epidemia. Así que el Concejo instituyó un votó perpetuo al santo en el antiguo convento de su advocación, voto que hoy se sigue celebrando en el nuevo monasterio ubicado a la subida de la Fuensanta. Fray Martín Pérez de Armentía falleció el 13 de agosto, dos meses después del milagro de San Antonio.
Lo que ya nadie recuerda es la vinculación de Murcia con Villena en este asunto. Desde 1474, era la Virgen de las Virtudes de aquella población hoy alicantina un supuesto remedio infalible contra la peste. Razón de más para que los murcianos pidieran el envío del manto de la imagen, que fue expuesto en la Catedral.
Entre la Virgen y San Antonio, según el sentir popular, remitió la peste. Y la ciudad, agradecida, costeó un manto para la talla alicantina y la entrega perpetua de doce fanegas de trigo, la mitad a cargo del Obispo, para el convento donde se veneraba.
Patio. Una de las pocas instantáneas que se conservan del antiguo convento de San Antonio.

La Catedral acogió el manto de la Virgen de las Virtudes de Villena, abogada contra la peste.
Conocemos que aquí estuvo el manto por el acta del Cabildo extraordinario del 20 de julio de 1648, donde se consignó que «se había traído el manto de Nuestra Señora de las Virtudes de la ciudad de Villena y había muchos días estado en el altar mayor de esta Santa Iglesia, donde todo el pueblo la venera».
A la sesión de aquel día, tras la espantada de clérigos, solo acudió un canónigo, un racionero y tres medios racioneros. Además, se anotó que, visto el milagro, se le dijeran misas a San Antonio y se diera limosna al convento de Villena.
Los murcianos no cumplen.
Sin embargo, corno apuntaría cualquier huertano castizo, el muerto al hoyo y el vivo a lo suyo. Así que apenas dos años después, en 1650, el prior del convento villenense recordaba a los murcianos aquella promesa. En otra acta del mes de marzo de aquel año podemos leer que el fraile exigía las doce fanegas de trigo prometidas. Más tarde, en 1652, el manto ofrendado estaba acabado.
Pero lo peor estaba por llegar. Al año siguiente, se alzaron voces contrarias a la donación de trigo. La peste ya era en Murcia solo un recuerdo. Argumentaban desde la Catedral que el acuerdo había sido tomado por un solo canónigo. Tela. Tras muchas discusiones se renovó la donación de «seis fanegas de trigo en cada año al convento». Queda el reto para los historiadores de comprobar cuántos años se cumplió el acuerdo con Villena que, a juzgar por lo olvidadiza de la memoria humana, es muy probable que apenas se observara el año del acuerdo y el siguiente. Si es que se cumplió.
MURCIA Y LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES
Al culto y erudito Cronista de la ciudad de Murcia y Académico Correspondiente de la de la Historia don José María Ibáñez.
De Alicante.La noticia de la llegada del manto de Villena fue recordada por los cronistas durante muchas décadas. Aquí, una crónica publicada en LA VERDAD en 1923.
Duraba esta epidemia sin mitigar sus rigores, y en términos que parecía no haber de concluir sino con el último de los murcianos; y no sabian ya, éstos, á qué santo encomendarse, cuando se les ocurrió sacar en rogativa á S. Antonio; hiciéronlo en el dia 12 de Junio, y en el mismo, notóse gran descenso en el número de los atacados, desapareciendo la  epidemia pocas semanas después: en accion de gracias y conmemoracion del hecho, todos los años en el referido dia concurre el Ayuntamiento de Murcia al templo de S. Antonio.
Tradición. El Diario de Murcia recordaba en 1886 el milagro de San Antonio, que dio lugar al voto perpetuo de la ciudad.
Fuente: La Verdad de Murcia

27 sept 2023

1600/1700 GINÉS DÍAZ Y JOSÉ GARCÍA HIDALGO... DOS PINTORES DEL SIGLO XVII NACIDOS EN VILLENA

Pintores nacidos en Villena siglo XVII
Ya tuvimos la ocasión en Villena en 2011 de acercarnos a las vidas y obras de Ginés Díaz y José García Hidalgo cuando la Universidad de Alicante, el Ayuntamiento y la Casa de Cultura de nuestra ciudad organizaron unas Jornadas culturales con el fin de profundizar en la aportación de nuestros coterráneos al barroco levantino.
De Ginés Díaz sabemos que fue monje cartujo en el monasterio de Porta Coeli, municipio de Serra, Valencia y que murió en 1654 en el monasterio de Vía Coeli de Orihuela (adonde había sido destinado como vicario) a consecuencia de la indigestión causada por el agua de un pozo. Toda su obra la produjo en y para el monasterio de Porta Coeli, aproximadamente entre los años 1620 y 1650. Se sabe que ésta la constituían el conjunto del Apostolado, los Retratos de insignes cartujos, y el conjunto de la Vida de San Bruno que se hallaba en la Sala Capitular de este cenobio cartujano. Se conservan en el Museo de Bellas Artes de Valencia, que sepamos, al menos dos de sus obras: el Retrato de Fray Juan de Nea, y el Retrato de Francesc Maresme, que podemos ver en la imagen.
Retrato de Francesc Maresme, Ginés Díaz, 1640
Museo Bellas Artes de Valencia.
Sobre José García Hidalgo (Villena, 1645 - Madrid, 1717) la página web del Museo del Prado nos proporciona amplia información tanto de su biografía como de sus obras. 
Pintor y grabador español. Se formó primero en su pueblo natal, con Nicolás de Villacis y Mateo Gilarte. Aconsejado por su primer maestro, viajó en la década de 1660 a Roma para conocer la pintura barroca de Pietro da Cortona, Giacinto Brandi, Carlo Maratta y Salvator Rosa. A su regreso, por motivos de salud, se instaló en Valencia, asistiendo a la Academia de Santo Domingo. En 1674 se le localiza en Madrid, donde entró en contacto con Juan Carreño de Miranda y su taller. Gracias al puesto de pintor de cámara de su maestro pudo conocer las colecciones reales. Realizó numerosos encargos, sobre todo para las órdenes religiosas de los agustinos y de los carmelitas: veinticuatro lienzos de la vida de san Agustín y san Felipe para el convento de San Felipe el Real.
Retrato de María Luisa de Orleans, de José García Hidalgo hacia 1679, óleo sobre lienzo, 96 x 68 cm, Madrid, Mueso del Prado.
Lámina del libro del propio José García Hidalgo Principios para estudiar el nobilísimo y real arte de la pintura, Madrid, 1691.
Por... Javier Valiente Beviá desde Oviedo
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